Finalmente decidí dejar los capítulos completos y editados en el sitio, pero por supuesto, si quieren observar mis notas extra y las ilustraciones que hice para el fanfic, todavía tendrán que ir a AOO3, dado que todavía tiene cualidades limitadas. Agradezco su atención y opiniones respecto al fanfic. Me he divertido mucho escribiéndo algo puramente erótico. No me arrepiento de nada.


"La Petición de Mikasa"

por Pink Nymphetamine (Mikasa Magica)

Rating: 18+

Fandom: Shingeki No Kyojin/Attack on Titan

Relación: Mikasa x Levi

Personajes: Mikasa Ackerman, Levi, Eren Jaeger, Armin Arlelt, Zoë Hange.

Advertencias: Contenido Sexual Explícito.

Contenido adicional: Diferencia de Edades, Consentimiento Explícito, Primera Vez, PWP (PornWithoutPlot), etc...


I.

Tu corazón estaba bombeando fuerte, casi podías escucharlo dentro de tu cabeza cuando caminabas en los pasillos llenos de luz crepuscular, pero te asegurabas que sólo podía tratarse del sonido de tus botas en marcha. Buscas con tus dedos el palpitar dentro de tu pecho. Era un tambor excitado e impaciente, y sabías que reflejaba perfectamente tu actual estado mental.

Tocaste la puerta de la habitación al final del pasillo. Ya habías estado aquí antes, pero por alguna razón sentías que era una puerta completamente diferente, un lugar desconocido y tal vez incluso atemorizante. No es como si no tuvieras una idea de lo que te esperaba, pero incluso ahora no podías negar que los nervios estaban aquí contigo. Matar a una horda de titanes hubiera resultado mucho menos aterrador que esto.

Pero esta era la decisión que tomaste. No ibas a dar vuelta atrás así de simple.

El exhaustivo análisis de tus decisiones personales te llevó de vuelta a la puerta que tocaste con formalidad, y tus hombros se tensaron con el sonido que hizo al abrirse. El Capitán Levi te estaba esperando. Pocas veces llegabas a verlo vestido tan informalmente, aquella camisa de algodón verde era mejor que ése estúpido pañuelo que siempre llevaba en su cuello. Él hizo un simple ademán con la mano para que te metieras adentro; al instante que pasaste a su lado comenzaste a sentir la densidad, como un animal nervioso escondiéndose en el aire a punto de atacar o de huir. Te preguntabas si él se sentía tan nervioso sobre esto como tú, pero al instante decidiste que era improbable.

El Capitán Levi era un hombre de apariencia peculiar, desde tu punto de vista, y quizás esa fue una de las primeras razones las cuales escogiste para aborrecer su persona tras haberlo conocido. Pero aun así siempre te pareció curioso verlo tal como era, un hombre que pasaba de los treinta, mucho más bajo que tú y con un rostro juvenil; sin embargo él no era pequeño, al contrario, su cuerpo era bastante robusto. Si tenías que escoger algún aspecto de él que te atrajera en especial, debía de ser su cara, carente de color, sus párpados que parecían pesarle de tal modo que siempre parecía tener los ojos entrecerrados, dando la impresión de que siempre estaba malhumorado por algo. No era precisamente guapo, pero irónicamente su apariencia singular era el único atractivo de su entera persona, pues en general el Capitán era una persona mordaz y detestable; pero en fin, él no era diferente a como tú eras. Los paralelos que compartías con el Capitán no se limitaban a la eficacia durante el campo de batalla.

La habitación donde él vivía por ahora era bastante sencilla, tenía una modesta bóveda con despensa, una cocineta con mesa y cuatro sillas, una cama y un cuarto de baño; pero según te había explicado antes, era demasiado grande para su gusto. Aunque bien, te imaginabas que no se quejaba demasiado a la hora de limpiar.

Hubo un silencio profundo entre ustedes y te preguntaste de nuevo si esto lo apresuraste demasiado o si había sido una buena idea para empezar. Sentías una presión incómoda bajo el abdomen y no sabías explicarla bien sin recurrir a pensamientos lascivos. El Capitán Levi sólo te dirigió a una de las sillas que disponía y te sentó ahí, tomando a su vez asiento al otro lado de la mesa.

— ¿Quieres ofrecerme algo de beber? —preguntaste mientras te quitabas el saco del uniforme, sentías algo de calor.

— No tengo alcohol conmigo. Tendrás que conformarte agua —Levi respondió sacudiendo la cabeza ligeramente.

— Está bien, gracias.

Te sirvió un vaso de agua, pero el calor no estaba de ninguna manera conectado al clima de hoy. Por alguna razón no podías mirarle a los ojos. En realidad, te quedaste muda por un tiempo vergonzosamente largo; no sabías de qué hablar o cómo comenzar a manejar la conversación, si esperar a que él se acercara o que tú tomaras la iniciativa, la verdad no tenías idea.

Levi se levantó de la silla exhalando con cierto hartazgo y arrastró el mueble hasta un metro de distancia de ti, sólo para volver a sentarse en ella con los brazos cruzados. Te miró, no con exasperación pero con verdadero interés, podías distinguirlo bien.

— ¿Y entonces vamos a hacer esto...? Mira, si ya no quieres, no te diré nada si te vas ahora. Eres libre de irte.

— No voy a irme. Quiero hacer esto sin arrepentimientos.

Sus oscuros ojos azules parecieron entrecerrarse más, como si su mirada tuviera el poder de hacerte obedecer su voluntad.

— Muy bien. En ese caso, primero date un baño —indicó con el dedo hacia la dirección del cuarto.

— ¿Disculpa?

— Si vamos a hacerlo entonces debemos de ser lo más higiénicos posible, Ackerman.

Tuviste que aguantar una mueca por parte tuya— Vaya, incluso ahora sigues siendo un fanático de la limpieza.

No es como si no te hubieras esperado una actitud como ésa por parte de Levi, pero ya te habías duchado antes de venir aquí… Igual, él era el loco, y de no cumplir por lo menos uno de sus caprichos él no podría cumplir el tuyo. Decidiste obedecer su petición. Cuando cerraste la puerta del pequeño baño, notaste que la tina ya tenía agua preparada. No estabas sorprendida. La primera pieza de ropa que siempre ceremonialmente te quitabas primero era la bufanda roja de Eren. La doblabas con cuidado, la dejabas en una esquina segura para luego quitarte el resto de tu ropa con menos calma.

Al meter tu brazo en la tina, el agua estaba a tiempo, encontraste todo lo necesario para bañarte, toalla, jabón, esponja… hasta que tu mente te detuvo en frío y caíste en cuenta de que esta era la misma tina que Levi usaba. No entendías porqué te afectaba tanto de repente, pero te detuviste unos segundos a contemplar tus pensamientos. Decidiste abandonar la incómoda cadena de ideas, porque entre más lo pensabas, más raro se volvía. No querías darte una ducha rápida mientras pensabas en Levi haciendo exactamente lo mismo. Sólo traicionarías a tus nervios antes de haber entrado a la verdadera práctica.

Sumergiste tu cuerpo en el agua y usaste la esponja para tallar rápidamente tu cuerpo, el cual en tu opinión no necesitaba una segunda ducha. El aroma del jabón era agradable, y te preguntabas si era el mismo aroma que alguna vez habías detectado en él… ¿Oler como como él? Decidiste que no usarías el jabón…

Entonces tocó la puerta, y muy modestamente te sentaste en el fondo de la tina mientras pegabas tus rodillas contra tus pechos y rodeabas tus piernas con tus brazos.

— ¿Puedo entrar?

— Adelante —exclamaste. De todos modos él te iba a ver sin ropa después. Cuando él entró sin pena ni culpa sólo te miró inexpresivo desde la entrada por un largo rato sin decir nada mientras apoyaba su espalda contra el alféizar de la entrada; sin duda le era fácil exasperarte— . ¿Qué quieres hacer? ¿Crees que no puedo lavarme bien yo sola?

— Si quieres detener esto, sólo dilo.

Frunciste el entrecejo. Te ofendía escucharlo cuestionar tu determinación— Ahora yo quiero hacerte una pregunta, "Señor". ¿Soy yo o tú eres el que no quiere hacer esto? Puedo aceptar un rechazo, ya que te sientes incómodo con esto.

Tan rápido como terminaste de hablar, él comenzó a caminar en torno a la bañera que usabas. Tu corazón se agitó poco a poco, sabiendo que él muy claramente podía ver tu desnudez desde su actual punto de vista. Se paró detrás de la bañera, donde él podía observar tu espalda húmeda.

— … No me malentiendas, Ackerman. Claro que me gustaría follarme a una mujer guapa e inexperta —susurraba profundamente justo detrás de tu cabeza, sus palabras mandaban un escalofrío placentero por tu espina—, pero tú eres a quien yo llamo una persona "especial". No lo has hecho antes con ningún otro hombre, ¿verdad?

Su pregunta te hizo poner los ojos en blanco.

— Claro que no — respondiste.

— ¿Y cuántos años tienes? —el bastardo ya sabía la respuesta.

— Diecisiete.

— Apenas la mitad de mi edad, ¿qué te parece? —su voz entonaba con ironía volvía a rodear la tina sólo para dirigirte la mirada unos segundos— Pero todavía así, eres una de los soldados más fuertes de la Legión. Eres "especial". Cada soldado capaz de hacer bien su trabajo es digno de mi respeto, y tú, entre todos los demás soldados, eres quien desea cruzar esta línea conmigo y no sólo eso, buscas confiarme a mí entre tantas personas, tu coño virgen.

Por poco sonríes, satisfecha de haber descubierto su verdadero color— ¿Y eso te pone nervioso? No necesitas tener tanto cuidado conmigo. Te lo voy a preguntar otra vez: ¿tú quieres hacer esto conmigo, o debería irme ahora?

Sólo lo viste por un segundo, pero Levi pareció arquear una ceja, pero al instante te dio la espalda, caminando de nuevo hacia la puerta.

— … Cuando termines, vístete de nuevo. Prefiero que comencemos esto como debería de ser.

El calor se amontonó en tu rostro, no por excitación, sino de puro enojo. ¿El maldito enano te hizo meterte en una bañera sólo para pedirte que te pongas de nuevo tu ropa?

Bueno, nunca asumiste que esto iba a ser fácil. Además, él tenía que saber mejor lo que hacía. Continuaste lavando con la esponja zonas más recónditas de tu cuerpo, tratando de no pensar mucho si él habría usado ésta misma esponja para exactamente lo mismo. No es como si no te hubieras tocado antes, pero esto era todavía bastante inapropiado. De repente sentiste que el agua estaba más caliente y tomaste aire lentamente mientras cerrabas los párpados.

Estabas mentalmente preparada para esto, y esto era decisión tuya. Siempre fue opcional el tomar este paso y por fin tenías el poder de decidir si esto es lo que querías o no… Querías experimentarlo con alguien digno de confianza, y no podías haberte equivocado, no después de tanto tiempo invertido en construir una relación con él.

No se trataba de romance o de simple compañerismo, sino de confianza y tolerancia mutua, la íntima comodidad que descubriste con él y la libertad de hablar con él de todo lo que te podía pesar en la mente. No sabías si esto podía catalogarse como amor, pero poco te importaba. Él había aceptado hacerse partícipe de esto, y confiabas plenamente en su experiencia como adulto.

Al terminar de bañarte y secarte, te pusiste encima la ropa del uniforme, intencionalmente olvidando tu ropa interior. También decidiste dejar tu bufanda en el baño… había un límite hasta donde podías permitirte pensar en Eren, y esto era lo mejor que podías hacer. Sentías que tu corazón latía más fuerte cuando saliste y lo observaste sentado en el borde de su cama.

— Ya estoy lista —dijiste con tu cabeza en alto.

Levi, que seguía manteniendo una expresión de lo más calmada te indicó con una mano a que tomaras asiento a su lado. Trataste de no parecer torpe al caminar, porque sentías que tu corazón quería asesinarte. Te sentaste y tu cuerpo entero estaba tieso por alguna razón, ni siquiera podías mirarle directamente por más de medio segundo.

Sus dedos rozaron tu mejilla ligeramente, pero fue un simple toque lo que bastó para dirigir tu rostro hacia donde él quería. Sus ojos oscuros y pequeños estaban tan cerca de los tuyos, y contuviste tu respiración por varios segundos, dejando a tu mente digerir lo que estaba pasando ahora.

— Puedes relajarte —murmuró despacio, sentías el movimiento de su boca y el calor de su aliento mientras su mano tocaba tu nuca, y poco a poco su boca descubría la ruta a tu oreja—. ¿Estás temblando? Vamos a arreglar eso.

No te habías dado cuenta, pero tus brazos estaban temblando, y veías esto como consecuencia de los efectos que él tenía sobre ti, nada más. Su mano acercó más tu cuerpo hacia él, mientras depositaba modestos besos en tu oreja, haciendo que se te saliera un diminuto gemido. Su otra mano estaba sobre tu cintura y descendía poco a poco, igual que su boca hacia tu cuello. De repente no sabías cómo reaccionar, tu estómago se hacía nudos, tu pecho se sentía caliente y eras incapaz de regular tu respiración. Podías sentir cómo su boca succionaba gentilmente la piel de tu cuello, a veces rozándote con sus dientes, eventualmente besando tu clavícula.

Tus manos tomaron su cabeza, tocabas su cabello cortado y limpio, te preguntabas cuándo sería tu turno para hacerle exactamente lo mismo. Querías saber qué partes podías besar de él para hacerle sentir lo mismo. Pero de repente, sentiste sus dedos tocar tu muslo interior, una parte inesperadamente sensible, ya que era la primera vez que alguien más tocaba ahí. Agarraste a Levi de los hombros como aviso…

— … Espera.

— ¿Qué? —él no parecía molesto, pero definitivamente su voz exigía una explicación. No era así, no querías detenerlo ahora… esto es lo que tú querías. Este era al hombre a quien le depositabas ésa confianza… Lo miraste directo a los ojos por unos segundos mientras él seguía esperando tu respuesta— ¿Qué es lo que pasa ahora?

Podías relajarte. Él estaba interesado en tu decisión y la respetaría.

— Nada. Puedes seguir.

Esta vez, tú te acercaste a su rostro, besaste sus labios mientras tus manos de deslizaban por su cuello y hombros anchos y duros. Él era sorprendentemente musculoso debajo de su ropa. Levi respondió a tu beso abriendo la boca, invitando la inexperiencia de la tuya. Te sorprendió un poco, porque poco sabías de gente que besaba así, pero le dejaste a que te enseñara. Era su lengua lo que sentías entrando a tu boca, buscando la tuya sólo para abandonarla y regresar suavemente para repetir el proceso. No estabas segura de cómo seguirlo, pero te gustaba el calor que se esparcía en tu interior cuando entraba a tu boca, la manera en que tu respiración se hacía más difícil y a la vez te calmaba.

Su peso se opuso contra ti y dejaste que te recostara en la cama mientras continuaba saboreando tu boca. Sabías que su rodilla estaba rozando tu entrepierna a propósito; su mano seguía acariciando tu torso, ocasionalmente tocando uno de tus senos, donde la carne era blanda y sensible. Gemiste dentro de su boca y su mano siguió descendiendo por tu abdomen, desabotonando tu blusa y fallando miserablemente porque no podía hacerlo con una sola mano. Como sea, él no demostró su frustración en ningún momento. En vez de preocuparse por ello, deslizó su mano al interior de tus pantalones… sus dedos se sentían fríos contra el calor de tu ingle, sólo tocando superficialmente lo que era piel y vello, sin apresurarse.

Abandonó tu boca, haciéndote suspirar cuando volvió a besar tu cuello suavemente. Se detuvo para mirarte nuevamente. Podías ver que su rostro usualmente pálido había adquirido color. Sus ojos estaban puestos sobre ti, contemplándote con silencio antes de hacer su siguiente movimiento. Sacó su mano y con la ayuda de la otra buscó desabrochar tus pantalones. Cierto, esta era la parte crucial, pero todavía te daba algo de pena. Te quitaba los pantalones para mirar tus partes más íntimas porque le estabas dando ése permiso, y te iba a tocar, te iba a abrir, te iba a consumir. Una cadena de pensamientos libidinosos corrieron por tu mente mientras movías las piernas para facilitarle el trabajo.

Tiró la prenda al lado de la cama mientras sus ojos te devoraban, pero no comprendías su paciencia. Podías verlo claramente desde el ángulo donde estabas acostada, el incómodo bulto que guardaba en sus pantalones, y sabías a la perfección lo que significaba.

Volvió a inclinarse sobre ti, y besó tu rostro mientras tus manos tocaron su cuello y pecho, jalando ligeramente la tela de su camisa. Tenías la urgencia de mirar su cuerpo también. Entonces sentiste sus dedos de nuevo sobre tu entrepierna, esta vez sumergiéndose entre el vello y la carne de tus labios. Gemiste en voz baja. El tacto de esos dígitos se sentía áspero a comparación de tus propios dedos, pero la sensación era menos grave gracias a la humedad producto de tu excitación, sus dedos de deslizaban entre tus pliegues con facilidad. Tus sensibles nervios reaccionaban con delicadeza y tu respiración se aceleraba.

Entonces Levi habló, a través de su voz podías determinar que él estaba complacido con tu respuesta a la estimulación— Voy a tomarme mi dulce tiempo jugando contigo, Ackerman.

Sonaba como una promesa un tanto intimidante, pero no podías negar que te estaba excitando todavía más.

— Ah… ¿Cómo?

No te dio respuesta, pero observaste cómo su cabeza descendía también mientras que su otra mano separaba más tus muslos. Con tu cuerpo vibrando de placer, levantaste tu cabeza para comprender lo que estaba haciendo— Eres… bastante pequeña —murmuró, no por afán de burlarse, pero palabras no lograrían describir la pena que te dio escucharle decir eso—. No pienso penetrarte hoy. Voy a hacer algo diferente contigo.

— ¿Qué… quieres hacerme…? Dime…

Levi exhaló con fastidio— Espero que no estés jugando a ser inocente conmigo.

Sin decir más, su cara cerró la distancia que lo separaba de tu sexo, y de repente ahogaste un grito al mismo tiempo que tu cuerpo se sacudió dada la hipersensibilidad de aquel contacto.

— Qué… ¿qué haces? —no estabas protestando, pero querías lo que estaba sucediendo. Levi levantó la mirada por un segundo, su boca ni siquiera había tocado tu piel, pero estabas segura de haber sentido algo…

— Sólo soplé un poco… —murmuró, pero sólo con la vibración de sus palabras podías sentirlas sobre tu piel abierta. Por un segundo sus ojos agudos y maliciosos te miraron directamente mientras observabas su boca con mucho atención— ¿Cómo se siente? ¿Puedo besar aquí…?

Dejaste tu cabeza caer hacia atrás, un cosquilleo violento sacudió tu cuerpo cuando su beso tocó la terminación nerviosa más delicada de tu anatomía.

— Sí, sigue —gemiste, haciendo lo posible por mantener tu postura. Querías observar cada segundo de ello, si era posible.

Levi comenzó a besar de la misma manera que hizo con tu boca, sólo que ahora no contenía cierta agresividad suya. Te estaba volviendo loca y no eras capaz de mantenerte sentada por más tiempo, con cada oleada de placer golpeando tu sistema nervioso cada vez con mayor intensidad. Te recostaste nuevamente, y casi al mismo tiempo sus manos agarraron tus dos muslos por debajo y los levantó con extrema facilidad, de modo que tus rodillas se tocaban con tus hombros.

— Levanta las piernas también, me estorban —dijo antes de hundir su rostro una vez más en tu sexo. De repente parecía tener mejor acceso, y ahora te sentías más vulnerable a ése placer sin descanso. Estaba haciendo algo con su lengua, rasposa y empapada de tus jugos, seguía trazando círculos en la apertura más femenina de tu cuerpo, pero luego regresaba más arriba y succionaba otras áreas de tu labia, apenas tocando tu botón más sensible. Definitivamente buscaba hacerte enloquecer, estabas a punto de gritar y tus manos amenazaban con agarrar su cabeza y suplicarle que le diera fin.

Un calor dulce crecía a una velocidad desesperante dentro de tu abdomen, y no confiabas en que ibas a poder aguantarlo por más tiempo. Tus gemidos aumentaban de volumen y duración, emulando agonía. Si seguía así…

… Pero al siguiente segundo, se detuvo abruptamente.

— ¡N-no tenías que detenerte! —tu protesta salió llena de ira y desilusión. Le hubieras asestado una patada en la cara, pero te contuviste. Podías ver en sus labios húmedos algo parecido a una sonrisa, eso te hacía enojar.

No duró mucho tiempo, dejó libre uno de tus muslos y con esos dedos toscos tocó la delicada piel al interior de tu empapada vulva, haciendo que temblaran tus piernas nuevamente. Uno de sus dígitos comenzó a hacer ligera presión contra tu cavidad, una cavidad cerrada y sin explorar.

— Voy a meter un dedo —avisó, claramente esperando tu aprobación. Sólo asentiste sin pensarlo demasiado, recompensándote con un aumento considerable de presión en contra de tu sensible área genital, lento y suave gracias a la humedad que lo precedía, pero era una presión incómoda y aunque sólo era uno de sus dedos, sentías que era demasiado grande para tu actual tamaño. Era un dolor molesto y gradual, y con la excitación sexual que había construido hasta entonces comenzaba a cambiar.

Hasta que por fin pareció detener su trayectoria. Era un dedo completo lo que logró meter en tu estrecho espacio.

— ¿Qué tal? Dolió sólo un poco. Tal parece que nunca te has metido un solo dedo aquí dentro —comentó, parecía un poco fascinado, muy lento volvía a sacarlo para repetir el la acción con la misma lentitud.

— ¿Y qué? P-puedo aguantar mucho más que eso —renegaste, jadeando pausadamente, quizás un poco decepcionada de que esto no fuera tan placentero como imaginaste. Era más molesto que excitante— ¿Ahora qué? ¿Vas a intentarlo ya…?

Levi besó el interior de tu muslo, como si quisiera calmar la ansiedad que creó en ti.

— Te lo dije, me voy a tomar mi dulce tiempo haciéndote esto, Ackerman… Si necesito dejar mi dedo aquí hasta que se arrugue como una pasa, así será —el tono bajo de su voz viajó por tu cuerpo, malicioso y sin pudor, con la sincera intención de prolongar tus expectativas, estimular tus emociones y pensamientos de formas que no podías controlar.

— ¿P-porqué lo dices de esa manera? Das asco.

— No pareces menos excitada. Mira cómo se eriza tu piel con mis palabras, y todavía te mojas más... Parece que te gusta cuando te hablo así, ¿no, Mikasa? —dijo tu nombre al hundir su dedo con un movimiento más errático, y efectivamente, te arrancó un gemido bastante agudo. Tus manos se aferraron a las sábanas blancas de la cama, la constante intermisión siguiendo un ritmo persistente y cada vez más rápido.

Su dedo estaba presionando constantemente contra cierto punto sensible en tu interior, y te molestaba saber que le resultó demasiado fácil averiguar esto. Luchabas por contener tus pequeños gritos, pero sólo complicabas más tu respiración y aumentabas tu propia excitación.

Tu cuerpo respondía violentamente y te retorcías sobre su mano habilidosa, un tormento que no cesaba y no deseabas que se detuviera porque todavía no era suficiente. Involuntariamente tus caderas se movían hacia abajo, insistente en sentir más, pero él tenía más control sobre ti que tú misma. El punto que Levi seguía presionando con precisión comenzó a palpitar dentro de ti, cada vez más agresivo.

Entre gruñidos y suspiros, sentiste su boca nuevamente besar y succionar la suave carne erógena mientras su dedo seguía haciendo su trabajo. Se volvió demasiado para ti. La presión que se había acumulado dentro de tu vientre cedió vehementemente.

Tus músculos se tensaron fuertemente mientras emitías un gruñido dividido entre el placer y el suplicio. Fue una sacudida repentina y creciente, como una explosión lenta que culminó con un increíble alivio, mientras tu respiración agitada trataba de volver a la normalidad. Levi había retirado su dedo rápidamente mientras descansabas tus brazos sobre tu rostro. Hasta ahora no habías sentido algo así de intenso tú misma… estabas totalmente pasmada por ello.

Volviste a mirar a Levi, que había ido a alcanzar la mesilla al lado de su cama, sacando un pañuelo limpio.

— Casi destruyes mi mano en el proceso, ¿cómo te sientes? —preguntó en su usual voz monótona mientras limpiaba sus manos con el delicado trozo de tela. Levi seguía teniendo sus malditas prioridades.

— … Cansada —respondiste.

— Vamos a dejarlo así por ahora.

Estabas de acuerdo. No fue quizás todo lo que esperaste, pero no obtuviste menos de lo anticipaste en tu mente. Recuperaste suficientes fuerzas para levantarte y buscar las prendas que dejaste en el baño de Levi.

Cuando regresaste de ponerte tu ropa interior, observaste que Levi estaba acostado con un brazo sobre su cara, quizás más contemplativo que cansado. Te dabas una idea de qué clase de pensamientos cruzaban por su mente, pero tú sólo fuiste a recoger tus pantalones y terminar de cambiarte.

Levi volteó a mirarte por un largo rato. No buscaba analizarte, bien sabías, pero él analizaba lo que acababa de hacer contigo. No podías culparlo. Tampoco tenías tu mente tan tranquila como para decir que esto te afectaba menos que a él; pero habías tomado consciencia de las consecuencias de tus actos, así como esperabas que Levi, no como Comandante, sino como el adulto que era, afrontara las consecuencias de sus propias decisiones… si es que había verdaderas consecuencias implicadas en todo esto.

Se iba a hacer de noche en cualquier momento. Ya era hora de regresar…

— Me tengo que ir —avisaste, sin esperar una respuesta de él… pero no buscabas dejarle la impresión errónea— ¿… Cuándo vamos a continuar?

Fue tu última pregunta la que lo obligó a levantarse. Una cosa que te agradaba de él era su tendencia a dejar las cosas en claro.