Día 290

Deberás disculpar la vulgaridad de mi prosa y la constante insistencia de algunos datos, me siento terriblemente apresurado, hay al menos diez y máximo veinte minutos antes de que las luces se consuman; te escribo con las manos temblorosas, ansiosas, con miedo de olvidar este día. Exceptuando las visitas de Madre, no había sentido tantas emociones en mucho, mucho tiempo. Todavía no tengo las cosas claras, por lo que seré lo más conciso, con la esperanza de recordar mis palabras dentro de un año.

¿Saben el origen de los besos bajo el muérdago?

Todo lo que sé de aquellos tiempos es gracias a los relatos de Odín en mi infancia, mas asegura Madre que, lejos de estar loco, mis alucinaciones no son sino visitas a vidas pasadas. En aquel entonces yo tenía hijos, esposa, mujeres y cabello rizado. A pesar de no tener parentesco con ningún desagradable dios, convivía gran parte del tiempo con ellos, era normal verme en casa del Padre de Todo, causando disturbios bajita la mano. Entre las cosas que hice y por las que perdí credibilidad, además de arruinar el cabello de Lady Sif, fueron desgracias. Una de las más memorables, quizá la que encendió el fuego, fue asesinar al hijo de Odín, Baldr. Aunque algunos hombres del pueblo culparon al arquero de ser un asesino, otros culpan Madre por no ser más escrupulosa en lo que hace, ignorando la pura y virginal realidad.

Desde su muerte hasta hoy, han trascendido una o dos vidas más, y me pregunto si tú, mi querido lector, tendrás una idea acerca de aquellos tiempos. Él era el hijo que tanto deseaban, lleno de cualidades y virtudes, y potencial, así como lo era Aquiles, en algún pueblo de Midgard. Frigga como Tetis, decidieron proteger a sus hijos de todo lo conocido excepto... excepto que ambas olvidaron llenar un último espacio en blanco. Aquella Frigga consiguió el favor de los dioses, quienes lo hicieron inmortal ante innumerables cosas. Por su parte, Tetis sumergió a su hijo en ambrosía, alimento de los dioses, haciéndolo inmortal, excepto el tobillo por donde lo sujetaba. Lamentablemente, ambas madres hicieron caso omiso ante sus debilidades (desconozco los motivos, he de admitir). Las personas menos apropiadas se enteraron, el príncipe Paris disparó hacía el único punto donde se concentraban las debilidades que el resto de su cuerpo carecía, haciéndolo perecer durante la guerra de los Troyanos, en Midgard. A Baldr le mató una flecha con punta de muérdago que su propio hermano tiró, engañado por el dios de las mentiras, las travesuras y el engaño... a nadie le gustó. Ese fue el inicio del fin, más nada se hizo. El pobre hombre era ciego e nocente, y con eso disipó la furia de los dioses, es decir, él era una víctima más de mis bromas. Por lo que Frigga declaró que el muérdago sería motivo de besos, afectos y caricias en honor a su amadísimo hijo… o algo así. No lo recuerdo, ni me interesa verdaderamente. En la actualidad Baldr está tan jodidamente vivo como Aquiles en el Olimpo, son amigos y yo soy el hijo menor de la familia real.

Volviendo al punto de partida, hoy fue aniversario fúnebre del susodicho... lo que significó que Asgard fue tapizado de muérdagos por otros los arcos, portales, árboles y lugares donde se pueda colgar la dichosa planta, qué el fue felicitado por todo el reino y además, hubo muestras de amor por todas partes. Hay un solo ser en los nueve reinos que procura felicitarme por la tragedia. Este año hizo aparición:

Era más tarde de medio día, acababa de pasar por una visión de Baldr, recordando lo que he contado anteriormente. Molía los cerezos y granadas que guardé desde la comida, tumbado en el suelo, cuando lo escuché llegar.

─ Loki, todavía hijo de Odín, archi némesis de la condescendencia y caballero de corazón... -Escuché decir a un hombre.

─...Si continúo alucinando contigo, enloqueceré. -Dije en interrupción, sin levantar la cabeza.

─¿Después de dos años me saludas tan frívolo? -Preguntó con un tono de incredulidad, mientras caminaba por los escombros en el suelo-. ¿Qué te han hecho, amor mío?

─ Estoy harto de ti. -Contesté, todavía concentrado en la pintura.

─ ¿Quisieras voltear, al menos?

─ Estoy ocupado. Además, ya no quiero soñar contigo.

─ ¿Sueñas conmigo seguido, amor?

─ Todo el tiempo, desgraciado. Ahora largo, antes de que decida pensar en otra persona.

─ ¿Qué es lo que sueñas? -persistió.

─ Sueño que somos. Que eres y que soy. Ahora vete. Me molesta tu persistencia. -contesté y me puse de pie, para dejar la mezcla sobre el escritorio.

─ Cualquiera preguntaría, ¿Has perdido el sentido de la caballerosidad? Yo sé que no eres tú. Sé que no eres grosero a propósito, mi vida. También estoy cansado de solo recordarte. No te puedo sentir, no te puedo tocar, no puedo abrazarte, tampoco te puedo besar, me siento terrible.-Su voz agrietada desbordaron mi paciencia. Lo miré, rubio, sereno, con los ojos llenos de lágrimas y una sonrisa rota. Hermoso, e impecable. No lo imaginé, solo sentí el peso de sus brazos sobre los hombros y mis pensamientos corriendo tres veces más veloz de lo habitual.

─ ¿En verdad eres tú? -Dije, abrazándolo tan fuerte como pude oprimir su torso- Por favor dime que no te estoy soñando.

─ No, cariño, no es ningún sueño.- Lo escuché decir, antes de separarse. Tomé su rostro, era rojizo por el llanto y sonreía a pesar de sus lágrimas, una expresión irónica e infantil.

─ Pero no llores, amor, te miras hermoso al sonreír-Dije.

─ Lo siento, yo... ¡no me sueltes! -Dijo riendo- Tú me miras aun cuando estás despierto, yo debo conformarme con un sueño y recuerdos.

Maldición. Ya no distingo lo que escribo. Habré de continuar después, si aun recuerdo.

Loki.