La habitación todavía no se había calentado, por lo que estaba envuelto en una manta suavecita de color verde pálido convertido en casi blanco después de tantos lavados, mirando por la ventana de su habitación. La pobre manta ni siquiera tenía bastantes años, meses ni semanas a pesar de su deplorable aspecto; pero Takao se negaba a tirarla a la basura a causa del gran valor sentimental que tenía y, a pesar de que su madre gritase que era una manta mugrienta de la cual ya era imposible sacar aunque fuese a tiros todas las manchas de comida que se habían acumulado durante las tres semanas en las cuales la manta había sufrido accidentes de todo después de aparecer un día misteriosamente encima de los hombros de su ahora dueño aquella vez que se quedó dormido en los vestuarios del instituto después de un entrenamiento especialmente duro. Un día que fue bastante más cálido que aquel y en el cual el "lucky item" de Midorima había sido una manta del color preferido del usuario.

El pelinegro suspiró y se tiró de espaldas encima de su cama, cansado después del entrenamiento, aburrido como una ostra y con la tripa placenteramente llena después de haber cenado mientras charlaba con su hermanita y sus padres para contarles que tal había ido su día y el instituto, pero sin gana alguna de bajar al salón para ponerse a ver alguna película de amor con final emotivo y feliz, aquellas que tanto agradaban a las mujeres de la familia y que su padre se dedicaba a ver mientras fingía desinterés detrás del periódico del día anterior porque estaba demasiado inmerso en las lágrimas de la protagonista como para darse cuenta de que ni siquiera tenía entre manos el periódico del día, sino el que se había olvidado tirar por la mañana.

Sabía que se arrepentiría de no bajar aunque fuese únicamente para llenarse la boca a dos manos con las palomitas demasiado saladas pero extremadamente baratas que vendían en el pequeño supermercado al final de la calle, donde ya lo conocían como aquel joven apasionado del deporte que se dedicaba a llevar a su tiránico y muy terrorífico senpai, que utilizaba los super poderes de senpai que su artificial y mágico pelo verle le proporcionaba para utilizarlo como esclavo y obligarlo a que lo pedalease a todos sitios (Takao había entrado a la tienda con lágrimas falsas en los ojos un par de veces, mientras Shin-chan lo esperaba no muy pacientemente sentado en el carro y había contado su trágicamente estúpida y falsa historia; cosa que había hecho que consiguiese un par de latas de bebida gratis, ya fuese porque el universitario de pelo largo y negro que trabajaba detrás de la caja registradora era demasiado ingenuo como para seguir vivo por mucho más tiempo o porque estaba agradecido de que un estúpido niño le alegrase la tarde y entretuviese un par de minutos con sus gilipolleces antes de tener que volver a su trabajo y a escuchar a la estúpida de su jefa gritar. Y, de verdad, aquella vieja gritaba tan alto, tan fuerte, y con tarta rabia que incluso todos los gatos que merodeaban por allí salieron por patas para no tener que escucharla de nuevo y poder salvar sus sensibles tímpanos).

Quizás aquel era un muy buen momento para abrir su portátil y dedicarse a mirar porno tranquilamente a sabiendas de que su familia estaría al menos la siguiente hora y media que duraba la empalagosa película demasiado inmersos en ella como para notar su ausencia siquiera, así no debería preocuparse de que alguien fuese a molestarlo aunque su puerta estuviese cerrado con pestillo. Pero, a pesar de que cascársela mirando como a una bonita y poco inocente chica de tetas como sandías se la metían hasta que gritase le hubiese parecido más que apetecible en otro instante(a ello se había dedicado todos los viernes en los que no bajaba a ver la película semanal desde hacía ya casi un año), hacía ya un par de meses que no le llamaba para nada, y cuando realmente se había puesto a mirarlo, casi obligándose a sí mismo porque aquello sería "lo normal" entre los chicos de su edad (eso y no tener sueños húmedos con tu compañero de equipo; aquella fue una de las primeras fases, negación) había acabado dejándolo por a la mitad para bajar las escaleras hacia el salón rápidamente, preguntándose si aquellas películas siempre habían sido así de... insulsas (por no decir jodidamente aburridas, asquerosas, con malas actuaciones y peores actrices que apenas le parecían atractivas y, encima, corriendo el peligro de que se le metiese algún virus puñetero en el ordenador... Argh).

Haciéndose una bolita en la cama, rodó hacia un lado y después hacia el otro, quedándose así envuelto en la suave manta por completo a excepción de la cabeza (necesitaba respirar, al fin y al cabo). Y así se quedó, boca abajo en la cama con el cuerpo prácticamente enterrado en la innecesariamente larga y ancha manta y la cara prácticamente enterrado en lo que una vez fue una innecesariamente blanca y mullida almohada pero que después de un par de años y un montón de peleas de almohadas entre hermanos ya no lo era.

Menuda manera más triste de pasar un viernes por la noche cuando al día siguiente no tenían entrenamiento de baloncesto porque tocaba que el siguiente día fuese aquel mágico sábado libre que tenían una vez cada dos meses y que hacía ya casi cuatro que no tenían puesto que estaban demasiado ocupados entrenando para la Winter Cup, que estaba a la vuelta de la esquina. Y allí estaba Takao, jugando a ser un bicho bola, solo en su habitación, envuelto en una roñosa manta que ni siquiera era suya pero no tenía intención alguna de devolver a menos que suplicasen por ella (cosa que claramente no iba a suceder a menos que fuese en uno de sus sueños, que normalmente no giraban en torno a ningún tipo de artículo de ropa o con el que alguien se pudiese tapar el cuerpo mínimamente) y criticando mentalmente lo malas que le parecían las películas porno.

Simplemente, genial. Muy genial. Por no decir normal.

Seguro que más de la mitad del equipo había quedado para pasar une entretenida velada con sus amigos o familiares, o con sus novios (novias, Kazunari, los estudiantes de instituto que juegan a baloncesto tienen novias porque son grandes y poderosos y fuertes y masculinos; no tienen novios de pelo verde que rozan casi los dos metros y les sacan casi dos cabezas) o amantes o lo que fuesen; pero seguro que no solos envueltos en una manta y, por cierto, con todas las luces apagadas y las cortinas echadas para dar ambiente de película de terror americana en los que los estúpidos protagonistas se separan y acaban muriendo uno a uno hasta que los últimos dos que quedan son el estúpido protagonista con su (quizás futura después de los eventos) novia, que es demasiado guapa (cosa que explica y compensa, quizás, su falta de cerebro y sus demasiado grandes senos, como aquellos muy buen puestos que tenía la manager de Too, Momo-algo se llamaba, quizás).

Y pensar que en la escuela elemental hubiese matado por tener la mitad de la libertad que poseía en aquel momento para poder ir más a menudo a casa de sus mejores amigos, o poder salir incluso cuando ya comenzaba a oscurecer y el sol desaparecía en el horizonte hasta el día siguiente.

Amigos...

Takao tenía, por lo menos, un buen puñado de esos: (casi) todos los miembros del club de baloncesto, los tipos del pequeño supermercado al final de su calle, la gran parte de sus compañero de clase incluyendo un buen puñado de chicas bastante monas, amigos de su antiguo colegio (al menos los que conservaba de clase, ya que después de la mala pasada que sufrió el equipo de baloncesto en aquel entonces las relaciones entre sus miembros habían menguado de tal manera que después de los eventos Takao apenas podía llamarlos conocidos de vista), algunos chicos de otros pueblos que había conocido hace años durante unos campamentos de verano de baloncesto, incluso los niños pequeños de su barrio que a veces jugaban con él a baloncesto cerca del parque que había por allí... Y, bueno, Midorima. ¿No? Quizás podría llamarlo así. Quizás no. A pesar de gritar a los cuatro vientos que sí que lo eran, amigos del alma que incluso se bañaban juntos (cosa que había pasado alguna vez en el campamento de entrenamiento aquel verano) todo el rato, el pelinegro dudaba de sus palabras más veces de las que estaba dispuesto a admitir (que eran ninguna).

Entonces, bien; si Takao tenía tantos conocidos y conocidas que no dudarían más de un segundo en decir que eran amigos suyos... ¿Qué hacía un viernes por la noche, hecho una bola en su cama, a oscuras en su habitación y ni siquiera viendo una película? ¡Podría estar dándolo todo en un karaoke, bien acompañado!

Rodó de nuevo, esta vez hacia el lado de su cama para acercarse a su mesilla de noche, y sacó la mano derecha de debajo de la manta para palpar la superficie de la mesita con la palma hasta encontrar su teléfono. Actuando rápido para que el calor de su propio cuerpo no se escapase, volvió a meter la mano dentro y se encerró en su pequeña burbuja un poco mejor.

Al tocar el botón de desbloqueo del móvil, Takao quedó cegado por culpa de la maldita luz que emitía el cacharro por un par de segundos, viéndose obligado a entrecerrarlos mientras navegaba ciegamente por el menú hasta su lista de teléfonos.

¿A quién podría molestar a aquellas horas? A pesar de tener tantos "amigos", ¿quién lo apreciaba lo suficiente para aguantar sus gilipolleces por unos escasos dos segundos antes de mandarlo no muy educadamente a la mierda porque tenían la suficiente confianza para hacerlo? Después de todo, Takao podía contar con los dedos de una mano los que realmente eran sus amigos, a pesar de que lo encontrasen insufrible y no se conociesen desde hacía demasiado tiempo.

Después de mirar un par de veces su lista de contactos, se decidió por un nombre y lo seleccionó para poder enviarle un mensaje mientras sonreía para sí mismo, pensando en lo divertido que sería tocarle las narices; sobre todo teniendo en cuenta que eran ya casi las diez de la noche.

"Tas despierto? Xq tengo aki una cosa en mis pantalns que sta + k despierta x tu culpa. C;"

Presionó enviar mientras se aguantaba la risa. Si el otro estaba despierto y dispuesto a contestar, al menos podría matar el tiempo unos segundos.

Y al parecer aquella noche tuvo suerte y el otro estaba tan aburrido como él, porque en dos minutos ya tenía una respuesta.

"Le voy a dar yo una buena ostia a esa parte tuya con una piña, a ver k gracia te ace, pedazo de subnormal."

Takao tuvo que taparte la boca con la mano para no hacer demasiado ruido mientras reía ante la tajante respuesta de su senpai.

"K frio eres, Miyaji, con lo que yo t kiero. Y se k tu tambien me kieres! 3"

Aquella ves la respuesta no tardó ni un minuto en llegar, y a partir de entonces los dos idiotas se sumergieron en una inteligente y educativa conversación por mensajes de texto; Takao escribiendo mientras seguía hecho una bola, en pijama debajo de sus mantas mientras Miyaji revoloteaba por su cocina, buscando algo que comer, antes de volver a su habitación y sentarse en su cama sólo con unos shorts puestos y medio gofre frío en la boca, ya que la calefacción general en su casa estaba demasiado alta y sus padres no tenían intención alguna de bajarla, al parecer.

"Claro ke te kiero... Muerto y enterrado a + de 100 metros de profundidad, gilipollas. SAbes k tambien kiero? Ir a donde sea k estes aora mismo y arrancarte la camiseta de un tiron..."

Takao se quedó algo descolocado con aquel mensaje, pero diez segundos después le llego otro y casi se ahoga de la risa.

"...para poder abrir tu abdomen en canal y sacarte las tripas y acer una bonita bufanda con tus intestinos aora k llega el frio. C;"

"Tanta pasion me abruma! / Preo no soy ese tipo de chica, bas a tener k currartelo un pokito + y sacarme a cenar o algo antes de pasar a kitarnos la ropa."

"Kitarnos? Tu a mi no me vas a kitar ni mi asiento en el bankillo, no te confundas, niño."

" Aora k lo pienso, ya t e visto sin ropa y tampoco es nada del otro mundo... Jeje C:"

"Ke!? Una insinuacion + sobre k mi polla es pekeña y te la metere en la boca para k te aogues en ella, a ver si cambias de opinion."

Pero Takao no necesitó polla ninguna para ahogarse, porque en cuanto leyó aquello se atragantó con su propia saliva mientras reía como un descosido. Rodó en la cama de la risa hasta que cayó al suelo de espaldas, enredado en la manta pero con el teléfono a salvo. Quizás había sido su imaginación, pero juraría que escuchó a su hermana comentar que la locura de su hermano mayor iba en aumento según pasaba el tiempo. Sin levantarse, siguió escribiendo desde su posición, boca abajo y en el suelo.

"Jajajajajajajjajaa vale vale no te me enfades senpai q era una broma na +! Eske me aburro mucho... K triste :C."

" Como si yo tuviese la culpa d q te aburra, merluzo. Eres igual d irritante x sms k en persona no se ni pa q te contesto."

"Xq t aburres tanto komo yo? :D Jeje. Pobre d mi senpai tan amargado y solito como yo q bien q sea buena persona yeste dispuesto a ayudarte! :)"

"Nokiero tu mierda de ayuda ni nah de nah, vete a tocarle las narices aotra persona si tato te aburres, seguro q a Midorima le encanta tu ayuda. Un sms + y te partire la cabeza en nueve lugares distintos cuando t vea el lunes."

"Espero con ansias volver a verte el lunes. Buenas noches senpaaaaaaaaaaaaai! :D Voy a acerte caso y molestar a Midori! :P ;)"

Takao se aventuró a enviar aquel último mensaje a pesar de la casi-amenaza de muerte porque si después de lo de aquella mañana Miyaji no lo había matado aún, un pequeñito mensaje de nah' no iba a matarlo tampoco (o quizás sí, porque Miyaji era con diferencia el más terrorífico de todos los senior, y sabía que no dudaría ni medio segundo en castigarlo; el respeto que Takao sentía por él, en el fondo, no era abroma ninguna).

"Ojito con acer cosas k pueden llevar a malentendidos y d tomarme el pelo, la siguiente no seré tan benevolente."

"P.D: pasa esa conver. una vez ocurra, te lo ordena tu senpai."

Takao expiró fuertemente por la nariz para no volver a reír mientras buscaba el número de contacto de Midorima en su lista. Aquella mañana se lo habían pasado de lo lindo tomándole el pelo (y jugándose la vida en el proceso, sobre todo el pelinegro, ya que Midorima se limitó a quedarse pasivamente callado mientras intentaba ocultar una pequeña sonrisa divertida, animando así a su compañero a seguir hablando a pesar de que al fin acabó mal) tomándole el pelo (muy sutilmente y tanteando el terreno como si estuviese minado para no morir en el proceso, cosa que era más que probable) a Miyaji después del incidente del baño, negándose a decir nada de lo que estaban haciendo a pesar de que al final del entrenamiento habían tenido que correr casi veinte vueltas extras. Después de todo, traicionara Shin-chan acabaría siendo muchísimo peor que tomarle un poco el pelo a su senpai tanto a corto como a largo plazo.

Teniendo en mente de nuevo aquellas malísimas películas americanas, presionó los botones y envió el mensaje sin pensárselo demasiado.

"SOS! FANTASMAS EN MI ABITACION!"

Y esperó por una respuesta.

Y esperó.

Y esperó más.

Y esperó todavía más.

Y espero.

Y esperó más.

Y pasaron diez minutos.

¿Nada? ¡Menudo aguafiestas que era Shin-chan! Aunque, conociéndolo, seguramente ya llevaba un buen rato dormido o algo a pesar de ser un viernes por la noche...

Pero pareció equivocarse, porque veinte minutos más tarde, después de haberse dado por vencido y con el ordenador portátil ya en encima de las rodillas y sentado en la cama con la manta alrededor incluso de la cabeza como una capucha, notó su teléfono móvil vibrar contra su muslo, un mensaje nuevo de parte de su compañero de equipo brillando en la pantalla.

"Estas no son horas para enviar mensajes de texto a otras personas, Takao. Los fantasmas no existen, así que deja de decir gilipollec** y utiliza tu tiempo para entrenar para la Winter Cup o en trabajar tu ortografía, si es que se le puede llama así a esa aberración que supongo que tú llamarás "sms".

No me molestes de nuevo, tengo cosas que hacer mañana y no quiero que tus estúpidos mensajes no me permitan conciliar el sueño."

Takao se quedó un buen rato mirando el mensaje, leyendo, releyendo y flipando un poco bastante en colores hasta que atinó a reírse en silencio con sonrisa de idiota, porque imaginarse a Midorima pasarse diez minutos pensando qué contestas y otros diez tecleando el perfectamente cuidado mensaje simplemente para quejarse era demasiado entretenido; por no hablar de la auto-censura que se había hecho.

"Pos valeee aguafiestaaaas! D': Buenas noche Shin-chaa que duermas bien y no te coma el coco 3"

Envió rápidamente el mensaje y, sintiéndose repentinamente somnoliento se metió al fin entro de la cama, dejó el teléfono móvil y el ordenador encima de su mesilla de noche, apagó las luces y cerró los ojos, todavía con una sonrisa de idiota en la boca.

A los dos minutos ya estaba dormido como un tronco, por lo que no leyó el siguiente mensaje hasta la mañana siguiente; no es que fuese algo realmente importante, probablemente.

"El coco tampoco existe, y aún si lo hiciese, podría defenderme de él perfectamente, Bakao. Y vete a dormir de una vez."

Tres minutos después, la vibración del teléfono se volvió a escuchar en la silenciosa estancia.

"Buenas noches."


Notas de la autora: Siento la tardanza, pero resulta que estoy actualizando... Desde Alemania. Estoy de viaje con una amiga en mitad de ningún sitio donde ni siquiera hay internet y en dos días me voy a Italia, no volveré a casa por un tiempecito... Así que lo siento mucho, estaré en medio hiatus al menos otras dos semanitas y media D:

Oh, y de paso pido perdón por lo paranoico y algo raro que es el principio del epi (por no decir el episodio entero xD), Alemania me hace cosas raras en la mente...

¡Muchas gracias por leer, os amo a tod s y gracias por la paciencia" Esta historia no se pausará, no temáis.

Muchos besitos,

N.