—Rivaille... creo que me gusta alguien—Dijo Hange mientras surcaba los labios suavemente. —Oh.

Un silencio incómodo penetró el ambiente, haciendo a Hange un poco más nerviosa de lo normal. Rivaille, desesperadamente, tomando de su té de una manera extraña.

Finalizó su bebida, y se limpio con un pañuelo el hilito de té que caía en sus pequeños labios.

—Oh—Contestó agitado, mientras se cruzaba de brazos—¿Cómo es?

—...Bien—Contestó Hange, confundida por la actitud del francés—Es un chico pequeño, que cuenta bromas muy malas sobre la mierda. Es un gruñón, con un mal corte de pelo y su francés es pesado... ¡Además, es un obsesivo de la limpieza!

—Ya veo—Interrumpió molesto Rivaille mientras se levantaba de su asiento, recogiendo su taza de té y dejándola en la cocina—Iré a cenar.

Y antes de que Hange le contestara, Rivaille salió prácticamente corriendo de la cocina.

XXX

—Sus preferencias son bastante malas—Gruñó el pelinegro, frunciendo el ceño—¿Quién cuenta bromas sobre eso? Es muy sucio.

—A-ajá...

—¿Concuerdas conmigo, Jaeger?—Preguntó enojado Rivaille mientras miraba a Eren—No se que le encuentra de bueno a ese idiota.

—¡S-sí!—Exclamó Eren—Sus preferencias son bastante malas. Si yo fuera ella, amarraría a ese tipo en un tubo y le pegaría repetidamente hasta sacarle un diente.

—Eres un nombre inteligente, Jaeger—Contestó Rivaille surcando en sus labios una sonrisa torcida.

—A-ajá...

''No se ha dado cuenta''

XXX

—¿Sabes, Rivaille? Creo que ya no me gusta—Exclamó sorprendida Hange mientras comía unas galletas.

Rivaille rápidamente volteó y esbozó su mejor sonrisa, abriendo sus ojos emocionado y dando otro sorbo de su té.

—¿Ri-rivaille...?—Preguntó confundida Hange—¿Porque sonríes así?