Disclaimer: El mundo de Shingeki no Kyojin y sus personajes pertenecen a Hajime Isayama. Hago esto sin fines de lucro o derivados.

Pareja: Levi x Eren (Riren)

Advertencias: AU. Reencarnación. Multiparing. Muerte de personajes. NO CREO QUE SEA POSIBLE EL LEMON AHORA GG. Violencia física y/o verbal. Contenido homosexual explícito. CAPÍTULO SIN BETEAR NI CORRECCIÓN.

Wonderwall

by

Crosseyra

Capítulo XXI


Dedicado a BloomyLee


Desde los recodos de lo que pareciese ser una sala de interrogación en un base militar, Eren abrió los ojos con la pesadez suficiente para aplastar un titán. Pensamiento irónico, por lo demás, aunque seguía sin ser consciente de ello. Había una luz blanca, fulgurante y cegadora que le pegaba de lleno sobre la cabeza y le hacía ver todo a su alrededor mucho más claro, mucho más iluminado, desabrido y nítido.

Oh, sí; la realidad era una cuestión bien desabrida.

Gruñó, molesto, apretando los ojos con fuerza en lo que intentaba removerse en su lugar. Le dolía a la mierda la espalda; incómoda posición, por lo que hizo el amago de voltear el cuerpo hacia un costado.

Cayó en la cuenta que no era capaz de hacerlo; la seguidilla de revelaciones le abofetearon la cara en menos de un milisegundo y con ello, también, acaeció la desesperación inicial de cualquier desconcierto genuino.

Tenía las manos esposadas sobre el regazo, y los tobillos amarrados a las patas de una silla de metal fijada al suelo. Había un cinturón de cuero que, alrededor de su estómago, le mantenía sentado y pegado en su lugar. Le crujió el cuello. Estaba echado de la peor manera posible. Vaya suerte la suya.

No fue hasta que escuchó la voz de la mujer que se dio cuenta que alguien más se encontraba con él, al interior de la salita, probablemente esperando a que despertara.

Eren levantó los ojos, encontrándose con el fulgor molesto de los tubos de luz en el techo y el cuerpo pequeño y figura menuda de una mujer que, claramente, nunca había visto en su puta vida.

―Despertó. ―anunció la mujer luego de echarle un vistazo rápido por lo que pareciese ser un auricular en su oído derecho. Hubo una respuesta del otro lado de la línea, Eren pudo notarlo por la manera en que la mujer inclinaba la cabeza y bajaba los ojos al piso. Luego de un rato, asintió. ―Entendido. Comenzaré sin Dreyse.

Eren gruñó.

―¿Dreyse? ¿Quién eres tú? ¿Dónde estoy? ¿Dónde están mis amigos? ¡Deja t-...!

―Cállate.

La mujer no se esmeró en amenizar su voz; tenía un registro potente, un poco más grave que el promedio, un uso de las palabras lo suficientemente firme para que Eren se mordiera la lengua, tratando de controlar sus propios impulsos.

Lo último que recordaba es que habían arribado a Atlántida, que Mikasa le había despertado y que, al salir de la cabina del miniván, le habían golpeado en la nuca. Podía deducirlo por el probable chichón que tenía allí. ¿Y luego qué? La memoria se le hacía confusa. Quedó inconsciente, suponía, y ahora despertaba en una sala rara frente a una mujer con uniforme negro.

El mismo uniforme que usaban Levi y su aparente escuadrón.

Las piezas se le armaron en la cabeza de a poco.

―...Pertenecen a El Eje, ¿verdad?

Ella no movió una ceja, no hizo una mueca, su rostro imperturbable se mantuvo así; tranquilo y estricto.

En lugar de responder, la mujer simplemente lanzó un par de carpetas abiertas y un par de folders que se desparramaron sobre la mesa frente a Eren. El muchacho las inspeccionó con la mirada sin llegar a descifrar nada; todo eran palabras, informes, textos que no alcanzaba a hacerle clic en su cerebro ni lograban armar el rompecabezas de su laguna mental. No obstante, una carpeta en particular logró captar su atención. Fotografías; varias de ellas; de él.

Fotografías de él paseando a Sam por las calles de Trost, de Eren cuidando a Arwen visto desde la ventana de su cuarto; Eren comiendo en un local de comida rápida en el centro comercial de la ciudad, Eren en el Weihnachten, Eren con Hannes en su oficina, Eren echándose pedazos de fruta desabrida a la boca junto a Marco, Connie y Jean. Eren en su cumpleaños número trece. Eren en Shiganshina. Eren con Mikasa, Grisha y... Carla.

Allí, desperdigado por sobre la mesa brillante y metálica de esa pequeña sala de interrogación, yacía plasmada la vida completa de Eren Jaeger.

Se quedó estático.

La sangre le pesó en las venas.

―Ustedes... ―la boca la sentía seca y resquebrajada. ―...han estado espiándome durante toda mi vida.

―Te perdimos el rastro durante un año cuando Grisha Jaeger desapareció. Quién hubiera dicho que Grisha pudiera ser lo suficientemente astuto para saber que Irving Smith se haría cargo de ti.

―No lo entiendo... ―murmuró con voz rasposa y gutural. ―¿Por qué estuvieron vigilándome? ¿Es por culpa de Grisha?

La mujer no volvió a contestar. En vez de ello, alargó la mano frente a Eren otra vez, tomando una fotografía de un folder diferente y deslizándola lo suficiente para que sus ojos pudieran captarla con claridad. En ella, la imagen de una jeringuilla con un líquido transparente en su interior.

―¿Reconoces esto?

Eren frunció el ceño, y se negó a responder, dirigiéndole a la mujer su mirada furibunda y verde.

―Dime dónde están mis amigos.

―Responde la pregunta.

―¿Qué quieren conmigo?

―Responde la pregunta.

―¡AL MENOS DIME TU MALDITO NOMBRE, PEDAZO DE MIERDA!

Se quedó sin aire en los pulmones de lo fuerte que le salió el grito. Fue como un aullido, uno proveniente de un lobo herido, malgastado, cansado. Sí, Eren estaba cansado. Cansado de tantos secretos, de tantas sorpresa, de lucha tras lucha que no sabía si había ganado o perdido. Había tantos agujeros en su corazón en ese momento que apenas le quedaba fuerzas para seguir sosteniéndose en sus propios pies. Necesitaba apoyo. Necesitaba respuestas, claridad; una luz que le indicara qué demonios hacía metido en todo ese lío; en lo que claramente resultaba una absurda lucha de poderes.

Él, que siempre había sido orgulloso para pedir ayuda, necesitaba que el mundo se detuviera solo por un segundo.

Un segundo bastaba para poder respirar.

Ella simplemente se le quedó mirando con ojos fríos, potentes, a través de los anteojos que traía puestos. No suspiró, ni chistó o flaqueó ante la ira de Eren. Simplemente se inclinó hacia adelante, amenazante, posando las manos en los bordes de la mesa y balanceándose lo suficientemente cerca de Eren para que entendiera el mensaje: Si quería vivir, que mantuviera su maldita boca impertinente cerrada.

―Rico Brzenska. ―reveló finalmente. ―Teniente de las tropas rebeldes conocidas como "El Eje". Ahora mantén tu pequeña y malnacida lengua quieta y silenciosa, porque vuelves a hacer semejante mierda y me encargaré personalmente que no seas capaz de volver a pronunciar palabra por lo que resta de tu miserable vida.

Eren, ante esa advertencia, prefirió acatar. Al fin y al cabo no se encontraba en la mayor de las ventajas dada su situación actual.

―Ahora... ―Rico volvió a extender la fotografía hacia el campo visual de Jaeger. ―...responde la pregunta.

Eren regresó a echarle un vistazo rápido a la jeringuilla, al líquido transparente y de aspecto inofensivo. Le daba mala espina. Con cautela, el chico sacudió la cabeza, negando. Rico meneó la cabeza de manera casi imperceptible y chistó, sonoro, con frustración real. Se irguió en su posición, llevó sus dedos diestros a su oído derecho y comenzó nuevamente a contactarse con quien quiera que estuviera del otro lado de la línea.

―Es inútil. ―dijo. ―No recuerda. No nos sirve de nada.

Hubo una respuesta, otra vez, del otro lado. Eren podía notarlo; no había que ser realmente un genio para ello; sin embargo, continuó con la boca bien cerrada. Se dedicó a inspeccionar el lugar por un atisbo de familiaridad, un rostro amable, alguna voz conocida del otro lado de la puerta negra apostada a su izquierda. No encontró nada similar.

―Sé de lo que hablo, Weiner. Estamos perdiendo el tiempo aquí. No es necesario ponerle algo más de presión.

Eren intentó mover los pies; evidentemente le resultó inútil.

―No es el Eren Jaeger que estamos buscando.

Rico resopló ante un comentario que el muchacho no era capaz de escuchar.

―Lo que sea. ―echó al aire un feroz suspiro, y volvió a posar su atención en Jaeger. ―¿Recuerdas algo del pasado? Hace mil años fuiste un titán y recuperaste los tres muros. ¿Recuerdas algo sobre eso?

De un segundo a otro, el rostro de Eren ensombreció. Fue el segundo definitivo que marcó el rumbo de la conversación en un giro inesperado. De nuevo con la misma mierda, pensaba Eren. En su estado de negación testaruda seguía pensado que todo simplemente era un mal chiste, una broma de mal gusto; una estupidez que muchos adoptaban para joder con su mente.

Pero tenía que ser sincero consigo mismo; todo encajaba demasiado bien para tratarse simplemente de testimonios falsificados. Había llamas de convencimiento flameando en los ojos de Mikasa cada vez que intentaba meterle en la cabeza que toda esa historia de ficción era una realidad más. Su realidad. Que no podía mantenerse ajeno a un recuerdo que le pertenecía tanto como a todo el resto involucrado.

Incluso Marco... el sensato de Marco, afirmaba cosa semejante.

Ya no sabía qué pensar, qué creer, dónde buscar las respuestas que tanto le faltaban. Le aterraba hasta cierto tiempo; buscar la marca correcta a sus dudas era como tratar de abrir la caja de Pandora una vez más. No le gustaba el camino que estaba tomando todo el asunto. No le gustaba sentirse así de expuesto. Todavía no procesaba siquiera el hecho que había sido blanco de vigilancia para El Eje desde prácticamente su infancia hasta la actualidad.

―¿Y bien? ―remarcó Rico, tamborileando los dedos sobre la mesa de metal, peligrosamente cerca de una fotografía en particular. Eren le echó un vistazo rápido, tragando grueso; era la fotografía del día en que Eren conoció a Levi. ―Responde, Eren Smith.

Pasó la vista con rapidez sobre los documentos.

―¿Eren Smith?

La mujer rezongó, perdiendo la paciencia.

―Tu ficha cívica muestra que tu apellido fue cambiado el 13 de Agosto del 2009. Fue modificado de "Eren Jaeger Radammes" a simplemente "Eren Smith". En otras palabras,...

―Fue cambiado cuando mamá estaba viva, antes de que Grisha me abandonara en el hospital de Trost. ―las palabras fluyeron por sí solas de su boca, generando alguna clase de shock momentáneo. Analizó sus propias conjeturas, la información que se le había dado, las piezas que todavía le faltaban.

―Eso no es todo. ―aclaró, deslizando nuevamente más documentos al frente del consternado muchacho. Eren con dificultad levantó los ojos para sencillamente acabar topándose con su ficha del registro cívico. ―En esa misma fecha se le fue cedida tu custodia a Irvin Smith. No hizo falta la firma de tu madre porque se le consideraba como un enfermo terminal y, por lo tanto, incapaz de hacerse cargo de ti. La firma de Irvin... ―señaló el final del documento. ―...está aquí.

Se le grabó la imagen a hierro caliente en la retina. El documento era blanco, un poco arrugado con los años, pero sin ninguna mancha ajena. La firma que reconocía como la de su padre adoptivo brilló ante su expectante y desconcertada mirada, justo a un lado de la firma de Grisha Jaeger.

Todo fue planeado.

Su abandono y su salvación al ser adoptado. Todo había sido planeado incluso antes de que tuviera consciencia de lo que le esperaba.

Necesitó tomarse unos segundos. Mirando a la nada, a un punto muerto en la tela sucia de sus jeans. Se sintió débil, con el pecho sofocado, como si alguien estuviera haciéndole presión en las costillas. Le costaba respirar.

Acaparó una suave bocanada de aire.

―...¿Alguno de ustedes sabe la razón de que... Grisha y el tío Irvin tuvieran este acuerdo?

Rico se tomó un par de segundos transcurridos antes de contestar.

―Creemos que fue una estrategia para que la corporación Reiss no diera con tu paradero.

―¿Por qué? ¿Qué asuntos tiene esta corporación conmigo?

―Probablemente las mismas que nosotros pretendemos contigo. ―las palabras salieron con naturalidad de los labios de Brzenska, con un tono ligero, como si fuera la cosa más natural del mundo. ―Suerte que te tuvimos en la mira desde siempre. Plus, sabemos también que Grisha Jaeger era un científico trabajando para la misma Reiss.

El chico se quedó quieto por un momento, cerrando los ojos, aspirando una bocanada queda de aire en los pulmones antes de seguir jugando al gato y al ratón en todo ese embrollo. Según sabía, su padre sólo era un médico mediocre de Shiganshina que se casó con una adinerada mujer desheredada; su esposa murió y abandonó a su hijo de doce años a su suerte en un hospital público de Trost.

Sin embargo, resulta que no había sido abandonado de manera imprevista; todo había sido un acuerdo entre Irvin Smith y Grisha Jaeger para que cierta corporación no le pusiera las manos encima. ¿Para qué? Quién sabe. Eran conjeturas sólidas hasta cierto punto. Eren volvió a echarle el ojo a los papeles y facsímiles repartidos sobre la mesa. Hasta la fecha todos le conocían como "Eren Jaeger". ¿Ese detalle también había sido obra de su padre adoptivo para que no se le ocurriera indagar en papeleos y enredos similares?

Quizás todo era una mentira más. Quizás los papeles eran falsificados. Tal vez simplemente pretendían jugar con su mente confundida.

―Todo es verídico. ―sentenció Rico, como si hubiera leído todos y cada uno de sus pensamientos. ―Así que responde la pregunta inicial de una vez. ¿Recuerdas sobre tu vida pasada, Eren?

Jaeger se tomó su tiempo; hizo valer cada segundo en su cabeza. Reordenó sus ideas, buscó alternativas, ¿qué era lo correcto? ¿Decir la verdad o una mentira contradictoria?

Bufó, mordiéndose los labios.

―No.

Rico dejó salir un resoplido de victoria.

―¿Escucharon al chico, señores "altos mandos"? Porque no creo que vuelva a repetirlo. ―Brzenska habló por el auricular, aunque se volteó a observar con descaro lo que (supuso Eren) eran las cámaras de seguridad. Sí, era lógico, considerando que era un interrogatorio a todas luces.

Luego de ello, hubo un silencio redundante; un silencio que Jaeger se esperaba hasta cierto punto. No lo aprovechó; no dijo nada por los cinco minutos colindantes que le siguieron. La teniente Rico Brzenska continuaba compartiendo información con quien sea que estuviera en la línea, sin embargo, Eren no siguió prestando atención a nada. Sólo cuando escuchó el ligero clic de la puerta a su izquierda se permitió levantar la mirada una vez más.

A su costado ingresaron con los mismos uniformes negros dos mujeres adultas, quienes sin mucha parafernalia procedieron a quitarle los cinturones y las esposas. Eren no pudo evitar masajearse las muñecas cuando quedaron libres de ataduras, adoloridas y con marcas ligeras por el apretón. Entre ambas soldados lo levantaron de la silla, sin embargo, cuando estuvieron a punto de arrastrarlo fuera, Jaeger se opuso. Estiró el cuello por la puerta y se dirigió a la teniente, forcejeando de paso con las uniformadas.

―Tengo dos preguntas que hacer.

Rico ordenó que soltaran al chico

―Te escucho.

Eren frunció el entrecejo, pero mantuvo su voz regulada.

―Asumo que esto es "Atlántida". Así que sé concisa, ¿Dónde están mis amigos y mi hermana? Y, claro... ¿Qué demonios pretenden hacer conmigo?

Rico juntaba los archivos sueltos que dejó sobre la mesa de metal. No se dio la tarea de atisbar al chico y responder sus dudas hasta que todos los papeles, fotografías y documentos estuvieron ordenados en sus manos nuevamente.

―Olivie y Hannah te escoltarán junto a tus amigos en el hangar. Y con respecto a qué haremos contigo... ―hubo una pausa pequeña, densa, cargada de suspicacia. ―...dadas las circunstancias actuales, me temo que nadie lo sabe.

(...)

Fue escoltado durante todo el camino por ambas uniformadas. No confiaba en ellas, era lógico, pero no podía darse el lujo de ser un estúpido impertinente en ese preciso momento. Las cartas no estaban a su favor. Primero debía saber cómo estaban sus amigos, qué había sido de Arwen y, sobretodo, qué estaba pasando en el exterior. El bombardeo en Trost difícilmente había dejado indiferente a alguien.

¿Habría pasado una semana, quizás? Las cuestiones importantes seguían estando confusas en su cabeza.

¿Qué era de Irvin y Hanji?

―Ugh...

Recorrieron pasillos, alas, segmentos impresionantes dignos de una base militar bien equipada. Soldados iban y venían; era un jaleo en movimiento impresionante mientras Eren cruzaba tramos y tramos de camino tratando de encontrar a sus amigos. ¿Es este el poder de los rebeldes? ¿En esto se veía reflejada la convicción del mundo en ver la monarquía de las tres murallas derrocada? Era extraño. Hasta cierto punto, más que una liberación, nunca tuvo claros los objetivos principales de la organización conocida como "El Eje".

Querían liberar las tres murallas, pero ¿de qué, exactamente? Más aún. ¿A qué precio?

No confiaba. Algo de todo el asunto le daba muy mala espina. Mikasa estuvo trabajando con ellos todo este tiempo, al igual que el innombrable de Levi. ¿Estaba exagerando las cosas? Tal vez tenían razón; tal vez estaba negándose a ver la realidad que le correspondía.

Cuando llegaron el Hangar, el estómago se le revolvió de una manera incluso más terrorífica. El lugar era inmenso; había maquinaria por todos lados, gente de aquí a allá preparando cargamento, trasladando municiones, víveres, armas. Con honestidad, a Eren le dio el sentimiento que en verdad se preparaban para desatar una guerra.

Entre medio de todo ese embrollo, comenzó a buscar con sus ojos verdes al resto de sus camaradas. Los encontró en un recodo apartado, sentados sobre cajas de armamento y alrededor de unos cuantos bidones con agua abiertos; vasos de plástico apilados a un costado. Jean recargado en una pared, mientras Marco servía algo de agua en conjunto con Armin a la par que Connie, arrimado sobre uno de los contendores, conversaba con el cara de yegua.

―¡Marco, Connie!

Todos elevaron los ojos simultáneamente en lo que Eren aprovechaba la oportunidad para zafarse de sus "escoltas" y correr hacia ellos. No duro mucho, porque apenas a unos metros de distancia ambas soldados se abalanzaron y lo tumbaron directo al suelo.

―¡Sin juegos, mocoso! ―le gritó Olivie, presionando su rodilla contra su columna.

―¡Hey, eso es demasiado! ―Connie intentó acercarse, pero la mano de Jean lo detuvo. ―¿Qué demonios, Jean?

El susodicho no dijo nada; simplemente señaló con la barbilla en dirección contraria. Springer observó en derredor; muchos de los soldados se habían detenido al mirar el alboroto. No era necesario preguntar de qué lado se pondrían si se salía de control. Connie gruñó, cruzándose de brazos.

Eren intentaba removerse en el suelo.

―Vamos... ¡Sólo son mis amigos!

―Tiene razón. ―concordó una voz desde la distancia. ―Sólo son civiles. No representan ninguna amenaza.

Hannah y Olivie se levantaron inmediatamente escucharon semejante voz. Obligaron bruscamente a Eren levantarse también, y luego se llevaron las manos al pecho, saludando.

―Señor. ―aclamaron al unísono, mientras la figura pequeña de Annie Leonhart se hacía cada vez más cercana.

―Me haré cargo del chico por ahora. Pueden volver y descansar de sus tareas. ―las soldados parecieron dudar, Annie continuó. ―Yo lidiaré con la Teniente Brzenska.

Sin más, ambas uniformadas se retiraron. No parecían molestas, simplemente dudosas de las acciones de Annie. La rubia sin más tomó a Jaeger del brazo y lo condujo junto al resto del grupo.

―Haha, aquí todos pueden masacrarte, al parecer. ―Se rió Jean, acercándose a Eren y palmeándole el hombro. ―¿Cómo te sientes?

―Como la mierda. Estuve atado a una silla por... ―Eren pausó, mirando a su alrededor. ―¿Hace cuánto que estamos aquí?

―Unas cuantas horas, a lo mucho. ―mencionó Armin. ―Estuviste atado a una silla por unas cuantas horas.

Eren asintió, dándole la razón.

―Para mí, luces con mejor aspecto. Estabas con una lesión en la costilla, ¿recuerdas? ―acotó Connie.

―Ahora que lo mencionas... ―Jaeger se quedó pensativo, e instintivamente palpó su costado. Ya nada de le dolía. No se hubiera dado cuenta del detalle si Connie no lo hubiera mencionado. Se volteó a ver a Annie, por una respuesta. ―¿Esto es obra de tu facción rebelde también?

Leonhart meneó la cabeza.

―Te sorprendería la tecnología que se maneja aquí.

―Me sorprenden muchas cosas de ustedes, en realidad.

―Cosa tuya.

Marco le ofreció un vaso con agua a Eren, quien gustosamente lo aceptó. Bebió un sorbo, y continuó:―¿Dónde está Arwen? ¿Mikasa y el resto?

―Arwen está siendo cuidada en el pabellón médico ahora. ―cuando Armin vio los ojos extremadamente preocupados que se figuraron en el rostro de Jaeger, tartamudeó, apresurándose a aclarar. ―¡N-NO LE HA PASADO NADA MALO! ¡CALMA! E-Es solo que todos pensamos que sería mejor si estuviera en manos de quien sepa cuidarla en ausencia de su familia.

Hubo una pausa. Marco tomó la palabra.

―El escuadrón del señor Ackerman desapareció tan pronto llegamos a este lugar. En cuanto a Mikasa...

Todos, excepto Eren y Annie, compartieron miradas de complicidad. Fue difícil pasar por alto semejante detalle, y en cuanto Eren arrugó el entrecejo y frunció la mueca de los labios, Marco dudó plenamente en si continuar o no. En el momento en que optó por simplemente soltar las palabras, Annie interrumpió.

―Mikasa Ackerman fue trasladada a las celdas de contención del nivel A. Está allí junto al Sargento Levi.

El muchacho abrió los ojos de par.

―¿Levi encerró a Mikasa?

―No exactamente. ―vaciló Jean, rascándose la naciente de pelo en la nuca. ―Está encerrado también.

Eren escupió lo poco de agua que tenía en la boca. Le llegó a Jean, quien se asqueó, lo acusó de "baboso" y le tiró los restos de baba que se le quedaron pegados en la mejilla. Ew.

―¡¿Por qué están los dos en una celda de contención o lo que sea?!

Armin se rascó la mejilla.

―Digamos que Mikasa perdió el control cuando te noquearon, y el señor Levi es simplemente una víctima circunstancial de lo ocurrido.

Eren, sin poder evitarlo, refregó pesadamente su diestra contra su mejilla. En serio, había olvidado lo sobreprotectora que su hermana llegaba a ser. Le constaba. No ponía en duda las palabras de ninguno sobre lo ocurrido. De todos modos, dejó el tema en paz, dado que Annie mencionó que no tardarían en liberarlos cuando las cosas se calmaran otro poco.

―¿Y bien? ―inquirió Jean, dirigiéndose con porte firme y mirada seria hacia la rubia. ―No creo que sea casualidad que justamente aparecieras cuando Eren estuviera de vuelta.

―Lo que me sorprende es que nadie preguntara qué sucedía con Eren estas últimas horas. ―rezongó Annie, corriendo un mechón de cabello de su rostro. ―Supongo que todos sabían a lo que iban a enfrentarse viniendo aquí. Después de todo, solo necesitamos a Eren.

―¿Qué haces platicando con nosotros entonces, Annie? ―fueron las palabras de Armin las cuales ocasionaron que la muchacha, echando al aire un suspiro cansado, bajara la guardia.

―Qué bien que lo mencionaste. Les concierne a todos. ―prosiguió la rubia y comenzó a caminar en dirección contraria. ―Síganme.

Eren no terminó de convencerse, por lo que se quedó allí varado, reacio a emprender el paso. Jean y Connie siguieron su ejemplo, mientras Marco y Armin dudaban en sus acciones. Finalmente, Eren preguntó:―¿A dónde nos llevas, exactamente?

Annie les echó una ojeada a cada uno de ellos por sobre el hombro; su expresión helada e impasible no auguraba noticias buenas.

―Al centro de Comunicaciones de Atlántida. ―espetó al fin. ―Aparentemente hace un par de horas se publicó la lista de muertos en el bombardeo de Trost.


¿Qué? ¿Una actualización de Wonderwall después de dos años? FUNNY THING. Hay una anécdota muy divertida sobre eso: En mi facebook personal, como para quitarle la duda, a una amiga le conté el final que tenía planeado para este fic, porque básicamente la conocí hace tres años por el mismo motivo (AKA fandom de SnK). Le dije que le tomara pantallazo porque en una hora lo borraría... SE ME OLVIDÓ BORRARLO. MUCHAS PERSONAS LO VIERON, ASÍ QUE SI SE ENCUENTRAN CON ESE PANTALLAZO, PUES NO ME CHANCLETEEN.

Pero también descubrí que todavía habían relativamente muchas personas que seguían y se acordaban de este fic, así que... no sé. Me entró la nostalgia. No sé si vuelva a actualizar seguido, o si derechamente vuelva a actualizar. Con sinceridad, siempre tuve la esperanza de que algún día continuaría este fic, porque le tengo demasiado cariño (yelquemásreviewsrecibióentodamiputaexistenciacofcof), pero al menos ahora saben que no me morí o algo por el estilo (siclaro).

Pues eso. Algo más iba a aclarar pero se me olvidó kjsdhfks. Silly me.

Espero andar publicando notas finales pronto.