Nada me pertenece. Este genial manga y sus personajes pertenecen a Isayama Hajime.


Cincuenta Sombras de Zoë.


Esto es lo que te ganas por hurgar en lo que no debes, Levi.


INTRODUCCIÓN


El hombre de ojos grises abrió la puerta suavemente, cubriéndose la nariz casi por instinto. No pudo resistir rodar los ojos al ver el desastre habitual. Se metió a la habitación de la mujer con rapidez y sigilo, al tiempo que pensaba cómo fue que se convenció a si mismo de que esto era algo bueno. Normalmente, Levi no haría algo así. Jamás pensó que usaría la llave que ella le dio la primera vez que durmieron juntos.

Bueno, bajo circunstancias normales ni siquiera contemplaría la idea de colarse a la habitación de Hanji Zoë. Pero estas, no eran circunstancias normales; le atribuía tamaño comportamiento al increíble estrés al que se vio sometido la semana pasada con los exámenes de la universidad, la falta de sueño —las fiestas de los chicos nuevos eran verdaderamente ruidosas— a la falta de sexo con una mujer —Manola no contaba— y a algo más, que era la segunda razón por la que había ido hasta allí.

Hanji estaba actuando raro.

Muy por fuera de sus estándares. Todos saben que Zoë es una mujer rara, le gustan los experimentos científicos, tiene amistades extrañas —incluyéndole— y pasar días sin dormir es algo que parece natural en ella.

Ahora, lo que le había parecido raro era que no la había visto comportarse con su anormal-normalidad de siempre. Es más, ni siquiera le había podido hablar la semana anterior. Siempre encontraban un espacio en sus agitadas agendas de estudiantes universitarios para encontrarse, y aunque le costaba admitirlo, estaba empezando a darse cuenta que la estaba echando de menos. El lunes, por ejemplo, la vio salir de su habitación llevando un libro dentro de la cobertura gamuzada que utiliza para los que tiene en alta estima, y se lo había entregado a Petra a la hora del almuerzo, no sin antes decirle algo al oído, cosa que hizo que la otra mujer emitiera una risita tonta y se ruborizara de varios tonos. Bastante sospechoso.

Había barajado la opción de preguntarle a Petra, pero desistió a último momento.

El martes, mientras caminaba con Erwin hacia el gimnasio, vio que Hanji llevaba unas bolsas que parecían ser de lencería y se escabullía entre los arbustos como si temiera ser vista con algo así. Erwin hizo un comentario jocoso al respecto, y a Levi no le gustó ni el tono, ni que involucrara al leal amigo-siervo de Hanji, Moblit. Pero tampoco iba a decirle a Smith que el único que se metía en la cama de Hanji era él, y que no volviera a insinuar que la mujer tenía algo con el bicho de su ayudante. No, había que guardar las apariencias.

El miércoles había ido a hablar con ella porque necesitaba los apuntes de biología que sabía ella tenía precisos, pero lo que encontró fue a la primera alumna de su clase tirada en el suelo practicando complicadas —y sugerentes—posturas de yoga. Él no hizo comentario alguno, y se marchó de la habitación con un par grande de dudas y un cuaderno de apuntes que más parecía un bloc con notas de escritura jeroglífica.

¿Desde cuándo la desarreglada Zoë se preocupaba por el yoga?

El miércoles la llamó por teléfono, esperando entablar con ella sus charlas normales de mediados de semana, pero ella le dijo que no podía atenderle en ese momento —sonaba como si le faltara el aire— que si la necesitaba con urgencia, podía llamarle después. El optó por recurrir al comportamiento de siempre, le colgó. No le iba a admitir que estaba echando de menos sus happy hours de los miércoles. Ni que estaba consumiendo grandes cantidades de café a causa de ella. Ni que extrañaba el sonido de su voz cuando le contaba aburridas teorías desarrolladas por hombres muertos hacía cien años.

No, no iba a admitir nada de eso. Su orgullo de macho está por sobre todas las cosas.

El jueves, la gota que colmó el vaso de su paciencia fue que vio a Hanji Zoë, su desarreglada, desgarbada y nerd, Hanji Zoë con el cabello peinado. Bien peinado. Se paseaba por los pasillos con su bata de laboratorio y tenía una coleta alta, adornada con un sencillo lazo celeste bastante femenino, jeans ajustados y una blusa.

¿Quién demonios era esta mujer y qué había hecho con Hanji Zoë?

Todo ese día estuvo con la mente en blanco, tratando de explicarse el comportamiento raro de Zoë, y su aparente "transformación". No podía soportar que lo haya ignorado en el almuerzo, incluso Mike y Erwin lo notaron.

—Levi—le llamó el de ojos azules— ¿sucede algo entre Zoë y tú? No se hablaron en toda la semana. Ni siquiera vino a almorzar con nosotros

—Probablemente Levi destruyó alguno de sus experimentos—dijo Mike mientras se llevaba una papa a la boca—no sé, es solo una suposición.

Si las miradas mataran, Mike Zacharius estaría bien muerto, y en una zanja liado con bolsas de basura. Levi se limitó a negar con la cabeza y a terminar su quinta taza de café del día.

—No ocurrió nada.

Fijó su mirada en la mesa que siempre ocupaba Hanji en el restaurant donde se juntaban todos los chicos de la universidad y vio que estaba llena. Conocía a todas las mujeres allí reunidas: Petra Ral, Mikasa Ackerman, Sasha Blouse, Christa Renz, incluso a la que tenía el rostro pecoso, Ymir… o algo así. Todas reían cómplices y hacían comentarios. Incluso le pareció ver que una de ellas lo miró de reojo y dijo algo que hizo que el grupo estallara en risas. Raro.

Hasta para el nivel de rareza de Zoë.

Viernes llegó, y con él, la paciencia de Levi llegó a su fin. Necesitaba respuestas a sus dudas, y a los 163 mensajes sin responder que le había enviado. Se dijo a sí mismo que era hora de investigar si la mujer tenía algún nuevo experimento, un tipo de interés raro en algo nuevo, o si lo había reemplazado —la sola idea le hacía arder de celos, que no admitiría, claro— y no tuvo mejor idea que recurrir al vil espionaje valiéndose de una llave que tenia del dormitorio de la joven.

Sabía que eso estaba mal, que iba contra los pocos —pero respetados—principios morales que tenía, y que probablemente estaba dañando la confianza que Hanji tenía en él.

—Soy un vulgar acosador—se dijo a si mismo mientras se tomaba las llaves y salía de su habitación.


Lo siento, ¡pero tenía que hacerlo! Jajajajaja. Si lo aceptan, tendrá continuación. Aclas: Manola: una alegoría decente a hacerse pajas. Happy hours: horas felices, sí, en el sentido que piensas :D

Si no, pues terminó aquí y no pasa más nada… D: ¿Les dejo un avance de lo que viene después?

"—Levi…—susurró mientras dejaba besos por todo su cuello—vas…a…tener…que…aprender…a…estarte…quieto.

Levi empezó a recordar la escena del libro. Esto se estaba poniendo fuerte"

HAHAHAHAHAHA oblíguenme a escribir el siguiente capítulo, ¡por favor! XD