Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.


INTRODUCCION

Cuando Edward Cullen regresa a Estados Unidos después de haber vivido en México durante un año, no quiere ninguna parte de la vida que su hermano mayor, Emmett, ha elegido para él en una escuela secundaria en Forks, Washington. A Edward le gusta vivir su vida al borde y quiere labrarse su propio camino, igual que hizo Emmett. Entonces conoce a Isabella Swan. Ella no habla mucho y es totalmente intimidada por las formas silvestres de Edward. Al llegar a conocerse el uno al otro, Edward asume que Bella piensa que ella es demasiado buena para él, y se niega a admitir que podría llegar a ser él. Pero pronto se da cuenta de que ser él mismo es exactamente lo que necesita en este momento.


Edward

Quiero vivir mi vida bajo mis propios términos, pero soy mexicano, así que mi familia está siempre ahí para guiarme en todo lo que hago, tanto si quiero que lo hagan como si no. Bueno, guiar es una palabra muy débil, dictar se aproxima más.

Mi madre no me preguntó si quería irme de México y mudarme a Colorado para vivir con mi hermano Emmett durante mi último año de instituto. Ella tomó la decisión de enviarme de regreso a Estados Unidos "por mi propio bien", sus palabras, no las mías. Cuando el resto de mi familia la apoyó fue una decisión tomada.

Realmente ¿creen que enviarme de vuelta a los Estados Unidos evitará que termine bajo tierra o en la cárcel? desde que fui despedido de la fábrica de azúcar hace dos meses, he vivido la vida loca. Nada va a cambiar eso.

Miro a través de la ventana mientras el avión se eleva sobre las montañas rocosas nevadas. Definitivamente ya no estoy en Atencingo... y no estoy en los suburbios de Chicago, tampoco, donde viví toda mi vida antes de que mi madre nos hiciera prosperar y mudarnos a México durante mi secundaria. Cuando el avión aterriza veo otros pasajeros abriéndose paso con dificultad hacia la salida. Tengo que agarrarme y dejarles pasar para no caerme. Estoy a punto de ver a mi hermano por primera vez en casi dos años. Demonios, ni siquiera estoy seguro de querer verle. El avión está casi vacío, así que no puedo buscar más evasivas. Cojo mi mochila y sigo las señales hacia el área de equipajes.

Mientras salgo de la terminal veo a mi hermano Emmett esperándome más allá de las barricadas. Creí que no le reconocería o que me sentiría como si fuéramos extraños en vez de familia, pero no hay equivocación con mi hermano mayor... su cara es tan familiar como la mía propia. Siento una pequeña satisfacción por ser más alto que el ahora, yo ya no parezco el crio flacucho que dejó atrás.

– Ya estás en Washington –dijo mientras me abrazaba.

Cuando me soltó, noté ligeras cicatrices sobre sus cejas y cerca de sus orejas que no estaban ahí la última vez que le había visto. Parecía más viejo pero no había perdido la apariencia cautelosa que siempre llevaba con él como un escudo. Creo que heredé ese escudo.

– Gracias –Dije con un hilo de voz.

Él sabe que no quiero estar aquí. El tío Eleazar se quedó a mi lado hasta que me obligó a subir al avión. Y entonces me amenazó con quedarse en el aeropuerto hasta saber que mi culo estaba en el aire.

– ¿Recuerdas cómo hablar inglés? –Me pregunta mi hermano mientras caminamos hacia la salida de equipajes.

Giro mis ojos.

– Solo vivimos en México dos años, Emmett. O mejor dicho mamá, Jasper y yo vivimos en México. Tú te deshiciste de nosotros.

– No me deshice de vosotros. Voy a ir a la Universidad para poder hacer algo productivo con mi vida. Deberías intentarlo alguna vez.

– No gracias. Mi vida no productiva me parece bien.

Agarro mi bolsa y sigo a Emmett fuera del aeropuerto.

– ¿Por qué llevas eso en el cuello? –Me pregunta mi hermano.

– Es un Rosario –Respondo manoseando la cruz. –Me he vuelto religioso desde que me viste por última vez.

– Religión, las narices. Sé que es un símbolo pandillero –Dice mientras alcanzamos el convertible Beemer plateado.

Mi hermano no podía permitirse un coche como ese. Debía habérselo pedido prestado a su novia, Rosalie.

– ¿Y si lo es?

Emmett había sido un pandillero en Chicago. Mi padre lo fue antes que él. Lo quiera admitir Emmett o no, es una gran herencia.

Traté de vivir según las reglas. Nunca me quejé cuando ganaba menos de 50 pesos al día y trabajaba como un perro después de la escuela. Después no pude más y empecé a ir con los Guerreros delbarrio, y ganaba cerca de 100 pesos al día, sino no había comida en la mesa.

– ¿No aprendiste nada de mis errores? –pregunta.

Mierda, cuando Emmett estaba en los Latino Blood en Chicago, yo le idolatraba.

– No quieres escuchar mi respuesta a eso.

Sacudiendo la cabeza con frustración, Emmett me quita la bolsa de las manos y la tira a la parte trasera del coche. ¿Y qué que hubiera dejado los Latino Blood? Él llevaría sus tatuajes durante el resto de su vida. Lo quisiera creer o no, siempre estaría asociado con los LB, fuera un miembro activo de la pandilla o no.

Le echo una larga mirada a mi hermano. Definitivamente ha cambiado. Lo sentí desde el minuto en que le vi. Podría parecerse a Emmett Cullen, pero podría jurar que había perdido el espíritu de lucha que una vez poseyó.

Ahora que estaba en la Universidad, creía que podía acatar las normas y hacer del mundo un lugar brillante en el que vivir. Era sorprendente lo rápido que había olvidado que no hacía mucho nosotros vivíamos en las casuchas de los suburbios de Chicago. Algunas partes del mundo no pueden brillar, no importa cuánto las limpies la suciedad.

– ¿Y Mamá? –pregunta Emmett.

– Está bien.

– ¿Y Jasper?

– Igual. Nuestro hermanito es casi tan listo como tú, Emmett. Cree que va a ser astronauta como José Hernández.

Emmett inclina la cabeza con orgullo como papá, y piensa que Jasper realmente puede cumplir su sueño. Ambos son unos ilusos... mis dos hermanos son soñadores.

Emmett cree que puede salvar el mundo creando curas para las enfermedades y Jasper cree que puede dejar este mundo para explorar algunos nuevos.

Mientras entramos en la autopista, veo una cordillera montañosa a lo lejos. Me recuerda a los ásperos terrenos de México.

– Se llama Olympic–me dice Emmett. – La universidad está en la base de las montañas. –Señala a la izquierda. – Esos son los Flatirons, porque las rocas son planas como tablas de planchar. Te llevaré alguna vez. Rose y yo caminamos hasta ahí cuando queremos alejarnos del campus.

Cuando me mira de reojo, lo miro como si tuviera dos cabezas.

– ¿Qué? – me pregunta.

– ¿Me tomas el pelo? Me pregunto quién eres y que infiernos has hecho con mi hermano.

Mi hermano Emmett solía ser un rebelde, y ahora hablaba sobre montañas, tablas de planchar y pasear con su novia.

– ¿Preferirías hablar sobre emborracharse y joder a alguien?

– ¡Sí! –Respondo en el acto con excitación. –Entonces puedes decirme dónde puedo emborracharme y joder a alguien, porque no duraré mucho si no consigo algún tipo de sustancia ilegal en mi organismo. –Miento.

Mi madre seguramente le ha contado sus sospechas sobre que ando en drogas, así que bien puedo interpretar el papel.

– Sí, claro. Evita esas mierdas por mamá, Edward. Eso te rebajará más de lo que imaginas.

Meto mis pies en la arena. – No tienes ni idea.

Emmett la sacude. – ¿Te importa? Es el coche de Rosalie.

– Eres un hombre serio y disciplinado. ¿Cuándo vas a deshacerte de la gringa y a empezar a ser un chico universitario normal que se enrolla con un montón de chicas? – Le pregunto.

–Rosalie y yo no salimos con otras personas.

– ¿Por qué no?

– Lo llaman ser novios.

– Lo llaman estupidez. No es normal para un chico estar con solo una chica, Emmett. Yo estoy solo y soy libre y planeo serlo para siempre.

– Todo despejado, Señor solo y libre, nadie te fastidiará en mi apartamento.
Pude ser mi hermano mayor, pero nuestro padre había sido asesinado y enterrado hace mucho. No quiero ni necesito sus reglas de mierda. Es hora de ser yo mismo.

– Todo despejado, planeo hacer lo que jodidamente quiera mientras estoy aquí.

– Nos harás a los dos un favor si me escuchas. En realidad podrías aprender algo.

Sonrío un poco. –Sí, claro. ¿Lo que voy a aprender de ti será cómo vaciar de solicitudes la Universidad? ¿Hacer experimentos químicos? No planeo hacer ninguna de esas cosas.

Los dos nos quedamos callados mientras conduce durante otros 45 minutos, las montañas se acercaban cada vez más con cada milla. Atravesamos la Universidad de Washington dejando los edificios del campus al lado derecho. El edificio Redbrick sobresale y hay universitarios con mochilas, desparramados por todas partes.

¿Emmett creía que podía largarse con extraños y que de verdad encontraría un trabajo bien pagado que lo sacara de la pobreza el resto de su vida?

No había muchas oportunidades de que eso pasara. La gente le echaría una mirada a sus tatuajes y le pondrían de patitas en la calle.

– Tengo que ir a trabajar en una hora, pero quiero dejarte instalado primero, –dice, mientras aparca.

Ya sabía que tiene un trabajo con algo relacionado al auto lavado de coches para ayudarle a pagar la matrícula de la Universidad y los préstamos del gobierno.

– Ahí está, –dice mientras señala el edificio que está delante de nosotros. –Tú casa.

Hay como ocho pisos monstruosos en el edificio que parece gigantesco. Es lo más alejado de ser un hogar, como sea. Saco mi bolsa de lona de la parte de atrás y sigo a Emmett al interior.

– Espero que esta sea la parte pobre de la ciudad, Emmett, –digo. –Porque me da urticaria estar cerca de la gente rica.

– No vivo en el lujo, si es lo que quieres decir. Estos apartamentos de estudiantes están subvencionados.

Subimos en el ascensor hasta el cuarto piso. Huele a pizza, y hay manchas esparcidas por la alfombra. Dos chicas calientes vestidas con uniformes de trabajo pasan por nuestro lado. Emmett les sonríe. Por su reacción soñadora podría decirse que están sorprendidas y no me sorprendería si de repente se arrodillaran y besaran el suelo por el que camina.

– Laurent, Jessica, este es mi hermano Edward.

– Ho–la, Edward... –Jessica me mira de arriba abajo.

Definitivamente he alcanzado el cachondeo en el colegio central. Y definitivamente lo siento.

– ¿Por qué no nos has dicho que tenías un hermano tan caliente?

– Está en el instituto, –les advirtió Emmett.

¿Qué era? ¿Un aguafiestas?

– En el último año – replico, esperando que no se pierda la atracción al saber que no soy un universitario.

– Tendré dieciocho en un par de meses.

– Te haremos una fiesta de cumpleaños, –dijo Laurent.

– Genial, –respondo. – ¿Puedo teneros a las dos como regalo?

– Si a Emmett no le importa, –dice Laurent.

Emmett se aleja y se mete una mano en el pelo.

– Voy a meterme en problemas si entro en esa discusión.

Las chicas sonríen a la vez. Se alejan por el pasillo, no sin antes mirar atrás y despedirse con la mano.

Entramos en el apartamento de Emmett. Definitivamente no vive en un piso de lujo.

Hay dos camas gemelas con lana fina a un lado de la habitación, una mesa y cuatro sillas en el centro, y una pequeña cocina en la que dos personas tendrían dificultad para pasar a la vez por la puerta.

Esto ni siquiera es un pequeño apartamento de una habitación. Es un estudio. Un pequeño estudio.

Emmett se coloca en la puerta cercana a su cama.

– Este es el baño. Puedes poner tus cosas en el armario de la cocina.

Tiro mi bolsa de lona dentro del armario y camino un poco más allá por el apartamento.

– Um, Emmett... ¿Dónde se supone que voy a dormir?

– Le pedí prestada una cama inflable a Laurent.

– Está buena la chica.

Reviso la habitación de nuevo. En nuestra casa de Chicago compartía una habitación más pequeña con Emmett y Jasper.

– ¿Dónde está la tele? –pregunto.

– No hay.

Maldita sea. Eso no es bueno.

– ¿Qué mierda se supone que voy a hacer cuando esté aburrido?

– Leer un libro.

– Estás loco. Yo no leo.

– Empieza a hacerlo mañana, –dice mientras abre la ventana para dejar entrar aire fresco.

– Ya he enviado tu solicitud. Te esperan en el instituto de Forks mañana.

¿Instituto? ¿Mi hermano está hablando sobre estudios? Hombre, esa es la última cosa sobre la que un chico de diecisiete años quiere pensar. Creí que me daría una semana para readaptarme a vivir en los . de nuevo. Hora de cambiar de tema.

– ¿Dónde escondes la hierba? –digo sabiendo que estoy llevando su paciencia al límite. – Probablemente deberías decírmelo ahora para no tener que revolver toda tu casa intentando encontrarla.

– No tengo.

– Vale. Entonces… ¿Quién es tu proveedor?

– No tengo, Edward. Ya no hago más esa mierda.

– Hablaste de tu trabajo. ¿No haces dinero?

– Sí, puedo permitirme la comida, ir a la universidad y enviarle algo de lo que queda a mamá.

Mientras estoy asimilando la noticia, la puerta del apartamento se abre. Reconozco inmediatamente el pelo rubio de la novia de mi hermano, con la llave del apartamento y su monedero en una mano y una bolsa de papel marrón en la otra.

Parece una muñeca barbie viviente.

Mi hermano coge la bolsa y le da un beso. Parecen un matrimonio.

– Edward, ¿recuerdas a Rosalie?

Ella se me acerca y me abraza.

– Edward, ¡es estupendo que estés aquí! –dice Rosalie con voz animada.

Casi se me había olvidado que era animadora en el instituto, pero tan pronto como abre la boca no pude evitar recordarlo.

– ¿Para quién?, –digo con un hilo de voz.

Ella se echa hacia atrás.

– Para ti. Y para Emmett. Él extrañaba tener a su familia cerca.

– Apuesto a que sí.

Ella se aclara la garganta y parece un poco preocupada.

– Umm... bueno, bien, os he traído comida china para el almuerzo, chicos. Espero que tengáis hambre.

– Somos mejicanos, –le digo. – ¿Por qué no has traído comida mejicana?

Las perfectas cejas de Rosalie se fruncen.

– ¿Estás bromeando, no?

– Pues no.

Ella se gira hacia la cocina.

– Emmett, ¿quieres ayudarme aquí?

Emmett aparece con platos de papel y utensilios de plástico en las manos.

–Edward, ¿cuál es tu problema?

Yo me encojo de hombros.

– No hay problema. Solo le estaba preguntando a tu novia por qué no había traído comida mejicana. Ella es la única que se ha puesto a la defensiva.

– Ten modales y dale las gracias en lugar de hacerla sentir como basura.

Está muy claro del lado de quien está mi hermano.

Una vez que Emmett dijo que se unía a los Latino Blood para proteger a nuestra familia, Jasper y yo no tuvimos que unirnos. Pero ahora podía ver que la familia significaba basura para él.

Rosalie levanta las manos.

– No quiero que os peleéis por mi culpa.

Se cuelga el bolso en el hombro y suspira.

– Creo que será mejor que me vaya y os deje poneros al día.

– No te vayas, –dice Emmett.

Dios mío, creo que mi hermano ha perdido sus pelotas en algún lugar entre aquí y México.

O quizá Rosalie las ha encerrado con cremallera en su elegante bolso.

– Emmett, deja que se vaya si quiere.

Es la hora de quitar la correa que ella le puso.

– Está bien. De verdad, –dice ella besando a mi hermano.

– Disfrutad del almuerzo. Te veo mañana. Adiós, Edward.

– Uh–huh.

Tan pronto como se larga, cojo la bolsa marrón de la cocina y la pongo en la mesa.

Leo las étiquetas de cada recipiente: Pollo chow mein... beef chow fun... pu-pu platter. ¿Pu-pu platter?

– Son aperitivos, –explica Emmett.

– No me voy ni a acercar a algo que se llame pu-pu.

Incluso me molesta que mi hermano sepa lo que es un plato pu-pu. Dejo a un lado ese recipiente mientras meto la cuchara en un plato de comida china identificable y empiezo a masticar.

– ¿No vas a probarlo?, –pregunta Emmett.

Me mira como si fuera algo raro.

– ¿Qué pasa?, –pregunto.

– Rosalie no se va a ir a ningún sitio, ya lo sabes.

– Ese es el problema. ¿No te das cuenta?

– No. De lo que me doy cuenta es que mi hermano de diecisiete años actúa como si tuviera cinco. Es hora de que crezcas, mocoso.

– ¿Para que sea un mierda aburrido como tú? No, gracias.

Emmett coge sus llaves.

– ¿Dónde vas?

– A disculparme con mi novia y luego de cabeza al trabajo. Siéntete como en casa, –dice lanzándome una llave del apartamento. –Y mantente alejado de los problemas.

– Mientras hablas con tu novia, quiero decir mientras me como los rollitos, ¿por qué no le pides que te devuelva los huevos?


Espero que os haya gustado la historia, es la primera historia que adapto por lo que espero que os guste jeje. Subiré el siguiente capitulo el próximo sábado. Un beso a todas/todos desde Andalucía, España.