Disclaimer todos los personajes le pertenecen a J. yo solo juego con sus personajes.

Capítulo 1

Hermione se sentó en la cocina del sótano del número doce de Grimmauld Place, mirando a la nada. Sus manos envolvían una taza de café que había pasado del calor al frío y sus nervios estaban a flor de piel.

A pesar de que todavía era temprano, Harry tropezó en la cocina, despertando a Hermione de su ensueño.

—Buenos días, Hermione. —murmuró mientras arrastraba los pies hacia la cafetera ya que ambos no funcionan bien sin cafeína en su cuerpo.

Harry llevaba puesto un par de pantalones de pijama luciendo un gran musculoso pecho mientras que Hermione apenas se daba cuenta de que estaba medio desnuda con su diminuta camiseta sin mangas y pantalones cortos de pijama. Sus pezones de notaban ya que no llevaba sujetador.

Meses de vivir en lugares cerrados con los chicos habían hecho que perdieran la vergüenza respecto a la vestimenta. Incluso ahora que la guerra había terminado, y finalmente se había derrotado a Voldemort, los tres de ellos se alojaban juntos en la casa de Harry, aunque Ron había vuelto a su casa hace unas semanas.

—Hoy es el gran día, ¿no es así? — dijo Harry sentandose en el asiento frente a ella, sorbiendo su bebida caliente.

Hermione asintió con la cabeza, tomando un sorbo de su propio vaso e inmediatamente deseó no haberlo hecho ya que el café se había quedado helado.

Hoy era el gran día.

Hoy era el día en el que el Ministerio enviaba los búhos que sellaría su destino. La espera había sido angustiosa. Hacía más de un mes que todas las brujas y brujos que sobrevivieron a la enfermedad presentaron una muestra de sangre para el Ministerio

Hacia dos meses que la ley había sido disputada en donde toda bruja entre los 17 y 35 años sería casada y posteriormente tendría que quedarse embarazada.

Hace tres meses que la idea había sido introducida.

Hace cuatro meses, la noticia de que la población mágica británica estaba gravemente amenazada y se enfrentaba a la extinción si no se tomaban acciones drásticas había sido publicada en "El Profeta"

Hace seis meses, la cura para el "regalo de despedida de Voldemort" finalmente se había creado, pero no obstante miles de brujas y magos habían sucumbido a la enfermedad misteriosa.

Y fue hace casi un año que Harry Potter había estado sobre el cadáver de Tom Riddle.

La batalla final había sido sangrienta igual que los meses previos a la misma y eso por sí solo también había afectado gravemente a la población.

Pero el último acto de Voldemort, antes de que Harry lo matara en un sangriento encuentro final, fue desatar una plaga sobre el mundo mágico. Cuando finalmente se encontró la cura, la población había sido diezmada. Los más afectados fueron los niños que aún no habían alcanzado la mayoría de edad. De los quinientos alumnos que asistieron a Hogwarts el año anterior, sólo el veinte estaban vivos para volver. O más bien habrían vuelto si Hogwarts estuviera en condiciones de albergarlos.

Además de los niños, la enfermedad se llevó a un gran número de adultos, sobre todo brujas.

Al fin y al cabo después de la guerra y la enfermedad, la población se redujo a una pequeña fracción de su tamaño anterior, y los hombres superaban en número a las mujeres, había 7 magos por cada bruja.

Este fue el motivo por el cual el Ministerio promulgó la nueva legislación, aunque esperó el tiempo suficiente para que el mundo llorara sus pérdidas, aunque muchos de ellos nunca serían los mismos, esa pena nunca se iría.

La ley era necesaria, Hermione lo sabía, pero eso no quería decir que le gustara. Ella no quería renunciar a sus aspiraciones para tener que convertirse obligatoriamente en esposa y madre con apenas veinte años.

Harry no podía sacar el tema sin que Hermione se pusiera a despotricar sobre la misoginia de los magos, ya que ésta se había pasado los seis meses anteriores intentando buscar otra solución a la ley promulgada, había pasado varias noches, más bien infructuosas largas noches en la biblioteca de los Black, en busca de hechizos oscuros para poder causar el embarazo masculino.

La nueva ley había sido inspirada por un comentario que Hermione hizo durante una reunión informal de los restantes miembros de la Orden del Fénix. Ella había dicho que había una tendencia documentada en el mundo muggle en donde las tasas de natalidad aumentaban drásticamente inmediatamente después de la guerra. Kingsley Shacklebolt había oído esa afirmación y empezó a pensar.

El Ministerio de magia estuvo pensando en ese hecho ya que incluso si cada bruja producía dos hijos, la reserva genética sería tan superficial que la población estaría en el borde de la extinción en menos de cincuenta años y Shacklebolt no quería ser conocido como el ministro que permitió que el mundo mágico británico se extinguiera.

Las mentes más brillantes de la historia del mundo mágico actual, incluyendo a Hermione, habían hecho multitudes de cálculos aritméticos, en busca de alguna solución y al final solo habían llegado a esa conclusión.

De hecho, ella había sido la opositora más fuerte de la nueva la ley que, básicamente, convertía a las brujas sanas restantes en fábricas de bebés, un término que confundió a los magos del Wizengamot ya que no entendían ese significado, pero no importó cuántas veces se llevaron a cabo las ecuaciones, la respuesta siempre fue la misma.

Así que ahora Hermione estaba esperando a su destino, para saber quiénes serían sus siete maridos. Harry también formaba parte de ese tinglado, él iba a tener que adecuarse de acuerdo a la nueva ley, tener una esposa y tener que compartirla con 6 maridos más.

Las ecuaciones habían sido claras: cada bruja tendría siete maridos y tendría que dar a cada uno de ellos, dos hijos como mínimo, con el fin de que hubiera una esperanza en el futuro mágico británico; para que todo saliera bien, el Ministerio iba a facilitar pociones fertilizantes y de lujuria.

El hecho era que Hermione iba a tener 7 maridos y por lo menos 14 hijos. Tenía 20 años y no quería hacerlo.

Pero era demasiado tarde, la carta con el nombre de sus siete magos ya estaba en camino.

Ella esperaba fervientemente que ninguno de ellos fuera muy viejo. Era una preocupación frívola en el gran esquema de las cosas, pero era una preocupación.

Todas las brujas con una edad entre los 17 y los 35 años, tendrían que casarse con magos con edades comprendidas entre los 17 y los 60 años, teniendo siempre en cuenta la viabilidad de sus espermatozoides. No había suficiente poción de lujuria en el planeta para que Hermione estuviera interesando en un hombre de 60 años por lo cual cada vez que pensaba en ello se estremecía ante la idea. Casi preferiría terminar con alguno de los presos de Azkaban que alguien tan viejo como el difunto Dumbledore.

La participación de los condenados era otra parte de la controvertida ley, pero el plan lo requería ya que un gran porcentaje de sangre pura estaba en Azkaban y sería un gran desperdicio, por lo que los presos también estaban incluidos.

Se tomó mucho trabajo para convencer a los miembros del órgano de gobierno que era factible, pero más aún se tomó más trabajo para convencer al público. Después de muchos debates, tanto públicos como privados, un par de docenas de presos que estaban lo suficientemente saludables como para reproducirse, se les ofreció la oportunidad de una libertad condicional pero con muchas restricciones.

Gracias a los avances mágicos, se construyó un canalizador de magia en el cual la persona solo podía usarla en situaciones de peligro y siempre para ayudar a su esposa, si el preso intentaba alguna maldición, directamente se iría para él, por lo que se ajustaron las varitas para que las maldiciones imperdonables no funcionaran, además las varitas tendrían un hechizo rastreador en donde el Ministerio sabría en todo momento cuando, donde y qué hechizo se utilizaba, es decir, solo se podría usar la magia para hechos objetivos de seguridad.

—Menos mal que Dolohov murió en la guerra, sino, con la suerte que tengo, seguramente me hubiera tocado. — dijo Hermione a un Harry ya más despierto.

—Me pregunto cómo los Weasley lo estarán pasando— dijo Harry, interrumpiendo su silencio.

Si Hermione no estuviera ahogándose en su propia miseria, habría reconocido que la situación era peor para los Weasley.

La familia todavía estaba luchando por la pérdida de Fred en la batalla, y luego la de Ginny por la enfermedad, cuando sólo unas pocas semanas después, Percy había caído enfermo, al igual que Fleur. De alguna manera, Percy consiguió aguantar hasta la contra maldición pero la novia de Bill y el niño que estaba en su vientre no pudieron salvarse. Después de todo eso, ahora su familia iba a ser desgarrada ya que Molly y Arthur tendrían que tener más hijos y si en un periodo de tiempo y con las pociones adecuadas, Molly no se quedaba embaraza, el matrimonio se consideraría nulo y se les atribuiría una nueva esposa a Arthur y un nuevo marido a Molly, por lo que esta semana el matrimonio se había reunido con todos sus hijos que quedaban para disfrutar de sus últimos días juntos ya que no sabían se iban a poder estar juntos para siempre.

Era un movimiento polémico, ya que la nueva ley obligaba a los matrimonios a tener más hijos y si no podían tenerlos de manera normal, se utilizarían las pociones adecuadas y si aun así, tampoco, se les adjudicaría un nuevo marido y esposa a cada uno de los cónyuges. Este aspecto de la ley, tan controvertido fue finalmente aprobada por el Wizengamot ya que la mayoría de éstos eran solteros o en algunos casos, no todos se opusieron a la posibilidad de estar con una nueva bruja, más joven.

Parecía un castigo para una pareja que ha sobrevivido con éxito tanto en la guerra y después a una plaga mortal, sólo para ser separado de su amor por "el bien común".

Esta mañana, sin embargo, Hermione sólo podía preocuparse de cómo estas cosas podrían afectarla. ¿Cuántos de sus nuevos maridos estarían suspirando por sus ex cónyuges? ¿Cuántos eran como Harry que habían perdido recientemente a la mujer amada?

A pesar de que habían pasado diez meses desde que Ginny se había ido, sabía que Harry aún la echaba de menos. Cuando sucedió su muerte, estaba tan entumecido por las pérdidas que había sufrido durante la batalla que apenas había llorado su pesar, pero ahora se podía ver en sus ojos verdes llenos de melancolía y nostalgia. No habían hablado de sentimientos ni ella lo había visto llorar, pero se podían apreciar en sus preciosos ojos verdes.

Aun así, todo había sucedido tan rápido y sin embargo los minutos parecían estar arrastrándose esta mañana mientras ellos dos estaban sentados en la cocina en silencio, ambos atrapados en sus pensamientos.

Un golpeteo en la ventana pequeña, por encima del fregadero, significó que la espera había terminado.

Hermione se quedó inmóvil, mirando a la pareja de búhos del Ministerio. En su pensamiento irracional, creía que no abriendo la ventana, los búhos se irían y ella sería libre. Pero ya era demasiado tarde para correr.

Podría haber salido antes de que ella presentara su muestra de sangre.

Por un momento había considerado irse al mundo Muggle y abandonar su herencia mágica para evitar el destino que la observaba con impaciencia desde la ventana de la cocina. Sin embargo, el Ministerio había sido firme en que todos los ciudadanos sin discapacidad estaban obligados a participar y de no hacerlo, lo harían un enemigo del estado. En ese caso ella sería perseguida y obligada a participar. Lo que significaría que se pasaría los próximos años encarcelada en una sala especial en San Mungo y obligada a soportar su cuota de bebés de todos modos. Después de eso, tendría que pasar algún tiempo en Azkaban.

Pero la idea de irse lejos para encontrar a sus padres en Australia era muy tentadora, sobre todo ahora que el tiempo de espera había acabado. Por supuesto que sus padres ni siquiera sabían quién era y con las restricciones a los viajes internacionales impuestas para evitar la deserción ilegal, Hermione no tendría la oportunidad de recuperar su memoria a corto plazo, tal vez nunca. Ya que si ella iba a terminar con 14 niños, tal vez sería mejor dejar en paz a sus padres. Ciertamente no era la vida que imaginaban para ella.

Tampoco era la vida que ella imaginó para sí misma. Ella había planeado trabajar para el Ministerio después de la graduación, tal vez en la defensa de los seres que fueron marginados en el mundo mágico. Pero ahora no habría graduación. Hogwarts estaba cerrado por un futuro imprevisible y había que sumarle que había estado ausente en su último año para apoyar la búsqueda de los Horrocruxes con Harry.

En un momento, Hermione había pensado casarse y tener hijos, pero la única persona que había visto de esa manera era Ron. Una vez que el calor de la batalla se perdió, los días y semanas después fueron un tiempo de duelo y luego un creciente terror a medida que más y más personas se enfermaron. Ahora ni siquiera sabía si iba a coincidir con Ron y ella no estaba segura de si realmente quería.

Sólo había una manera de averiguar quién se quedó con quien, sin embargo fue Harry quien finalmente abrió la ventana y los búhos dejaron sus cartas, un sobre para cada uno de ellos.

La de Hermione era mucho más gruesa que la de Harry, ya que la suya contenía 7 veces más el número de cónyuges.

Durante mucho tiempo no se movieron. Cuando Harry fue a abrir la suya, ella se inclinó sobre la mesa y lo detuvo. Le temblaba la mano que estaba sobre la de él.

—Prométeme, Harry, de que vamos a estar cerca. No importa que termines con alguna sangre pura, pero por favor, no me abandones.

Harry giró su mano sobre la de ella y la apretó en un gesto reconfortante.

—Nunca. Incluso si tengo que quedar con una princesa de sangre pura, no será capaz de mantener mi distancia contigo. Incluso si tus maridos te encierran en una torre, te encontraré. Siempre.

Una lágrima resbaló por la mejilla de Hermione y ella rápidamente la secó con la mano libre.

—Lo siento, Harry. Tengo miedo.

—Yo también, Hermione. —dijo Harry. —Quiero decir, podría ser pegado con Pansy Parkinson, o con Dolores Umbridge.

La sonrisa se había convertido en una mueca.

—Ni siquiera bromees acerca de eso, Harry.

Gracias a las muestras de sangre, estaban prohibidas las relaciones entre primos hasta el 4º grado, por lo que los sangres puras estarían con mestizos o con brujas con sangre muggle.

—Supongo que hay solo una manera de averiguarlo— dijo Harry mientras rompía su sobre para poder coger su carta que le impondría su destino.

Alentada por la actitud de Harry, Hermione abrió la suya también.

Hermione clasificó el grueso fajo de papeles. Era una carta modelo con las instrucciones y los plazos asociados a la unión del matrimonio, los requisitos para la creación de una casa, cómo solicitar una vivienda patrocinada por el Ministerio, y dónde adquirir pociones algunos de las cuales eran obligatorias, y otros recomendadas. Sin embargo, esa página no le dio los nombres.

Impaciente, pasó las hojas y descubrió una hoja con la biografía de su primer marido:

Bill Weasley.

-0-

¿Qué os parece mi nueva historia? Va a ser una locura, pero mientras mi inspiración llega para mis otras historias, estaré escribiendo esta.

Un besito.

***Princes Lynx***