CAPÍTULO II: LA VIDA DEL HOKAGE

No fue fácil para Naruto dejar de ser un gennin para asumir sus responsabilidades como el líder de la aldea. Ahora ya no recibía órdenes, debía darlas. Contaba con el apoyo de Kakashi y Shizune y de los ancianos de la villa, aunque en última instancia, él era el Hokage y debía tomar sus propias decisiones.

Konoha estaba siendo reconstruida tras el ataque de Pain y la Cuarta Gran Guerra Ninja que había sacudido el mundo. Se necesitaba de los supervivientes para reconstruir el mundo y coordinarlos era un trabajo bastante duro.

A parte de la falta de efectivos, el otro gran problema era que no había dinero para hacerlo. Las arcas de la Villa estaban en números rojos, por no hablar del Tesoro del País del Fuego. Así que Naruto y sus más directos subordinados empleaban todo su tiempo e ingenio en coordinar a los efectivos de que disponían para mantener la seguridad de la aldea, del País del Fuego, para ganar dinero y para reconstruir la villa.

El capitán Yamato, rescatado de las profundidades de la mazmorra donde Madara y posteriormente Obito habían mantenido encerrado al Gedo Mazo, era uno de los encargados de reconstruir de la villa, labor que realizaba con gran eficacia, para ser sinceros. Shizune guiaba y ayudaba a Naruto en todo lo que concernía a la burocracia e instruía al joven Hokage en como tenía que hacerlo. En definitiva, al día le faltaban horas y más cuando se intentaba regresar, en vano, al momento anterior a que se desatara la guerra. Nada sería igual.

En más de una ocasión Shizune entraba en el Despacho y tenía que dar la luz para recordarle que el sol se había puesto. Los días pasaban con rapidez y en más de una ocasión, Naruto sentía envidia de los hombres a los que enviaba a hacer misione de campo. "Ser Hokage es lo mejor, pero no esperaba que tuviera que trabajar tanto".

Naruto no era el único que trabajaba a destajo.

Iruka-sensei había vuelto a la Academia y preparaba a las nuevas generaciones que heredarían un mundo mejor, pensaban todos. Shikamaru e Ino habían tomado las responsabilidades como los Jefes de sus clanes. El brillante chunnin se encargaba de ayudar en la planificación de las misiones mientras que la kunoichi viajaba de un lado a otro con un equipo médico buscando a los todavía víctimas de la Guerra. Konohamaru y sus amigos habían regresado al entrenamiento con Ebizu-sensei para prepararse para el examen chunnin que tendría lugar en invierno, en Iwagakure. El equipo de Kiba, Shino y Hinata fue de los primeros en volver a las misiones de campo. Rock Lee y Ten-ten eran de los encargados de mantener la seguridad del país.

Kakashi-sensei fue nombrado como capitán de los ANBU y guardaespaldas de Naruto, una mera formalidad si se tenía en cuanta quién era Naruto. Sai regresó al ANBU, aunque la fundación estaba más ocupada en tareas humanitarias. Una de las primeras acciones que tomó Naruto fue disolver la Raíz, creada por Danzou, el Rokudaime Hokage, que también era llamado el Kage sin Rostro, pues Naruto lo había prohibido. Sólo Kakashi y él sabían de las fechorías que había llevado Danzou a cabo. Sí, por el bien de la aldea, pero el fin no podía, nunca, absolutamente nunca, justificar los medios.

Sakura tomó la decisión de convertirse en la digna heredera de Tsunade. Con la intención de olvidar a Sasuke, como le confesó a él, decidió abandonar la aldea durante un tiempo para viajar por el mundo y mejorar su ninjutsu médico para intentar sobrepasar a su maestra.

Fue una tarde de finales de verano.

Naruto estaba en su despacho. Tras la ceremonia en la que le habían nombrado como Hokage, había pasado de ponerse el incómodo aparato con el que siempre había visto al Sandaime. En su lugar, vestía con un cómodo chándal naranja y negro igual que le había regalado Jiraiya, su maestro. Estampó su firma en el último documento, por el cual la aldea se comprometía a aplazar el pago de una cuantiosa deuda a cambio de un mayor interés. Shizune tuvo que explicarle con mucho detenimiento la gravedad de la situación, como siempre hacía.

Sakura entró en el Despacho. A Naruto le pareció que estaba radiante.

Desde la muerte de Sasuke, aunque no lo creía posible, las cosas habían cambiado sensiblemente para mejor entre ellos. Había mucha confianza entre ambos. No habían vuelto a estar a solas por lo que para desgracia de Naruto no habían vuelto a abrazarse y no habían vuelto a decir lo que sentían. El trabajo tenía a Naruto asfixiado, pero si ella se presentaba ante él es que tenía algo que decirle. La chica cerró la puerta.

- ¡Sakura-chan! ¿Qué haces aquí? – preguntó con alegría mientras se levantaba y corría a abrazarla.

Ella le devolvió el abrazo. Luego se separó y le dijo.

- He venido a verte… Quiero hablar contigo. He estado pensándolo mucho y creo que es lo mejor.

"Lo sabía, se ha dado cuenta de que está realmente enamorada de Sasuke. Fue bonito mientras duró" se equivocó Naruto.

- ¿Qué has pensado?

- Creo que ha llegado la hora de que me vaya de Konoha, al menos, durante un tiempo

Naruto se sorprendió:

- ¿Por qué, Sakura-chan? ¿Es que no eres feliz aquí?

- No, todo lo contrario. Creo que aquí podría pronto encontrar la felicidad. Te mentiría si te dijera que lo soy realmente, pero tengo en mi corazón una herida demasiado grande. Necesito tiempo para sanarla y además, no quiero convertirme en un estorbo.

- ¿Estorbo? ¿Tú? ¿Si eres la mejor ninja médico de la villa, quizás, tan sólo te supere Shizune-o-nee-chan?

- Gracias, Naruto - ella se sonrojó.- Ahora comprendo cómo te sentiste cuando perdiste a Jiraiya-sama. Quiero tomar el camino de mi maestra y por eso he decidido dejar la aldea, solo durante un periodo de tiempo. Quiero mejorar como kunoichi. Quiero que cuando la gente me mire no sólo piense en que soy Sakura, sino en que soy la discípula de la Princesa de las Babosas.

Naruto pareció aliviado.

- ¿¡No me digas que quieres echarte a perder y empezar a apostar y beber como la vieja!?

- No, tonto, quiero ser mejor shinnobi.

- Pero, ¿y nosotros? Yo creía haber entendido que…

Ella le interrumpió.

- Y es así. Pero siento que necesito hacer antes esto. Naruto, te quiero. Pero quiero que estés orgulloso de mí. Quiero ayudarte en tu labor y la única forma que tengo es recorriendo una parte del camino sin ti. Te quiero y te necesito a mi lado, pero antes necesito estar en paz conmigo misma. ¿Lo entiendes?

Naruto sonrió. ¡Claro que lo entendía! "Sakura-chan has cambiado. Te has hecho más fuerte y no lo sabes. Si esa es tu voluntad yo la respetaré"

- ¿Y si dejo el puesto y me voy contigo? Podríamos irnos los dos juntos y vivir aventuras. Esto es muy aburrido. Sí, si Hokage soy… pero todo el día "Hokage-sama" "Hokage-dono" "Señor" "Naruto-sama" "Naruto-dono"… pues cansa.

Ella rió. A Naruto le pareció la música más bonita del mundo.

- Eres un cielo. Naruto hago esto por mí y por ti. Quiero… quiero que… si nosotros… algún día… yo esté totalmente… segura. No por mí, sino por ti. Te quiero tanto que no me perdonaría hacerte daño.

Sakura se sonrojó. ¡Estaba tan bonita cuando se sonrojaba! Su cabello del color del cerezo parecía brillar cuando su blanca piel se sonrojaba.

- Yo también te quiero, Sakura-chan – le dijo el rubio- ¿Sabes qué? Que te apoyo. Cuenta conmigo para lo que necesites. Si es tu voluntad dejarnos un tiempo para crecer, yo no te lo impediré. He de admitir que no me gusta pero, ¡qué diablos!, tengo que respetarlo – terminó con una sonrisa.

- Naruto…

- Aunque me gustaría pedirte un favor…

Al día siguiente, Sakura y Naruto se encontraban en lo alto de una colina viendo toda la aldea. El joven estaba con la cabeza apoyada sobre su regazo y ella jugaba con su pelo. A la izquierda estaba la montaña de los Hokage y enfrente de ellos el sol se escondía apareciendo entonces las primeras estrellas.

Era una bella imagen del crepúsculo que cualquiera se dignaría a mirar. Cualquiera menos Naruto, que como un tonto no paraba de mirar a su amada Sakura-chan. Había aceptado estar con él durante todo el día, demorando su marcha. Él, a cambio, había tomado el día libre. Obviamente era una cita. No sabía cómo, pero quizás el hecho de que iba a estar un tiempo fuera hizo que Naruto tomara valor y le pidiera a Sakura que saliera con él una cita.

Aquél se había convertido en uno de los mejores días de toda su vida. Ella parecía sentir lo mismo. Siempre le miraba con ternura, con cariño. Naruto sabía que en esos ojos había amor y se sintió feliz al recordar cómo su madre le había hablado de su padre y de su amor.

Por la mañana quedaron ya a las doce en el parque y fueron a dar un paseo hasta que a una hora prudencial él la invitó a comer a su casa. Había estado desde bien temprano preparándolo todo para que cuando llegara Sakura sólo tuvieran que calentar el ramen.

De camino a su casa pasó lo mejor. Subiendo las escaleras que conducen al barrio donde vivía Sakura se detuvo y miró la montaña de los Hokage. Le miró y el chico se encendió poniéndole rojo. Ella se dio cuenta, pero no lo comentó.

- Naruto, quiero que la próxima vez que esté aquí contigo haya un nuevo rostro, el tuyo.

"No sé por qué, pero son las palabras más bonitas que me ha dicho Sakura-chan tras confesarme que me amaba. Yo la quiero, ella me quiere, estamos enamorados ¿por qué no?"

De repente la cogió suavemente por la cintura atrayéndola hacia él. Ella no se resistió pues le miraba con la misma expresión que Naruto tenía y de hecho el brillo de sus ojos le estaba diciendo que lo deseaba. Ella se dejó caer un poco. La rodeó con sus brazos y con la derecha cogió su rostro. No vaciló. Acercó sus labios a los de ella y con mucho miedo, la besó. Naruto tenía cierta experiencia. Había besado a otros muchos, incluso a su amigo Sasuke en un desafortunado accidente, pero nunca a la chica más bonita del mundo para él. Ella le ayudó con su mano en su barbilla. Se separó de ella aunque ambos no querían.

La miró a sus ojos color del jaspe y no se arrepintió. Volvió a besarla pero ahora que ya sabía cómo, con mucha más pasión haciendo que ella tirara incluso su banda al suelo. No quería parar. Había algo en él que no se saciaba sólo con besos así que bajó la mano con la que la sostenía con estudiada lentitud. Pero ella le detuvo en su cadera separándose de él:

- No tan rápido, Naruto.

- Claro, Sakura-chan. – Le sonrió.

Fueron hasta su casa para comer. Sabía que el momento había pasado.

Después de ello poco más hicieron. Allí comieron como atontados. Muy sonrojados sin saber qué hacer más. Bueno, para ser sinceros, Naruto si se le ocurrían algunas cosas más. Pero sabía que no le agradarían así que se aguantó y sólo se conformó con lo que ella le permitiera darle.

Tras la comida, se habían tumbamos en su cama a dormir un rato. Eso sí que no lo pudo soportar.

"Sí, lo soy, soy el discípulo de dos grandes pervertidos y para que negar lo evidente yo ya tenía buena base cuando me instruyeron." Pensaba al recordarlo.

Se quedaron mirándose un rato y sin poder resistirlo más Naruto se lanzó al ataque y empezó de nuevo a besarla mientras la atraía hacia él. No quiso seguir, ¿y si lo hubiera intentado? Perdió la noción del tiempo. Sakura se durmió en su hombro con dulzura. ¿Quién lo diría? Sakura Haruno y el hiperactivo, irresponsable y cabeza hueca de Naruto Uzumaki juntos. Tras estar ese rato junto terminaron el día en aquella colina en la que contemplaban el amanecer.

- Naruto, no quiero decirte adiós.

- No me lo digas, Sakura-chan. Sólo vamos a estar otro poquito sin vernos. Sé que vas a conseguir lo que te propongas y si no lo consigues, que lo harás, porque yo confío en ti, te esperaré aquí para ayudarte.

- ¿Sabes qué? Es la primera vez que te he visto ser el primero en algo.

Naruto no respondió. "No entiendo a qué se refiere… Espera un momento... ¡SÍ!"

Tras aquél día, Sakura se marchó. El verano fue llegando a su final y a mediados de otoño la villa ya estaba reconstruida.

Con regularidad, recibía carta de Sakura, aunque a Naruto no le hacía falta. Cuando se sentía preocupado, le pedía su ayuda a Kurama y aprovechándose de una de las innumerables ventajas del modo Kyuubi la localizaba y procuraba adivinar si estaba bien. Aunque ella no lo supiera, se había encargado de dejarle uno de los cuchillos de su padre, para que si en cualquier momento tenía algún problema, Naruto pudiera personarse en su defensa. Kakashi-sensei era quien le había dado el consejo, bastante útil.

El otoño se marchó no sin antes dejar abundantes lluvias por todo el mundo. Si existía alguna voluntad superior en el mundo, ésta había decidido que lloviera para ir sanando las heridas de la tierra que los shinobis habían causado. El invierno, sin embargo, se presentó como nunca antes lo recordaba Naruto. Fuertes nevadas. Mucho frío y con días muy cortos. Era un clima muy similar al del País del Hierro. En el País del Fuego era extraño que el invierno fuese tan duro, pero así fue.

Fue en aquella estación en la que Mifune murió. Había luchado con valor durante la guerra, aunque era un hombre mayor y el invierno fue muy exigente en el País del Hierro y en el País de la Roca así como otros países norteños. La guerra había terminado medio año atrás y las tierras todavía que recuperarse. El comercio estaba reactivándose lentamente, pero aquellos años posteriores a la guerra serían duros para pequeños países como aquél. Como símbolo de respeto, todos los Kages viajaron hasta el País del Hierro a presentar sus respetos.

A Naruto le acompañaron Kakashi, Shai y Hinata. En las condiciones en las que viajaron tardaron más que en la anterior ocasión, no obstante, llegaron a tiempo para poder despedir a Mifune.

"Naruto, se ha depositado una gran carga sobre tus hombros. Eres el responsable de que este nuevo mundo camine por el sendero correcto, pero hay algo en ti que me dice que lo lograrás. Hemos ganado la guerra, ahora nos toca ganar la paz." Se había despedido de él el Señor de los Samuráis poco después de la ceremonia en la que rindieron homenaje a los caídos.

En un trayecto durante un descanso que tomaron, Hinata se acercó a Naruto.

Era la primera vez que hablaban en meses. Hinata era una persona muy tímida y aunque había cambiado mucho, pues ya no era aquella niñita asustadiza, seguía cortándose en su presencia. Él se sentía realmente halagado de que Hinata estuviese enamorada. Nunca olvidaría cómo sus palabras habían calado en ella y como le había intentado defender de Pain. Sentía un gran afecto por ella.

- Naruto-kun… le llamó.

- Al menos, tú eres de las pocas personas que no me llama Naruto-sama o Naruto-dono, o Hokage. ¿En qué momento acepté este puesto – bromeó.- ¿Qué sucede, Hinata?

- Naruto-kun… No quisiera que pensaras que estoy aprovechando esta misión para intentar… intentar…

- ¿Ligar conmigo? – completó. Luego se rió amistosamente al ver cómo se había ruborizada.- No te preocupes, Hinata. Sé que eres una kunoichi muy profesional y heredera del clan Hyuga. Si estás aquí es por tus habilidades como ninja sensorial, como dijo Kakashi.

- Naruto-kun… yo querría preguntarte…

- ¿Sí?

- Si… si estarías… interesado… en… que… cuando volviésemos del País del Hierro… nos conociéramos… es decir… tuviéramos…una… cita... - Naruto dudaba si era Hinata o un tomate el que le hablaba.

Naruto le sonrió. Hinata era una chica bonita y muy gentil, no le extrañaba que la llamasen Princesa en muchos lugares del mundo. Recordó como le había tomado de la mano y le había dado ánimos durante la batalla contra el Juubi. La chica del clan Hyuga era una amiga en la sombra, siempre había estado ahí y había aparecido en momentos de cierta importancia. Él le estaba agradecido, pero él no tenía ninguna duda sobre de quién estaba enamorado. Así se lo dijo:

- Eres una persona maravillosa y nunca podré trasmitirte lo agradecido que me siento por tenerte como amiga, pero, estoy enamorado de Sakura-chan. Siempre lo he estado y soy demasiado cabezota como para dejar de hacerlo.- Rió alegremente.- Estoy completamente seguro de que encontrarás a alguien que te merezca.

No supo si lo hizo por ver a la chica tan decepcionado o por si quería agradecerle su amor y su fidelidad, pero le dio un beso en la frente. Luego le dijo:

- Amigos, ¿no?

Ella asintió.

- Bien, porque pensaba protegerte igual que a todos mis amigos aunque me dijeras que no.

Naruto se sintió aliviado al verla sonreír. Estaba algo triste porque la habían rechazado, pero él no quería engañar ni a Sakura-chan ni a Hinata. Amaba a la única princesa que había para él en Konoha y de eso estaba completamente seguro. Sin embargo, sabía que aquella conversación con Hinata tenía que haberse producido antes. La había pospuesto demasiado y se sentía culpable por haberle creado falsas expectativas y más cuando nadie en Konoha (o al menos oficialmente) sabían del lazo que unía a Sakura y a Naruto.

Después de aquello reanudaron su viaje y no pararon hasta llegar al castillo samurái. Naruto no se había olvidado de aquel lugar. Las tres bocas del lobo, las montañas que protegían el país y a cuyo abrigo soportaban los duros inviernos, seguían en el mismo lugar, aunque totalmente blancas.

El funeral de Mifune fue una solemne y sobria ceremonia, de acuerdo con el espíritu samurái. Todos los hombres portaban sus armaduras. Las mujeres se habían ataviado con un sencillo kimono negro, al igual que niños. Los Kages invitados mostraron sus respetos ataviados con sus túnicas blancas y de los colores de los elementos (las ropas que tanto incomodaban a Naruto) y con sólo una banda negra en sus brazos.

Naruto se sintió algo triste al recordar a Sasuke. Se alegró de que Sakura se encontrara en otro lugar, si le hubiese acompañado, habría recordado a su amigo y amor. Aunque Naruto ya no dudaba de que Sakura le amase tampoco tenía dudas al respecto de que Sasuke seguía estando presente en su corazón. Para él, sin embargo, le bastaba con que ella le hubiese aceptado y le hubiese elegido. El amor de Sakura era algo que le hacía sentirse realmente bien.

Tras las lecturas propias de las costumbres samuráis, cada uno de los hermanos de armas de los tan diestros espadachines tomó la palabra. Las costumbres samuráis eran parte del pasado. A Naruto le encantaban, sin embargo. No tanto su forma si no saber qué iban a hacer a continuación. Se propuso a prender a luchar como un samurái si el cargo le dejaba algo de tiempo libre y Sakura no volvía. El último en tomar la palabra fue el Raikage, en calidad de invitado y Comandante en Jefe de la Alianza Shinnobi.

Naruto no prestó mucha atención a aquellas palabras, estaba ocupado pensando en cómo combinaría su modo kurama con la lucha con una de aquellas katanas tan "guays".

Acabada la ceremonia, se abrió una procesión que partiría desde el Castillo hasta la cima de las montañas del lobo donde los restos de Mifune serían incinerados, como dictaban las costumbres entre los samuráis. Naruto iba a unirse a ella cuando de, entre las sombras con la velocidad y el sigilo de un gato, apareció Sai, que no había dejado de vigilarle, tal y como debía hacer un miembro del ANBU.

- Kakashi-sensei te manda llamar. Se ha solicitado la presencia del Hokage.

Naruto asintió. Silenciosamente acompañó a Sai por los pasillos del castillo. Sai se había convertido para Naruto en un buen amigo. Era extraño, pero el chico más raro de los que conocía era uno de los que mejor le caía. Era servicial y siempre estaba dispuesto a ayudarle en lo que necesitara.

Finalmente, se reunieron con dos guerreros que les acompañaron a la Sala de la Asamblea, donde diez después de la muerte del último gran maestre, todos los miembros de la orden samurái se reunirían y se encerrarían. No comerían y no descansarían hasta elegir al nuevo, mientras tanto, el país permanecería sin gobernante y sin ley, para demostrar a los habitantes la necesidad de la existencia de un poder establecido. Allí les esperaba Mashashi y Kishimaro, los subordinados directos de Mifune.

- Naruto, – le dijo Kakashi- Mashashi-san y Kishimaro-san han solicitado mi presencia para que les asesorara en una cuestión en torno a Mifune-sama. Sin embargo he creído que el Hokage debía estar presente. – Kakashi estaba muy serio, demasiado como para estar dando a entender que él no quería problemas.

- Aquí está, entonces. ¿Qué cuestión es ésa en torno a Mifune-sama?

Mashashi, quien tenía una fea cicatriz recorriendo de arriba abajo el lado derecho de su rostro le entregó a Naruto una pluma. Era una pluma roja. Naruto al principio pensó que se trataba de alguna broma de mal gusto. No comentó nada pues la situación no admitía que el Hokage no fuera serio.

- Hokage-dono, ¿reconocéis esta pluma?

El aludido negó.

Kakashi tomó la palabra:

- Señores, será mejor que le expliquen sus sospechas.

Kishimaro respondió:

- Creemos que Mifune-sama ha sido asesinado. Nuestros mejores médicos no han encontrado rastro de veneno conocido. Las autopsias han revelado que murió pacíficamente en su cama. Dicen que la edad fue la causa de la muerte.

- Sin embargo, - continuó Mashashi- Mifune-sama estaba en plenas condiciones. Era anciano, sí, pero no más que el Tsuchikage. Gozaba de buen estado de salud. Estaba emprendiendo numerosas reformas en el país. Pensaba proponer la creación de una Sociedad de Países en las que todos sus representantes contaran con voz y voto para decidir el futuro de este continente. No podía morir un hombre con tantas ambiciones.

- Por eso mismo, Hokage-dono, creemos que ha sido asesinado. Parece que alguien intenta evitar que construyamos una nueva era, como era deseo de nuestro señor.

- Debemos asegurarnos de que Mifune-sama ha sido asesinado. ¿Tenía algún enemigo conocido? – preguntó Kakashi.

- Mifune-sama no contó con todo el apoyo necesario para intervenir en la Cuarta Gran Guerra Ninja, sin embargo, ninguno de nuestros hermanos volvería su espada contra nuestro líder.

- Nos ofende esa cuestión, Kakashi-san.

- Lo lamento, perdonad mi brusquedad – se disculpó.- ¿Qué haremos, Naruto?

Naruto reflexionó en silencio.

- Si Mifune-sama no hubiese sido llevado a incinerar podría haberle pedido a Sakura que viajase hasta aquí. Ella o Shizune hubieran sido capaces de encontrar cualquier ataque, de haberse producido.

- Nos parecen aberrantes estas prácticas. No es el espíritu de un samurái el retener el cadáver de un hermano en este mundo, pero sabíamos que si incinerábamos su cuerpo perderíamos cualquier posibilidad de encontrar un indicio sobre el asesinato de nuestro señor – repuso Kishimaro.

- Por esta razón, le pedimos a nuestros médicos que escogiesen otro cadáver del depósito. Kakashi lo transformó en un clon de nuestro líder. Tenemos el cuerpo – aclaró Mashashi.

- Entonces mandaré llamar a alguna de mis dos mejores ninjas médico – concluyó Naruto.

Cuando la luz de la chimenea iluminó la pluma que sostenía en su mano, ésta pareció brillar con los colores del arcoíris...