NO SOY DUEÑO DE INUYASHA

FINALMENTE…

CAPITULO 117

El regreso fue muy emotivo, ya la manada estaba atravesando el domo de energía para llegar al palacio. Los gritos de salutación y la algarabía de todos los habitantes del palacio de la Luna y todos sus invitados se oían por muchas horas. Habían ganado! Finalmente lo habían logrado. Una vez más el grupo se apersonaba en la explanada del castillo, sucios, lastimados, cubiertos de harapos y con una enorme sonrisa en sus rostros. Irasue observaba desde el balcón principal el despliegue de alegría generalizada, sonrió muy visiblemente a su hijo que la miraba desde abajo. Sesshomaru le dedicó una leve pero muy sentida sonrisa a su madre.

Kagome corría a abrazar a Yashamaru que la miraba serio desde los brazos de Krisstal.

-"Ven a mis brazos mi héroe!"

La manada lo acariciaba, le besaban la frente, el cachorrito había sido espectacular en la batalla.

-"Hey cachorro, ni bien tu viejo padrino descanse un poco comenzaremos el entrenamiento"

-"Inuyasha, eres un tonto jajajajaja"

Instintivamente el cachorro gruñó. Risas y alegría. Las miradas de Kagome y Sesshomaru. Noriko corrió a abrazarse a su hija y luego corrió hacia Danaka, se besaban desesperadamente, no había ojos que los miraran cada uno se ocupaba de encontrarse con su pareja o sus amigos. Rin en brazos de Kouga lloraba desconsoladamente, Kagome con Yashamaru en brazos y Sesshomaru se acercaban a ellos, el Lord Inu le acariciaba la cabeza, ella sollozaba con una sonrisa en el rostro para su padre.

Los soldados y generales que regresaron se formaban frente a su Señor, aún no habían sido despedidos de su jornada.

Imponente y poderoso, Sesshomaru de pie frente a ellos, Kagome a su lado y los demás Lores que habían luchado como leones, observaban con admiración al grupo de soldados maltrechos que presentaban sus armas con orgullo.

-"Soldados, los he visto luchar con más valor de lo que fui capaz de ver en mis ochocientos años de existencia. En la batalla de hoy, no hubo razas, ni diferencias de rango o de cuna, solo un despliegue de fuerza, honor y lealtad que este Sesshomaru jamás olvidará. El Oeste se regocija de contar con aliados de semejante calidad y honorabilidad. En mi nombre y el de la casa del Oeste…Les doy las gracias incondicionales…ARIGATOU GOZAIMASHITA!"

La reverencia del enorme Lord hacia los soldados aliados y sus generales, sorprendió a todos, enseguida Kagome se dobló en reverencia secundando a su amor, y luego Inuyasha, Rin, Danaka y todos y cada uno de los Occidentales hizo lo propio hacia los fieles aliados.

Todos y cada uno de ellos reverenció en respuesta y suspiraron enorgullecidos por el reconocimiento de seres tan poderosos como Sesshomaru Taisho y su manada.

-"Con mucha alegría, los relevo de sus obligaciones con la alianza de batalla, aprovecho su estadía en Occidente para invitarlos a unirse a la casa de la Luna, para la celebración de la ceremonia de matrimonio de los Señores del Oeste"

Todos se alegraron mucho, enseguida los felicitaron, y cada uno de ellos se retiró a asearse comer algo y descansar.

Días después, ya todo casi normalizado, la vida fluía armónicamente.

La mayor parte de los días transcurrían tranquilos y muy atareados, la boda real sería el acontecimiento del año y la esperanza llenaba los corazones de todos. A Inuyasha y Kibò se los encontraba entrenando, a menudo entre risas y zarpazos, su amor se deslizaba de una manera natural y despreocupada. En cuanto a Rin, adoraba los mimos y atenciones que recibía de todos y muy especialmente por parte de Kouga que estaba cada vez más enamorado de su mujer y de su panza muy móvil, el pequeño guerrero del Norte, se hacía sentir fuertemente, mientras su gemela, mucho más tranquila se identificaba mediante sus suaves toques a las manos de sus padres.

Noriko bastante redondeada ya, formaba parte del grupo de parturientas que paseaban cada tarde por los jardines del Oeste. Sango ya casi a término, junto a Miroku decidió quedarse para no arriesgarse con un viaje tan tedioso en su avanzado embarazo, además no se perdería el casamiento de su amiga- hermana por nada del mundo, el monje tampoco, además sería quien oficie la ceremonia, no se moverían hasta pasadas las celebraciones, Tal vez con suerte el pequeño o pequeña nacería en el Oeste, y podrían regresar al palacio del Sur más tranquilos.

Yashamaru bastante crecido para su edad, hacía las delicias de todos, siempre corriendo por todas partes, llevaba a la pobre Krisstal por detrás, intentando darle alcance infructuosamente. Irasue disfrutaba de burlarse de la joven en sus esfuerzos inútiles por atrapar al cachorro travieso. Otras veces paseaban al pequeño príncipe junto a uno de los generales de Kouga, el leopardo de las nieves, mientras su cortejo se desarrollaba mansamente, el niño era llevado por alguna de sus abuelas para permitirles tener un poco de intimidad. No sin antes hacerle alguna cara o gesto en broma a Krisstal que gruñía muy molesta entre sonrisas fingidas. Yashamaru siempre le sacaba la lengua.

Los Señores del Oeste, más cercanos que nunca, ilusionados y enamorados como jamás imaginaron pasaban la mayor parte del tiempo cerca. De alguna manera siempre se las ingeniaban para escabullirse unas horas a su dormitorio y pasar un rato agradable de pasión desenfrenada y amor… La calma había retornado al mundo. Sin amenazas que los asecharan, los habitantes del Japón feudal, retomaban sus vidas, aprendiendo a vivir sin temores, con esperanzas, con alegría. Las leyendas del gigante humano se desparramaron por todo el mundo antiguo. Se sabía de un enorme humano que apareció en los momentos más difíciles, se supo que algunos pensaron que se trataba del cachorro del Oeste, que de alguna forma misteriosa vino desde el futuro, en auxilio de sus padres. Obviamente nadie daba demasiado crédito a las leyendas, aún así no faltó quien las plasmara en pergaminos, para la posteridad. Así fue que la armonía reinante se transformó en la moneda corriente de aquellos tiempos…Buenos tiempos, mientras el futuro se plasmaba pujante y equilibrado, el antiguo brillo del mundo youkai no se perdería, caminar por las calles permitía encontrar un auténtico crisol de razas, humanos, youkai y mestizos en sus diversos grados conformaban los habitantes del mundo, su mundo, nuestro mismo mundo.

Quizás se encontraría a los Señores del Oeste paseando romanticamente por el mirador azul, esperando la medianoche, o descansando en una isla paradisíaca, quizás… ya no había peligros, ya era tiempo de disfrutar.

**********************************************Una vez más en el pasado*******************************************

Séptimo día después del equinoccio de primavera…El aire era fresco y dulce…

-"Taisho Sesshomaru, aceptas por esposa a Higurashi Kagome…"

La calidez de los días primaverales envolvía las tierras del Oeste…

-"Yo, Taisho Sesshomaru, te tomo a ti, Kagome, como mi esposa…"

El aroma embriagador de las flores de los jardines, las risas de los niños…

-"Para amarte y respetarte…"

La emoción en los ojos compañeros, la añoranza y el regocijo…

-"Y prometo serte fiel, darte mi amor y mi corazón, lucharé por hacerte feliz todos los días de mi vida y aún más allá."

La pasión a flor de piel. Los recuerdos del futuro, la confianza, y el aroma dulce de los azahares…

-"Yo, Higurashi Kagome, te tomo a ti, Sesshomaru, como mi amado esposo…"

Lágrimas decorando los hermosos rostros, el viento meciendo los árboles…

-"Para amarte, más aún que ahora, respetarte y hacerte feliz…"

La cadencia de las palabras nacidas del corazón, el sello del noble metal en un par de anillos, el símbolo de la Casa de la Luna…

-"Y prometo serte fiel, darte mi alma, mi corazón y lucharé por hacerte feliz…"

La promesa del verano, en un mensaje que el viento llevaba, envolviendo al palacio del Oeste con aromas y pétalos…

-"Cada día de mi vida y aún más allá…"

Las sonrisas de los asistentes, el monje emocionado pronunciaba las esperadas palabras…

-"Por el poder sagrado que me fue conferido y la bendición de Kami Sama, yo los declaro esposo y esposa, puede besar a la novia, Mi Lord."

El beso tan esperado. Una sacerdotisa, girando en brazos de un youkai, los gritos y la emoción

La Miko de Shikkon y el Señor del Oeste, protagonistas de una historia de amor, más allá de las palabras, un camino, duro, siniestro, lleno de prejuicios y dolor, difícil sin dudarlo, pero ellos lograron cambiar todo con el poder de sus sentimientos.

La dureza de un corazón frío, la apatía de una bestia centenaria, la desilusión, la maldición.

Un corazón roto, la traición, la amargura, el dolor, sanando lentamente acunados en los brazos de un demonio, mismo que sostenía a su esposa en alto girando y girando, riendo sin parar.

Lentamente bajando a Kagome se la quedó mirando a los ojos. Ella acariciaba su rostro, adoraba sus marcas

-"Oi! Ikimashou! Tengo hambre!"

Las miradas no se interrumpían, ni los gritos de Inuyasha siendo arrastrado de las orejas por Kibò lograban romper el mágico momento, la vida transcurriendo en sus mentes a gran velocidad. Tantas cosas vividas, tantas penas y alegrías, nada había sido fácil, sin embargo dejaron el cuerpo, el alma y hasta la propia vida en pos de esa felicidad que ahora los honraba quedándose a vivir con ellos. Y esta vez no se iría, nunca más. Fundidos en un beso sin fin, abrazados compartiendo el corazón, se apartaban unos milímetros para verse a la cara una vez más

-"Señora Taisho, me acompañaría a comenzar nuestra futura vida juntos?"

-"Con mucho gusto Señor Taisho, será un placer, mi amor…"

La sonrisa enorme del Señor del Oeste, las dulces palabras resonando en su alma, como cuando comenzó todo, como hace tanto tiempo, como siempre

-"Miko…Dame tu amor a mí…"

-"Soy sólo una Miko…Mi Lord"

-" La Miko de mi corazón"

-"El youkai de mis sueños…"

-"Hn."

****************************************************En el futuro******************************************************

Sesshomaru observaba el tropel de gente correteando por los jardines. Grandes y pequeños, jóvenes y no tanto, jugaban y se reían hasta desfallecer. El gran picnic debajo de los árboles.

La sonrisa crecía sin intención, solo lo hacía. Mirando su mano izquierda, el enorme sello de la casa de la luna plasmado en un anillo de oro, de su matrimonio con Kagome. Lo giraba entre sus dedos, pensando qué buena decisión había sido casarse con ella. Unirse a ella…En todas maneras posibles…Mmmmm…Su cuerpo comenzando a arder…

Rápidamente fue sacado de su ensoñación por los pequeños brazos que le rodearon la cintura desde atrás.

-"En qué piensas mi Señor?"

-"En ti, princesa"

-"Ah sí? Y qué será lo que te llevó a pensar en mi?

-"Mira. Son maravillosos"

Kagome se asomaba al balcón junto a él. Realmente la vista era maravillosa, sus hijos, sobrinos, hermanos y manada, junto a algunos empleados, ya no se los llamaba sirvientes, corrían jugando a atraparse, entre gritos y risas. Yashamaru corría cargando a Krisstal, ella tendría un cachorro pronto, y su nana estaba pesada, no podía huir del leopardo que era quien los perseguía ahora. Las risas de todos, hasta lady Kimi, Irasue disfrutaba la interacción con todos.

Más lejos, la vista hermosa de las tierras del Oeste. Tantos siglos pasaron, todo cambió, pero seguían siendo hermosas. El Lord caminó hacia su escritorio y abrió su caja de madera. Tomó algo de su interior. Caminó hasta Kagome y se lo ofreció

-"Esto es tuyo, Kagome"

La joven abrió los ojos enormes

-"Mi…Mi diario?"

-"Hn."

Ella lo tomó y lo llevó al pecho, sus lágrimas corrieron por las mejillas

-"Oh! Sesshomaru…Gracias!"

-"Lo leí, lo siento"

Ella lo miró a los ojos

-"Está bien, yo…Habría hecho lo mismo…Creo"

-"Sólo tiene escritas cosas tristes"

-"Sí, bueno era mi descarga en algunos momentos difíciles"

-"Pero tengo un regalo para ti, Miko"

El hermoso paquete envuelto en rojo y dorado, la emoción en los ojos de la sacerdotisa. Un precioso libro con tapas de cuero labrado y detalles en oro, un diario nuevo

-"Un diario íntimo?"

-"Hn. Uno nuevo, para que lo escribas y lo llenes de cosas lindas, de eso que está allá afuera, de nuestra vida, de nuestro amor…De felicidad"

-"Gracias mi vida! Es un regalo maravilloso!

Kagome saltó a su marido y lo rodeó con las piernas, Besándolo furiosamente, lo arrastraba a la locura. Las manos calientes, el cuerpo sudoroso el amor a flor de piel.

La historia hablaba de batallas descarnadas, de muerte, de sangre derramada, de lágrimas, de honor. La Miko y el Daiyoukai, nunca se había visto unión semejante, nunca se consideró posible…No era posible…O sí lo era? Nadie podría asegurarlo, nadie podría negarlo.

Séptimo día después del equinoccio de primavera, quinientos once años después, en el balcón azul de la habitación real, dos amantes enredados en pasión continuaban apostando al amor mirando la luna creciente sobre los cerros, entre caricias y besos celebraban en soledad…

-"Feliz aniversario, Kagome"

-"Feliz aniversario, Mi amor…"

FIN.

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS MILES! A TODOS Y CADA UNO DE USTEDES POR ACOMPAÑARME EN ESTA LOCURA DE ESCRIBIR.

GRACIAS A FANFICTION POR PERMITIRME HACERLO CON LIBERTAD, A MI MANERA Y EXPRESARME PLENAMENTE.

GRACIAS POR SUS COMENTARIOS, SU APOYO Y SUS SUGERENCIAS. ESTA HA SIDO UNA EXPERIENCIA QUE ATESORARÉ POR EL RESTO DE MI VIDA.

ESPERO CONTINUAR COMUNICÁNDOME CON TODOS.

EL BICHITO DE LA ESCRITURA ME SIGUE HACIENDO COSQUILLAS, SEGURAMENTE ALGO SE ME OCURRIRÁ PARA REENCONTRARNOS, CAPÍTULO TRAS CAPÍTULO. OJALÁ.

NO ME ALCANZAN LAS PALABRAS PARA EXPRESARLES MI CARIÑO ABSOLUTO, MI AGRADECIMIENTO Y MI EMOCIÓN.

SOY FELIZ POR HABER ESCRITO MIKO DE MI CORAZÓN Y HABERLOS ACOMPAÑADO Y DIBUJADO EN SUS SUEÑOS, ALIMENTANDO SU IMAGINACIÓN Y GANARME SU AFECTO.

UNA Y MIL VECES MÁS, GRACIAS! HASTA SIEMPRE. MARIKOSAMADAIT.