Es un mundo alterno así que nada de vampiros, lobos etc. Espero les guste.


Hoy, definitivamente, no era el día de Bella Swan.

Al despertar notó que una gripa de los mil demonios estaba atacando a su cuerpo y, como si no faltara más, iba tarde al instituto; esto último ocasionó que no tuviera mucho tiempo para pensar en qué ponerse —no es como si normalmente pensara en ello—; su jean desgastado y una chamarra, tres tallas más grandes que sospechaba que no era suya, pues por su aroma creía que más fácil de su novio. Un minuto le tomó mirar su espejo y decidir que su cabello no cooperaría tampoco, por lo que cogiendo todo su desastre lo ató en una coleta alta. Bufó. Bajando las escaleras de dos en dos para buscar algo de comida.

Quiso soltar un grito frustrado al solo encontrar en la cocina una nota de Rene diciéndole que se había ido. ¿Acaso podría ser peor?

¡No había waffles para Bella! Ella solo deseaba comer sus waffles y no sentirse tan desgraciada para ese momento de la mañana, con un puchero, poco común en sus acciones, sirvió cereal con leche, con leche fría que congelaba su cuerpo. Iba en proceso de llorar, odiaba estar enferma y odiaba ser tan mimosa cuando se encontraba de esta manera.

Salió y al mirar el cielo, solo pudo pensar que Dios la odiaba. La lluvia caía a cantaros mientras ella corría para escamparse en su coche, el cual se descompuso solo al llegar al colegio. "Maldita, chatarra", pensó, al tiempo que golpeaba una de las llantas. Ya estaba segura que si no fuese por la prueba que tenía, se iría porque al paso que iba terminaría muerta.

Un estornudo la obligó a caminar dentro del edificio, pero después del primero, otros más le siguieron y, mientras, intentaba meter sus pertenencias en el casillero el décimo estornudo hizo que dejase caer todo en el suelo. Gimió y se inclinó a recogerlo, pero justo en ese momento notó unas manos que hicieron su trabajo. Sus ojos siguieron subiendo hasta toparse con aquel cabello bronce, que mantenía en aquel desorden que haría pensar a más de una que el chico en cuestión había acabado de tener sexo desenfrenado, sin embargo, ella lo conocía mejor que nadie y sabía que no era la situación. Fueron sus orbes esmeraldas lo que mejoró su mañana y al notar la sonrisa que el cobrizo sabe que la mata, su mal genio se esfumó y le sonrió, de vuelta, concediéndole la primera sonrisa de Bella Swan aquel día.

— ¿Cómo amaneció, la chica más hermosa? — preguntó mientras tomaba entre sus dedos un mechón rebelde de la morena y lo llevaba detrás de su oreja, la chica hizo un tierno puchero y respondió, con vos baja debido a su enfermedad.

— Fatal, ha sido la peor mañana — estornudó, una vez — horrible, además, tengo— otro estornudo hizo parte, para ese momento en sus ojos había un par de lágrimas que se querían derramar — gripe. — Edward la miró tiernamente, y se inclinó lo suficiente para dar un beso en los labios de la menor, dedicando ahínco en dejarla volando y pensando el resto de la mañana en ese beso.

— ¿Crees que ya está un poco mejor, mi vida? — preguntó, sonriendo ladinamente y con algo de picardía en los orbes verdes que roban su aliento. Bella no tuvo replica alguna, y con solo asentir levemente, volvió a sentir como otro beso le hacía olvidar el día de mierda que llevaba.

Diablos, esos besos eran mejor que los waffles de su madre y cuando iba a comentar algo, estornudó, teniendo que girar su rostro para no hacerlo frente la cara de su novio. Sintió sus mejillas brillar en rojo y el timbre para el inicio de clases comenzar. Viendo ésta su escapatoria se alejó del chico Cullen y dejándolo con la palabra en la boca, caminó dentro de su clase de literatura.

Estaba avergonzada, lástima que los besos de Edward no curasen su resfriado, suspiró, posando su cabeza debajo de la palma de su mano intentando concentrarse en la clase que daba la profesora, pero se sentía agotada y aquel día, por primera vez, su asignatura favorita se le hizo eterna. Al igual que el resto de día.

¡Por fin llegó el almuerzo! Y aunque quisiera solo llegar a su casa, sabía que en este tiempo podría estar con sus amigos, de ese modo no tendría que pensar como normalmente se hace en clase y cosa para lo que ella no estaba dispuesta. Después de ver a su fabulosa mejor amiga Alice Cullen, con su cara de duende, cabello corto y ojos tan iguales a los de su hermano Edward, —sí, la duende era su cuñada— llamándola desde una de las mesas, supo donde encontraría al resto de sus amigos. Caminó hasta ellos metiendo sus manos en los bolsillos de la campera y sonrió a su otra mejor amiga, Rosalie Hale, la rubia despampanante que también movía su mano para saludarla; y no evitó reír al ver que con su otra mano golpeaba a su novio por quién sabe qué comentario fuera de onda. Es que no se puede confiar en la visión de Barbie que daba la chica, pues mataba a más de uno con el temperamento que se cargaba. La curiosidad de saber que pasaba o por qué Emmet Cullen, su otro cuñado estaba siendo golpeado le hizo caminar más rápido, para encontrar, también, en su mesa al siempre calmado Jasper Hale. Por supuesto, sin olvidar a su novio, el caballero de ojos verdes.

Bella empezaba a preguntarse cómo es que no sufría de un serio problema de autoestima, rodeándose con la belleza de sus amigos. A veces era alarmante lo hermosos que lucían sin hacer nada, pronto tuvo su respuesta.

— Bells, me gusta cómo te ves. — comentó Rosie volviendo la atención a su comida. Isabella, soltó una carcajada y rodó sus ojos pensando que la rubia se burlaba de ella por no tomar en cuenta todas las veces que ella junto a Alice la habían tenido de muñeca Bella y habían jugado a arreglarla. Era saber de todos que ese día estaba peor que otros, destruida, dirían por ahí.

— Te ves caliente, Bellita, con esa chamarra — comentó Alice encogiéndose de hombros al ver expresión de incomprensión. Para ese momento, Bella casi se ahoga pero no dijo nada más que asentir confundida y sentarse en las piernas de su novio que ya la esperaba con los brazos abiertos para ella.

— Creo que voy a morir. — Arrugó su nariz apoyando su cabeza en el pecho ajeno— les juro que no entendí nada de las clases que tuve — soltó un par de estornudos más antes de completar su drama — porque estoy muy maaal. — el hecho de haber hablado como una niña pequeña escondida en el regazo de su novio solo le sirvió para que todos rieran al verla, ya que aquella no era la típica Bella a la cual están acostumbrados.

— Rían de mí, malos amigos. — se levantó de las piernas de su novio con una mirada molesta a sus acompañantes, pero que perdió cuando tuvo que volver a estornudar. — Voy a morir y ustedes llorarán por mí.

La sonora carcajada de Emmet, el oso, como casi siempre le decía Bella, fue estridente haciendo que las personas de sus mesas cercanas se giraran a verlos. — Por Dios, Belly Bells, deja el drama barato. — rió con sus palabras, si necesitaba que el Oso la regañara era que el mundo se iba acabar. Gimió de desconsuelo mientras él seguía hablando— Mañana ya se te pasará la gripe y si no, puedes ir donde Carlisle, estoy seguro que tu suegrito te recetará algo.

La chica sonrojada se giró para buscar algo que comer, o tal vez, solo una botella de agua que lograse que sus mejillas bajaran de tono. Escuchó a Edward regañando a los chicos para que la dejasen en paz y una sonrisita se posó en sus labios. Lo amaba. Mientras hacía la fila de la cafetería, una estridente voz le hablaba.

Joder y Mike Newton. El chico había estado obsesionada con ella desde que entró al colegio un par de años atrás. No, no estaba de ánimos para eso. Bufó.

— Hey, Bella— saludó con emoción en su voz,

Ella respondió un escuálido — Hola, Mike — algo incomoda pues no le gustaba para nada las confianzas que el rubio se atajaba, además, a Edward nunca le había gustado ese tipo, y en su cara, que de lejos alcanzó a visualizar, se mostró

— ¿Sabes lo que dicen a las de rojo? — su ceño empezó a fruncirse y la estúpida sonrisa del chico Newton aumentó en su rostro, para ese momento la cafetería se quedó en silencio y con la atención puesta en ellos. Maldita sea, ¿la pueden matar ya? Bella odiaba todo tipo de atención que recaiga solo en ella, así que intentando mantener una postura relajada, soltó un suspiro y con ello su respuesta.

— ¿Qué dicen? — inclinando su mirada para no sentir la del resto de cafetería en ella, notó que el bendito suéter era rojo. ¿Por qué? ¿Qué castigo estaba pagando? Quería cerrar sus ojos y desaparecer ante la inminente respuesta del tonto acosador.

— A las de rojo me las cojo — dijo con un intento de parecer sensual, el cual falló estrepitosamente, pues para Bella el chico solo logró dar asco y aumentar los síntomas del resfriado. Iba a matarlo. La castaña estaba más roja que bombillo de navidad y con todo el genio que había estado recogiendo en el día escupió con odio:

— La verdad no, no sabía, lamentablemente, a ésta de rojo ni en tus sueños te las cojes, Cerdo. — Con el veneno corriendo en sus labios, dio media vuelta y decidió salir del comedor, mientras, éste seguía en un silencio sepulcral el cual se rompió cuando Edward salió trás su novia.

El ojiverde la encontró en un aula sola, con lágrimas en los ojos, empuñando sus manos contra la pared donde se recostaba, ocultándose del mundo. El chico solo pudo pensar: "Voy a matar al descerebrado de Newton"

— Hey, Bells — murmuró bajito cuando ella posó sus ojos chocolate en la figura de Edward que fruncía el ceño

— Hey, Ed. — un puchero lo recibió y Swan sintió como los pulgares limpiaban las lágrimas de rabia y vergüenza que caían por sus mejillas para luego ser atraída por un cálido abrazo. — Fue tan vergonzoso, Dios. ¿Dónde demonios saca tanta mierda para incordiarme?

— Ese idiota pasa sus noches buscando formas de conquistarte, preciosa — dijo burlándose para que la chica empezara a tranquilizarse en sus brazos, por lo que una suave risa salió de los labios del él.

— No te rías, es un asunto serio. La integridad y decencia de ese rubio está en peligro. — amenazó la chica y solo logró que Cullen volviese a reír.

— Ya me encargo yo de él, bebé. Solo recuérdame que no te haga enfadar. — respondió y ella soltando una primera risa, le guiñó un ojo a su novio y lo atrajo desde sus mejillas para besarlo, un simple roce entre sus labios. — Si no fuera tan idiota, sería gracioso el chiste. Lástima que para él —las manos del mayor se deslizaron a posarse en su cadera — a esta de rojo, solo…— sus labios hicieron un recorrido hasta hablar en el oído de la castaña, rozando la suave piel de esta zona— solo me la cojo yo.

Las manos de ojicafé lo volvieron a obligar a que la besara y él lo hizo sin ningún problema. Ellos se besaron un poco, luego algo más y, tal vez, otro tanto para más tarde.

Al salir de aquel salón, sus labios estaban rojos y una tonta sonrisa se posaba en ellos, pero la vida tenía que continuar y Bella, aún tenía prueba de Biología. Sin embargo, su humor había mejorado considerablemente con la ayuda de su novio y el examen no fue tan aterrador como pensaba más temprano. Por supuesto, el resfrío continuaba, ella ya no se sentía tan mal.


Un día más y Bella se levantó mucho mejor. ¡Ya no tenía gripe! Su mirada se dirigió al reloj y vio que todavía tenía tiempo para arreglase. Para mejorar aquel día que era completamente contraria al anterior, su madre tenía listos los waffles para su hija.

Llegó al instituto con una sonrisa en sus labios y al notar el volvo plateado de su novio, caminó a él para abrazarlo por la espalda. Se puso en puntitas y casi coqueta murmuró: — Hola, guapo.

— Hola — recibió en cambio, casi con parsimonia.

— Oye, ¿qué te pasa? — frunció su ceño por la efusividad del saludo, que alguien escuche el sarcasmo en su mente, pero el cobrizo estornudó, dándole a la Bella la respuesta. — Mierda.

— Pasa que la de rojo me enfermó. Eso pasa. — él se giró entre los brazos ajenos para formar un puchero. Es que era de información común que Edward era igual o más insoportable que Bella cuando estaba enfermo.

— Ed, amor, lo siento mucho— dijo sinceramente, culpable de haber enfermado a su lindo, lindo novio.

— Oh, sí, sí que lo vas a sentir. Desde este momento serás mi enfermera y cumplirás todos y cada uno de mis caprichos. — murmuró con una mirada maliciosa. Rápidamente, Bella comprendió que estaba como caperucita y no precisamente por el rojo, pues ahora estaba en la boca del lobo.


Se me ocurrió después de hablar con mi mejor amiga, a ella le pasó con su pareja, y fue, malditamente, gracioso. Nunca lo superaré, esta mala suerte no se la compro.

En fin, sé que ella me matará cuando se entere que hice ésto, sin embargo, correré el riesgo, espero ustedes me apoyen y mi muerte no sea en vano. ESPERO REVIEWS, en serio, los espero *guiño*

Sólo me queda decir que esto va dedicado, para Mel, mi mejor amiga en todo el mundo mundial

Y gracias por leer.

HOLA. HOLA. La nota que había hecho la primera vez que escribí esto me causa mucha gracia. Creo que ahora mejoró mucho la historia, aún tiene sus baches y uno que otro error, PERO, más sentido que el anterior.

Sigo sin superarlo, qué les digo. Si se lo preguntan no me mató, AÚN ASÍ, me gustan sus Reviews :c

Esto sigue siendo para esa loca.

Besos.