CAPITULO I – EL HECHIZO

Harry despertó cuando los primeros rayos del sol comenzaban a colarse por entre las pesadas cortinas, apenas eran las seis de la mañana pero él ya se preparaba para empezar un arduo día de trabajo, era su último curso en Hogwarts y los profesores los atacaban con montañas de trabajos, tenía que esforzarse mucho si quería obtener la notas suficientes para aplicar como Auror, pero eso no era lo único que le preocupaba, había algo más, algo que le importaba mucho más que cualquier otra cosa.

Se vistió rápidamente, de camino a la salida se dio un rápido vistazo en el espejo, se lavó los dientes y bajo a la sala común.

- Bajaste a tiempo, toda una sorpresa.

- Hermione buenos días – saludo mientras terminaba de acomodarse la camisa.

Mientras avanzaban por el pasillo rumbo a la biblioteca Harry pudo ver una sombra oscureciendo la mirada de su amiga, deteniendo el paso la sujeto suavemente por el hombro.

- Estas muy pálida Hermione – puso la mano sobre la frente de su amiga y luego la otra sobre la suya para comprobar la temperatura - ¿quieres que vayamos con Madame Pomfrey?

- No Harry, todo está bien.

Siguieron avanzando hasta llegar a la biblioteca, dentro Madame Pince ya se encontraba en movimiento, subiendo y bajando escaleras, con montones de libros levitando detrás de ella y volviendo a sus lugares.

- Todo está en su lugar chicos – dijo con una sonrisa mientras señalaba la mesa del fondo.

Ambos agradecieron a la amable mujer y tomaron asiento, en el mismo lugar en que habían estado desde hacía ya un mes.

- Solo nos faltan un par de detalles Harry, pero… - miro a su amigo, decidida a decir lo que realmente pensaba, pero en el último minuto se arrepintió.

- Hermione ¿Qué pasa? – pregunto mientras se acercaba más.

- Es solo que, ¿Qué tal si me equivoco? ¿Qué tal si algo sale mal? Yo… no podría perdonármelo.

Harry no contesto, él también tenía sus dudas, y en parte tenían razón, si algo salía mal, hasta el más mínimo error de cálculo y los resultados podrían ser fatales.

El resto del día transcurrió sin novedades, fueron a sus respectivas clases, reuniéndose para el almuerzo y la comida, finalmente durante la cena Harry se acercó a Hermione.

- Mañana – susurró mientras se retiraba.

- ¿Me perdí de algo? – preguntó Ron que había visto toda la escena, pero ambos habían actuado como si no estuviera ahí.

- No Ron, todo está bien.

Pero sabía que algo perturbaba a su novia, "mañana" había dicho Harry, y con esa simple palabra Hermione se había quedado lívida y temblaba como una hoja al viento.

Cuando Hermione salió de la sala común no pudo evitar estremecerse, el cielo estaba completamente negro y una fuerte tormenta azotaba sin piedad el castillo, ni siquiera la luz de la luna iluminaba sus pasos. Un suave sonido la hizo saltar como un resorte, desenfundo la varita apuntando a la oscuridad.

- Tranquila Hermione, soy yo – dijo Harry saliendo de debajo de la capa.

- Harry casi me matas del susto – susurró llevándose las manos al pecho.

- ¿Estamos listos?

Vio a su amiga agachar la mirada. Dubitativa, temerosa.

- ¡Tengo que hacer esto!

Ella no contesto, afirmo suavemente y metiéndose bajo la capa empezaron a caminar hacia el baño del segundo piso.

El baño estaba helado y el silencio imperaba, hacía días que Myrtle estaba ocupada acosando a Draco en el baño de los prefectos, solo por eso habían podido trabajar en paz.

- ¿Necesitas ayuda?

- No, bueno si, trae otra lámpara y ponla más cerca.

Harry busco otra y rápidamente la llevo al lado de su amiga, la chica se mordía el labio tratando de concentrarse, fue entonces cuando un golpe sordo los alerto, lanzaron la capa sobre todo lo que había en el suelo y con varitas en mano avanzaron a la entrada.

- ¡Expelliarmus! – grito una voz masculina, el hechizo reboto en la pared y por poco golpea a Harry.

- ¡Ronald somos nosotros!

Ron se quedó estupefacto ante la escena, Hermione y Harry solos, escabulléndose a media noche de él.

- Ahora entiendo – dijo bajando lentamente la varita – si querían estar juntos deberían habérmelo dicho, yo, lo habría entendido.

Con gesto desconsolado dio media vuelta y comenzó a alejarse, fue la mano de Hermione quien lo sostuvo.

- No seas tonto Ron, es solo que Harry y yo estamos haciendo algo muy importante.

- ¿Tan importante que no pueden decirme? Vamos chicos, somos como los tres mosqueteros, ¿o acaso no confían en mí?

- Ron – dijo Harry acercándose, aferrando con firmeza el hombro de su amigo – claro que confiamos en ti, pero, si te decimos lo que pasa debes prometer primero que no vas a detenerme.

La mirada de Harry no admitía replica, se acercaron nuevamente al área de trabajo y de un tirón Harry descubrió lo que había debajo de la capa, un complicado hechizo en un pergamino, uno tan antiguo que las runas casi habían desaparecido, varios tomos que seguro habían salido de la sección prohibida y un pequeño caldero que burbujeaba sobre una luz azul.

- Fuego azul – exclamo Ron con sorpresa, acerco la mano hasta la llama y sintió un latigazo helado en los dedos - ¿Cómo diablos lo consiguieron?

- Muchos galeones – dijo Harry mientras se sentaba en el suelo – un vendedor en Knockturn lo consiguió para mí.

Ron estaba cada vez más confundido, paseo la mirada de Harry a Hermione y de regreso, esperando una respuesta que jamás llego, presto más atención al pergamino, las runas no eran lo suyo pero reconoció una "Tempus" y más abajo había la imagen casi destruida de un anciano sosteniendo un gigantesco reloj de arena.

- Hermano debes estar bromeando - miro a Hermione que dejaba caer algunas hierbas cuidadosamente cortadas - ¡Hermione dile! ¡Dile que es una locura!

- Ya lo intenté Ron, pero hay dos opciones – levanto el rostro para enfrentarse a su novio – lo delatamos y dejamos que a fin de cuentas lo haga solo, o, presto mi ayuda y todo el conocimiento que poseo para tratar de que todo salga perfecto y regrese vivo.

- Bien – suspiro derrotado y se dejó caer junto a Harry – al menos dime porque.

Harry suspiro y cerró los ojos, evocando el recuerdo de sus padres, la calidez de los brazos de su madre y el inmenso amor que le profesaban, recordó a Sirius que le había sido arrebatado demasiado pronto, Fred, Lupin, Tonks, a todos aquellos que la guerra había arrastrado a la muerte y al olvido, tenía que volver, tenía que salvarlos.

- Tengo que volver a cuando todo esto empezó, tengo que detener a Voldemort, no solo para salvar a mis padres, sino para salvar a toda la comunidad mágica.

- Ya está lista.

La voz de Hermione los distrajo y acercándose miraron al interior del caldero, una sustancia plateada bullía suavemente dejando escapar volutas de vapor, Harry no pudo evitar compararlo con el color de los recuerdos en el pensadero.

- Entonces ¿Cómo funciona?

Hermione inspiro y soltó el aire lentamente, tratando de calmarse y recordar exactamente lo que decía el libro, rebusco entre sus ropas hasta que dio con la cadena, jalo suavemente hasta que el objeto dorado salió.

- El giratiempo – susurro Ron – pensé que los habían destruido.

- Lo guarde esperando a que el ministerio me lo pidiera, pero nunca sucedió.

Con sumo cuidado rompió el diminuto reloj, dejando caer la arena sobre la poción que de inmediato tomo un tono azul.

- Es hora – dijo con la voz quebrada, sacudió la cabeza con rotunda negación – Harry no lo hagas, es la última oportunidad para arrepentirte.

- Todo va a estar bien Hermione, eres la chica más brillante que he conocido, no hay manera de que fallemos.

- ¿Estás seguro hermano? – Ron se acercó más a ellos, uniéndolos en un abrazo triple.

- Muy seguro.

Con un suspiro Hermione se hinco en el suelo y tomo una cucharada de la espesa poción, dejándola caer suavemente en las baldosas del baño, formando una delgada pero extensa línea, repitió el proceso hasta que un perfecto circulo quedo dibujado, al cerrarse el suelo pareció desaparecer, dejando solamente un profundo agujero.

- ¿Hermione? – pregunto Harry.

- Aun no.

Tomando su varita camino alrededor del círculo, dibujando y murmurando cosas que para los chicos eran imposibles de interpretar, al terminar una intensa luz comenzó a emanar del fondo, imágenes difusas empezaron a brotar, la comida de hacia unas horas, el desayuno de hacía un mes, Hogsmeade hacía tres meses, y luego, como una dolorosa película en reversa, la última batalla con Voldemort, el incendio en el salón de los menesteres, el armario evanescente, la muerte de Cedric, todo paso a velocidad de vértigo frente a sus ojos, alejándose más y más del presente.

- Entra en el círculo Harry – ordenó Hermione mientras trazaba una segunda línea de runas – cuando estas se alineen – señalo al suelo mostrando dos runas que brillaban con intensidad – debes gritar "Detente"

- "Supra" y "Tempus" – murmuro Harry mientras veía los dos círculos de runas avanzando en direcciones contrarias

Los círculos comenzaron a ganar velocidad mientras el cuerpo de Harry comenzaba a tornarse borroso, las imágenes ahora resultaban irreconocibles, había gente y lugares que no conocían, se sujetaron con fuerza de las manos y sonrieron a Harry tratando de infundirle ánimo

- ¡Detente! – gritó Harry

Las runas comenzaron a disminuir la velocidad, todo marchaba bien, todo hasta que escucharon un extraño sonido, como si algo se rasgara.

- Hermione – el tono estrangulado en la voz de Ron hizo que bajara la mirada de inmediato, las runas empezaban a tomar un tono rojizo mientras aumentaban de velocidad nuevamente y las imágenes resultaban borrosas.

- ¡Harry sal del círculo! – gritó con desesperación - ¡Sal de inmediato! ¡Algo está mal!

Pero no hubo respuesta, a lo lejos, apenas como un susurro escucharon "Detente", la imagen de Harry seguida por la de un largo pasillo vibró en el aire unos instantes antes de desaparecer. Ambos miraron hacia el círculo que ahora lucia fracturado.

- Oh no… - Hermione se lanzó a los brazos de Ron llorando desesperada, en el suelo, apenas visibles, las runas "Supra" y "Tempus" permanecían distanciadas.

- Harry –