Prólogo

Había abandonado la doceava casa unos breves momentos, la mañana estaba fresca, parecía ser que era demasiado temprano ya que no encontró a nadie despierto en las restantes once casas, tampoco procuraba molestar a sus compañeros así que la circunstancia le pareció más que oportuna.

Tal cual lo llevara el viento llego a aquel lugar, apartado de el santuario de athena se hallaba el mayor jardín de Royal Demon Rose, últimamente había notado una perturbación en la fragancia de las rosas, era difícil de explicar, pero parecía ser que ellas auguraban lo que ocurriría, más que mal eran sus compañeras de batalla y por qué no mencionar también, de vida.

"Aquellas espinudas artimañas te dejarán completamente solo, necesitamos una solución"

Aún resonaba en su mente las palabras de aquel sujeto, sonrió con irónica amargura, no por negar la certeza de aquellas palabras que se repetían día a día tal cual dolorosa letanía, sino que a pesar de aceptar la verdad con valentía se sentía orgulloso de ello, de brindarle su lealtad a athena a costa de su vida y felicidad.

De pronto un llanto rompió toda la atmosfera matutina que rodeaba aquel jardín, de donde podía provenir? Se suponía que nadie era capaz de aguantar el veneno de las Royal Demon Rose más que el mismo, busco con cautela entre todas las rosas, el llanto se fue apagando de a poco, como si aquel ser estuviera cansado de proclamar al mundo su existencia, el paramo comenzó a inclinarse pero eso no era un impedimento para él, con hábiles y certeros saltos comenzó a bajar los peñascos aderezados de ese meloso olor a rosas.

Hasta que logró apreciar en el fondo del sinuoso acantilado un bulto blanco, se acerco con cuidado, a pesar de parecer indefenso, extrañamente se podía sentir el resquicio de un débil cosmo, extraño pero cierto. Con sumo cuidado ya que no estaba acostumbrado a relacionarse con personas menos de tan corta edad tomo el bulto, estaba cubierto en totalidad.

Sintió una débil respiración, quito el exceso de cobijas y allí lo descubrió, era un bebé de menos de 4 meses, su rostro tan blanco como la porcelana acompañada de unos escasos cabellos celeste platinado, sus largas pestañas se contrajeron cuando algo de viento llegó a su delicado rostro.

Vio con más detenimiento aquel rostro, no parecía agónico ni nada por el estilo, la ponzoñosa fragancia parecía no afectarle, era como si los dioses hubieran creado ese ser y dejado deliberadamente en aquel mortal jardín griego, un débil rayo de sol basto para que abriera los ojos, de un cobalto casi místico, lo miro expectante… no, era solo los reflejos ya que los bebes a esa edad no tienen la conciencia para tener tales reacciones.

Lugonis se dio el tiempo de examinar en su totalidad al bebé, se sorprendió al darse cuenta de que era niña, una preciosa niña, también le sorprendió el hecho de que tal cual resistía el veneno de las rosas también lo hacía con su cercanía aun mas venenosa.

No podían ser tantas coincidencias, no pudo evitar sentirse conmovido con la situación, después de más de veinte años evitando a las personas no por mero capricho sino por su propia seguridad se encontraba allí sosteniendo a ese débil ser, cuantos días estuvo en soledad?, como fue capaz de sobrevivir?, sintió un calor en aquel frágil cuerpo, era el débil cosmo del bebé, lleno de cariños y anhelos,

A estas alturas lo que menos pensaba era que la bebe fuera normal, que haría en estos momentos? Estaría calificado para cuidar de un ser vivo? Por lo pronto solo supo que debía volver al santuario y pedir la sabia opinión del patriarca.

Que vertiginosa mañana, jamás pensé encontrar a un ser tan frágil como lo puede ser un bebé en mis dominios, seguía sin poder creer que fuera inmune a mi ponzoñosa presencia, ella me miraba con sus ojos curiosos todo el tiempo, no parecía tener temor.

No pude evitar sentirme incomodo ante las miradas extrañadas y curiosas de mis camaradas dorados y es que era una circunstancia de lo más inverosímil, no los culpaba en lo absoluto.

Cuando por fin llegue a la cámara del patriarca, él no subió la mirada de un libro que poseía en sus manos, aparto una hoja con sumo cuidado y agregó.

_Lugonis, hace mucho tiempo que no me honrabas con tu presencia.

_Lo sé su ilustrísima, y lo lamento sinceramente, pero usted sabe mis razones.

_Muy propio de ti, lo comprendo perfectamente – cerró el grueso libro y lo acomodo en una estantería cercana – no sé si te parezca inoportuno pero me gustaría saber a quién llevas en los brazos.

Su mirada era curiosa, era extraño en una persona como él, parecía mucho más joven de lo que realmente era, se acercó con sumo cuidado pues sabia mi naturaleza reacia, yo no era quien para imponer reglas delante del patriarca así que permanecí inmóvil esperando que el viera a mi nueva invitada.

Aparto con cuidado una parte de las cobijas que cubrían a la bebé, su rostro se sorprendió, no sabía si era por su naturaleza o porque se encontrara conmigo.

_A mí también me parece inusual… no, más que eso, es increíble la llegada de ella, estaba en mi jardín a las afueras del santuario?

_En tu jardín de Royal Demon Rose? – su mirada paso de la curiosidad al asombro, no era difícil de especular eso, lo complejo era creer la situación.

_Y también hay otra cosa increíble…

_Posee cosmos – se adelanto a mi frase – es débil pero se puede apreciar.

_Exacto, yo vine… - titubee en el momento crítico, en todo el trayecto de vuelta al santuario me vino una idea a la cabeza pero sabía que sin la aprobación del patriarca no llegaría a nada – a recibir sus ordenes de cómo proceder.

_Yo sé lo que deseas, tu mirada lo dice – me dio la espalda y comenzó a dar pasos acompasados – quieres quedarte con la criatura.

_Mis deseos no tienen valor alguno, solo quiero saber qué hacer, necesito su consejo – baje la mirada, no entendía por qué me daba tanta vergüenza la situación, demostraba todo mi anhelo por las relaciones humanas demostrando evidente debilidad.

_Eso habla muy bien de ti, no puedo esconder mi sorpresa – tomo una pausa y me miro a los ojos – ese bebé no es normal y no es por el simple hecho de soportar el veneno de tus rosas sino que aparte y lo más importante, posee cosmo, sabes lo que eso significa Lugonis?

_Usted cree que… imposible, jamás ha ocurrido algo como ello, es increíble que usted mismo sea el que me lo plantee– si no me equivocaba el patriarca se refería a aquello.

_Dime solo una cosa – camino nuevamente hasta su asiento mas no se sentó – has pensado quien será el santo de piscis en tu ausencia?

_La verdad es que ambos sabemos que es una tarea difícil, debe ser alguien que soporte el veneno, que se funda con él tal cual lo hice yo, debe soportar muchas cosas mas allá de un duro entrenamiento, la constante soledad – dije finalmente y era cierto, nosotros los santos de piscis estábamos destinado a ello desde tiempos mitológicos, no era grato pero lo hacíamos gustosos en el nombre de la justicia.

_Te das cuenta que los dioses te enviaron un discípulo sin siquiera pedirlo? – su mirada se endureció levemente, finalmente lo dijo sin tapujos, era realmente como lo mencionaba?

_Pero su ilustrísima – con mi índice recorrí el tabique de la nariz de la niña, ella la arrugo y luego hizo una mueca que parecía ser una sonrisa, realmente era adorable – es una niña, alguna vez ha habido un guerrero dorado femenino?

_Nunca, pero bien sabes que los elegidos son por su potencial valentina y lealtad, no lo olvides.

_Tiene razón – no se le podía negar, si un bebe podía aguantar veneno que para la mayoría de los mortales era letal y más aún poseía un resquicio de cosmo, no se podía imaginar el poder que poseería cuando estuviera en la flor de la edad.

Aún así había algo que me inquietaba de sobremanera y era que si aquel ser en un futuro se convertía en un santo de athena padecería la misma vida que estoy llevando a cabo, no sabía si realmente era lo que deseaba para ella.

En completa soledad…

Ladeé la cabeza, no podía ser así de egoísta, tomar las decisiones por los demás no era deber mío.

_No puedo… lo siento su ilustrísima no pretendo ofender su opinión pero no soy capaz de llevar la senda de esta creatura, si con la edad y madurez suficiente ella quisiera brindarle su potencial a la justicia yo estaría dichoso de guiarla.

_Comprendo – frunció levemente el ceño, no estaba acostumbrado a que lo contradijeran – por lo pronto será tu deber procurar que tenga todo lo necesario para que este bien, mas adelante veremos que ocurre.

_Eso significa que, puedo quedarme con ella? – no pude evitar esconder mi asombro.

_La criaras tu en el santuario, es huérfana tu serás su padre de ahora en adelante.

Agache la cabeza en modo de agradecimiento, y sin decir palabra alguna salí de la cámara del patriarca llevando a la bebé en mis brazos, se había quedado dormida.

Tan blanca y delicada como un ramo de Blody Rose, de pronto se me vino una idea a la mente.

_Albafika – murmuro, la miro detenidamente apreciando la delicadez con la cual la bebé duerme– desde ahora ese será tu nombre.