Hola Hola, lo siento horrores, estuve mucho tiempo sin internet y por eso no he podido actualizar antes.

Quiero que hagáis una votación sobre las historias que tengo y me digáis cuales preferís que siga primero, un orden. Para centrarme en ellas de dos en dos, aunque puede que escriba algún capi de las otras, pero para ir terminando algunas.

Muchas gracias por los Reviews de ánimo y por seguir ahí pese a mi tardanza. Estoy desde un cibert por eso no respondo a los Reviews, pero estad seguros de que en cuanto tenga internet en casa los contestaré todos.

Historias:

El primer caballero

No Intervendremos

Hija de lo prohibido

Redención

Un Amor inquebrantable

Beso de la Noche

Orgullo y Prejuicios

Erase una vez

Cambios Inesperados

Sin más aquí os dejo el nuevo capítulo de este fic.

Libertad:

Miró la pequeña lista que tenía en sus manos con inseguridad y nerviosismo. Diez de los nuevos alumnos provenían de orfanatos muggles, y cuatro eran chicas. Si su hija se encontraba entre esas debía averiguar cuál de ellas era.

Solo deseaba creer fervientemente que era una bruja como ella y Harry, y que no había resultado ser Skip o incluso una simple niña, no por ello la querría menos, pero eso dificultaría en gran medida el encontrarla.

Y deseaba tanto estrecharla entre sus brazos, odiaba a Ron, lo odiaba como nunca pensó en que llegaría a odiarlo. Podría haberle perdonado muchas cosas, pero abandonar a su hija en cualquier parte para que nunca pudiera encontrarla, era algo que nunca hubiese esperado de él.

Siempre pensó que Ron le revelaría en algún momento el paradero de su pequeña, que le perdonaría aquél momento pasado y le regalaría su paradero.

Pero se había engañado, lo peor es que tampoco podía culparlo tanto como quisiera, pues ella era la única responsable de todo lo que estaba pasando. Nunca, jamás, debió dejar que su corazón se confundiera como lo había hecho, en ningún instante debió permitir que sucediera lo que pasó.

Si Harry recordase, seguramente se odiaría tanto o más de lo que ella se odiaba a sí misma en esos instantes.

¿Y ella?, su pequeña los debía despreciar a ambos, inconsciente de lo que su madre había tenido que pasar.

Lo peor es que también odiaba a Harry, lo hacía con rabia y rencor, por haberse dejado manipular, por haber olvidado todo lo sucedido, ¿cómo había conseguido Ron aquello?

¿Sería verdad que si la hubiese querido de verdad nunca habrían podido borrar ese sentimiento?

Negó, eso ya no tenía la menor importancia, Harry y lo sucedido era pasado, debía olvidarlo, él tenía a Ginny, a sus hijos y no pensaba interponerse, ahora solo importaba una cosa, su hija, nada más.

En realidad sus hijos, Hugo y Rose también. Agradecía lo indecible el que McGonagall la hubiese admitido como profesora de Hogwarts, pero más, que le hubiese permitido vivir fuera de Hogwarts. Así ella podía seguir en su casa con Hugo, que él siguiera con sus estudios muggles, y ella podía buscar a su hija mientras tanto en Hogwarts y fuera del mismo.

Miró la lista ante ella, de las cuatro había marcado dos en especial.

Alice y Haydee Evans. Esas dos chicas poseían los ojos verdes y la primera contaba con el cabello castaño y ondulado como ella.

Recordaba los ojos de su hija, eran verdes, de eso estaba segura, por eso ellas dos eran su prioridad.

Una era una Gryffindor declarada y la otra Slytherin. Alice le recordaba a ella de más pequeña, poseía esa ansia de saber y querer expresarlo a todo el mundo, de hacer saber que no desencajaba en ningún aspecto y que pertenecía a ese mundo.

Haydee era diferente, distante y algo fría, pero había algo en ella, una soledad que la hacía ver a Harry cuando llegó a Hogwarts por primera vez, ese aire perdido e inseguro.

Además, Luna le había hablado de ella, le había dicho que era una muchacha muy inteligente y callada. También que se sorprendía por todo pero que no dejaba que nadie lo viera.

Recordó enseguida que Alice se había sentado cerca de Rose y que habían entablado conversación, sería tan perfecto que su hija se hiciera amiga de ella, que se conocieran, pues así podría averiguar algo más de esa pequeña. Precisaba toda la ayuda posible, así fuese mínima.

Solo deseaba que si Alice resultaba ser su hija, Rose, no las odiara cuando se enterara, porque tendría que enterarse en algún momento.

Por otra parte, Haydee, había sido recibida con entusiasmo en su casa, pero ella no había demostrado hablar con nadie, aunque se había sentado entre Albus y Scorpius, ¿podría pedirle al primero que se acercara a ella?, pero quizás eso levantaría algunas sospechas en Albus.

Suspiró irritada, no estaba segura si alguna de ellas dos era o no su hija y ya tenía pánico de descubrir que así era.

—¿Estás ocupada?

Escuchar esa voz en ese momento la sobresaltó, levantó la vista rápidamente y se encontró con los ojos verdes de Harry, un escalofrío la recorrió, estaba serio, muy serio.

—No, ¿querías algo?

Harry la miró y suspiró:

—¿Es mucho pedir un Hola amistoso?

Ambos se miraron por unos instantes y ella suspiró:

—Perdona, es solo que ha sido el primer día y uf, nunca pensé que sería tan duro, ¿cómo pudo McGonagall aguantar durante tantos años ese ritmo?

Harry le sonrió en respuesta:

—Es McGonagall, no creo que haya algo que esa mujer no pueda hacer.

Rompieron a reír y él terminó de entrar en el despacho y se sentó en una de las sillas.

—¿Tan duro fue?

—En realidad no, era más mi propio nerviosismo que otra cosa.

Y los nervios de que su hija podría estar entre los que entraban a Hogwarts ese año.

—No entiendo por qué entraste a trabajar en Hogwarts, en el ministerio no te iba mal, ¿o sí?

—Tenía que hacerlo, precisaba un cambio de aires.

—Pero sigues en esta casa.

—Es la casa de mis hijos.

Inquirió molesta con él, ambos se miraron fijamente:

—¿Es totalmente irremediable vuestra separación?

¿Por qué le preguntaba aquello?, irritada lo fulminó con la mirada:

—Lo es. ¿Has venido a interceder por Ronald?

Harry suspiró y negó, se acercó a ella sobre el escritorio y cogió sus manos:

—No, he venido a mostrarte mi apoyo y a decirte que cuentas conmigo para lo que sea. También vine a preguntarte algo.

Ella con cuidado retiró sus manos de las de él, algo que Harry notó enseguida y no le gustó, últimamente Hermione parecía desear alejarlo de ella lo máximo posible.

—¿Y qué deseas preguntar?

Harry cogió algunos papeles de encima de la mesa, signo que le dijo a ella que estaba algo nervioso, eso le llamó la atención, ¿qué podía tenerlo así?

—Es sobre nuestra conversación en mi casa.

No la miraba, estaba con la vista fija en los papeles, había algo que lo estaba preocupando, quería hacerse el desinteresado, pero era evidente que no le funcionaba, deseó reírse, pero tenía tanto miedo de a lo que se refería, que no se atrevió.

— ¿Qué sobre eso?

Harry se quedó mirando uno de los papeles e inquirió:

—Me dijiste que Ginny era más permisiva que Ron, que ella sabía perdonar esas cosas, y que parecía llevarlas muy bien, ¿a qué te referías?, confieso que no te entendí, que yo recuerde, nunca, jamás, he engañado a Ginny.

Sus ojos verdes la observaron curiosos e inquisidores, era evidente que estaba ofendido, y ella se sintió miserable, sabía que no era culpa de él, que era normal, pero era tan injusto, tan imperdonable.

Ella sufría cada maldito día aquel error, y él sin embargo había quedado completamente perdonado de todo, excluido de un error que había sido de ambos.

Pero decir algo ahora, sería abrir una caja más peligrosa que la de pandora, el moreno ante ella, desconocía la existencia incluso de una hija suya. Conocía el carácter de Harry y eso sería un motivo muy válido para que Ronald Weasley dejara de existir en la faz de la tierra.

—Me refería a otra clase de engaño, comparé cosas incomparables.

La mirada de él le dejo en claro que no la creía, mas él prefirió no insistir en aquello.

—¿Por qué tienes estos nombres subrayados?

Cuestionó mientras le mostraba la lista, ella se quedó sin aliento, ¿cuándo le había quitado esos nombres?, ¿por qué tenía que preguntarle sobre ellos?

—No es nada, solo curiosidad.

Él observó la lista unos segundos y entregándosela, le señaló uno en especial, para decirle:

—Es simpática ¿verdad?

Miró el nombre que él señalaba y luego lo observó a él sorprendida, tenía el dedo sobre el nombre de Haydee Evans.

—¿La conoces?

—La conocí en el callejón Diagon, iba en compañía de Luna a comprar sus cosas. Es una muchacha interesante, me cayó genial.

Ella asintió ausente para después decir:

—Quedó en Slytherin.

Él rio divertido:

—Eso lo hará todo más sencillo.

Sin comprender lo miró, pero este solo se encogió de hombros quitándole importancia, luego se puso serio una vez más para decir:

—¿Con quién fue Hermione?

Sin comprender levantó la vista para mirarlo y él no apartó su verde mirada de ella:

—¿Con quién qué Harry?

—Con quién engañaste a Ron.

Su rostro era una máscara de seriedad absoluta, parecía realmente interesado en el asunto y ella apartó la mirada de él:

—Nadie, ya no tiene ningún caso, es cosa del pasado y allí se quedará.

—No me creo que no tenga caso, debe ser alguien muy importante para ti, solo así me creeré que pudiste engañar a Ron con él, sino no encuentro sentido a todo esto.

—No tienes por qué encontrárselo, tampoco es algo que deba quitarte el sueño, es asunto mío y de Ron, en esto no tienes nada que ver.

Eso le dolió y lo supo al instante, pero era lo mejor sin ninguna duda:

—Es cierto, de un tiempo a esta parte yo ya no parezco formar parte de este trío.

—Tenía que ser así, desde que dejamos Hogwarts debió serlo.

Sentenció ella, cuando lo miró se percató de que lo había herido, pero no mostró ni un poco de preocupación por él.

—No te reconozco Hermione, has cambiado mucho y no sé en qué momento dejaste de ser la misma de siempre.

—Desde hace once años Harry, desde el momento que decidí poner por mí más que por otras personas, creyendo ilusamente que a quien le estaba entregando todo, también actuaría del mismo modo. Pero me tropecé contra un muro muy fuerte.

— ¿De qué estás hablando?

—Me di de bruces contra la realidad, Ron intentó por todos los medios perdonarme, que todo volviera a la normalidad, pero no lo consiguió y con ello solo nos amargó a ambos. Este es el fin de nuestro sufrimiento impuesto, quisimos salvar algo que no debía ser salvado al fin y al cabo, y que conste que no culpo a Ron.

Jamás, si todo esto no ha funcionado, ha sido y siempre será, culpa mía.

—Y de ese malnacido que se interpuso entre ambos.

Dijo furioso, cuando lo vio, estaba con los puños apretados y la miraba enfadado, ella deseó gritarle:

—Sí, así es, un idiota, engreído, inepto, que no tuvo en cuenta demasiados pros y contras de nuestra situación, que cuando todo se descubrió se perdió debidamente del mapa.

Estaba siendo injusta, pero él tampoco sabía lo que había pasado en realidad, y tenerlo ahí delante pidiendo explicaciones la estaba enfadando demasiado.

Estaba furioso con ella y lo justo es que él también estuviese en una situación parecida a la de ella y no tan calmado.

— ¿Y no te diste cuenta de lo cretino que era antes?, ¿dónde quedó tu inteligencia?, en ese caso brilló por su ausencia.

¿Qué se había creído?, Hermione se puso en pie y golpeando la mesa con ambas manos lo encaró:

—Tal vez, no lo discuto, en esa ocasión fui estúpida por creer que esa persona podía valorarme algo más de lo que nunca lo había hecho. ¿Ingenua?, quizás sí. Pero no me importó, creí ciegamente que él me amaba con la misma intensidad que creí que lo amaba yo. Hasta que Ron nos pilló y me percaté de mi error, uno que nunca me podré perdonar.

Porque a fin de cuentas, eso había sido lo que ellos habían compartido, un error, algo fruto de una confusión, o a eso se había deseado aferrar con el paso de los años, no obstante, desde que se había enterado que Ron le había hecho a Harry olvidar todo, su percepción de lo ocurrido era otra muy diferente.

¿Qué pasaría si él recordase?, ¿si él supiese que ese hombre había sido él?

Negó sacando aquellas ideas de su cabeza:

—Te pido que te vayas por favor, no tengo ganas de seguir hablando de esto.

Él se quedó en silencio por un buen rato para terminar girándose para marcharse, pero antes de cerrar la puerta inquirió furioso:

—Espero que te aprovechara Hermione, porque perder a Ron por un cretino como aquel, no creo que fuera algo muy bien calculado por tu parte.

Déjame decirte que esto jamás me lo esperé de ti, siempre creí que eras mejor que todas las demás, incluida Ginny, pero por lo visto también yo me equivoqué.

Y la puerta se cerró con un fuerte portazo que la hizo retumbar y que varias hojas de su escritorio salieran volando.

Ella estaba muda y no terminaba de creerse lo que acababa de decirle, furiosa agarró lo primero que encontró y lo voleó contra la puerta maldiciéndolo mientras comenzaba a llorar y caía en su silla sintiéndose como una basura.

Harry abandonó la casa de Hermione sintiéndose el más idiota de todos los hombres. Estaba furioso, realmente enfadado y no comprendía la razón. Hermione siempre había sido su mejor amiga, aquella que siempre hacía lo que debía, la correcta y recta Hermione.

Y sin embargo otro mito se iba por la borda, Hermione no era perfecta.

Apretó los puños deseando golpear algo con todas sus fuerzas, si tuviera a ese despreciable delante, lo mataría.

Pero no era el caso y no podía desahogarse de ese modo, así que le tocaba tragarse toda esa rabia que tenía en su interior, ¿cómo ella había podido estar con otro tipo que no fuera Ron?, ¿por qué lo enfurecía tanto ese simple pensamiento?

Hermione era de Ron, y de nadie más, y si no era el caso, algo estaba mal en todo aquello, pero no podía ser de nadie más, no, Hermione era de ellos, siempre lo había sido, ¿quién podía haberse atrevido a interferir entre ellos?

Nadie sería tan estúpido, todos sabían que eran una piña y si se metían con uno de ellos se metían con los tres y no obstante, Hermione, había roto ese lazo de ellos metiendo a un cuarto en juego.

Un cuarto, al que deseaba encontrar y matar con sus propias manos, ¿cómo se había atrevido a acercarse a Hermione? A mirarla si quiera.

¿Cómo ella lo había permitido?

—Maldita seas, Hermione.

Susurró irritado y enfadado, ella lo había estropeado todo, por su culpa el trio dorado de Hogwarts se había hundido, lo peor es que no podía enfadarse todo lo que quería con ella, y era mucho, pues algo en él se lo impedía.

Algo le decía que debía quedarse a su lado, guardarse todo su enfado y apoyarla, tal y como ella lo había hecho siempre con él.

Peor aún, deseaba dar la vuelta, abrir la puerta que había cerrado, decirle que era un idiota y abrazarla contra él, demostrarle que había sido un inepto por lo que le había dicho, más el orgullo, ese que debería dejar de lado en más de una ocasión, no se lo permitía.

Se sentía herido y traicionado, algo que no se explicaba, ¿por qué, que ella estuviese con otro que no fuera Ron, lo ponía en ese estado?

Sin terminar de aclararse a sí mismo su estado de ánimo se dirigió hacía su casa, no saludó a Ginny al llegar, después de como ella había tratado a Hermione cuando esta dijo que entraría a trabajar en Hogwarts, se habían peleado una vez más.

Desde que el problema con Ron y Hermione había comenzado, las broncas entre ellos habían comenzado a producirse cada segundo que pasaba. Comprendía que Ginny defendiera a Ron, era su hermano después de todo, pero él no podía dejar de recordar todas las veces que Hermione había estado llorando por el trato que Ron le dispensaba.

Cada vez que ella aparecía llorando era un golpe para él, ahora entendía la razón de Ron para estar resentido, pero no comprendía el por qué, tras perdonarla, seguía atacándola con lo mismo.

¿Hubiese él aguantado tanto tiempo si se hubiese enterado de una infidelidad por parte de Ginny?, suspiró, nunca sería capaz de perdonarla y tirarse once años como si nada hubiese pasado y callado sin reprochar nada.

Ron tenía un carácter rencoroso, lo sabían desde cuarto año en Hogwarts, era de esperar que pese a que dijera que la perdonara, él no hubiese podido evitar reprocharle aquello.

Se dejó caer en la cama de espaldas y miró el techo, no pasaron ni cinco minutos, cuando Lily se tiró a la cama a su lado:

—Ya has regresado, ¿dónde estuviste?

—Fui a ver a la tía Hermione. ¿Qué tal tu primer día en clase?

Preguntó mientras la obligaba a acercarse a él. Lily se tumbó y tapó hasta arriba, y así comenzó a contarle su primer día de clase y como estaban todos sus compañeros.

Le hizo un informe muy detallado de hasta el más mínimo detalle de su nueva clase. Le contó que una de sus compañeras había dejado el cole y que su mejor amiga estaba extraña con ella.

En algún punto de la conversación, y mientras repasaba el cabello pelirrojo de su pequeña, su mente voló a otra pelirroja que había acudido también a su primer día de Hogwarts.

¿Sería muy extraño escribirle para ver que le había parecido Hogwarts?, sonrió para sí, sí que resultaría extraño, ¿por qué escribirla?

Hermione también se había interesado por ella, era curioso, hasta alejados y enfadados, ambos encontraban puntos en común, ¿le habría hablado Luna a Hermione de Haydee?

Esa pequeña de cabello rojo y ojos verdes, que curiosamente la identificaba con él mismo. Cuando la vio en el callejón por primera vez y Luna le comentó su situación, se sintió tremendamente identificado con ella. Quería ayudarla y mostrarle que Hogwarts sería aquel hogar que siempre había estado buscando.

Y que los amigos que hiciera allí, serían para siempre.

O casi.

De pronto se percató que la voz de Lily ya no se escuchaba, al mirarla tuvo que sonreír enternecido, su pequeña estaba plácidamente dormida recostada en su pecho:

—¿Hoy tampoco dormirás en el cuarto?

Dejó de mirar a Lily y miró a Ginny, en silencio se mantuvieron la mirada, él sin dejar de acariciar a Lily susurró:

—No deseo despertarla, me quedaré con ella, buenas noches Ginny.

Vio el dolor y la rabia reflejados en los ojos marrones y supo que se había enfadado:

—Como quieras.

Se marchó cerrando la puerta tras ella, agradeció que tuviera la delicadeza de no despertar a Lily. Ginny, después de todo, amaba a sus hijos más que a nada en el mundo, incluso más que a él, algo que jamás le reprocharía, pues él mismo sentía así.

Con cuidado se separó de Lily y comenzó a desvestirse para coger el pijama que tenía desde hacía algún tiempo en ese cuarto y se lo puso, tras ir al baño se dispuso a dormirse.

Abrazó a Lily contra él y se perdió de lleno en su mente, la cual estaba cargada a su vez con la separación de Ron y Hermione.

Esa noche tres personas tuvieron sueños muy dispares:

Haydee se encontró de nueva cuenta soñando con Albus, el cual se encontraba despierto en su cama, mirando el techo de su habitación distraído.

Estaba recordando las palabras de su padre respecto a Haydee y al quiddich:

—¿Vas a presentarte para el puesto de buscador este año?

La voz de Scorpius lo sobresaltó, solo giró el rostro para mirarlo:

—Te dejo eso a ti.

—A mi padre le encantará esto, el hijo de Harry Potter, el buscador más joven de todos los tiempos, no gusta del quiddich.

—Nadie dijo que no me guste, es simplemente que no siento esa pasión que tú o James tenéis por ese deporte.

—Sin duda. ¿Sabes?, pareces más hijo de Granger que de Potter.

Albus formó una sonrisa torcida en su rostro:

—Puedes decir lo que te venga en gana, no me vas a provocar con ello.

Scorpius lo miró durante unos instantes:

—Tampoco lo pretendía, es solo que resulta extraño. A tú hermano le fascina el quiddich y sin embargo tú…

—Pues ahí tienes a quien batir, déjame a mí fuera de toda esa tontería, a tú padre le bastará con que venzas a uno de los Potter´s.

Scorpius frunció el ceño:

—¿Te crees que es muy sencillo ser yo?

Inquirió molesto, Albus volvió a mirarlo, ambos se miraron fijamente en silencio, hasta que Albus suspiró y terminó por sentarse en la cama:

—Mira, no digo que sea fácil o difícil, es solo que no comprendo estos absurdos. Estoy cansado de escuchar a mi tío Ronald decirme que tenemos que vencerte y dejarte por los suelos.

La pobre Rose ya no sabe que más hacer. El año pasado la superaste en defensa contra las artes oscuras, ¿sabes lo furioso que se puso el tío Ronald?, James parece conforme con ello, está deseando que tú o incluso yo, seamos el buscador de este equipo.

—¿Tú?

Inquirió Scorpius sorprendido, Albus sonrió de medio lado:

—Soy la oveja negra Scorpius. He quedado en Slytherin.

—Pero creí que a tus padres…

—Y así es, a ninguno le importa, pero ellos no son James. Él no puede demostrar libremente lo que le disgusta que pertenezca a Slytherin, pero lo deja caer muy a menudo.

Del mismo modo, que me dice siempre que puede, que él tiene el nombre de dos de las personas que más significaban para mi padre.

Soy el segundón insignificante, sin nada positivo que aportar a la gran familia Potter´s.

El silencio se hizo en el lugar durante un buen rato, hasta que Scorpius decidió volver a coger la palabra:

—Mi padre piensa que eres el único que merece la pena.

Albus chistó con sorna:

—Porque pertenezco a Slytherin, ¿no?

Cuando Albus miró a Scorpius con una media sonrisa en su rostro, este lo observó durante un buen rato en un silencio absoluto.

—¿Qué sucede?

Scorpius negó:

—No es nada, es solo que por segunda vez en el día, me han dicho lo mismo.

—¿El qué?

—Que eres el único que merece la pena de los Potter por pertenecer a Slytherin.

—¿Quién?

—Haydee Evans, nuestra nueva compañera.

Albus se quedó callado por unos instantes, seguidamente miró a sus manos:

—Mi padre me pidió que la cuidara, pero aparentemente no le caigo demasiado bien.

Formó una media sonrisa en sus labios y se dejó caer de nuevo hacia atrás en su cama.

—Es simpática.

Aportó Scorpius, lo miró de lado y lo vio caer de igual manera que él había caído.

—Ese lado se le ha olvidado mostrármelo a mí.

El silencio se estableció de nuevo entre ambos y antes de darse cuenta, Albus cayó rendido en un profundo sueño.

Sueño que compartió con otra persona sin saberlo.

Haydee se encontraba mirando el bosque prohibido desde justo detrás de Albus, por increíble que pareciera, podía sentir el miedo de Albus como si se tratase del suyo mismo.

—No quiero ir allí.

Escuchó que decía este en un susurro.

—Y ya no hace falta que lo hagas.

Era una voz tan fría, silbante y oscura, Haydee sintió un escalofrío que compartió con Albus, el cual miraba de un lado para otro buscando el origen de la voz.

—No tienes que temerme, no comprendo ese miedo, yo puedo ser tu más fiel amiga.

Albus comenzó a alejarse asustado, miró a sus pies, Haydee siguió su mirada y se encontró ante una serpiente. Esta era de un tamaño mayor al de Septi y daba algo más de miedo.

Albus negó:

—No, aléjate de mí.

—¿Por qué?

—No hables, no quiero escucharte, no quiero.

—No tiene nada de malo.

Albus se tapó los oídos y comenzó a tararear, la serpiente se acercó más a él y tras soltar un grito asustado, cayó al suelo.

En cuanto la serpiente se acercó a Albus, tanto Haydee como él despertaron.

Albus profirió un grito de terror y se abrazó a sí mismo, odiaba las serpientes, las odiaba, desde niño le habían dado miedo. Y cuando entró en Hogwarts el terror se incrementó.

Cuando descubrió que era el único que podía entender lo que las serpientes decían y comunicarse con ellas lo guardó en el más absoluto de los silencios, ni siquiera su padre conocía ese secreto de él.

Si ya era la oveja negra de la familia, si se enteraban de esa particularidad lo odiarían. Cuando llegó a Hogwarts y descubrió que incluso en el mundo mágico aquello estaba vetado y se creía un poder oscuro, el terror se incrementó.

Entrar en su sala común para él era una tortura, sobre todo ver tan de frente esos ojos que lo miraban desde el estandarte tan orgullosamente colgado en la sala.

Sintió un escalofrío recorrerlo:

—¿Te encuentras bien?

La voz de Scorpius medio dormido lo hizo mirarlo, había abierto las cortinas de su cama y lo miraba con los ojos medio cerrados:

—Sí, lo siento, ha sido una pesadilla.

Scorpius lo miró unos instantes más y seguidamente asintió, comprendiendo que no deseaba hablar del tema. Cerró las cortinas y se volvió a echar a dormir.

Él tardó un poco más, pero terminó por volver a conciliar el sueño.

Haydee se encontraba perdida en su mente, el primer día de clases había sido muy curioso y perturbador, sus profesores era a cada cual más enigmático e intrigante. Pero si alguien se llevaba la palma, esa era la profesora de Transformaciones.

La señorita Hermione Granger.

Por lo que había escuchado de sus compañeras de cuarto, Hermione Granger, era algo así como una heroína en el mundo mágico, pese a su ascendencia muggle, era toda una leyenda viviente. Se la conocía como la mejor de su promoción, incluso por encima de Harry James Potter, el héroe indiscutible del mundo mágico.

Todo el mundo sabía su nombre y todo el mundo lo alababa, cuando preguntó los motivos, fue tachada de ignorante, algo que la molestó, solo Alice la sacó de su ignorancia absoluta.

Y ahí estaba ella, observando a la profesora como explicaba un nuevo hechizo, era una mujer seria, de carácter mandón y con un cabello que no conseguía domar.

Pero fuera de clases parecía transformarse, sobre todo cuando Alice se le acercaba a preguntarle alguna cosa.

—Voy a preguntarle por su participación en la guerra, ¿quieres escuchar?

Miró a su compañera de asiento mientras practicaba su hechizo, era extraño que Alice se hubiese sentado con ella. Después de todo era de Gryffindor y ella de Slytherin, desde el primer instante supo sobre la enemistad entre ambas casas.

Pero al ser ambas de un orfanato era como si hubiesen conectado, pese a que ella no era de hablar demasiado con nadie.

Se encogió de hombros quitándole importancia al hecho, pese a que realmente estaba interesada en ese tema. Sabía que había participado en la batalla contra el mago del que ella había leído y eso la intrigó.

Pues ese mago era quien había terminado con la vida de J.P y Lilian Evans.

Por un instante dudó en si acercarse con Alice o no, pero su curiosidad la sobrepasó, ansiaba saber un poco más.

Tras la finalización de la clase, Alice se quedó sentada un rato más a la espera, ni siquiera hizo el amago de recoger sus cosas, ella al menos sí recogió, se quedó de pie al lado de Alice y esperó que todos salieran de clase.

—¿Alguna duda con el hechizo chicas?

La voz de su profesora la obligó a mirar hacia ella, Alice fue la que habló:

—No sobre el hechizo, hemos oído algunas cosas, y queríamos saber si es cierto o no.

Haydee miró de reojo a Alice, no sonreía, estaba seria y con el ceño fruncido, ella se sintió incómoda, ¿cómo podía tener semejante temple?

—¿Y de qué queríais saber exactamente?

—Es sobre ese mago contra el que luchó, Lord Voldemort. He leído algo sobre él en los libros que nos han dado, dicen que era un mago oscuro muy poderoso, tanto que incluso derrotó a Albus Dumbledore, uno de los mejores magos de la historia.

¿Cómo es posible que usted ayudara a vencerlo?

La profesora Granger sonrió de medio lado, no parecía enfadada por el descaro y la impertinencia de Alice, sino divertida, dejó sus cosas sobre la mesa y se acercó a ellas.

Al verla desde tan cerca ella se puso nerviosa, la profesora las miraba con esa sonrisa cálida y con ese brillo especial en sus ojos, se sintió incómoda cuando fijó sus ojos en ella.

Nunca la habían mirado con tanto aprecio, y mucho menos una persona a la que no había visto con anterioridad.

—Es cierto que ayudé a derrotar a Voldemort, pero no fui yo quien los destruyó, fue mi mejor amigo, Harry quien lo hizo.

—¿Harry Potter es su mejor amigo?

Cuestionó ella sin poder aguantarse, la profesora Granger la miró ahora a ella con una media sonrisa y asintió:

—Así es, y tengo entendido que ya os conocéis.

La sonrisa que le dedicó estaba cargada de complicidad, y ella enrojeció sin motivo, apartó su vista de ella y asintió, ¿le habría contado su incidente con la varita?:

—Sí, me lo presentó Luna Lovegood.

Alice la miró con sus enormes ojos abiertos.

—¿Conoces a Harry Potter?, ¿por qué no me lo habías contado?

De repente se sintió cohibida:

—No preguntaste.

Dijo sencillamente y esquiva, al apartar la mirada de ella, se topó con la sonrisa de la profesora Granger. Ante su expresión divertida se sintió peor aún y rápidamente apartó la mirada avergonzada.

—Bueno, ¿qué queríais saber exactamente referente a esa batalla?

—Quisiéramos que nos contara como fue, la vamos a estudiar, pero no es lo mismo que oírla por parte de los implicados.

Alice parecía entusiasmada:

—Si queréis podemos quedar un día de estos para tomar el té y os cuento todo lo que pueda ser relevante.

—¿De verdad?

—Sí, sin ningún problema, pero hoy es mejor dejarlo aquí, sino corréis no os dará tiempo a comer nada.

Alice se puso en pie rápidamente y recogió sus cosas, Haydee no dudo en imitarla cogiendo su propia mochila, sin despedirse se dirigió hacia la puerta, Alice iba tras ella, en cuanto llegó a la puerta se detuvo al ver que había dos personas allí.

Frunció el ceño al reconocer a uno de ellos, iba a alejarse cuando la voz de Alice la obligó a detenerse en seco:

—¿Podría contarme también la historia de James Potter y Lilian Evans?

Su corazón se detuvo y antes de poder evitar una expresión de terror cruzó por su rostro, no pudo disimularla con la suficiente rapidez para que quien acababa de reconocerla no la viera.

Sus ojos verdes se cubrieron con un destello de incertidumbre y mínima curiosidad:

—Sí claro, no tendré problema en contarte sobre ellos, después de todo, fue gracias a ellos que conseguimos trece años de paz.

Pero, ¿por qué quieres saber de ello?

—Me interesa mucho la historia mágica.

Escuchó que decía Alice con simpleza, la sintió acercarse, pero Haydee solo tenía ojos para quien se acercó a ella de frente:

—¿Te encuentras bien?, Estás blanca.

Albus la observaba y no sabía muy bien qué hacer o decir. Asintió rápidamente:

—Sí, no es nada, es solo que acabo de recordar que me toca pociones y tengo algo de miedo, nunca se me ha dado muy bien cocinar.

Albus rio divertido por sus palabras:

—No te preocupes, no es tan malo como parece. Si necesitas ayuda solo tienes que venir a preguntarme, según mi padre, he heredado las dotes de mi abuela.

Ella asintió sin percatarse del brillo en los ojos de Albus, quien de un rápido movimiento cogió su barbilla y la obligó a mirarlo de frente, cuando ambos verdes se encontraron Albus añadió: —Lilian Evans.

No tardó ni dos segundos en apartarse de él sorprendida y asustada, ¿a qué estaba jugando él?, Albus la contemplaba intentando descifrar su mirada.

No dudo un segundo es salir corriendo de allí, sintiéndose expuesta y vulnerable, no llevaba ni tres pasos cuando rompió a correr intentando alejarse lo máximo posible de Albus y su suspicaz mirada.

Lilian Evans era la abuela de Albus, ¿qué tenía ella que ver entonces con los Potter?

No fue a su siguiente clase, tan solo se encerró en el cuarto de baño y descubrió su pulsera. Con cierta torpeza hizo que el papelito pequeño cayera sobre sus manos, lo abrió por enésima vez y lo releyó.

"Te amé, Te amo y Te amaré siempre. H. Lilian Evans."

No había duda alguna, era el nombre. Apresó la pulsera contra su pecho, ¿era posible que Harry Potter supiese algo de ella?, ¿Que por eso se hubiese acercado a ella y le hubiese pedido a Albus que fuese su amigo?

Negó, no le había dado esa impresión, por el contrario. Negó sintiéndose verdaderamente perdida, quizás lo mejor sería olvidarse de todo aquello.

No seguir indagando y seguir como hasta ese momento, en la ignorancia. Ahí ella estaba segura, sin sentirse temerosa o expuesta, sin sentirse perdida.

Si ignoraba todo, podría seguir como hasta entonces, sería simplemente una chica huérfana más, que había contado con el privilegio de ser una bruja, de pertenecer a un mundo único y poder ser alguien y contar con un futuro.

¿Qué importaba su pasado?, Definitivamente eso no era importante, no lo era y ya.

Respiró hondo y se puso en pie, miró el papel y la pulsera, sus ojos se oscurecieron con dolor y odio, miró el retrete y de nuevo la pulsera, sin dudar un instante alargó la mano decidida a deshacerse de ambas cosas que la torturaban.

—¿Qué estás haciendo?

Asustada se giró, aun con la mano extendida hacia el retrete se encontró con Albus en la puerta.

La había seguido. Albus al ver que se encontraba congelada se acercó a ella, antes de que se percatara de lo que iba a hacer, Albus apresó su muñeca y extrajo de sus manos la pulsera y el pequeño pergamino.

—Devuélveme eso.

Exigió furiosa con él, se acercó para arrebatárselo, pero Albus se apartó y se giró, poniendo su cuerpo entre medias de ellos dos. Había algo en él que no lo dejaba en paz, la curiosidad que sentía por su reacción ante la mención del nombre de sus abuelos.

Sabía que a veces era mejor no inmiscuirse, pero en esos instantes también recordaba las palabras de su padre, de que fuese un apoyo para ella.

¿Por qué le había pedido eso su padre?, ¿Quién era Haydee Evans?

En cuanto sus ojos repasaron el pequeño pergamino frunció el ceño:

—¿Qué es esto?

—¿Qué te importa a ti?, Es mío, así que devuélvemelo.

Haydee se abrió paso y se lo arrebató a su vez, Albus la observó extrañado y sin comprender:

—¿Pensabas tirarlo?, ¿Por qué querrías deshacerte de algo tan especial?

Albus sabía por su madre y por Rose, que las joyas debían cuidarse, había recibido más de un sopapo por jugar con ellas cuando era más pequeño, no comprendía por qué Haydee estaba decidida a deshacerse de aquello y más del mensaje tan hermoso que le habían escrito.

—No entiendo por qué alguien querría deshacerse de un regalo como ese, y el mensaje parece dejar en claro que eres apreciada, ¿por qué destruirlo?

La mirada que le dedicó hizo que Albus diera un paso hacia atrás.

—Sabrás tú. Jamás podrás entender nada.

—¿Por qué no me lo explicas y así lo intento?

Haydee lo observó por unos instantes intentando descifrar qué demonios podía él querer, furiosa por no poder hacer aquello en soledad, se volvió y tiró ambas cosas al retrete para después empujar a Albus y salir de allí del mismo modo que llegó, corriendo.

Albus por su parte, no dudó un segundo en sacar su varita y hacer un Accio que trajo a su mano la mojada pulsera y el trozo de pergamino.

Albus por su parte, no dudó un segundo en sacar su varita y hacer un Accio que trajo a su mano la mojada pulsera y el trozo de pergamino.

Hizo otro hechizo para secarlo, pero descubrió que la tinta se había corrido un poco.

Observó ambos objetos y suspiró, ¿qué demonios le pasaba a esa chica?

Haydee no asistió a ninguna clase, y Albus notó que tampoco apareció para comer o cenar.

Miró a su lado y descubrió a Scorpius con la mirada perdida y mareando su ensalada:

—¿Qué te pasa?

Scorpius pareció sorprenderse bastante de que le preguntara y él mismo se sintió idiota al hacerlo, frunció el ceño y volvió a su propio plato. Cuando creyó que Scorpius no le contestaría, este habló:

—Es Evans, la vi en la biblioteca hoy. Estaba escondida y llorando.

La pulsera le pesó en esos instantes toneladas en su bolsillo y se sintió mal.

—¿Te dijo que le pesaba?

Scorpius se encogió de hombros y negó. Seguidamente lo miró algo molesto:

—¿Crees que Potter le haya hecho algo?

Albus estuvo a punto de recriminarle, hasta que cayó en la cuenta de que se refería a James y no a él. Miró de reojo a la mesa de Gryffindor y se sorprendió al encontrarse con la seria mirada de James fija en él.

James tenía una clara mirada de reproche, lo miraba a él y seguidamente a Scorpius, dejando en claro lo poco que le gustaba que hablaran.

Estuvo a escasos segundos de agachar la mirada avergonzado y no volver a abrir la boca, pero al final no lo hizo.

Por el contrario se enfadó. ¿Por qué tenía que seguir con esas gilipolleces?, Era bastante mayorcito para saber a quién hablar y a quién no. Lo miró con desafío y dijo:

—Espero que no sea el caso.

Se puso en pie dejando su comida intacta y Scorpius lo miró sorprendido:

—¿A dónde vas?

—A buscar a Haydeee.

Scorpius lo miró unos instantes y tras lo que pareció una lucha interna también se puso en pie. Lo vio coger algunas cosas de la mesa y envolverlas en una servilleta:

—¿Qué haces?

—La chica tendrá hambre.

Expuso con simpleza, ante ese comentario y recordando que tampoco había comido, Albus cogió su propia servilleta y también la lleno de cosas.

En menos de dos minutos estaban corriendo juntos por los pasillos directos a la biblioteca.

Haydee por su parte estaba sentada en el suelo de la biblioteca, perdida entre las estanterías y con su cabeza enterrada entre las páginas de un gran libro que había encontrado.

Desde pequeña le había encantado leer, por lo que se había refugiado de lleno en uno de sus mejores amigos. Intentando olvidar la pulsera y el pequeño pergamino que había desechado de su vida, sin conseguirlo.

Se sentía tan estúpida, había regresado para recuperarlos, pero no había tenido suerte. Y lo peor de todo, es que desde ese instante no había dejado de llorar ni un segundo.

Se retiró una nueva lágrima que caía por su mejilla y se centró en las líneas borrosas ante ella sin llegar a comprender ni una sola palabra.

—Sabía que seguirías aquí.

Al escuchar la voz de Scorpius levantó la mirada rápidamente, y se sorprendió al encontrarse a Albus con él. Ambos estaban despeinados y respiraban aceleradamente, al mirar las manos de ambos descubrió que cargaban con algo.

—¿Qué…?

—Pensamos que tendrías algo de hambre.

Albus dejó sobre el libro la servilleta con la comida y le sonrió ladeadamente. Ella no supo qué decir o cómo actuar, Scorpius por su parte se sentó a su lado y posó la servilleta en sus propias piernas. Le mostró el contenido, y no pudo evitar sentirse algo culpable al descubrir que lo que Albus había traído le gustaba más.

—No sé si hemos acertado, yo solo cogí cosas que podrían gustarme a mí.

Expuso Albus sentándose a su otro lado, miró a este unos instantes perdida y Scorpius añadió:

—Yo cogí cosas más nutricionales. Este chico parece aficionado a los dulces.

Albus rompió a reír divertido y señaló unos sanwiches que había traído con él.

—Eso no es dulce Scor, así que no mientas.

Haydee observó todo sin realmente comprender la actitud de ambos chicos a su lado. ¿Por qué la habían buscado y se habían preocupado de traerle algo de comer?

—¿Estás mal?, ¿Alguien se metió contigo? Si James hizo algo solo tienes que decirme ¿lo sabes?

Las palabras de Albus la hicieron sentirse estúpida y rápidamente negó, no se atrevió a mirarlo y estaba decidida a no decirle jamás el motivo de su estado.

No deseaba que ninguno de los chicos la pensara idiota por llorar por algo que ella misma había desechado.

—Gracias por esto.

Ninguno dijo nada, solo cogieron cada cual algo de las servilletas y comenzaron a comer a su lado. Sin mirar a ninguno de los dos, los imitó cogiendo un sanwich de la servilleta de Albus y una manzana de la que Scorpius sostenía.

Los tres comieron en silencio, sin decirse nada y sin estar claros de qué pintaban allí juntos. Albus se sentía extraño, sabía que se preocupaba por ella, porque su padre se lo había pedido, pero no dejaba de sentirse incómodo con todo aquello.

Scorpius por su parte se sentía tranquilo y a gusto, algo que no terminaba de encajarle. Estaba con un Potter y la protegida de Lovegood, ¿en qué estaba pensando?, No podía encontrar un motivo más poderoso para granjearse la furia de su padre.

Haydee solo podía estar agradecida por la presencia de ambos. Desde que la encontraron sus ojos se habían detenido. No había escapado ni una sola lágrima, no es que se sintiera mejor de repente, pero con tal de que ninguno de los chicos la creyera estúpida o tonta, ella misma se había restringido.

Mientras en Hogwarts, Haydee, Scorpius y Albus daban sus primeros pasos para formar un vínculo entre ellos. Harry Potter se encontraba perdido en infinidad de papeles intentando perderse entre ellos.

Alejar de su mente los problemas que tenía en casa y con su mejor amiga. No la había llamado desde la pelea en su casa la noche pasada y se sentía un idiota redomado.

Estaba tan enfrascado con eso, que no se percató de cuando su esposa ingresó en su despacho, solo la notó cuando ella colocó ante él un sobre y dijo:

—Tenemos que hablar Harry.

Observó el sobre y después a Ginny. Estaba tan hermosa como siempre, con su cabello pelirrojo cayéndole por la espalda y sus ojos castaños brillando. Supo enseguida que venía en son de paz y con alguna proposición.

—Dime.

Ginny rodeó el escritorio que los separaba y tiró de la silla en la que él estaba sentado. Seguidamente se sentó sobre sus piernas.

—He estado pensando Harry. Y creo que necesitamos algo de tiempo para nosotros. Tú y yo, solos.

—¿Qué quieres decir?

Ginny suspiró, cogió el sobre y se lo entregó:

—Vayamos a Paris, Harry. Una semana. Creo que podemos intentarlo, olvidarnos de todo, solo pensar en ti y en mí. Una última escapada a la desesperada para ver si tenemos o no un futuro juntos.

Harry observó el sobre y frunció el ceño:

—No necesitamos eso Ginny. Tú y yo estamos bien, es cierto que tenemos algunas peleas, pero no precisamos irnos lejos para saber que podemos superar esto.

Ginny sonrió tristemente.

—Estamos mal Harry, y si no lo ves, es única y exclusivamente porque no quieres.

Dime que sí vendrás, que esta semana la pasaremos solos y sin interrupciones. Quiero estar contigo Harry, pero necesito esto.

—Irme una semana, eso es mucho tiempo Ginny. ¿Y si sucede cualquier cosa?, ¿Dónde dejaremos a Lily? Además con todo lo que está pasando con Ron y Hermione, ¿crees que es buena idea?

—Lily se quedará con mis padres. Ellos ya lo saben, y si quiero hacer esto, es porque no quiero que acabemos como Ron y Hermione, Harry.

Harry se quedó unos instantes en silencio sin saber qué decirle. Realmente no deseaba alejarse una semana entera. Hermione podría necesitarlo.

—Ginny, ¿y si lo dejamos para más adelante?, Cuando las cosas estén más tranquilas y…

Ginny se puso en pie separándose de él:

—Seguro que si quien hubiese entrado por esa puerta con la proposición y el sobre, hubiese sido Hermione, otra sería la respuesta, ¿verdad?

—¿De qué estás hablando?, Esto no tiene nada que ver con…

—Te equivocas, lo tiene que ver todo. No quieres ir por si Hermione te necesita a su lado. Pero Harry, ¡YO! Soy tu esposa. Y te necesito ahora a mi lado. Iré a Paris mañana, si no coges ese vuelo conmigo, sabré cuál es tu posición respecto a nuestra situación.

No lo dejó articular palabra, tan solo abandonó el despacho dejándolo completamente solo allí. Cogió el sobre entre sus manos y lo observó detenidamente.

¿Qué estaba haciendo exactamente? Ginny lo amaba, y él la quería con locura, ¿por qué le estaba haciendo tanto daño?

Había ido hasta allí con una oferta para resolver sus problemas. Para retomar su relación en buen términos. Y él la rechazaba y la humillaba.

Era un maldito desalmado, ¿cómo podía Ginny querer arreglar las cosas en lugar de mandarlo a la mierda?

Sostuvo el sobre en sus manos unos instantes, y tras cerrar los ojos se decidió. Una semana con su esposa es lo que necesitaban ambos. Soledad y poder hablarse libremente.

Esa semana les haría bien a ambos. Y él quería a Ginny, necesitaba demostrarle que estaba dispuesto a luchar por lo que ambos tenían. No solo por ellos, sino por James, Albus y Lilian.

Rápidamente se dispuso a organizar todo, avisar a su siguiente al mando y al ministro de la semana que pasaría fuera.

Arregló todo lo que necesitaba arreglar y tras concluir se fue derecho a su casa. Al entrar en su cuarto, se encontró a Ginny plácidamente dormida y observó la maleta a los pies de su cama.

Rápidamente hizo su propia maleta y la colocó al lado de la de ella. Se puso el pijama y tras acostarse, abrazó a su esposa y la pegó a él.

No podía mentir, esos cuatro días con su esposa habían sido un sueño. Es cierto que el primer día habían discutido con fuerza. Ginny había decidido que deseaba aclarar antes que nada, la situación de Hermione y su hermano. Sus posturas contrarias ante el asunto los hicieron enfrentarse de manera brutal.

Una vez quedó claro que eso nunca quedaría a gusto del otro, dejaron el tema de lado. Y el resto de días se los pasaron paseando y disfrutando el uno del otro. No habían tenido relaciones. Habían decidido dejar el temar físico fuera de la ecuación.

Ambos precisaban estar seguros de que querían estar juntos más allá del factor cama. Ese era el quinto día juntos, habían ido a dar una vuelta por los campos Elíseos, y a disfrutar del paseo del Sena y sus innumerables puentes.

Esa noche él le había preparado una cena en la habitación del hotel, algo tranquilo y sin mucha pompa. El momento íntimo perfecto para un matrimonio feliz.

Ginny llegó molesta a la habitación y en el instante en que su mirada y la de su esposa se encontraron, supo que esa noche no sería tranquila.

Suspiró retirando la servilleta que había estado sosteniendo y se puso en pie. Metió ambas manos en los bolsillos de su pantalón y la encaró:

—¿Qué sucede?

Ginny lo fulminó con la mirada, sacó algo del bolso y molesta se lo tiró a la cara. Sorprendido la observó sin comprender. Se trataba de un trozo de papel, lo recogió para interrogarla con la mirada:

—No podías mantenerte cayado. Tenías que decirle a esa cualquiera donde podía encontrarte ¿cierto?

¿A esa cualquiera?, ¿De quién estaba hablando?

Observó el trozo de papel. Era un telegrama. "Esto cada vez es peor. Te necesito a mi lado. Ron me está destrozando"

No necesitó saber nada más. El corazón se le aceleró y levantó la vista del trozo de papel para mirar a Ginny:

—¿Qué demonios ha hecho Ron?

Ginny gruñó furiosa:

—Mi hermano solo está luchando por lo que es suyo. Ha solicitado la custodia de Hugo y Rose.

Esas palabras lo dejaron congelado. ¿En qué estaba pensando Ron?, Una sospecha se sembró en su interior y deseó fervientemente que fuera falsa:

—¿Cuándo fue eso?

—El jueves. Y por esa misiva que te ha mandado la muy zorra, debe ser que mi hermano lleva las de ganar.

No se pudo controlar, tanto las ventanas como las lamparitas estallaron en mil pedazos. Ginny, acostumbrada a sus descontroles ni se inmutó:

—No vuelvas a hablar de ella en esos términos. Sé que Hermione no actuó bien, pero tampoco puedes echarle toda la culpa a ella.

—Y no lo hago créeme.

Había rencor en su voz y eso lo enfadó más. Se giró dispuesto a comenzar a recoger sus cosas. Hermione precisaba un apoyo, y estaba claro que él era el único que ella encontraría.

—¿Qué crees que haces?

—¿Qué más?, Hermione me necesita, ella…

La risa de Ginny lo hizo sentir un escalofrío, era tan fría y falta de sentimiento. Se giró para verla de frente y se congeló. Había lágrimas en sus ojos y por su rostro ya resbalaban algunas.

—Menos de un minuto. ¡Maldito seas! Eso ha hecho falta para que te decidas a ir en su busca.

Tardaste una hora en decidirte a venir conmigo a este viaje y solo un segundo en decirte por ir con ella.

—No es lo mismo, no entiendes que esto…

—Tienes razón, jamás ha sido lo mismo. Quise creer ciegamente que yo era algo más para ti. Pero me engañé. Debí darme cuenta. Pero era tan doloroso pensarme tan poca cosa.

Creí que con que yo te amase a ti todo sería sencillo. Fui una ilusa, eso no es suficiente. Y me lo demostraste hace once años. Nunca debí actuar como lo hice. Nunca debí creer en las palabras de Ron.

Harry observó a Ginny sin comprender, ella solo dejó caer su bolso al suelo y caminó hasta él. Ginny le rodeó el cuello y se acercó lentamente.

—Dame esta noche Harry. Solo por esta vez, ponme por encima de Hermione. No te pediré nada más. Es más, te dejaré ir sin protestar.

Ginny acortó la distancia que los separaba y lo besó. Fue un beso cargado de sentimientos. Ginny quería demostrarle el amor que sentía por él. Y él le respondió. No comprendía por qué Ginny decía que no la amaba.

Eso era incierto y estaba deseando demostrarle que se equivocaba. Le daría esa noche que le pedía y después cien más. Hermione podía esperarlo unas horas más.

"¿Más?"

Sintió un escalofrío recorrerlo cuando Ginny lo empujó contra la pared a su espalda y lo besó con más fuerza. Cerró los ojos y una imagen lo sobre cogió. Como si eso ya lo hubiese vivido antes.

De un rápido movimiento él tomó el control, hizo que su cuerpo y el de Ginny giraran y la colocó a ella contra la pared. La alzo consiguiendo que ella enredara sus piernas en su cadera.

Cuando la escuchó gemir contra sus labios sonrió y la besó con mayor pasión.

Ella enterró sus manos en sus cabellos y tiró de ellos. Cuando le mordió el labio inferior siseó en respuesta. Sin abrir los ojos y perdido en lo que le estaba haciendo sentir, se apresuró a enredar sus dedos en esa maldita e indomable cabellera castaña que lo volvía loco.

La escuchó susurrar su nombre y eso lo encendió más. Hacía tanto que no la oía. Era la maldita voz de su consciencia, siempre lo había sido desde los once años.

La obligó a dejarlo recorrer cada rincón de su boca mientras se deshacía uno a uno de los botones que lo estorbaban. Ella se estremeció en sus brazos y él la sujetó con mayor fuerza.

Atacó de nuevo sus labios para después centrarse en su cuello. Ella se apegó más a él.

—No te detengas.

La escuchó gemir contra él. Y juró que jamás lo haría.

—Puedes apostar por ello.

Le indicó a la par que se detenía para deshacerse del enganche de su sujetador.

—Ámame Harry, hazlo como la primera vez.

Era tan malditamente perfecto, que parecía irreal. Cuando sus labios se cerraron sobre uno de sus pezones, ella soltó un suspiro. Hacía tanto que no la tenía, tanto que la necesitaba. La hizo gemir de placer, para demostrarle que nunca podría olvidarse de él.

Jamás.

Dispensó sus atenciones por todo lo que encontraba a su paso, y cuando ella exigió sus labios de regreso no dudó en complacerla. El beso fue desesperado y exigente.

Una vez más su nombre escapó de sus labios y sin poder contenerse él mismo la llamó:

—Hermione.

El efecto fue inmediato, él mismo reconoció extraño ese nombre en sus labios. Horrorizado abrió los ojos y miró a Ginny.

Ella estaba congelada en sus brazos, lo observaba sin terminar de asimilar lo que acababa de salir de sus labios.

Sintiéndose realmente mal, se separó de su esposa, dejándola con cuidado en el suelo. La miró de nuevo y negó. Una nueva imagen lo asaltó.

De nuevo tenía el cabello castaño y enmarañado, de nuevo eran otros labios los que había ante él:

—NO.

Negó con fuerza y se separó de nuevo, volviendo a mirar a Ginny a los ojos. Ella lloraba y sonreía tristemente. Era una imagen tan desoladora. Se sintió miserable y un maldito ruin.

—¿Qué demonios…?

Ginny negó mientras se abrochaba la camisa y la vio recorrer la habitación recogiendo sus cosas. Pese a que estaba llorando, no borró en ningún momento su sonrisa.

—Es normal. Debí suponer que esto terminaría por pasar.

—No, esto, no. Yo no entiendo qué…

—Pero yo sí. –Ginny se giró a mirarlo, seguía llorando y era evidente que había tomado una decisión, una que le estaba costando horrores: —Intenté jugar con algo con lo que nunca debí meterme. Es hora de que obtengas tu libertad.

—¿Libertad?, Ginny, espera, no quiero el divorcio, esto que pasó ahora. Debe ser que estoy preocupado por Hermione nada más. Te juro que…

—Espera, por favor detente. Deja que haga algo por ti. Si tras lo que haga, sigues pensando igual, te juro que regresaré a ti. Pero mientras tanto no digas más.

—¿A qué te…?

—Finite Incantaten.

El hechizo le golpeó de lleno en la cien, y él no supo nada más, una oscuridad lo encarceló dejándolo en la inconsciencia más absoluta.

Hermione se encontraba refugiada en su cuarto, abrazada a sí misma y con lágrimas que caían por su rostro sin descanso. Ronald era un maldito despreciable, ¿cómo había podido utilizar lo de su hija contra ella?

Miró el reloj de su mesita, eran cerca de las tres de la mañana, y no había dejado de llorar por horas. Hugo estaba con su madre, le había tenido que pedir que se lo llevase ese fin de semana, no creía poder estar con él sin romper a llorar.

Sin pensar había mandado un telegrama a Harry, gracias al ministro supo dónde encontrarlo. Estaba enfadada con él y comprendía que su amigo no le hubiese dicho que se marchaba, pero también sabía que lo necesitaba cerca.

Precisaba un apoyo.

Necesitaba a su mejor amigo.

Un fuerte ruido en la planta baja la asustó, rebuscó su varita en la cama, palpando y la localizó cerca de su costado derecho.

Escuchó que alguien maldecía y que algo de cristal se rompía. Pensó en la mesa de cristal del salón.

Un fuerte alboroto siguió a eso, asustada se levantó y salió del cuarto. Con cautela se dirigió al piso de abajo, cuando estuvo cerca de la puerta del salón, escuchó una retahíla de maldiciones y más objetos se rompieron.

Reconoció la voz en el acto y rápidamente se hizo presente en la sala encendiendo las luces.

Descubrió a Harry mal vestido, maldiciendo y agarrándose la cabeza, cuando sus ojos se encontraron se quedó helada.

Tenía los ojos acuosos como si hubiese estado llorando.

—¡Hermione, Ayúdame!

Había tal súplica en su voz que tardó segundos en reaccionar y acudir a su encuentro. Harry la agarró con fuerza negando:

—Yo no sé qué demonios está pasando. La cabeza me está matando. Yo, Ginny, ella hizo algo y…

Calló para fijar sus ojos en los de ella y antes de poder comprender lo que él estaba haciendo, él agarró su rostro con ambas manos y la miró fijamente:

—Son los mismos ojos, son…

El verde pasó de sus ojos a sus labios y antes de poder impedirlo, los labios de Harry atraparon los suyos. Fue un beso rápido y extraño, ella sintió cómo todo su cuerpo se estremecía por ese simple roce y cómo despertaba de un largo letargo, y él pareció entrar en pánico.

Se separó de ella asustado y con los ojos sumamente abiertos.

—No, no, ¿qué hicimos?, ¿Qué…

De repente cayó al suelo completamente dormido.

Sin comprender nada, Hermione se acercó a él, ¿qué se suponía que acababa de pasar ahí?, ¿Y a él?