Cuando Ramsay regresó a su habitación, un par de horas después de que la fiesta hubiese terminado, Resha ya no estaba allí. Aquello lo contrarió, pero estaba demasiado cansado como para ir a buscarla a su habitación. Además, su cuarto estaba demasiado lejos. Tal vez había sido una mala idea separarla de él para mantener cerca a Myranda. Su noche de bodas había sido más interesante de lo esperado.

Se quitó la ropa y la arrojó contra la silla. Oh, dioses, había bebido demasiado. La cabeza empezaba a dolerle ligeramente y estaba seguro de que le iba a costar dormir. Se tumbó sobre la cama revuelta sólo para descubrir la mancha roja que la virginidad de Resha había dejado en sus sábanas. Pasó la mano sobre el tejido, pensativo. Aquella sí que había sido una sorpresa. Por lo que él sabía, las hijas del hierro no eran más que putas y mamarrachos. ¿Qué podías esperar de gente que se criaba encima de un barco? Eso era lo que había pensado cuando conoció a su prometida: Fea, mal vestida y carente de atractivo. Y encima tenía mal carácter, aunque eso no le preocupaba; había domesticado a mujeres peores. Le había gustado su actitud desafiante, actitud que él se encargaría de doblegar, pero el resto había resultado decepcionante.

Cuando la vio desnuda por primera vez, a través del agua de su bañera, la esperanza había regresado a él ligeramente. La joven tenía una buena delantera, al menos. Se había quedado con ganas de sacarla del agua para contemplarla a sus anchas, pero su padre se lo había advertido: Nada de juegos hasta que estés casado.

Y entonces había llegado la hora de la ceremonia y la maldita Greyjoy había aparecido disfrazada de reina. Ni la misma Cersei habría conseguido despertar tanta expectación. Había habido comentarios entre el resto de los hombres presentes y aquello le había hecho sentir bien. La hembra era suya, para jugar como él quisiera. Los demás sólo tenían derecho a mirar... hasta cierto punto.

Después la había besado y aquel beso lo había excitado hasta el punto de dejarlo en evidencia. Se la habría follado allí mismo, pero sabía que había una celebración a la que asistir, unos compromisos que cumplir, relaciones que fortalecer. Política. La detestaba, pero no era un necio. Si algún día quería suceder a su padre más le valía cuidarse de absorber cada pequeña perla de conocimiento que su padre tuviera a bien de compartir con él. Y ella era suya, a fin de cuentas.

La observó beber durante toda la noche. Otra decepción. Pero le habían comentado que la joven se había dedicado a la piratería desde su más tierna edad. No era de esperar que supiera comportarse en público. Él la enseñaría. ¿O tal vez eran los nervios? Si la mitad de las historias que había oído eran ciertas, estaría tan dada de sí que apenas lo notaría cuando la penetrara. Y él no estaba precisamente mal dotado...

Cuando se la llevaron para el encamamiento vio que el viejo Harris intentaba sobarle los pechos. Maldito hijo de perra, lo mataría por ello. Aunque ella le había dejado la nariz rota. Aquello le había gustado. Había intentado seguirla hasta la habitación, pero Myranda se le había colgado del cuello para lloriquearle. Estaba tan celosa que Ramsay realmente había considerado la opción de irse con ella. A fin de cuentas, sabía perfectamente lo que quería y lo que le gustaba. Pero Resha le producía demasiada curiosidad. Quería desnudarla, observarla sin ropa o agua de por medio, sobarle aquellas tetas que parecían realmente grandes. Si no era lo suficientemente estrecha... Siempre había otros caminos.

Cuando por fin entró en la habitación ella había comenzado a reír. No parecía asustada, ni dispuesta a enfrentarse a él. Parecía que se estaba divirtiendo. ¿La hija del hierro tenía ganas de follar con él?

Y aquel maldito corsé... La bruja de su madre lo había diseñado para que no hubiera manera de abrirlo. Lo había intentado. No quería destrozar un vestido que parecía valioso. Pero el roce de sus dedos contra la piel de ella, tan aparentemente dispuesta, lo había vuelto loco. Se lo había roto, sí, ¿y qué?

Ella se había enfadado, pero había merecido la pena. La visión de la carne pálida de ella a través de los jirones de su vestido lo habían enardecido hasta el límite de lo posible. La acorraló y la obligó a besarlo. Había sido un beso animal, brutal. Lengua, saliva y labios. Y sangre... Ella lo había mordido.

Ramsay se llevó la mano a los labios y palpó la herida cuidadosamente. Su mujercita era realmente interesante, sí. Aunque había sido un tanto bruto con ella. Casi la había asfixiado por aquel pequeño mordisco. Pero ella había comenzado el juego, no él. Él se había comportado como se esperaba de un maldito esposo. No había sido tan bondadoso con la que él creía que era Arya Stark. Ni con la otra, ahí sus huesos se pudriesen en el infierno.

Si no lo hubiese mordido no se habría descontrolado tanto. Ella lo había pedido. Y cuando la penetró lo hizo consumido por el deseo. No se esperaba encontrar la barrera y aquello había terminado de volverlo loco. La había penetrado con demasiada fuerza, ella había gritado, pero era tan estrecha, tan nueva. Sólo suya. Ningún maldito hombre del hierro la había montado antes que él. Había sido demasiado. Se había corrido demasiado pronto. Pero el placer había sido enorme.

Luego la había mirado con curiosidad, esperando ver en ella una sonrisa, tal vez. Pero Resha había apartado la mirada. Estaba a punto de llorar, aunque disimulaba. Odiaba ver a las mujeres llorando. Su madre lloraba cada vez que su padre... Daba igual.

Se había ido y la había dejado sola. Esperaba que ella se tranquilizase y se quedase dormida. Después podría volver a montarla con más calma, tal vez enseñarle un par de cosas...

Pero su padre lo había entretenido. La guerra en el norte era ahora cosa de los Bolton y no era un juego. Había cosas urgentes que hacer. Tal vez pronto volvería al campo de batalla.

Pero no ahora. Estaba cansado y quería verla. ¿Por qué puñetas se había ido de la habitación?

Ramsay se levantó de nuevo, frustrado. Se puso los pantalones y salió al pasillo sin camisa, aún amarrando los cordones. ¿Dónde estaba la habitación? ¿Cuál era? Caminó un rato hasta que recordó que la había mandado a las habitaciones de Sansa Stark. Volvió sobre sus pasos y se dirigió al otro lado del castillo, ahora silencioso. ¿Qué estaría haciendo la muchacha? ¿Llorar? No le gustaban las lágrimas. Valoró por un momento la posibilidad de volver a la cama, pero siguió adelante hasta llegar a su destino.

La puerta se abrió silenciosamente y Ramsay entró como una sombra. Le gustaba sorprender. Pero Resha no estaba llorando. Estaba dormida. Aún vestida con lo que quedaba de su vestido de novia y con los muslos llenos de sangre. La observó con detenimiento. Tenía los labios hinchados y leves moratones en el cuello. Y había llorado. Pero ahora estaba serena, profundamente dormida. Era hermosa y al mismo tiempo diferente.

Alargó una mano para tocarle la piel, pero detuvo el movimiento a pocos centímetros del rostro de Resha. De pronto se sentía mal consigo mismo. Ella lo rechazaría, lo temería. Y tendría que obligarla a obedecer. Más lágrimas.

No quería lágrimas, quería besarla y que lo mordiera. Quería que ella lo deseara.

Se apartó de la cama y salió de la habitación en silencio. Tenía mucho que pensar.

Nota: un capítulo muy raro. Lo sé. Tenía ganas de describir las cosas desde el punto de vista de él. De hecho, me gustaría profundizar un poco más en su psicología. Ya veremos si sigo con el experimento. Ha sido una actualización rápida. La próxima será más larga. ¡Espero vuestros comentarios!