Sorpresa de último minuto: he editado todo el fanfic para que esté completo. Ahora tienen que ir a AOO3 sólo para ver las ilustraciones.

Por cierto, este es el último capítulo, así que es posible que su contenido no será del agrado de todos. De todas maneras, agradezco mucho la atención que he recibido hasta ahora.


XI.

Tenías un objetivo muy claro y persistirías en ello hasta el final: te asegurarías de proteger a tu familia. A veces tenías que admitir que aquello no era lo único en tu mente por mucho que trataras, pero ahora no era momento de darse esos lujos. La situación estaba apretada y no era momento de relajarse, mucho menos cuando lo que más atesorabas estaba en constante peligro de ser arrebatado de ti nuevamente. Todo estaba en juego.

Por supuesto, estabas consciente de que aquello era un peso muy grande que cargar, y todos estaban bajo presión, especialmente Eren, por ser la figura central que representaba la esperanza de la humanidad. Era tu deber y decisión estar con él cuando la carga fuera demasiado grande para sólo un joven. Era tu decisión y la de Armin; eran amor y determinación. Por eso mismo les llamabas tu familia.

Fue después de aquella terrible prueba que atravesó Eren, tomaría un día de descanso, y tú con Armin se encargaron de cuidar de él más personalmente, es decir, un apoyo y confortación que sólo podía provenir de ustedes dos. Por unas horas hubo soledad hubo privacidad y momentos de reflexión entre ustedes tres y nadie más. Hacía mucho tiempo que tuvieron oportunidad de disfrutar un momento a solas sólo para ustedes tres.

De repente todo había pasado tan rápido y tan fácil; la conexión tan íntima y especial, como si esto fuera tan normal para ti y para ellos, porque no sentías rechazo ni veías anormalidad hacia el acto de compartir un corazón, una mente y un cuerpo con el otro. Esto era lo que uno llamaba amor puro.

Siempre los amaste, siempre los quisiste cerca de ti, y ellos siempre te amaron. Querían hacerte saber que eras alguien con quien querían estar cerca, y tú les abriste la puerta a tu corazón. Siempre te sentiste cómoda con ellos, y ahora lo demostrabas, ahora les enseñabas y te entendían sin cuestionarte.

Eren tenía más o menos una idea de qué hacer y por dónde ir. Armin, entre tanto, parecía bastante impresionado por las nuevas sensaciones que le presentaron, así que ustedes le dieron el trato que merecía; fuiste especialmente dulce con él, mientras Eren tomó ciertas iniciativas que contrastaban a tu gentileza intencional. Por primera vez ellos se atrevieron a besarte, una y otra vez, porque eras la persona más importante para ellos, porque tú los amabas más que nada en este mundo… No supiste cuánto necesitaron de esto hasta que estremeciste entre sus cuerpos.

Las palabras fueron escasas, hicieron el mínimo de comentarios acerca de la forma en que sus cuerpos se desarrollaron o de cómo o por dónde se podían tocar, el calor compartido les conmovía de tal modo que cada pequeño error era recompensado por un silencioso cariño, y eventualmente los turnos se tomaron para cada uno compartir un salado sabor con el otro. Ambos eran tan jóvenes, tan torpes, pero sentías tanta paz con ellos. Quizás fue extraño, quizás fue demasiado improvisado, pero entre los tres hicieron algo especial, y quizás sería la última vez que algo así pasaría.

Tenías la piel de gallina cuando sentías el aliento de Armin resbalar por tu espalda, mientras tus magulladas yemas se aferraban de la cintura de Eren. Ambos estaban tan cerca de ti, podías sentir el latido de cada corazón, cada ritmo que te arrullaba con facilidad. Hacía años que no compartías una cama con ellos… todo resultaba tan inocente cuando lo ponías en aquella perspectiva. Nadie durmió, pero te quedaste con ellos a disfrutar de ésta tranquilidad, ésta silenciosa cercanía.

Quizás mañana no serías capaz de protegerlos. Esa era una realidad. Podrías incluso presionar tus límites con el fin de protegerlos, pero la posibilidad de fallar siempre había sido una realidad. Por eso no sabías si esta sería la última vez que estarías rodeada del calor de Eren, del calor de Armin…

Pasaron las horas, tú y Armin tuvieron que irse para dejar a Eren reposar en la habitación, y entonces tuviste una corta charla con él mientras te encaminabas a la cocina. La piel de su rostro estaba colorado pero él tenía una expresión muy calmada. Antes de partir a su propia cama, los dedos de su mano rozaron con los tuyos, casi con ternura le dirigiste una última mirada correspondida. Podías palpar la gratitud de Armin, y eso te hacía sentir muy bien.

Ya era más de media noche, y la mayoría de los miembros del escuadrón habían terminado de cenar, algunos yacían en la privacidad de sus sábanas, más aparte las dos personas afuera haciendo la vigilancia rutinaria. Tu turno llegaría en algunas horas más tarde, pero no tenías sueño.

En la cocina te serviste sólo un vaso de agua fresca (lo único que podías servirte fuera de las horas de comida), y te sentaste en una de las sillas mientras un escalofrío recorría tu espina. Podías sentir que alguien te miraba desde la puerta de la cocina, y cuando volteaste a ver no te sorprendió saber quién era.

Levi sólo cruzó la cocina en silencio y se sirvió un vaso de agua igual que tú, pero de un solo trago bebió todo el contenido y volvió a caminar fuera de la cocina. Realmente no te molestaba que él no te dijera nada, ni tú ni él eran buenos para iniciar conversaciones casuales, a menos de que tuvieran algo importante que decir.

De nuevo volteaste a verlo, porque el sonido de sus pasos se detuvo repentinamente. Levi sostenía una mirada particularmente brillante pese a la poca iluminación que tenía la habitación. Esa mirada comunicaba que se había enterado de algo importante, y por tu parte, no estabas del todo sorprendida de que él supiera de lo que hiciste ésta tarde con Armin y Eren, ya que no tomaron demasiadas precauciones y cualquiera hubiera sido capaz de darse cuenta de lo que sucedió. Suponías que normalmente una persona debería sentirse apenada, pero en tu caso, no sentías tal vergüenza… por lo menos no con Levi.

Con un gesto de su cabeza te indicó que le siguieras fuera de la cabaña. Hacía fresco y estaba tan oscuro porque las nubes cubrían a la luna; el canto de las cigarras era tan fuerte que apenas escuchabas sus pasos, y además los vigilantes estaban en un puesto apartado de la cabaña, así que no te notarían a ti o a Levi. Ni siquiera podías distinguir bien su figura por la oscuridad, pero cuando tus ojos se adaptaron pudiste observar cómo caminaba hasta una de las esquinas y hacía señas con la mano para que le siguieras.

Cuando le observaste sentarse sobre uno de los troncos tirados (no sin antes colocar una manta sobre la superficie), comprendiste que él sólo quería hablar. Te hizo un espacio en el sitio, pero quedaste sentada demasiado cerca de él, una distancia poco apropiada para una conversación.

— … Entonces decidiste tener un trío con esos dos novatos —Fue lo primero que su voz seca murmuró cuando te sentaste. No le respondiste inmediatamente, pero no importaba cómo lo fueras a poner, Levi sonaba un poco decepcionado, y no por las razones que podrían parecer obvias. Tú conocías bien a Levi.

— ¿Te parece que hemos sido demasiado apresurados en todo esto? —preguntaste con un hilo de voz. Ni siquiera estabas mirándolo, sólo observabas las inmensas sombras de los árboles que rodeaban a la cabaña.

— Para tu edad, quizás. Tienes el apetito de una bestia.

Hiciste una mueca burlona, tu mirada aún desviada— ¿Y eso qué te hace a ti?

— Parcialmente responsable —suspiró amargamente.

— No tomes demasiado crédito. Cierto, gracias a ti estuve lista para hacer algo como eso, pero finalmente fue decisión de nosotros tres juntos tomar ése paso y no de nadie más. Uno nunca está completamente listo en la primera vez, y eso bien lo sabes.

Silencio. Levi cruzó sus brazos por unos segundos y tú recargaste tu cabeza contra la madera de la cabaña; pensaste en Eren, y consideraste la obvia diferencia de experiencia entre él y Armin, y por un momento se te encogió el estómago con la posibilidad… pero ya era muy tarde para hacer juicios. Habían cosas que quizás no valían la pena revelarse.

— ¿Desde cuándo han querido hacer algo así, ustedes tres? —preguntó, podías detectar un poco de tristeza en su voz.

— ¿Te sientes utilizado por mí?

— No lo sé. Tal vez.

— Levi… Los momentos que he pasado contigo son sólo de nosotros dos —sin pensarlo, tu mano había encontrado su lugar en su rodilla—. Lo que yo sienta por ti es algo completamente separado de lo que siento por ellos, pero si estás enojado conmigo entonces comprendo.

Levi sopló y se llevó ambas manos a la cara, restregando sólo por unos segundos y luego miró hacia la oscuridad de la noche, posiblemente menos tenso que antes, o por lo menos con una mente más clara.

— Tú y yo teníamos sólo un compromiso, ¿verdad? Sólo sexo —dijo con más calma—. Desde un principio acordamos que eso era lo único que nos interesaba, así que no tengo derecho a portarme como un imbécil por ti. Nunca fue tu intención construir una relación romántica conmigo y viceversa, siempre dejamos eso en claro.

— Te lo estás tomando demasiado bien.

— No soy celoso.

— Está bien —respondiste sacudiendo los hombros.

— Todavía así, digo que te apresuraste en tomar ésa decisión.

— Tienes razón… Pero no creo tener arrepentimientos —No te daba vergüenza, querías seguir tocando su pierna, y su rostro retornaba al tuyo para recibir la suave caricia de tus labios. Eso era lo menos que podías hacer para demostrar que por él seguías sintiéndote igual—. Estar contigo me ha ayudado un poco.

No tenías un don con las palabras, pero definitivamente le diste el empujón para que su boca se abriera para deleitarse del ofrecimiento de tus labios. Lento y profundo, el ritmo de la locura al que te habías habituado, y jamás fallaba para agitar tu corazón. Habías extrañado el besarlo a él, ya que sólo él era capaz de besarte de tal manera. Su mano tomaba de tu espalda y te acercaba a él mientras estabas indecisa de qué hacer con tus manos; sólo las dejaste sobre sus hombros y esperaste.

Estabas tensa, y dejaste de besarlo, dejando un rastro salado en tu boca. Sin embargo, no te separaste de él, sino que dejaste tu cabeza apoyarse contra su frente mientras tus párpados estaban cerrados.

— Quiero preguntarte algo, Levi —cuando murmuraste su nombre, había algo dulce en tu voz cuando lo enunciabas, y estabas consciente de eso—. ¿Podremos seguir con esto por más tiempo?

Su mano tocó tu nuca y acarició tu cuello debajo de tu bufanda— No es como si fuéramos a coger en medio de un enfrentamiento con el enemigo, aunque por alguna razón enfermiza sientas excitación por una situación así.

Ni siquiera tuviste el deseo de contratacar esa aserción tan ridícula. Seguiste hablando mientras tu rostro resbalaba al lado izquierdo de su cuello, tu nariz y boca tenían contacto directo con su insípida esencia. No te habías dado cuenta de cómo temblaban tus piernas hasta que su mano bajó hacia tu cadera y estómago, yendo más abajo hacia tu larga falda.

— Es difícil dejar de pensar en todo lo que está pasando —susurraste mientras tu boca estaba entre su garganta y clavícula—. Tendremos que renunciar a esta rutina, por lo menos por algún tiempo —tus dedos se tensaron sobre su pecho mientras su mano encontraba la forma de tu entrepierna sobre el sencillo tejido. Suspiraste mientras la ardentía que crecía en ti te hacía abrir las piernas, abandonándote al deseo —… Esta podría ser la última vez.

Su dedo encontró el punto exacto donde tu carne se partía, el roce casi áspero enviaba dulces temblores por tu cuerpo, una y otra vez restregaba ésos precisos dígitos contra tu tentada ingle. Su aliento sopló malicioso detrás de tu cuello, hablando mientras intentabas no gimotear bajo tal tratamiento.

— Entonces sólo ahora piensa en mi voz. Piensa en las cosas asquerosas que me has hecho hacer contigo. Usemos éste último momento para disfrutarlo.

Te mordiste el labio inferior y cerraste los párpados con tal de no reaccionar ruidosamente, mucho menos en medio de la noche, cuando la paranoia era requisito a la hora de dormir. Sobaba el mismo punto insistentemente, cada vez menos sutil, pero en un instante de agresividad no pudiste aguantar las ganas de robarte sus labios una vez más. Fue un beso rápido y violento, no hizo nada por acallarte pero por lo menos te permitió expresar la ansiedad que sentías.

No podías ver su expresión por medio de la oscuridad, pero sentiste su mirada sobre ti mientras inmediatamente se bajaba del tronco y se arrodillaba entre tus piernas, levantando tu falda con gran facilidad; el frío de la noche picó tus piernas, pero tan rápido como levantó tu vestimenta, volvió a caer sobre sus hombros mientras sentías a sus manos tomas tus muslos firmemente, poco a poco buscando tus glúteos y cadera debajo de tu falda. Trataste de no hacer ruido, su aliento estaba chocando contra tu braga y sus labios trazaban su camino desde tus muslos internos hasta el íntimo rincón que los separaba. Arqueaste la espalda ligeramente y te llevaste las manos a la boca, acostumbrada a ser ruidosa cuando él hacía eso.

Parecía que había recorrido hacia un lado tu ropa interior, ya que ahora tenía un contacto directo con tus candentes labios, su lengua se estaba abriendo paso hacia tu zona más delicada y rosada, y continuabas cubriendo tu boca en un gran esfuerzo por no dejar salir un solo gemido. La manera en la que tenía agarradas tus caderas te obligaba estar parcialmente sentada sobre sus hombros, y de no ser por el tremendo placer que te estaba regalando, esto sería incómodo.

Ocasionalmente pellizcaba ésos pliegues y succionaba sólo para saborearte con su diestra boca, tu respiración se hacía pesada y las sensaciones escalaban al ansiado culmen. Mordiste uno de tus dedos y temblaste mientras tus muslos apresaban la cabeza de Levi mientras continuaba dibujando letras en tu vulva con su lengua. Tragabas saliva y respirabas en silencio, pero no sabías por cuánto tiempo más; el esfuerzo que requerías para acallarte hacía que tus sensaciones se intensificaran al doble, y te estaba volviendo loca.

Por un segundo pensaste que explotarías, pero milagrosamente te viniste sin hacer un solo ruido, tus músculos se tensaron fuertemente y mordiste tu dedo tan fuerte que pudiste haber derramado sangre (no estabas segura por la cantidad de saliva que dejaste), cuando dejaste de estremecerte, te costó un poco de trabajo regular tu respiración en silencio… También te sentiste avergonzada de haber apretado tan fuerte la cabeza de Levi entre tus piernas, pero cuando él se levantó parecía estar bien.

Seguías sentada en una posición incómoda, sentías cómo te escurría la entrepierna y el calor en tus mejillas no se disipaba. Casi instintivamente tus brazos se colgaron de su cuello cuando él se inclinó sobre ti, su mano presurosa a desabrochar su cinturón y botones del pantalón. Estabas consciente de la situación, iba a ser problemático quedarte sentada en el tronco porque tu cabeza golpearía contra la pared de la cabaña, repetidas veces.

Te pusiste de pie, aunque todavía aturdida por tu orgasmo, le obligaste a Levi ponerse de rodillas en el suelo otra vez y te sentaste sobre su regazo, recogiendo tu larga falda hasta la altura de tu cintura para que no estorbara en tan íntimo contacto. Te sentaste y sentiste su miembro a medio endurecer rozarte el vientre, pero decidiste que tus propias manos servirían para ponerlo en forma… pudiste escuchar un apagado suspiro soplar contra tu barbilla mientras tus dedos procuraban un firme masaje a su erección caliente al tacto. Mientras hacías esto, sus manos toscas y precisas acariciaban la forma de tus senos y buscaban los botones que le darían acceso a tu busto. Te dio un escalofrío cuando sus manos se metieron debajo de tu corpiño y jugaban con tus pechos, incluso hundía su cara ahí y succionaba aquella porción de carne blanda.

Ya estaba duro como roca, y tú estabas tan empapada que no aguantarías más. Te moviste sobre su regazo y con cuidado bajaste tu cadera sobre él, consciente del dolor inicial que gradualmente desvanecería con la sensación de ser llenada completamente. Tal tamaño, tal grosor, no podías evitar el pensar en cómo te excitaba la idea de estrujarlo hasta que derramara cada pequeña gota, extasiarlo al borde de la locura y perder el conocimiento al mismo tiempo que él. Bien sabías que eso era por ahora imposible, pero pensarlo te había dado el incentivo de soportar el dolor fácilmente. Sus manos dejaron tus senos en paz y te tomaron de la cintura mientras se inclinaba poco a poco, enterrando su sexo en ti, la fricción aún raspaba, pero lo tolerabas bien cuando tus manos se aferraban a su espalda.

Tu quejido fue leve, te moviste sobre él con lentitud con la ayuda de sus manos podía empujar a tu interior con más profundidad, más fluidez y precisión. El paciente vaivén comenzó a avivarse cuando te dejó acostar tu espalda contra el tronco y tus piernas rodearon su cintura, descubriendo que tus piernas expuestas al aire frío mientras eras penetrada por un calor vigorizante, era muy de tu agrado. Ya no podías escuchar a las cigarras de la noche.

Sabías que pesabas más que Levi, y aunque él era lo suficientemente fuerte para cargarte por un tiempo prolongado, decidiste dejar de agarrarte de su espalda y te apoyaste sobre un brazo mientras que con la otra mano levantabas un poco más tu falda para tocar brevemente tu hinchado botón de nervios mientras él continuaba levantando tus caderas para aprovechar un mejor ángulo. El punto que él sabía golpear nunca fallaba en hacerte retorcer en deleite, pero continuabas tan callada como te era posible. Levi también había procurado hacer el mínimo de ruido, pero su respiración se había vuelto tan irregular como la tuya, o incluso peor.

Tomó un giro más agresivo, cuando sus embestidas pélvicas comenzaron a golpear tan fuerte que te dificultó increíblemente la tarea de mantener el silencio, tu cara estaba tan caliente y contraída por la invasión de sensaciones tan fuertes para tu cuerpo. Estabas reventando de gozo, también de sudor, y apenas podías suspirar. Sentías la cabeza pesada y te estaba palpitando la ingle, mientras te sentías más perdida en las oleadas de placer que amenazaban con hacerte romper en gemidos.

Levi estaba descuidándose, estaba comenzando a gruñir más fuerte, pero no pudiste callarlo cuando los violentos espasmos de tu segundo clímax doblegaron tu cuerpo y mordiste tus labios desde adentro, sólo dejando salir modestos suspiros mientras tu cadera seguía convulsionándose con él adentro. Tu cabeza se sentía tan liviana ahora, con tu aliento temblando mientras esperabas a que él se viniera eventualmente…

Fue más fuerte de lo que creíste, sus chorros se desbordaron de ti tan pronto como él te embistió por última vez. Él exhaló un largo gruñido, más controlado que antes, y lentamente dejó tus caderas en el suelo mientras su cuerpo seguía inclinado sobre el tuyo y su rostro envuelto en sombras continuaba respirando cerca del tuyo. No sabías si tenía los ojos cerrados o si te estaba observando.

Callaron por unos largos instantes mientras tus pensamientos brotaban nuevamente, analizando con menos frialdad la situación. ¿De verdad iba a ser ésta la última vez? Te sentías tan cansada.

— Levi —murmuraste aún escasa de aliento—, ¿tú me quieres?

No estuviste completamente consciente de lo que habías preguntado hasta que encontraste el silencio de Levi un tanto exasperante. No estabas tampoco completamente segura del significado de la palabras, sólo salió de ti y ya. No sabías qué clase de respuesta te complacería o decepcionaría, pero entre los suspiros de satisfacción y la expirante lujuria, sabías que podías tolerar cualquier respuesta. Lo tenías todo, y a la vez estabas más que lista para perderlo.

— ¿Me quieres? —preguntaste de nuevo.

Levi refunfuñó, pero su mano acaricio tu cuello y nuca— Sí. Pero es complicado, muy complicado. Sólo te quiero. Sólo déjalo así.

— Está bien. Me gusta así —respondiste. Por un segundo, te sentiste aliviada.

Sentías que te quitaste un peso de encima por tan sólo haberle escuchado decir eso, aunque estabas segura de que él nunca tendría las agallas de decir "Te quiero" directamente.

Eras feliz con lo que ya tenías con él.

— No te quedes dormida aquí —Levi te zarandeó ligeramente. Tenía razón, no podías dormirte aquí. Uno de tus brazos rodeó su cuello y besaste su oreja. Inseguridad, confianza, cariño, esperanza, todos ésos sentimientos amontonados en tus palabras, suavemente las susurraste a su sudorosa piel como un recordatorio, una promesa:

— Las cosas van a ser diferentes de ahora en adelante, pero vamos a vivir, Levi. Vamos a vivir.


N/A: Originalmente planeaba hacer un trío, pero entre Mikasa, Levi y Hange, y con dildos. Pero no me sentó muy bien, así que decidí tomar un rumbo más "sentimental" en el último capítulo, y eso es todo lo que voy a hacer, ya que deliberadamente los escribí para que ellos no cayeran bajo las etiquetas de "amantes" o "amigos con beneficios", y debo de admitir que resultó más complejo de lo que originalmente tuve planeado.

Y a decir verdad, me enamoré de la idea de Mikasa poliamorosa. El hecho de que el capítulo tenga a Armin y Eren teniendo relaciones con Mikasa no implica que le estoy restando importancia a Levi, porque, aunque el fanfic siga siendo acerca de la relación de Levi con Mikasa no voy a anular las otras relaciones que ella tenga con otras personas. Evidentemente, agregar poliamor al último momento ha sido capricho mío, pero no me arrepiento.

Bueno, ya terminé mi trabajo aquí. Quiero darle las gracias a todos los atentos lectores que me han seguido desde que comencé, y también agradezco a los que escriben sus opiniones y comparten el fic con otros. De verdad, se los agradezco mucho.