Epilogo: 19 años después.


Tras varios días de lluvia y de cielo encapotado, Londres amaneció bañado por la luz del sol que parecía querer mantenerse sin quedar oculto iluminando y calentando a los londinenses.

Agradecido por su decisión de salir a caminar por Regent's Park John disfruto de los últimos momentos de paz y tranquilidad que el parque le ofrecía antes de decidir regresar a casa.

Se hubiera quedado hasta que anocheciera pero su pierna empezaba a fastidiarle de nuevo, y lo más sensato era irse ya, pues luego se arrepentiría de haberla forzado tanto.

John se dirigió hacia la salida del parque donde se encontraba el metro para llegar a su casa. Podría haberse desaparecido, pero con toda la gente y su pierna no era muy recomendable.

Perdido como estaba en sus pensamientos, fue a la tercera vez de ser llamado que John se dio cuenta de que su nombre era gritado por alguna persona detrás de él. Parándose en seco, John se giro para ver quién era.

― ¡John, John Watson! ―gritaba aun el hombre corriendo hacia él.

John, frunciendo el ceño, trato de averiguar quién era aquel hombre fondón y con gafas que le sonreía radiantemente.

El hombre llego su lado y sin perder la sonrisa se tomo un momento para recuperar el aliento. John le espero pacientemente sabiendo que conocía a este hombre pero sin poder ubicarlo.

―Mike Stamford ―se presento el hombre ―Íbamos juntos a Hogwarts, y después a la carrera de medimago.

―Oh, sí, sí por supuesto Mike ―le saludo John sintiéndose algo idiota por no reconocerle.

―Sí, lo sé, he engordado ―comento Mike alegremente, John negó rápidamente con la cabeza pero Mike no le hizo caso ― ¿Cuánto hace que no nos vemos?

―Oh, pues ―empezó John tratando de hacer memoria ―, ¿unos quince años? Bueno, mucho tiempo de hecho. ¿Qué tal todo? ¿Aun sigues con Martha?

―No, no, nos separamos hace bastante tiempo―respondió Mike negando con la cabeza― ahora estoy felizmente casado con una preciosa muggle llamada Rose, tenemos tres hijos.

―Algo oí, que te habías pasado a los estudios muggles ―comento John recordando.

―Sí, actualmente trabajo en Barts, allí fue donde la conocí a mi mujer ―comento con cariño, John sonrió ― ¿Y tú qué? ―pregunto.

―Bien, actualmente trabajo en una pequeña clínica mágica, pero actualmente estoy con la baja ―dijo moviendo su bastón ― mala herida la mía ―comento con pena.

Mike pareció entonces darse cuenta de su bastón.

―Oh Merlín, que vergüenza de mi, si quieres nos sentamos y descansas la pierna ―dijo señalando un banco no muy lejos.

―No, no importa, no me duele mucho ―mintió.

―Como quieras ―respondió Mike con una sonrisa ―. Y si no es malo preguntar ¿qué ocurrió?

―Un hechizo mal intencionado y algo de veneno ―respondió John con una sonrisa ―. Nada lo suficientemente grave para que dure mucho tiempo. Sherlock estima que la semana que viene ya podre andar con normalidad.

Mike asintió con entendimiento. Su rostro estaba neutral hasta que pareció asimilar la frase. John observo con curiosidad como el rostro de su viejo amigo se teñía de sorpresa y reconocimiento.

― ¿Sherlock? ¿Aun sigues con Sherlock? ―pregunto con sorpresa y alegría.

―Si ―respondió John con una sonría ―. De hecho, nos casamos hace once años ―dijo mientras alzaba su mano izquierda, donde descansaba el anillo bañado en oro blanco perteneciente a la familia Holmes desde hace generaciones.

― ¡Felicitaciones! ―exclamo Mike con una radiante sonrisa ―Me alegro mucho por vosotros chicos, se os veía muy enamorados.

John rio silenciosamente, recordando los primeros años de noviazgo.

―Y lo seguimos estando ―le aseguro John con una sonrisa ―. No me lo quito de encima ―bromeo John con una picara sonrisa.

―Como si quisieras ―le respondió Mike riendo.

John rio junto a él, feliz de haberse reunido de nuevo con su viejo amigo, y sin recordar que fue lo que les separo, John supo que desde ese momento los dos volverían a estar en contacto.

oOo

Tras varias horas concentradas en el mismo experimento, Sherlock fue distraído con un pequeño ruido en la ventana.

― ¡John! ―llamo Sherlock para que se hiciera cargo de la lechuza esperando en la ventana ― ¡JOHN!

―Cielo santo Sherlock ―exclamo la señora Hudson entran en la cocina ―, no grites de esa manera, John no está en casa. Se fue hace unas horas a dar un paseo.

― ¿Un paseo? ―pregunto Sherlock extrañado ―Si hace un momento estaba aquí.

―Has vuelto a hablar solo, cariño ―le regaño la señora Hudson con cariño.

Sherlock asintió aun confundido, mientras tanto la señora Hudson fue a la ventana y dejo entrar a la lechuza de sus padres.

―Es de tus padres, cielo ―anuncio la señora Hudson agitando la carta.

Sherlock suspiro pero se levanto a por ella, la señora Hudson se la entrego con una sonrisa. En su interior no había otra cosa que una invitación de cumpleaños.

―El cumpleaños de mi madre ―leyó Sherlock con disgusto ―, estoy seguro de que ya fue el año pasado ―se quejo.

―Se cumplen años todos los años, Sherlock.

―Aburrido ―mustio dejándose caer en el sofá.

Justo entonces ambos oyeron a la puerta de entrada abrirse.

―Mira, ya llega John ―comento la señora Hudson con una sonrisa.

Sherlock se trago un obvio por el cariño hacia la señora Hudson.

― ¡Hola amor! ―saludo John nada más entrar por la puerta, Sherlock le sonrió y se levanto para darle un beso ―Señora Hudson ―saludo John también tras separarse del beso.

―Has estado bebiendo ―comento Sherlock lamiéndose los labios ―, dos pintas de hecho.

―Sí, bien hecho detective.

―Bueno, os dejo chicos, no hagas mucho ruido ―se despidió la señora Hudson con un guiño.

―Como si no estuvieras ya curada de espanto ―se defendió Sherlock con una sonrisa picara.

John rio silenciosamente y fue hasta su silla para sentarse. Nada más hacerlo, un suspiro de placer se escapo de sus labios.

―No tendrías que forzar mucho la pierna ―le dijo Sherlock sentándose en su silla, justo enfrente de John.

― ¿Ahora das consejos de salud? ―pregunto John con sarcasmo ―Te recuerdo que pasaste cuatro días sin comer y que tuvimos que ir al hospital.

―Yo no recuerdo eso ―mintió Sherlock haciéndose el inocente ―. ¿Y con qué viejo amigo te has encontrado he ido a tomar unas copas?

―Con Mike Stamford ―respondió John con una sonrisa.

―Oh, interesante ―comento Sherlock ―, le recuerdo. Hufflepuff, amigo tuyo, me dio un consejo aquella vez que estuviste enfadado conmigo.

― ¿Si?

―Me dijo que no me rindiera, que me perdonarías.

―Sabias palabras ―rio John.

―Y ciertas ―apunto Sherlock ―, siempre funciona.

―Sera porque te amo demasiado ―se lamento John en broma.

Sherlock le sonrió con cariño, más de diecinueve años juntos y once casados y aun su corazón rebotaba en el pecho con cada mirada, con cada caricia y palabra de John Watson.

―Por cierto, ¿Qué hace aquí la lechuza de tus padres? ―pregunto John mirando a la lechuza que se había colocado plácidamente encima del cráneo de buey.

―Oh ―exclamo Sherlock con sorpresa, ni siquiera se acordaba ya se ella ―, mandaron una invitación, al parecer vuelve a ser el cumpleaños de mi madre.

―Como cada 15 de mayo Sherlock ―se rio John ―. Accio ―dijo apuntando con su varita a la carta abandonada en el sofá y la carta voló hasta sus manos.

―Nos quieren allí a las doce de la mañana ―comento John leyéndola ―. Recuerda no aceptar ningún caso para entonces Sherlock, ya sabes cómo se pone tu madre si faltamos.

―Va a ser tan aburrido como todos los años, regalos, comida a montones para que Mycroft se ponga aun más gordo, Lestrade con sus conversaciones con Mummy, y tú John, ignorándome y hablando de con mi padre de cosas mundanas―se quejo Sherlock rememorando antiguos cumpleaños.

― ¡Ey! Yo no te ignoro―se quejo John ―. Y te olvidas de algo, este año estará la pequeña Lizzie y te encanta estar con ella.

―Mmm ―estuvo de acuerdo Sherlock recordando a su pequeña sobrina de apenas un año de edad―. No te puedo decir que esa idea me disgusta. Elisabeth es la única que aun es normal en la familia, nada contamina su mente.

―Ten por seguro que dejara de serlo ―comento John ―.Te puedo asegurar que Greg y yo éramos personas totalmente normales antes de conoceros.

―Mejor, lo normal es aburrido pero así podre moldear su mente antes de que Mycroft o mis padres influyan de manera negativa en ella ―se quejo Sherlock, John arqueo una ceja con sarcasmo, Sherlock le ignoro―.Y tú nunca has sido normal, aceptaste ser mi marido. ―Añadió.

―Sí, supongo que sí ―rio John ―. Y no me arrepiento ―le aseguro con una sonrisa llena de cariño y afecto.

―Lo sé ―susurro Sherlock antes de decidir levantarse y acercarse a John para sentarse en posa brazos ―. No sabía que te habías ido ―comento deslizándose sobre John con cuidado de no hacerle más mal en la pierna.

John le agarro de la cintura y lo acerco más a él.

―Has vuelto a hablar solo, ¿no es así? ―le pregunto con diversión. Sherlock tarareo y metió su cabeza entre el cuello y el hombro de John. ― ¿Algo importante?

―Lo de siempre ―comento Sherlock dándole un beso en la mandíbula ―. Que te amo.

―Y yo a ti, amor ―murmuro John guiando su cabeza para un beso.

Sherlock acepto encantado aquel beso, como tantas veces antes, y sonrió profundamente al llegarle a la mente una verdad indudable.

Era terriblemente afortunado.


Oh, Merlín, esto ya es el fin... Ha sido divertido escribir esta loca historia y he disfrutado como no hacia tiempo escribiéndola.Espero que os haya gustado y muchas gracias a todos los que la habéis leído y que además habéis llegado hasta aquí jaja, gracias también a los que dais a favoritos o a seguir, y sobre todo a los que comentáis, me hacéis simplemente feliz con vuestros comentarios 3

Graciaaaaaaaaaaaaaas! :D

Nox.