NdA: Bueno, con este capi nos despedimos de Goblins. Espero que os haya gustado mucho y que os deje con ganas de leer la séptima y última parte de Alianza. No sé cuándo dicha séptima parte estará lista porque me queda mucho trabajo por hacer, pero prometo que será lo antes posible.

Muchísimas gracias a todos los que me habéis acompañado hasta aquí, en especial a los que me habéis estado dando ánimos con vuestros comentarios. No sé qué habría hecho sin vosotros.

¡Un beso y feliz verano! (A los del hemisferio norte, al menos XD).

Capítulo 37 Una pizca de optimismo

Desde aquel "Debes saber que eres un mago, Harry" que había cambiado su vida por completo, Harry se había llevado muchas sorpresas; encontrarse a aquellos goblins saliendo de aquel boquete en el campo de quidditch probablemente cualificaba para entrar entre las diez más grandes.

-Debemos volver todos bajo tierra mientras dure esta guerra –explicó uno de los goblins, el abuelo de Yelka-. Ya regresará a Hogwarts si las cosas mejoran; ahora queremos que esté a salvo con nosotros.

Yelka parecía un poco triste por tener que despedirse de Seren, pero no se opuso a marcharse con sus abuelos y Harry no podía decir que no lo entendiera. Con los suyos, en las ciudades subterráneas de los goblins, estaría completamente a salvo. O mucho más segura que entre humanos, al menos. Pero lo más importante de aquella imprevista aparición era el túnel, ese maravilloso túnel que llevaba las montañas que había al este, bien lejos de los Parásitos. Según los goblins, alcanzaba una profundidad de cincuenta metros (así había pasado por debajo de las protecciones de Hogwarts) tenía unos ocho kilómetros de longitud y su entrada al otro lado estaba bien disimulada entre árboles y arbustos.

-Podría decirse que nos habéis salvado la vida –admitió Harry, agradecido.

-Bah, no lo hemos hecho por vosotros –replicó otro goblin con desprecio-. Yelka es una de los nuestros, no íbamos a abandonarla aquí.

Bill, que había estado examinando el agujero por el que habían salido los goblins, carraspeó.

-Parece ser que es un túnel bastante alto, ¿no? –preguntó, tratando de poner una expresión inocente-. ¿Qué mide? ¿Un metro noventa?

Harry intercambió una mirada con Draco y los demás y reprimió una sonrisa. Los goblins podían decir lo que quisieran, pero como Bill había señalado, el túnel no sólo tenía un metro noventa de altura, sino que era lo bastante amplio para que pudieran caber dos humanos adultos codo con codo. Aquello no lo habían hecho sólo por Yelka.

-Bueno… -dijo el abuelo de Yelka, dirigiéndole una mirada fugaz a Seren-. Sabemos devolver favores.

Seren pareció emocionarse y sonrojarse un poco al escuchar esas palabras. Harry sabía a qué venía todo aquello, entre unos y otros le habían contado lo de la espada de Gryffindor y el papel que Seren y Mei habían tenido en aquel asunto, deteniendo a Yelka, pero también tratando de protegerla. James miraba a su novia como si fuera a explotar de orgullo y Harry pensó con satisfacción que su hijo no podría haberse enamorado de alguien mejor que aquella chiquilla valiente y encantadora.

Las consecuencias del gesto de Seren y Mei habían sido magníficas, no cabía duda. Gracias al túnel que habían abierto los goblins, volvían a estar conectados con el exterior, tenían una vía de escape en caso de que fuera necesario, podían ir a por comida, incluso preparar ataques contra los Parásitos desde la retaguardia. Si alguien quería abandonar Hogwarts y probar suerte por su cuenta también podía hacerlo, claro, aunque en opinión de Harry aquella opción podía presentar inconvenientes. La única parte realmente negativa de aquel túnel era lo que podía pasar si los Parásitos lo descubrían, ya que podían usarlo para entrar en Hogwarts y provocar una batalla en los terrenos del colegio. Tendrían que tener aquella vía de entrada muy, muy vigilada.

Pero cuánto habían cambiado las cosas con la aparición de los goblins. El mero hecho de haber burlado una vez más a los Parásitos había subido los ánimos de todo el mundo y a eso se le añadían todas las ventajas que proporcionaba el túnel. El propio Harry no se había sentido tan optimista desde el ataque del Desmaius. Por supuesto la guerra continuaba, los Parásitos seguían ahí fuera, los muertos seguían doliendo… Pero después de haber estado tan cerca de empezar a darlo todo por perdido, volvían a sentir esperanza, volvían a pensar que quizás pudieran ganar esa maldita guerra antes o después.


Aquel día, junto con los goblins, se marcharon unos dos centenares de magos, un número demasiado bajo como para que se notara el impacto de su marcha en el campamento. Irónicamente, como medida de precaución, todos ellos fueron puestos bajo un hechizo de confidencialidad que les impediría hablarles de aquel túnel a los Parásitos en caso de ser capturados.

Y aquella misma tarde, varios magos salieron en parejas a por provisiones. Los BIM, atrincherados ahora en la sala de Estudios Muggles, la única que permitía que los ordenadores funcionaran, habían hecho una lista de los lugares más adecuados para conseguir la comida, especialmente aquella que no podían conseguir en Hogwarts: sacos de harina, de azúcar, de sal, de arroz, de té… También chocolate, mucho más que un simple capricho para los magos, y latas de conserva de tamaño industrial.

A Harry le habría gustado participar en esas incursiones en busca de alimento, pero al final decidió quedarse en Hogwarts, al menos por esa vez, y ayudar a organizar la vigilancia del túnel. En parte fue también por Draco y por los niños, que no querían que se marchara del colegio. Lily en especial parecía muy asustada ante la idea de que le pasara algo y Harry no quería darle más disgustos de los necesarios.

-Tampoco está tan mal que delegues –le dijo Minerva, mientras reforzaban los hechizos glamour sobre aquella parte del túnel; no querían que los Parásitos lo vieran si les daba por sobrevolar el colegio-. No tienes por qué hacerlo todo tú.

-Lo sé, es sólo…

Terminó la frase haciendo un gesto vago con la mano porque no sabía muy bien cómo expresar lo que quería decir. La directora, sin embargo, dejó escapar una pequeña risa.

-Me parece que suscribes la filosofía de "si quieres que algo se haga bien, hazlo tú mismo".

-Oh, vamos, eso no es justo… Sé que no habría cumplido ni los doce años si no hubiera sido por Ron y Hermione. Y confío en mis agentes. Pero no me gusta mandar a otros a arriesgar su vida mientras yo me quedo atrás, a salvo.

Minerva le dirigió una mirada expresiva.

-No creo que hayas hecho eso en toda tu vida. Y en principio los magos que han ido a por comida no van a correr ningún riesgo.

Estaban en medio de una guerra y en opinión de Harry el riesgo era continuo, pero a pesar de sus recelos todas las parejas regresaron cargados de comida y sin haber sufrido el menor daño. Estaba claro que los Parásitos ni siquiera sospechaban de la existencia de aquel túnel aunque para entrar en Hogwarts los goblins habían tenido que pasar en un momento dado por debajo del campamento de esos desgraciados. Daba gusto ver cómo se iban acumulando en la despensa los sacos de comida, cómo los elfos se apresuraban a preparar un pequeño banquete para aquella noche. El olor a pan recién horneado parecía capaz de hacer sonreír a todo el mundo. Harry se encontró rogando para que aquella noche no se produjera ningún ataque serio de los Parásitos que pudiera arruinar aquel brote de buen humor.

A la hora de cenar proseguía la calma. La gente se fue reuniendo en los diversos comedores, charlando animadamente y especulando sobre lo que habían preparado los elfos aquella noche. Harry ocupó una silla junto a Draco, cuyos ojos tenían una expresión relajada, suave, que hacía mucho tiempo que no mostraban. Hombres y mujeres como Bill o Angelina seguían demasiado afectados por sus terribles pérdidas, pero incluso ellos parecían dispuestos a dejarse llevar un poco por el optimismo, aunque fuera por los hijos que aún les quedaban.

La comida apareció por fin en los platos: pasteles de carne con salsa de tomate, puré de patatas, pan recién hecho, galletas de chocolate y piña en almíbar. Seguía sin ser uno de los grandes festines de antaño, pero había mucha más cantidad que los últimos días. Hasta habían aparecido algunas botellas de vino para los adultos que lo desearan. Para los niños sólo había agua, pero ahora que habían conseguido azúcar de sobra había gente en Hogwarts que podría preparar zumo de calabaza en cuestión de unos días.

-¿Sabéis que McGonagall me ha pedido que esté en el tribunal para los TIMOS y los ÉXTASIS de Pociones? – dijo Draco mientras cenaban.

-A Bill también se lo ha pedido, para los exámenes de Defensa –dijo Ron, que estaba al otro lado de Harry.

-No sabía nada –le dijo Harry a Draco-. ¿Enhorabuena?

Éste se encogió de hombros.

-No me molesta hacerlo, pero… no sé si tiene sentido, en estas circunstancias.

-Bueno, mantener la normalidad también es una manera de luchar –replicó Harry.

Hermione, sentada junto a Ron, asintió.

-Por eso quiso que se reanudaran las clases y le pidió a Seren que siguiera adelante con la función… Es todo lo mismo. Una prueba de fe.


-Vente a dar un paseo conmigo.

Draco observó a Harry con una ligera sorpresa y luego asintió, aunque estaba lleno por primera vez en muchos días y no le habría importado quedarse allí, haciendo plácidamente la digestión. Harry y él salieron de aquel comedor –lo llamaban el Comedor Norte-, pasando junto a gente que charlaba, bromeaba, se entretenía, se mantenía ocupada.

Había más gente por los pasillos, yendo de un sitio a otro o hablando en los bancos de piedra. También en el exterior, pues el sol seguía alto y además no hacía frío. Sí, se acercaba el verano. Treinta años atrás habría estado preparando su baúl para volver a casa, amargado por la última victoria de Harry.

Protegidos por dos Murificatio, se dirigieron hacia el lago sin apresurarse y por el camino se cruzaron con un grupo de niños de ocho o nueve años que estaba jugando con una pelota. Entre ellos se encontraba Sammy Burlington, el niño que habían rescatado en Ávalon, quien les saludó con un efusivo movimiento del brazo sin dejar de jugar. Las dos mujeres que estaban cuidando de ellos también sonreían.

-Da gusto ver a todo el mundo algo más animado –comentó Harry.

-Bueno, ya era hora de tener un poco de buena suerte. Merlín, ese túnel… ¿Sabes que ahora los goblins no me parecen tan feos?

Harry rió entre dientes.

-Creo que hoy nos ha pasado a todos. –Su sonrisa se tiñó de melancolía, como si hubiera recordado algo que le apenaba. Draco no tuvo que esforzarse mucho para imaginar lo que era-. Tenemos que seguir adelante con nuestras vidas, ¿verdad?

Draco entrelazó sus dedos con los de Harry y le apretó cariñosamente la mano.

-Es lo que ellos habrían querido. Tú me enseñaste eso.

Harry le agradeció su apoyo con una mirada que era casi un beso y los dos caminaron unos pasos en silencio cómodo, íntimo, lleno de historia compartida.

-¿Está tu madre de acuerdo en que nos quedemos en Hogwarts?

-Claro. Todavía lleva el luto de venganza, Harry. –Y él lo llevaba también, aunque fuera en un rinconcito de su corazón-. Esta vez no se trata de sobrevivir, se trata de derrotarlos. Tenemos que quedarnos aquí. Además…

Hizo una pausa, buscando el modo de explicarse bien.

-¿Qué?

-¿De qué serviría volver? Estaríamos en casa, pero eso no es lo que queremos realmente, ¿no? Queremos recuperar nuestras vidas. A mí me gustaría estar en Malfoy manor contigo, preparándolo todo para recoger a los niños en vacaciones y haciendo planes. Me gustaría estar pensando en las próximas elecciones y me gustaría que mi maldito cromo de las ranas de chocolate estuviera a punto de salir al mercado. Esconderse en Malfoy manor no va a devolvernos todo eso. La única manera de conseguirlo es vencer a los Parásitos.

Harry asintió con expresión solemne y luego le echó una ojeada al castillo que habían dejado atrás.

-¿Te resulta difícil estar aquí? Parásitos aparte, quiero decir.

-Bueno, probablemente no me trae tan buenos recuerdos como a ti, pero ¿ qué más da? No tengo tiempo para pensar en el pasado. Lo que cuenta es que estamos todos juntos y bien.

-¿Seguro?

-Seguro.

Llegaron al lago, que olía a cañas y a humedad. Sus aguas estaban en calma y transmitían paz, ajenas al drama que se desarrollaba en sus orillas.

-Al menos ahora estás haciendo recuerdos nuevos. Buenos recuerdos.

-Sí, algunos –reconoció, con una media sonrisa-. Como la noche de mi cumpleaños.

Harry le devolvió la sonrisa.

-Me alegra que lo aprecies. Al día siguiente tenía agujetas en la lengua.

Draco soltó una risilla y le hizo un gesto a Harry para que se sentara junto a él en la hierba. Al fin y al cabo, esos buenos recuerdos no se creaban solos.


Albus se dejó llevar a la vieja clase de música donde Scorpius y él habían pasado tantos ratos memorables. Aquella noche su cuerpo parecía vibrar de deseo, despierto por primera vez en muchos días. Apenas podía esperar para ponerle las manos encima, para desnudarlo, para comérselo a besos.

Cuando llegaron allí y encendieron los candelabros, Albus vio que Scorpius ya había preparado un colchón grande y mullido en el suelo; también había algo diferente en la luz, pero no supo distinguir el qué.

-¿Has hecho algo?

-Es una sorpresa –dijo Scorpius.

Sonreía mientras se quitaba los zapatos y se tumbaba en el colchón, medio recostado, el flequillo rubio cayéndole sobre la frente. Albus no habría podido resistirse a su llamada y no lo intentó, simplemente se colocó a su lado, paseando la vista por sus ojos grises, su nariz algo puntiaguda, sus labios llenos. En medio de un mundo lleno de magia, resultaba asombroso que nada le pareciera más mágico que todo lo que Scorpius le hacía sentir simplemente por estar allí, por existir, por corresponderle.

-Te amo, ¿sabes? –cuchicheó, mientras allá en el fondo de su mente pensaba en todos aquellos que también quería y le habían sido arrebatados.

-Y yo a ti –dijo Scorpius suavemente.

Albus se encontró besando a Scorpius sin saber muy bien quién había dado el primer paso; sólo sabía que sus labios eran justo lo que necesitaba y que jamás iba a tener suficiente. Sus labios, su lengua, todo su cuerpo. Albus se apretó contra él y profundizó aún más el beso, saboreando la lengua de Scorpius como si fuera un caramelo.

-Sabes tan bien –exclamó, asombrado, antes de ir a por el lóbulo de su oreja, a por su cuello.

Scorpius gimió y cuerpo se arqueó un poco.

-Al… -Una de sus manos se deslizó por debajo de su camiseta, otra le aferró el culo-. Al, quiero llegar hasta el final. Necesito llegar hasta el final.

Albus se detuvo en seco y lo miró a la cara para asegurarse de que no bromeaba.

-¿De verdad?

Scorpius asintió con ojos brillantes.

-Quiero estar así contigo. Quiero saber que se siente teniéndote dentro de mí o estando dentro de ti. –Empezó a repartir pequeños besos por sus mejillas, por la frente, por sus labios-. Podemos hacerlo como tú quieras.

Albus consiguió reaccionar por fin y abrazó a Scorpius con fuerza, notando que estaba tan duro como él.

-Claro… Yo también quiero estar así contigo… -Le acarició la mejilla, sintiéndose casi mareado de deseo, de anticipación-. Quiero… Quiero hacértelo yo a ti. Otro día podemos…

-Sí, sí –dijo, apretándose más contra él.

Albus sonrió de oreja a oreja y volvió a besarlo. El corazón le latía a mil por hora de nervios, de deseo, de impaciencia, de felicidad. Sobre todo, de felicidad. Albus empezó a desnudar a Scorpius mientras Scorpius empezaba a desnudarle a él, besando y acariciando la piel que iba apareciendo. En esa parte, al menos, tenía experiencia de sobra, podía seguir sus instintos sin miedo a hacer el ridículo. No estaba aún tan acostumbrado a verlo completamente desnudo, una imagen que aún le parecía íntima y especial y le dejaba completamente sin aliento.

Con un suspiro arrobado, Albus comenzó a besarle el pecho, los pezones. Acarició sus costillas con las yemas de los dedos y lamió el hilo de cabello rubio que descendía desde su ombligo hasta el vello púbico. Scorpius respiraba erráticamente y de vez en cuando un gemido sofocado escapaba de sus labios. Estaba duro del todo y Albus restregó la mejilla contra la polla de Scorpius antes de metérsela en la boca. Scorpius farfulló algo y alzó las caderas, abriendo las piernas en una muda invitación.

Era fácil perderse en la sensación, en el peso de la carne hinchada sobre su lengua y los sonidos deliciosos que conseguía arrancarle a Scorpius. Pero después de unos segundos alargó el brazo para buscar la varita, que había dejado previsoramente a mano, y lanzar los hechizos sobre Scorpius y sobre sí mismo. Cuando le metió poco a poco el dedo comprobó que estaba relajado, bien lubricado.

-¿Estás bien?

-Perfecto –dijo, sonando un poco sin aliento.

Las últimas veces que habían hecho algo así habían llegado a probar con dos dedos y Albus le introdujo el segundo sintiéndose todavía en terreno familiar. Scorpius se mordía los labios y respiraba pesadamente, como si estuviera tratando de controlarse para mantener el placer bajo control. Los dos se habían corrido así otras veces. Pero aquella noche iban a ir más allá, ¿no? Joder, aún no podía creerse que fueran a llegar hasta el final.

-Creo que para la primera vez es mejor si te pones de lado y yo me pongo detrás… Ya sabes.

-Vale.

Scorpius se colocó de costado y Albus se tumbó a su lado, apoyando el pecho contra su espalda. Ya no tenía muy claro qué debía hacer, más allá de todas las fotos porno que había visto. Casi por instinto acarició una de las piernas de Scorpius y la empujó un poco para quedara algo flexionada. Con la mano derecha le acarició la polla; con la izquierda agarró la suya propia, dirigiéndola al culo de Scorpius.

-Tienes que avisarme si te hago daño, ¿eh? Si quieres que pare, pararé.

-Sí, no te preocupes.

Albus le besó la nuca, el cuello.

-Te quiero tanto… -dijo, casi con un atisbo de desesperación, de rendición.

Scorpius le acarició la pierna, como instándole a seguir y Albus, bastante nervioso, se preparó para entrar dentro de él. Le aterraba la idea de hacerle daño, aun sabiendo que Scorpius se lo diría, si eso ocurría. Y sin embargo cuando empezó a presionar, muy poco a poco, se sintió como si acabaran de echarle lo opuesto a una Cruciatus, un placer brutal, casi insoportable. El calor, esa estrechez… Se lo había imaginado un millón de veces y acababa de descubrir que ni siquiera se había acercado.

-Oh, Dios… -dijo con voz rota-. Oh, Merlín

-Despacio…

-¿Te hago daño? –preguntó como pudo.

Scorpius estaba respirando lentamente.

-Sigue… pero despacio.

Albus lo hizo, pero le costó toda su fuerza de voluntad porque era como si todo su ser quisiera hundirse en Scorpius cuanto antes.

-Es increíble –balbuceó-. No te imaginas… estrecho… ohdios… genial…

Cuando le penetró del todo se quedó casi como paralizado, viendo lucecitas blancas tras los ojos; tenía la sensación de que si se movía iba a estallar. Ni siquiera estaba seguro de no haberse quedado atascado, la presión alrededor de su polla era exquisita y absoluta. Apenas fue capaz de preguntarle a Scorpius si estaba bien.

-Sí… -contestó-. No duele mucho…

-Estoy dentro de ti, Scorp –susurró, maravillado.

-Lo sé… Lo sé… -Le agarró una mano y se la llevó a los labios para besarla-. Ve despacio.

-¿Me muevo, entonces?

-Sí, sí…

Albus lo hizo, aunque no era fácil, desde esa posición. No sabía muy bien cómo darse fuerza para meterla y sacarla. Pero con nada que hizo, fue suficiente. Había estado al borde del orgasmo desde que había empezado a penetrarle y media docena de embestidas le catapultaron hacia el clímax casi en contra de su voluntad.

-Oh, mierda, lo siento… Lo siento… -Se había corrido ya y estaba seguro de que Scorpius ni siquiera había tenido tiempo de empezar a disfrutar.

-Oh, joder… Bueno… -Sonaba casi divertido, pero Albus se sentía absolutamente avergonzado-. Es la primera vez.

-Yo quería…

-Sshht, no seas tonto. –Scorpius se movió y se quedó boca arriba, todavía con una erección-. Chúpamela.

Albus obedeció a toda prisa, deseando compensar a Scorpius por su torpeza, y le llevó rápidamente al orgasmo. Scorpius dio un suspiro de satisfacción y alargó los brazos en una muda invitación que Albus aceptó al momento. Aún le daba una vergüenza horrible haberlo hecho tan mal, pero le aliviaba ver que Scorpius no se lo tenía en cuenta.

-Te prometo que la próxima vez lo haré mejor.

-No esperaba que fuera perfecto, ¿sabes? –dijo, dándole un beso en la sien-. Seguro que nadie lo hace bien a la primera. Pero mira…

Le indicó el techo y Albus contempló, asombrado, cómo se iluminaba en una lluvia de silenciosos fuegos artificiales. Grandes palmeras doradas, rojas y plateadas se abrían sobre ellos; remolinos azules y verdes parecían subir hacia un cielo que no existía.

-Guau…

Scorpius sonreía; en su cabello pálido se veían los reflejos de las luces de colores.

-Ahora podremos decir que la primera vez que lo hicimos vimos fuegos artificiales y todo, como en las noveluchas de amor malas que se lee Diana.

Albus se echó a reír y lo cubrió de besos.

-Estás como una cabra. –Lo miró, sintiéndose desbordar de adoración-. Estás como una cabra y quiero estar contigo para siempre.

-Bueno, más te vale, porque no pienso dejarte ir.

-No lo hagas.

Scorpius se acomodó mejor contra él y Albus empezó a creer que realmente no importaba demasiado si aquella primera vez no había salido bien del todo. Estaban juntos y se amaban y saldría mejor la próxima vez. Bien mirado, era perfecto.


Ginny gimió, dolorida y llena de náuseas, cuando la máquina le quitó la magia. No tenía ni fuerzas para mirar con asco a los muggles que acababan de convertirse en magos y se daban palmaditas en la espalda mientras ella quería morir.

Dos Parásitos soltaron sus correas, la ayudaron a ponerse en pie y la sujetaron entre ambos mientras la llevaban de nuevo a su celda. De camino hacia allí, Ginny miró hacia la celda en la que sabía que estaba su madre y la vio asomada a la pequeña ventanita con barrotes. A los Parásitos no les gustaba que hablaran de celda a celda, pero su madre la llamó igualmente.

-Ginny, cariño, resiste, te volverá la magia en tres o cuatro días.

-Mamá… -dijo con voz rota.

-¡Silencio! –gritó el guardia.

Ginny ahogó un sollozo y siguió caminando a trompicones, dejando atrás la celda de su madre. Escuchar su voz la había debilitado y fortalecido a la vez, pero sus palabras no la habían sorprendido. Ya sabía que el procedimiento había dejado de ser mortal, se lo habían dicho otros prisioneros, había visto cómo pequeña Molly se recuperaba. Ni siquiera se convertían en squibs. Al cabo de tres o cuatro días estaría bien. Bien, pero todavía prisionera, allí atrapada para cuando quisieran usar su magia de nuevo. Los Parásitos les decían que debían sentirse afortunados.

Sí, se sentía terriblemente afortunada, como todos los demás. ¿Quién no se sentiría afortunada sintiendo casi como su alma era violada, sabiendo que estaba contribuyendo a crear más Parásitos?

Llegaron a su celda. Pequeña Molly y las otras dos mujeres la ayudaron rápidamente a tumbarse en la cama, le pusieron un paño de agua fría en la frente, trataron de consolarla y de recordarle que pronto se sentiría mejor.

Ginny cerró los ojos. Dolía. Oh, Merlín, cómo dolía. No sabía si sus hijos estaban bien, y si lo estaban, si ninguno de ellos había acabado allí, probablemente la estarían dando por muerta. Probablemente les estarían dando por muertos a todos. Pero no lo estaban. Aún no. Decían que el cuerpo sólo resistía un número determinado de donaciones, pero nadie sabía cuántas, exactamente; creían que dependía de cada uno. Había gente a la que se habían llevado en el ataque a Comet's Hill en Año Nuevo que todavía seguía viva.

A veces era fácil desear la muerte. En momentos como aquel, cuando cada célula de su cuerpo estaba sufriendo una agonía. Algunos se habían dejado llevar, habían muerto. Pero Ginny no pensaba hacer eso, ni pensaba dejar que su sobrina lo hiciera. Aguantarían. Resistirían. Mientras lo hicieran, habría esperanza. Todavía había muchos magos ahí fuera, libres, entre ellos Harry. Los Parásitos todavía no habían ganado aquella guerra. Y cuando llegara el momento, quería estar viva para reunirse con sus hijos y con Seamus. Y para poder hacerles pagar a Grudge y compañía por todo aquello.

Algún día.

Fin

NdA2: Alguno de vosotros estará pensando "Pero si Helena me confirmó que Molly había muerto!". Siento haberos mentido, chicos/as, pero negarme a contestar habría sido como levantar la liebre y arruinar esta sorpresa final. Prometo no hacerlo más XD

Yun Sakka, te agradezco mucho el comentario, pero no tienes habilitada la opción de recibir PM, así que no puedo contestarte.

Alexa, jaja, entiendo que esa imagen resultara graciosa. Creo que McG ha hecho lo correcto; así les da sensación de normalidad a los niños (y sus padres) y además en el fondo lo que está haciendo es organizándolos para que puedan ayudar. ¡Y todas las manos son necesarias! Gracias por comentar y nos vemos en la séptima parte.

Menina-chan, sí, un túnel es una buena situación. Aunque creo que a los magos no les habría resultado fácil hacer uno así de largo sin que se les desplomara o los Parásitos lo notaran; tienen suerte de que los goblins les hayan ahorrado la faena XD En cuanto a Ginny, siento darte un digusto, pero de momento al menos sigue viva, jaja. Y te agradezco esos tuits, el problema es que por lo visto hay un equipo de fútbol que tb se llama Alianza y si miro ese hashtag normalmente lo que veo son tuits sobre fútbol.

Gloria, cualquiera podría haber besado a un goblin esta vez, jaja.

Livres et moi, sí, el capi pasado era terminaba con algo de optimismo y espero que éste también. El túnel tiene muchísimo potencial y todos en Hogwarts están pensando ya cómo utilizarlo. Eso lo veremos ya en la séptima parte.

Albus, muchas gracias, espero que disfrutes con la relectura.

2piesizquierdos, van a usar el túnel, pero para hacer el ácido de Hades necesitas un corazón que aún esté latiendo; no es algo que los buenos estén dispuestos a hacer.

Daemia, como has visto, sí, pueden salir a por comida. Y bueno, yo diría que esta parte acaba medio bien. Ya no están realmente atrapados en Hogwarts y además, como hemos visto, casi todos los prisioneros siguen vivos, incluida Molly, lo cual quiere decir que aún hay posibilidad de salvarlos, por lo menos a la mayoría.

Elrick, eso espero ;)

Ella-BL, sí, jaja, he aquí la razón. Me alegra mucho que te guste la historia y que le encuentres tantas virtudes, muchísimas gracias.

Josy, ese túnel ha sido una graaaan ayuda, jeje. Y bueno, todos tienen deseos de pulverizar a los Parásitos, pero para ver si lo consiguen habrá que esperar a la séptima parte.

Lizbeth, lo siento, me resulta imposible dar una fecha. Meta ya tengo, terminar Alianza, ¿te parece poco? XD Y sí, sí, la séptima parte será la última.

SombreritoSeleccionador, todos los pasadizos que había en la época de Harry fueron inutilizados cuando la guerra contra los Parásitos empezó a ponerse seria. Y sí, antes o después se les habría ocurrido la idea, pero no sé hasta qué punto habría sido fácil (o creíble). Que lo hayan hecho los goblins me viene mejor XD Respecto a lo que están haciendo los magos en el extranjero, nadie puede entrar en las Islas de momento; además, hay grupúsculos de Parásitos en varios países y los aurores respectivos andan también tras ellos.

Y bueno, ya has visto cómo van las cosas con los prisioneros. Espero que haya sido una sorpresa agradable, jaja. Todo lo demás que tenga que pasar, pasará en el séptimo libro. Besos y muchísimas gracias, de verdad que me alegra mucho que te guste tanto la saga.

Cinoet Obreiko, muchas gracias a ti, me alegra que te haya gustado.

Blltrx2608, sí, los goblins no quieren luchar en esa guerra, pero aun así le han echado una mano a la gente de Hogwarts con ese túnel. Me alegra mucho que te haya gustado y en la séptima parte veremos cómo termina todo.