Ok! Este es un nuevo proyecto que empezaré! Desde hace tiempo quería escribir de esta pareja, me encanta la dinámica que tienen los dos y quisiera explorar más en ella.

Es un highschool AU, la relación es de maestro/estudiante. Si tienen algún problema les aconsejaría que desde ya se detuvieran de leer, y si les gusta tanto como a mí son bienvenidas (os) a seguir ;)

Supongo que debo aclarar las edades antes que pasemos a más, Levi tiene 32 años y Eren 17.

Esta historia es beteada por la maravillosa Kaith Jackson por su trabajo en esta historia! :) Abrazos!

Shingeki no kyojin le pertenece a Hajime Isayama.


Nuestras vidas no nos pertenecen

El viento le hacía difícil ver y la adrenalina era lo que lo empujaba a seguir. Se preguntaba dónde estaban los otros, llevaba un par de horas sin verlos. Estaba cansado y esperaba poder regresar a casa pronto. Parecía estar solo, lo único que oía era su forzada respiración y el crujir de las hojas. Estaba helado, no sentía sus dedos; no sabía si era por la baja temperatura o por el miedo. Su nariz le ardía y su cabeza le daba vueltas.

¿Dónde estaban todos?

Paró en seco. ¿Todos? ¿Quiénes eran todos?

No recordaba cómo había llegado ahí, ni con quien. Un quejido se oyó desde las sombras.


La alarma de su despertador se sentía como golpes en su cabeza. Levantarse de su cálido cobertor era lo que menos quería hacer. El primer día de la semana siempre era una perra. Se sentó sobre la cama, llevando una perezosa mano a su cabeza, intentando calmar el dolor.

Apagó el ofensivo sonido proveniente del reloj, bostezando. Iba ser un largo día.

Caminó hacia la puerta de su habitación y la abrió sólo para echar un vistazo; por el pasillo olía exquisito, Mikasa seguramente estaba preparando el desayuno. Eren no sabía si admirar o envidiar la facilidad de su hermana para hacer… bueno ¡cualquier cosa! Entró al baño, esperando con ansias el desayuno, ella siempre lo consentía preparando sus favoritos.

Su cabello goteaba todavía cuando ya estaba sentado en la mesa esperando que su hermana le sirviera.

—¿Viste a Grisha? —le preguntó.

—No, se fue antes que despertara, seguramente tenía una emergencia en el hospital —Respondió la chica de cabello negro.

—Sí —murmuró Eren bajo su aliento—, seguramente.

La verdad, ver a Grisha tenía que considerarse como un evento especial del cosmos, más extraño que una lluvia de estrellas o un eclipse, ver a su padre tenía que ser algo que pasaba una vez en toda la vida. Eren había prácticamente criado a su hermana, después de la muerte de Carla, su madre.

—Te haría bien llamarlo padre, Eren —regañó Mikasa, pero simpatía se podía oír en su voz.

—Sí, bueno, lo llamaré padre cuando empiece actuar como uno.

Su hermana dejó el tema.


Estaban en la parada de buses cuando oyeron una familiar voz:

—¡Eren! ¡Mikasa! —gritó un chico rubio, corriendo torpemente, con mejillas rojizas y jadeando por el cansancio.

—¡Armin! —Saludó a su amigo, Mikasa sólo asintió.

El pequeño de ojos azules no recuperaba su aliento cuando el transporte llegó.

—No puedo creerlo —respiraba con fuerza—, pensé que no llegaría a tiempo.

—¿Te pasó algo? —preguntó Eren, preocupado; subiendo al autobús.

Armin movió la cabeza de lado a lado, su cabello llegaba hasta sus mejillas y se agitaba con cada movimiento.

—Pasé toda la noche haciendo mi tarea, el profesor Levi estaba decidido a encerrarnos todo el fin de semana, con toda la carga que nos dejó —dejó salir una risita— ¿Qué hay de ti, Mikasa?

—Terminé ayer.

—¿Eren?

—Lo-lo olvidé…

—¿Qué? —se sorprendió Armin.

—¡Lo olvidé! ¡Completamente! ¡¿Cómo lo pude olvidar?! ¡Oh no! No no no nononono —se llevó ambas manos a su cabeza, empezando a halar sus cabellos— ¡No no! ¡Soy tan estúpido!

—¡Eren, cálmate! —posó su mano en el hombro de su amigo intentando calmarlo— No te preocupes, te ayudaremos ¿Verdad, Mikasa?

La chica aludida asintió.

El de ojos verdes golpeaba su rostro en la ventana, ahora definitivamente dejaría su materia. Levi era el profesor más difícil de todos y empeñaba toda su energía a hacer imposible sus vidas. Pero estaba seguro que trabajaba más cuando de Eren se trataba; no tenía idea el porqué. Aun así, había fracasado.

Eren Jaeger podía definir su vida como un gran fracaso.

—No te preocupes, aquí —Eren levantó la cabeza para ver a su amigo extendiéndole su tarea.

—¿Estás seguro?

Armin asintió.


Faltó a su primera clase para quedarse en la biblioteca, estaba seguro que el profesor Zakarius no lo extrañaría en su clase de química; aunque se preguntaba si podría ser capaz de "oler" su falta. Movió su cabeza negando el pensamiento absurdo, el sr. Zakarius era definitivamente todo un personaje.

—¿Qué hay, Eren?

Al oír la voz levantó su mirada para ver a su nuevo acompañante. Corrección sus acompañantes.

—¿Qué haces? —preguntó la chica de coleta alta, mientras se llenaba la boca con frituras.

—Termino una tarea, Sasha —dijo quedamente, sabía que este par le atrasaría más si entablaba una conversación— ¿No tienen clases?

—¿Qué eres, el prefecto? —preguntó el chico sin cabello.

—Connie y yo salimos por un pequeño bocadillo —explicó Sasha.

Eren asintió, distraídamente, tratando de enfocarse en su tarea. Era en serio, estaba seguro que Connie y Sasha debían "consumir" marihuana o algo, el apetito que los dos sentían generalmente no podía ser normal.

—¿A que no adivinas? —interrumpió la chica no dejando de engullir las botanas procesadas— Fui a cazar el fin de semana, no te imaginarás el jabalí que me encontré, era tan regordete y enorme… —Sasha estaba empezando a babear.

Relató todo respecto a su experiencia, no saltándose los detalles más sangrientos y traumatizantes del relato; Eren intentaba ignorarla y seguir escribiendo, pero se encogía y hacía muecas en las partes asquerosas.

Mientras, Connie, no dejaba de verla; podía jurar que sus ojos brillaban de emoción, felicidad y algo más…


Sólo hasta que sus acompañantes se habían retirado a sus respectivas clases Eren notó que ya era tarde para la suya; sintió su cuerpo helarse, algo que Levi no podía tolerar era los estudiantes que llegaban tarde…

Y los gérmenes.

'Mierda' pensó.

Corrió por los pasillos, recibiendo malas miradas de los demás profesores por su conducta; no le importó, debía llegar o todos sus esfuerzos serían en vano.

Abrió la puerta de la clase:

—'Sostenido por aquel ataúd estuve flotando un día entero y una noche en las aguas. Al segundo día se fue acercando un barco que me recogió.'

La puerta estaba el fondo de la habitación; Levi estaba al frente, de pie, sosteniendo un libro en sus manos, no levantó la mirada, Eren silenciosamente entró. Se sentó en su escritorio en la última fila, Armin lo notó, le regresó sus notas y siguió escuchando al hombre de cabello azabache.

—'Era el Rachel, vagando siempre en su pertinaz búsqueda de sus hijos perdidos, y que, a Dios gracias, encontró otro huérfano. Yo.'

Se dio la vuelta, encarando la pizarra, escribió con perfecta y cursiva caligrafía: "Literatura del siglo XIX"

Eren suspiró aliviado.

—No cante victoria todavía, Sr. Jaeger —mencionó su profesor, con la voz fría y sin sentimiento.

Se encogió de hombros cuando Levi se giró para mirarlo, su estómago se revolvió cuando se acercó a su pupitre.

—Llega tarde —dijo, fue lo suficiente para que el de ojos verdes comenzara a sudar—, parece que alguien necesita una tarde en detención para saber que en mi… —bajó su mirada, torturando al chico con sus ojos crueles —clase, no se aceptarán tales conductas.

Eren tragó sonoramente.

—A menos que… —Levi volvió a hablar— seguramente escuchó las últimas líneas que recité ¿verdad?

No podía hablar, sólo asintió con la cabeza.

—Dígame, sr. Jaeger ¿A qué novela pertenecen esas coloridas últimas líneas que acabo de narrar?

Eren buscó frenéticamente la respuesta en los rostros de sus compañeros:

Sus ojos se posaron en Jean, un chico alto de cabello ridículo y cara de caballo, el muy presumido estaba luchando por no reír en voz alta; a la par estaba un chico con pecas y cabello negro, movía la boca, indicándole la respuesta, pero no podía entenderle.

Miró a Armin, el pobre luchaba para decirle, aun así, Eren no tenía ni la menor idea, dijo lo primero que se le vino a la cabeza:

—¿Hamlet?

—Felicidades, Sr. Jaeger —expresó Levi, no perdiendo el frío tono en su voz ni la mirada asesina de sus ojos— se ha ganado tres días en detención.

Eren estaba boquiabierto.

—¡No entiendo, dijo que iba ser una tarde! —exclamó el joven, le era muy difícil no expresar lo que sentía.

En la periferia, pudo ver a Armin y a Mikasa llevando sus respectivas manos a su rostro.

Era uno de sus más grandes defectos, ser impulsivo siempre le traía problemas.

—Eso fue antes de saber que no leyó el libro de tarea, Moby-Dick; de ahí el texto recitado. Lo veré a la salida en esta misma aula. ¿Estamos claros?

—Sí…


—¡¿Puedes creerlo?! —gritaba un indignado Eren Jaeger en medio de una cafetería.

—Sí —respondió Reiner, alto y fornido, de cabello rubio—, ya te oímos las primeras cinco veces.

—Es injusto, no sabes lo horrible que fue sentarme ahí por miles de horas viendo solamente su cara, ¡da miedo!; Levi está muerto por dentro, ¡lo juro!

Algunos irrumpieron con risas, mientras que otros se limitaban a escuchar.

El café "Utgard" se encontraba a un par de cuadras de la Academia Rose. Armin trabajaba medio tiempo para ganar algo de dinero; desde que sus padres estuvieron en un terrible accidente, su abuelo tomó su custodia. Al final del día, Armin cuidaba más del anciano que de lo que a él se le cuidaba.

El rubio debía aportar todo lo que podía a la mesa, su educación no era un problema; el chico era un genio así que se había ganado una beca. Eren no podía estar más feliz por él.

—Un espresso doble para Reiner, un frappe de fresas para ti, Eren. —llevó su mejor amigo sobre una bandeja— Jean, tu orden estará lista en un momento.

A su lado estaba Mikasa, como siempre; la cafetería se había convertido en el lugar donde todos se reunían después de clases, no sabía cómo o cuando había conseguido tantos amigos. Después de todo, de niño nunca le había sido fácil relacionarse con los demás.

—Gracias Armin —reconoció Reiner—, tú sabes que me gustan mis hombres como me gusta mi café: ¡Fuertes y altos!

Dejó salir una carcajada seguido por los demás presentes, hasta Mikasa sonrió debajo de su bufanda; mientras que al lado de Reiner, Bertholdt, amigo de la infancia del rubio había escupido su café y su cara estaba completamente roja.

Reiner, Bertholdt y Annie eran nuevos estudiantes, recientemente habían sido transferidos de otra academia. Bertholdt era alto pero retraído, Annie le recordaba mucho a Mikasa, silenciosa y calculadora; mientras que Reiner era el más extrovertido del trío, ganándose a la mayoría de sus compañeros en un santiamén.

—Ey, ey escuchen esto —empezó Jean, llamando la atención de todos—, dentro de tres semanas mis viejos van a salir de la ciudad y ya saben lo que significa, ¿no?

Todos acordaron al mismo tiempo, entre gritos y silbidos de los reunidos en la mesa; los más tímidos, como Marco y Bertholdt se limitaron a sonreír.

—¡Exactamente! La casa Kirschtein dará la fiesta más loca, ¡y todos ustedes idiotas están invitados!

Todos los de la mesa aclamaban y se reían, Reiner y Eren chocaban sus respectivas bebidas y Connie golpeteaba la mesa. Jean se había puesto de pie recibiendo la ovación; rápidamente se sentó a la par de su mejor amigo, murmurando:

—Cuando dije idiotas, me refería a todo el mundo menos tú de idiota, quiero decir, estás invitado pero no eres idiota ¿de acuerdo?

—No te preocupes —rio el chico de pecas—, te entendí Jean.

El ruido de los estudiantes bajó hasta un murmullo cuando fueron reprendidos por el dueño del café y un Armin muy apenado.

—Solo de recordar que mañana debo quedarme a detención otra vez, arruina mi humor; todo es culpa de Levi —se quejaba Eren, seguido por el quejido de todos sus compañeros y un "ya empezó" de Jean Kirschtein—. Ni siquiera lo entiendo, ¿por qué yo? No soy el primero en llegar tarde a su clase, no es justo ¿sabes?

—Si yo también fuera tu profesor te odiaría por esa cara que tienes —bufó Jean.

—¿Tienes algo que decirme? ¡Dímelo a la cara! —amenazó.

—¡Dije que…! —comenzó, siendo este cortado por Marco, tranquilizando y deteniéndolo por los hombros.


Regresaron a su casa cuando el turno de Armin había acabado, caminando. Ya era tarde, Mikasa había preparado la cena y él se había ofrecido a lavar los platos. Grisha no se veía por ningún lado, cada quién se dirigió a su habitación, se despidieron y durmieron.

Pudo sentir anticipación por el día siguiente, cómo si estaba ansioso por algo; no siguió pensando sobre eso y se quedó dormido.

A la mañana siguiente en clases de biología, se encontraba sentado al lado de Marco Bodt, el chico más amable que Eren había conocido en toda su vida; no tenía idea qué era lo que impulsaba al de pecas a ser tan sincero y bueno; estaba seguro que le debía faltar un órgano o hueso que hacía malas a las personas.

Marco Bodt era un santo.

—Sabes, tuve el sueño más extraño.

—¿En serio? —preguntó con voz amable.

Eren asintió

—Soñé que volaba, pero no tenía alas ni nada parecido; sólo, volaba. El viento se sentía bien en mi rostro. Quisiera saber que significa.

—¿Tal vez que deseas irte muy lejos? —contestó, genuinamente preocupado.

El de ojos verdes rio.

—Eres un buen tipo Marco, no te juntes tanto con Jean, se te puede pasar lo idiota.

El pecoso dejó salir una risita.

—No lo conoces como yo, Jean no es malo, es sólo que tiene un carácter fuerte. Es una muy buena persona y se preocupa por los demás.

—Di lo que quieras, Bodt, siento que no podré hacerte cambiar de opinión —lo señaló con su dedo índice—. Y eso es una lástima.

Marco rio silenciosamente.

Mientras, frente a ellos la profesora Hanji Zoe se deleitaba con gran entusiasmo enseñando las maravillas de disecar una rana.

En el almuerzo, se encontraban en una mesa Eren, Connie, Reiner y Armin. El de ojos verdes y cabello café temiendo por el castigo al final del día.

—Ustedes no entienden —explicaba, lo mejor que podía—, cuando Levi te mira es como ver dentro de un hoyo negro. ¡Es terrorífico! Creo que me odia.

—Vamos, no seas dramático —alegaba Connie—, estás exagerando.

—Además —intervino Reiner—, para alguien a quien le parece "terrorífico"; seguro que hablas mucho de él, ¿eh, Eren?

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó, no gustándole el curso que había tomado la conversación.

—Quiere decir que si tanto te gusta el tipo ¿Por qué no te casas con él? —exclamó el pequeño sin cabello, seguido por una carcajada.

—¡Eso es absurdo! —exclamó, sus ojos involuntariamente se dirigieron a la mesa de los maestros, ahí se encontraba sentado, leyendo un libro.

Como si de alguna broma del universo se tratara, Levi dirigió sus ojos a él.

Eren se puso de pie y se dirigió al baño, después de lavar su cara vio su reflejo y se sorprendió al ver sus mejillas color rosa.

'Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
Lámparas y la línea de Durero,
Las nueve cifras y el cambiante cero,
Debo fingir que existen esas cosas.
Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
Sutil midió la suerte de la almena'

En clase de literatura, el profesor Levi se encontraba en medio de la lectura de un poema, se veía en paz, el entrecejo fruncido había desaparecido; como si fuera la primera vez que respiraba, como si toda su vida lo había llevado a este momento, vivía por la poesía y para cada verso.

Llevaba una camisa de vestir blanca, eran sus favoritas; siempre las vestía, ¿Cómo diablos sabía eso? Aparentemente lo observaba más de lo que se daba crédito. Por ejemplo ¿cómo sabía que siempre dejaba un par de botones sueltos? ¿O que siempre antes de leer un verso o un poema se subía las mangas hasta los codos? Exponiendo sus pálidos brazos. ¿Cómo sabía que sus dedos se movían grácilmente cuando tomaba un libro en sus manos?

Sus facciones se llenaban de vida y sus ojos brillaban, Eren no podía parar de verlo.

'Que los siglos de hierro deshicieron.
Debo fingir las armas y la pira
De la epopeya y los pesados mares
Que roen de la tierra los pilares.
Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
Y mi ventura, inagotable y pura.'

Una parte de él no podía esperar que la detención comenzara.


Este fic esta bastante influenciado por la literatura, ¿y que mejor que el titulo haya salido de una frase célebre?

La frase es: "Nuestras vidas no nos pertenecen. De la matriz a la tumba estamos atados unos a otros. Pasado y presente."

Del libro de "El atlas de las nubes" escrito por David Mitchell

El hermoso poema que se describe al final pertenece a Jorge Luis Borges y se llama "El enamorado".

Espero que me acompañen en este viaje con esta pareja y que lo disfruten como yo disfruto escribirlo!

¿Comentarios, opiniones? No duden en comentar! uwu