CAPITULO XXII – El sueño y el final

Harry abrió los ojos y miró alrededor, de nuevo estaba en un lugar desconocido, pero la habitación le recordó un poco a la oficina de Dumbledore, había gigantescos libreros, atestados de pergaminos y antiguos volúmenes encuadernados en piel, escritos en idiomas que Harry jamás había visto. Al fondo había una chimenea en la que crepitaba un alegre fuego. Harry se acercó, sentado en un sillón frente al fuego, había un anciano de mirada serena y amable.

- H-hola – dijo con timidez – disculpe ¿podría decirme dónde estoy?

- Acércate viajero – dijo el hombre.

- ¿Viajero?

El hombre le regaló una sonrisa y señaló hacia el fuego, con un movimiento de su mano una imagen apareció entre las llamas, eran Hermione, Ron y él, justo en el momento cuando conjuraron el hechizo del tiempo. Con otro movimiento la imagen cambio de nuevo, él despidiéndose de Sirius y los demás.

- Te he estado vigilando.

- Entonces… ¿usted es? – Harry parpadeó confundido, ahora que lo veía mejor, el hombre frente a él se asemejaba a las ilustraciones en el pergamino de Hermione – Tempus.

El anciano asintió con una sonrisa.

- ¿Por qué me llevó a ese punto en el tiempo?

- Porque tú me lo pediste ¿recuerdas? – movió su mano de nuevo, la imagen cambio a Harry siendo envuelto por el hechizo – "daría cualquier cosa por estar a su lado" fueron tus exactas palabras, quise darte esa oportunidad.

- Pero… - Harry desvió la mirada – él no está ahí.

- Pero cumpliste tu objetivo ¿no es así?

- Es cierto y me siento satisfecho al ver que mis padres están vivos, y que todos mis amigos y conocidos están sanos y salvos, además, Voldemort no recuerda nada y parece bastante feliz como profesor – Harry suspiro, abatido – todos ganamos.

- ¿Todos, Harry? – preguntó el hombre, en un instante estaba frente a la chimenea y al siguiente a su lado – no luces muy feliz.

- Perdí algo muy importante – los ojos comenzaban a escocerle así que parpadeo rápidamente para ahuyentar las lágrimas.

- Hay un asunto muy importante por el cual te traje aquí – el hombre comenzó a pasear por la habitación - has viajado por el tiempo dos veces, y en cada ocasión has olvidado algo muy importante, el pago.

Harry parpadeó confundido, en ningún momento Hermione había mencionado algo como un pago, aunque, por el estado en el que estaba el pergamino era un milagro que no se hubiese desintegrado cuando lo extrajeron de la biblioteca.

- Yo, lo siento señor, no tenía idea – se llevó las manos a los bolsillos, pero estaban vacíos.

- No necesito dinero, viajero - el hombre le sonrió afablemente – tu primer viaje ya lo has pagado, el costo fue tu "vida"

Harry se sentía desconcertado ¿había muerto? ¿era por eso que no había regresado a su tiempo con Ron y Hermione?

- No, no de la forma que te imaginas – dijo el hombre amablemente – cuando decidiste viajar en el tiempo, aun sin saber las consecuencias, tome tu "vida" como pago, es decir, tu existencia. Todos los recuerdos y memorias sobre ti han desaparecido.

Se hizo un largo silencio, uno que Harry ocupó para atar cabos.

- Y como pago del segundo viaje… - Harry se negaba a pronunciar las palabras, pero finalmente surgieron de su boca con un gemido de dolor – lo tomo a él…¿verdad?

Harry fijó su mirada en la del hombre. Serena. Imperturbable. Eterna.

- Todos deben pagar un precio – dijo finalmente – lamento que el tuyo fuese tan alto.

Y sin más la habitación se desvaneció.

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Ron miró a su nuevo amigo, aunque tenía unas horas de conocerlo sabía que en el transcurso de la noche algo había cambiado radicalmente en él, sus ojos de un verde brillante se habían tornado opacos y sin vida, se había levantado aquella mañana si siquiera pronunciar una palabra y tras beberse un zumo de naranja en el gran comedor había desaparecido. Solo llegaba a tiempo a las clases, tomaba sus apuntes y se marchaba.

La noticia no tardó mucho en llegar a oídos de Dumbledore, que preocupado por el bienestar de sus alumnos lo mandó llamar a su oficina. Había caído la noche cuando Harry llegó al pie de la escalinata, la gárgola lo miró ceñudo pero aun así se apartó cuando vio al chico acercarse.

- Hola Fawkes… - dijo mientras se acercaba, el ave le miró dubitativa pero finalmente se inclinó para que el chico pudiese hacerle un cariño en el cuello.

- Fabulosas criaturas – dijo una voz al fondo – los fénix.

- Si – asintió Harry, pensando que el núcleo de su varita había nacido de la misma ave que en esos momentos acariciaba.

- Siéntate Harry – el director hizo aparecer un servició de té, con un movimiento de su varita una taza se acercó flotando a Harry – cuéntame ¿qué te parece Hogwarts? ¿has hecho algún amigo?

- Todo bien – contestó Harry, dándole un sorbo al té – todo bien….

- ¿Ya conociste al profesor Riddle? ¿Al profesor Slughorn? Siento decírtelo Harry, pero querrá reclutarte para su Club de las eminencias, no todos los días tiene a su alcance al hijo del jefe de aurores.

- He visto al profesor Riddle en el desayuno, tengo mi primera clase de Defensa mañana a las ocho.

- Muy bien, y dime ¿has comido bien? ¿ya probaste la tarta de melaza? Debo admitir que es deliciosa, aunque prefiero la de merengue con limón.

Harry asintió de nuevo, no sabía a donde estaba llegando esa conversación, aunque quizá si apuraba la taza de té el profesor lo dejase ir pronto.

- Disculpe señor, pero tengo algunos deberes pendientes, yo, si pudiese excusarme.

- Claro Harry, pero antes de irte ¿podrías entregarle este documento a Hagrid? – dijo tendiéndole un pergamino enrollado – estas viejas piernas ya no soportan un viaje hasta su cabaña.

Harry asintió y tomando el papel emprendió el camino, cruzaba los amplios jardines cuando un destello plateado cruzó a su lado.

- Un patronus – exclamo Harry, se guardó el pergamino en la túnica y preparó su varita, los patronus normalmente significaban dementores.

Apretó el paso siguiendo la trayectoria del ave, Harry la miró con más atención, haciendo memoria de todas las personas que conocía el único que tenía un ave como patronus era Dumbledore, pero el suyo era un fénix, la figura que volaba a unos metros de él era más pequeña.

Harry siguió corriendo hasta que vio al ave descender, a poca distancia había una figura de pie que extendió el brazo para que el cuervo se posara en ella. Harry sintió como sus latidos empezaban a aumentar de velocidad, los ojos le estaban jugando una mala pasada, quizá era el cansancio acumulado por las horas de insomnio.

Se detuvo en seco, mirando fijamente a la figura que se erguía frente a él. Aunque era la forma de un niño Harry podía reconocer ese porte altivo y elegante con una sola mirada.

- Sev…. – logró articular al fin.

El aludido se volvió, regalándole a Harry una leve sonrisa que bastó para que su corazón se desbocara, cruzó la distancia que los separaba en un suspiro, derribándolo al lanzarse a sus brazos.

- Te tomó bastante tiempo alcanzar a mi patronus….Potter.

Harry sintió que las lágrimas le quemaban al bajar por sus mejillas, se aferró a la figura de Severus, sin dejar de pronunciar su nombre, temía que estuviese soñando de nuevo.

- Aquí estoy – dijo éste, acariciando su cabello –…lamento haberte dejado.

- No importa, ya nada importa si estás aquí – lo estrechó con más fuerza – no quería lastimarte, perdóname.

- Debí escucharte – Severus suspiró – creo que los dos hicimos algunas cosas mal.

- Supongo que sí, pero ¿cómo llegaste?

Severus se levantó y tras sacudirse el polvo de la túnica le tendió la mano a Harry, cuando ambos estuvieron de pie comenzaron a caminar de regreso al castillo.

- Yo…regresé a la oficina de Dumbledore, pero ya te habías ido, Lucius, Remus y los hermanos Black todavía estaban llorando tu partida cuando llegué. Lucius se puso como un demonio al saber lo que había pasado, y me hizo ver lo estúpido que había sido al negar lo que siento.

- Y… - Harry lo miró fijamente, tratando de no hacerse demasiadas esperanzas - ¿Qué es lo que sientes?

- Potter, salté en el centro de un hechizo en movimiento para seguirte, sin la menor idea de las consecuencias que podría tener ¿qué crees que siento?

Harry se mordió una mejilla para no reírse, Severus estaba sonrojado hasta las orejas y parecía dispuesto a cruciarlo por ponerlo en esa situación.

- Me gustaría escucharlo – dijo Harry, poniendo su mejor cara de inocencia.

Pero Severus no picó el anzuelo y alzando su varita hacia el cielo gritó.

- ¡Expecto patronum! – al instante una parvada de cuervos blancos brotaron de su varita, perdiéndose en el cielo estrellado – la forma de un patronus guarda relación con aquello que su conjurador más ama….

Harry sonrió encantado, aunque su felicidad fue nublada por un pensamiento repentino.

- Pero… ¿y el pago?

- Tuve un extraño sueño después de cruzar las runas del hechizo, había un anciano que me hablo de los viajes en el tiempo, de los pagos y de ti…me mostró todo lo que habías sacrificado con tal de salvar a tus amigos, de todo lo que habías perdido por salvarme a mí...

- Lo haría de nuevo si fuese necesario.

- Lo sé – Severus lo besó en la frente – pero no será necesario, pagué a Tempus con lo mismo que tú, con mi "vida"

- ¡Pero tu familia! ¡Y tus amigos! ¡Nadie va a recordarte! ¡Todo lo que habías pasado, memorias y sentimientos!

- Tú eres mi familia y crearé nuevas memorias a tu lado ¿quieres?

- Sev… claro que sí.

Siguieron su marcha hacia el castillo, conversando, riendo y haciendo planes para su vida juntos.

Desde la ventana de su oficina Dumbledore los miraba con atención, una sonrisa cruzaba por sus labios.

Aun podía recordar el día en que Harry entró a su oficina con la pierna lastimada, contando una rarísima historia de que venia del futuro, había que admitirlo, al principio pensó que el chico necesitaba un pase solo de ida al ala psiquiátrica de San Mungo, pero al mirarlo con atención sus ojos le habían gritado que decía la verdad.

Lo había ayudado, o mejor dicho Harry los había ayudado a ellos de mil formas, se había enfrentado a un destino azaroso y lleno de peligros inimaginables, sin dudar un momento, dispuesto a entregar su vida con tal de salvar la de otros.

Y cuando Severus entró en su oficina, jadeando y exigiendo saber dónde estaba Harry no dudo un momento en señalarle el hechizo que aún estaba en funcionamiento, le indicó que debía hacer si quería alcanzarlo y había utilizado otro puño de cenizas de fénix para repotenciar el hechizo.

Ahora que ambos estaban juntos era su oportunidad para retribuirle a Harry y a Severus todo lo que habían hecho, y aunque el resto lo ignorara, para él eran y para siempre serían los salvadores del mundo mágico.

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Bien, llegamos al final. Quiero agradecer de todo corazón a todas las persona que llegaron conmigo hasta este punto, gracias por darme una oportunidad y espero que el final recultara coherente y no muy enredado.

De ser asi, dudas, comentarios, quejas, crucios, howlers, lechuzas y todo lo que quieran mandarme es bien recibido.

Un beso.