Hanji es una mujer muy extraña, solo es cuestión de dirigirle la mirada, verla durante dos segundos y de inmediato una persona normal se daría cuenta de que había algo raro en ella. Muchos podrían clasificarla como una chica anormal y excéntrica, amante de los titanes por excelencia, pero a la vez muy respetada por los integrantes de su escuadrón, sus avances van mucho más allá de lo que cualquier soldado hubiese logrado con anterioridad.
Sin duda muchos secretos de esos gigantes que osaban con la seguridad de la humanidad habían sido revelados bajo el cargo de la científica, a la cual no le importaba sacrificar días, semanas de sueño para lograr obtener una respuesta, mínimamente lógica, pero respuesta al fin y al cabo.

La mayoría de lo que ella manejaba no eran más que suposiciones, pero era perfectamente capaz de fundamentar con hechos sus hallazgos y nuevos descubrimientos, bastantes ensayos escritos por ella rondaban esas paredes, ni que decir de la biblioteca de la tropa de reconocimiento. "Alimentarse de nuevos conocimientos" era uno de sus grandes lemas y su escudo para cuando recibía regaños directos por parte del comandante por no cuidar de su propia salud y bienestar como correspondía.

El caso es, que cualquiera pensaría que tiene más de un tornillo safado y no solo eso, engranajes incluídos. ¿Qué persona en su sano juicio era capaz de trabajar directamente con un titán, cuidarlo como a un hijo, mimarle y sufrir por los daños que este obtuviese debido a las experimentaciones?

Sólo ella. Y bueno, la gente que trabajaba en su equipo ya estaban algo acostumbrados a su comportamiento, aunque nunca dejase de impresionarles, sin duda, es una mujer bastante dinámica. Con ella nunca se sabe.

-No tientes a la muerte

Las palabras malhumoradas del sargento llegaron de inmediato a la científica, la cual se volteó de inmediato, hace apenas unos segundos estaba tratando de acariciar el cabello de uno de sus adorados sujetos de prueba, bautizado con el nombre de "Beto".

-¡Levi! –Saludó, alzando una de sus manos y retirando los guantes que llevaba puestos, volteándose para caminar en su dirección.

El mencionado simplemente se cruzó de brazos, manteniendo la mirada fija sobre la mujer de cabellos castaños, como si estuviese inspeccionándola. Enseguida pudo ser capaz de adivinar: Dos días y medio sin peinarse, aproximadamente tres sin bañarse.

¿Cómo es que esa mujer era capaz de preocuparse más por el aseo personal de unos simples titanes que por el de ella?

El sargento notó que la castaña se acercaba peligrosamente hacia él, seguramente para sacarle los ojos en un abrazo. Interpuso su mano entre ella y él de inmediato, manteniendo una distancia prudente entre ambos.

-Ni se te ocurra, Zoe –Amenazó, no quería verse envuelto entre esos brazos que no habían sentido la caricia del jabón durante más de 72 horas.

Llámenlo maniático de la limpieza, pero no, simplemente no.

La muchacha desistió de inmediato, después de todo lo hacía simplemente para molestarlo. Rió por lo bajo y miró de soslayo al titán, el cual se mantenía amarrado con todo tipo de correas y artefactos para mantener la seguridad.

-¿Viniste a ver mis experimentaciones? ¡Eres tan amable!

-Ni en tus sueños

-¿Entonces? –Pregunta divertida, sabía perfectamente del desagrado que le provocaba al sargento estar presente en sus experimentaciones con los titanes.

-Me han enviado a supervisar y a encargarme de él en caso de que manifieste algún tipo de peligro.

-¡¿Quién ha sido el hombre sin alma que te ha pedido eso?! –Pregunta escandalizada, no podía imaginarse a Beto siendo cortado por las espadas de Rivaille.

-Erwin –Respondió de manera firme y seca, a diferencia de ella, Levi no sentía más que repugnancia hacia esos bichos gigantes.

Pero bien sabía que ese en especial era un material importante para los nuevos avances de la científica, por ende, de la humanidad. A pesar de las excentricidades que esa mujer pudiese poseer, creía firmemente en que sería capaz de seguir descubriendo nuevas cosas, por más loca o chiflada que pareciera.

La castaña suspiró pesadamente, era con algo que debía cargar cada vez que capturaban un ejemplar de titán, al parecer Levi estaba libre y por eso le habían enviado, pues no solía ser él quien se encargara de eso.

-Deberías hacer algo con esas ojeras

La mujer simplemente sonrió, esas ojeras eran el fruto de su arduo trabajo durante seis días seguidos, sin pegar pestaña durante la noche y mucho menos el día.

-Serán recompensadas, serán recompensadas.

Murmuró por lo bajo, caminando nuevamente hacia su sujeto de pruebas, dejando a un sargento frunciendo el ceño y negando levemente con la cabeza.

Algunas cosas nunca cambian.

Y así era, pues conocía a la morena desde hace… ¿8, 9 años? No recordaba con exactitud, pero era el tiempo suficiente como para llegar a conocer todas sus mañas.

-¡Beto!

Dirigió su mirada hacia la científica, la cual alzaba sus brazos mientras miraba directamente al rostro del titán, como si estuviese pidiéndole algo. Alzó una ceja, sintiéndose curioso ante el repentino cambio en la mujer.

-¡No te haré daño, lo prometo! Pero.. ¿Podrías por favor brindarme un poco de tus babas?! –Apenas terminó de decir aquello le hizo señales a un soldado para que le hiciera entrega del balde, ella lo tomó y lo posicionó sobre su cabeza con firmeza, esperando a que la baba del titán se deslizase hasta caer en el balde.

Su mueca de disgusto no se hizo esperar, mucho menos la deformación en su rostro al ver como la baba terminaba por rebalsarse y caer directamente sobre el cabello de la castaña y sus hombros.

De repente sentía unas enormes ganas de vomitar.

Su expresión se descompuso y Hanji, bueno, ella era ella. Pareciera como si no le importara el hecho de que estaba cubierta por baba de titán.

-Está jodidamente loca..

Varios de los subordinados asintieron ante sus palabras, completamente de acuerdo con el sargento Rivaille.

Hanji entregó el balde lleno de saliva a uno de sus investigadores, el cual poseía la indumentaria necesaria para ese tipo de casos, bueno no, al menos tenía guantes y cuidaba no tocar esos litros de porquería.

-¡Levi!¡¿Un abrazo?! –Gritó la muchacha, volteándose en dirección al sargento mientras estiraba sus brazos, con toda la intención de correr hacia él y estrecharle ahora sí, en un húmedo abrazo.

La cara de pánico en el hombre no se hizo esperar, él, el hombre más fuerte de la humanidad manteniendo ese rostro debido a una de las ocurrencias de esa mujer loca. Simplemente algo digno de ver.

-Olvídalo

Retrocedió un par de pasos, preparándose para salir corriendo en caso de ser necesario, no por nada trotaba todas las mañanas con su escuadrón.

-¡Oh, vamos, no seas tan descariñado, ven aquí!

La científica comenzaba a avanzar hacia él peligrosamente, si no hacía algo rápido terminaría igualmente babeado por esa cosa repugnante.

-¡Aléjate, loca cuatro ojos!

-¡Ven aquí!

-¡Detente o me deshago del titán! –Amenazó rápidamente, comenzando a retirar una de sus espadas para que viera el grado de verosimilitud que tenían sus palabras.

Al parecer aquello funcionó, la científica se detuvo de golpe y sonrió con nerviosismo.

Touché.

-Ahora, ve a bañarte

-Sí, señor

La mujer arrastró las palabras, como si de un momento a otro hubiese caído en un profundo estado depresivo. Levi suspiró aliviado, soltando su espada y viendo pasar a la mujer por un costado suyo.

Lo que no se esperaba, fue que esta se devolviera simplemente para darle una palmada en la espalda, llena de.. algo mojado.. babas.

Rivaille tragó pesado y se volteó hecho una furia, para mirar como la mujer salía corriendo mientras reía a carcajadas.

- ….. –Murmuró el nombre de la mujer con todo el odio contenido, como si fuese capaz de morder cada letra de su nombre.

Se las pagaría.