Holas a todos y todas!

Les dejo la segunda y última parte de esta historia :)

Muchas gracias a quienes leyeron y/o dejaron sus comentarios en la primera parte.

ADVERTENCIA: Contiene lenguaje levemente grosero y temas adultos sugeridos. Yaoi. SMUT.


... ... * … …

"Get Lucky"

Segunda Parte

«Estamos despiertos toda la noche para tener suerte»

Todo empezó en un campamento de entrenamiento, uno de tantos que realizaba el entrenador de Shutoku previo a una fuerte competencia como la Inter High o la Winter Cup.

Dadas a las fuertes actividades que corresponde un entrenamiento, al final del segundo día y al igual que el primero, después de la cena y un reparador baño, Midorima se fue a dormir. La mayoría de las veces le tocaba compartir habitación con Takao, y esta era una de tantas, sin embargo el chico aún no se había dignado a ir a la cama y tampoco le importaba el motivo.

Se quitó las gafas, se metió bajo las sabanas y apagó la lamparita que alumbraba la habitación, después cerró los ojos y al cabo de unos minutos cayó dormido.

Ya pasaban de las 2 de la madrugada, casi en su totalidad el lugar estaba bajo un silencio sepulcral, a excepción de la habitación compartida por el escolta estrella y el armador por excelencia de Shutoku.

Midorima abrió un poco los ojos, entre adormilado, unos ruidos le habían quitado el sueño. Podía oír a sus espaldas una respiración entrecortada y unos leves gemidos en medio de la oscuridad.

«Ahh... Ahh... Ahh... Así... Ahh... Ahh»

El peliverde identifico esa voz que en murmullos imploraba. Sus ojos se abrieron de par en par al caer en cuenta lo que pasaba. En la cama de a lado, y creyendo que nadie le escuchaba, Takao se masturbaba, trayendo con eso suspiros y gemidos quedos.

Midorima puso cara de pocos amigos, no podía creer que ese idiota estuviese haciendo esas cosas, y no es que estuviera mal, también su persona lo hacía pero sin tener a alguien en la misma habitación, corriendo el riesgo de ser sorprendido en las faena. Takao hasta para esas cosas es todo un imprudente.

Sin embargo lo que más lo perturbó después fue escucharlo decir su nombre mientras continuaba auto satisfaciéndose.

«Ahh... Shintaro... Ahh...»

"Pero qué diablos le sucede", pensó Midorima, sin poder creerlo, ese idiota se auto complacía pensando en él, eso significaba que Takao lo deseaba de una forma que a su parecer le resultaba incómoda. Y vaya a saber desde cuándo. Y hasta el sueño se le fue ante semejante descubrimiento.

Horas más tarde y ya cuando el sol había salido, así como se había bañado y desayunado, se presentó al entrenamiento. Sin embargo puso distancia con Takao, y sólo se le acercaba si era necesario, como practicar algunas jugadas. Seguía ofuscado por lo ocurrido y lo mejor era evitar cosas incómodas.

Takao por su parte estaba contrariado con la actitud de su compañero, si bien esos 3 años en la preparatoria habían forjado una amistad, quizá no tan profunda pero sabían que podían contar el uno con el otro. Por eso no entendía el motivo por el cual Midorima lo evadía hoy.

Pero tampoco le dio mucha importancia ni trató de saber el motivo, y conociéndolo a lo mejor hoy esa de esos días que le daba por estar de insufrible e inaccesible, así que lo dejó ser.

Para cuando terminó el día, Shintaro fue a descansar a la habitación que se le asignó. Ya metido en las sábanas, con las gafas acomodadas en la mesita de al lado y las luces apagadas, se quedó mirando al techo y acordándose de lo acontecido en la madrugada. Aún escuchaba los ahogados gemidos de Kazunari y no supo porqué pero a su mente llegó la imagen del chico en plena acción.

Comenzó a sentir mucho calor, y las ganas de hacer lo propio lo vencieron, después de todo estaba solo y la puerta cerrada con seguro así que no había problema. Guió su mano hasta su entrepierna, adentrándola por debajo del pantalón y la ropa interior, y poco a poco fue brindándose el placer que necesitaba. Después de un rato empezó a sudar y su respiración era dificultosa, ahogaba sus gemidos mordiéndose los labios y estaba tan concentrado en esa deliciosa sensación que no se había percatado de la presencia de Takao.

—Shin chan...— Dijo el pelinegro completamente sorprendido al ver a su compañero en esa situación.

El ojiverde al escuchar su apodo y por consiguiente que no estaba solo como pensaba, se detuvo en seco, todo ese deseo se le fue de golpe al verse descubierto, rojo de la vergüenza y hasta con algo de ira hizo el reclamo pertinente.

— ¡¿Qué rayos haces aquí? ¿Cómo entraste?! — Un molesto Midorima preguntaba sin miramientos.

—Vine a descansar y entré con mi llave— Takao respondió con tranquilidad y sobre todo con la verdad.

— ¡Mierda! — Dijo el peliverde, enfadado con su propia estupidez y sobre todo apenado.

—No tienes nada de qué avergonzarte…— Dijo el pelinegro, comprendía su actuar, es algo completamente natural.

Pero el tirador estrella de Shutoku no decía nada, se mantenía callado sin mirarlo.

—Anda, te 'echo una mano' — Kazunari se ofreció a 'ayudarle' pero más que quitarle la pena, le causó un gran impacto.

— ¡¿Qué?! — Midorima abrió los ojos llenos de sorpresa, no daba crédito a lo que escuchaba.

—Es lo menos que puedo hacer, después de todo te interrumpí…— Digamos que trataba de hacer su buena acción del día, pero más allá de eso estaba escondido su pecaminoso gusto por Shintaro.

— ¡No, no, no! ¡Espera! ¡Takao! — Midorima se puso a la defensiva, seguro de que no era necesario y a parte que no le agradaba la idea.

Pero el pelinegro hizo caso omiso a sus negativas y sonrió complicado. Midorima se resistía ante la tentativa de su compañero, no deseaba ayuda en ese sentido y menos de él, de quien apenas en la madrugada lo había escuchado decir su nombre mientras hacía 'eso'. No quería dar pié a otras cosas, por eso forcejeaba en sus intento para que le dejase en paz.

Sin embargo Takao no se dejó vencer y logró colar la mano derecha a la entrepierna del otro chico, rodeó su virilidad y comenzó un movimiento rítmico de arriba hacia abajo.

El peliverde dejó de resistirse al cabo de unos momentos, su mente se nubló por completo ante esa sensación increíble que recorría su cuerpo y de manera especial en aquella zona que Kazunari atendía con singular regocijo. Le complacía verlo así, tan vulnerable, con esas expresiones en su rostro, estaba compartiendo un momento íntimo que la persona que le gusta y eso le hacía feliz, le daba esperanza. Sin embargo, ante la imagen de Midorima su propio cuerpo empezó a reaccionar y no pudo evitar filtrar su mano libre hasta su propia erección y hacer exactamente lo mismo que le hacía al peliverde que tenía en frente.

Shintaro abrió sus ojos de par en par al percatarse de lo que hacia Kazunari, no dijo nada, sólo le miró tratando de mostrarse serio pero el placer que sentía le impedía mantener una expresión reservada. Además el mismo Takao no le ayudaba mucho, pues el chico suspiraba y gemía quedito, con un tono tan particular que lo excitaba bastante.

Si había algo que Midorima debía reconocer, al menos para sí mismo, es que a esas alturas no iba a conformarse sólo con eso, anhelaba algo más y esperaba conseguirlo. Así que justo cuando sintió que no iba poder más, detuvo la mano que le satisfacía y eso automáticamente detuvo el movimiento de Takao, quien se quedó mirándole con sorpresa.

Agarró valor suficiente, y en un solo movimiento tiró a Kazunari en su cama, para después posicionarse a horcajadas encima de él y sosteniendo sus muñecas a la altura de su cabeza.

— ¿Qué estás haciendo Shin-chan? — Inquirió el pelinegro con voz queda. No entendía las acciones de muchacho, Shintaro nunca se comportaba así y le daba hasta eso algo de miedo.

—Sabes muy bien qué es lo que hago…— Profirió el ojiverde para después atrapar los labios de Kazunari, quien le correspondió. Ese beso a cada segundo se volvía más profundo y apasionado, hasta que la misma falta de oxígeno les hizo separarse unos cuantos centímetros.

— ¿Estás seguro que quieres hacer esto? — Preguntó Takao a voz baja, es que simplemente no podía creer que eso le estuviese pasando y deseaba saber si es que su compañero estaba seguro de aquello, no quería después escuchar sus remordimientos.

—Y todavía lo preguntas cuando fui yo quien tomó la iniciativa— Shintaro soltó el comentario con tono irónico, vaya que Takao es algo lento.

Esa noche Midorima le hizo uso no sólo a uno, si no a tres condones de la caja de 12 piezas que había comprado dos meses atrás.


A la mañana siguiente las cosas siguieron en su rumbo normal, el trató siguió siendo el mismo de siempre, ni hicieron mención alguna de lo ocurrido, como si no hubiera pasado nada durante la noche y continuar con el último día de entrenamiento. Aunque Takao era el que estaba resentido físicamente, incluso Miyaji preguntaba que le pasaba ya que caminaba algo 'raro' a lo que Kazunari respondía con una mentira, alegando que no había hecho calentamiento suficiente ayer y por eso se lastimó un poco en la práctica de ayer, pero nadie se imaginaba que eso se debía pero a la práctica sexual salvaje que ese par en la noche pasado.

Si no fuera porque Kazunari mostraba cierto conflicto para sentarse y algo huraño con él, esa noche Midorima se hubiera vuelto a despachar gusto, así que lo mejor era dejar las cosas como estaban.

Los días pasaron con normalidad, siguieron tratándose de la misma forma que siempre. Takao aunque al principio estaba resentido por la actitud del ojiverde, después se hizo a la idea que no valía la pena mortificarse por alguien que no correspondía sus sentimientos.

Sin embargo el que parecía no superarlo era el mismo Shintaro, quien había pensando que eso había sido cosa de una sola noche y ya; pero no, era perseguido en sus pensamientos por aquello y eso no le agradaba.

Ya no podía mirar a Takao de la misma manera, ya que cuando lo tenía de frente ya sea haciendo algún trabajo de la escuela ó en el almuerzo, a su mente acudían esas morbosas imágenes del chico desnudo y en diversas posiciones mientras lo embestía, recordaba bien su rostro ruborizado y sus leves gemidos. Realmente era algo que no le dejaba en paz, le perturbaba y no sabía qué hacer.

Incluso el mismo Takao en variadas ocasiones le preguntó qué le sucedía pero ni modo que le dijera la verdad, que no dejaba de pensar en lo ocurrido esa noche. Su orgullo y el pudor le prohibían confesarlo.

Y el asunto llegó a tomar cierta importancia en su vida cuando tuvieron su primer partido en la Winter Cup. Habían dominado el partido los 3 cuartos, llevando una muy considerable ventaja a su adversario pero en el último cuarto y no supo cómo o porqué, al recibir un pase de Takao y ver su expresión por unos segundos, al hacer su famoso lanzamiento en ese momento se le nubló todo y a su mente vino de nuevo las lujuriosas imágenes de su compañero, su cuerpo bajo el suyo, envolviéndolo con su calor. Volvió al mundo real cuando se percató de que había fallado su tiro de 3 puntos y eso había causado mucha sorpresa no sólo entre sus compañero en Shutoku, sino también al equipo rival y a los asistentes; ya que nunca había fallado sus triples.

Después del partido, el cual a pesar de ese fallo, habían ganado de manera abrumadora. El equipo fue al vestuario y tomaron una fresca ducha. Sin embargo el hecho en sí había hecho que los demás integrantes del equipo se cuestionaran sobre lo que le había pasado al peliverde como para desconcentrarse y fallar en su especialidad. Takao se notaba preocupado, así que después de cambiarse se dirigió a donde Midorima terminaba de guardar su utilería.

—Shin chan nunca habías fallado en tus tiros… ¿Estás bien? — Inquirió preocupado el pelinegro armador.

—No, no estoy bien… Y tú tienes la culpa— Con tono grave finalmente Midorima le hizo saber cómo se sentía.

—¡¿Y yo porqué?! — Con ceja en alto Takao soltó la pregunta. Si no le había hecho nada.

El peliverde echó miradas a los costados, bajo el tono de voz y con cuidado y cierta vergüenza lo confesó.

—Desde esa noche… Cada vez que te veo… Yo… Ya sabes... —

Shintaro estaba muy avergonzado. Kazunari sonrió y después echó a reír.

—No le veo la gracia— Le replicó al ver su reacción, rojo hasta las orejas de la pena y del enfado que eso le causaba.

—Lo siento Shin-chan, es que creí que era algo más grave…— Su compañero dejó de reír y le palmeó el hombro.

—Es grave— Puntualizó el ojiverde con mucha seriedad, acomodándose las gafas.

—Vas a tener que aprender a controlarte— Con gracia Kazunari le aconsejó.

—Y tú te encargarás de ayudarme— Acotó Shintaro al instante, después de todo él también era responsable de lo que le sucedía.

Posteriormente, eso de ayudarle a controlarse, más que ayuda se convirtió en un mero pretexto que terminaba siempre en lo mismo: con ese par haciendo el amor.

Los condones restantes de la caja que había comprado en un principio por lo de Oha Asa se le acabaron en un dos por tres. Y todo lo que tuvo que pasar para conseguirlos, más la serie de circunstancias molestas y las burlas por parte de sus ex compañeros en Teiko y demás momentos incómodos habían valido la pena, ya que al final sí había tenido suerte.

... ... * … …


Listo! Espero les haya gustado! Gracias de antemano y seguimos por aquí! Saludos :)