Capítulo Cinco.

Intenté seguirlo, pero no tuve tiempo. Perdí su rastro al instante en que siguió el Neón.

Vamos, Jev. Piensa rápido me dije. ¿A dónde podría ir Nora a estas horas, luego de la biblioteca?

La respuesta era tan obvia que casi reí. Casi.

Su casa.

Aceleré la moto a todo lo que daba. Solo esperaba que el perseguidor de Nora no fuera quien yo estaba imaginando.

Me equivoqué.

Nora no llegó a su casa, por más que estuve por media hora esperándola. ¿A dónde mierda se había ido esta chica? No tenía tiempo para andar de niñera salvándola de todo el peligro que la rodea. Debería considerar más a fondo el hecho de que Nora no debería importarme en lo más mínimo. Bueno, salvo su sacrificio. Pero sentía curiosidad. ¿Por qué la seguirían? ¿Qué habría hecho esta chica como para que fuese lo suficientemente fuerte y provocar un ataque? Su perseguidor no era humano, y los únicos que poseían la capacidad de correr a esa velocidad eran los ángeles caídos, y los Nefilim. ¿Por qué alguno de ellos seguirían a Nora?

Bajé de un salto del árbol donde me encontraba a la espera, subí a mi moto y aceleré al Delphic.

―Vaya, ¿Me visita la realeza? ―dijo Rixon al verme llegar.

El Delphic, como de costumbre al anochecer, estaba repleto de personas.

Tuve que hacer un esfuerzo para llegar a los túneles sin ser visto, y no estaba de humor para las bromas de Rixon.

―Venga, cierra el pico―le espeté.

Se levantó del sillón donde se encontraba, y se acercó a mí con una mirada acusatoria.

― ¿De dónde has sacado el Yate que está a la orilla del río? Venga, no me vayas a decir que no es tuyo porque encontré allí una copia de las llaves de tu Ducati―me acusó.

Sonreí.

―Lo gané en Bo.

Me devolvió la sonrisa.

―Lo quiero―dijo él. ―Venga, somos amigos ¿No? Y cada vez que vas a jugar billar regresas con algún juguete nuevo. No te hará falta. A mi si, las chicas se vuelven locas en los Yates. Y me gusta tener el sexo asegurado.

Abrí la boca para decirle que se buscara su propio Yate, cuando se me ocurrió algo mejor.

―Vale, pero solo con una condición―le dije.

―Tú dirás.

―Si en algún momento te pido que siguas a alguien, lo seguirás sin preguntar, ¿Vale?

Llegué al instituto justo a tiempo para biología.

La verdad es que no me sorprendía que aún no se dieran cuenta que la única materia que cursaba era Biología, cuando debería estar en otras clases. Pero teniendo en cuenta lo estúpidos que llegaban a ser los humanos, bueno, no importaba.

Entré al salón de clases, y pude escuchar a Nora.

―Patch es lo que menos me preocupa.

Su mejor amiga, Vee, estaba sentada a su lado.

―Es mi sitio, si no te importa―le dije.

Ambas me miraron, levemente sorprendidas.

Esperé paciente a que Vee se pusiera de pie y se colgara la mochila al hombro. Pero no podía soportar tanta lentitud. Estirando mi brazo le indiqué el pasillo, queriéndole gritar "Mueve ese asqueroso culo lejos de Nora ¡Ahora!"

Cuando finalmente se largó, me senté.

―Estás guapa, como siempre―le dije.

Me recliné en la silla con las piernas estiradas.

―Gracias―respondió.

Se ruborizó levemente, y parecía iniciar una guerra en su interior.

―Y además hueles bien―agregué.

Me gustaba ese ligero olor a fresas. No parecía ningún perfume… solo su olor natural.

Era perfecto.

Ya vuelven las cursilerías, Jev. Contrólate. Cuerpo humano. Sacrificio. Matar.

―Se llama ducharse―dijo. Como no contesté, prosiguió―Utilizas jabón, champú y agua caliente.

―Y te desnudas. Conozco el ejercicio―le dije.

Eso pareció incomodarla, pero antes de que pudiera cambiar el tema, sonó la campana.

El entrenador tomó su lugar en la clase, pero no presté mucha atención mientras discutía los puntos de un cuestionario que teníamos que llenar. La imagen de Nora dándose una ducha mantenía mi mente ocupada. Esta no era precisamente mi forma de concentrarme, y comencé a acalorarme. Sacudí levemente la cabeza para tratar de despejar esas imágenes. Observé que Nora tenía el ceño levemente fruncido, y estaba estirando sus dedos para lo que supuse sería liberarse de un calambre.

―Pareces cansada. ¿Una noche dura? ―le pregunté en un susurro.

―Te vi en la biblioteca―susurró de vuelta, esforzándose por parecer concentrada en el examen.

Claro, debí imaginar que Sherlock Holmes notaría mi presencia.

―El punto culminante de mi noche―mentí.

― ¿Me estabas siguiendo?

Eché la cabeza atrás y reí por lo bajo. ¿Qué, era adivina, además de detective?

― ¿Qué estabas haciendo allí? ―insistió.

―Fui a sacar un libro―respondí.

Se quedó en silencio unos segundos, mientras respondía algunas preguntas del cuestionario. Me limité a observarla.

Como intuyendo que la miraba, me miró y sonreí.

Algo dentro de mí se removió inquieto al notar que Nora se había puesto nerviosa, dejando caer el bolígrafo al suelo. Me incliné, lo tomé y se lo devolví.

―Después de la biblioteca, ¿Adónde fuiste? ―preguntó.

― ¿Por qué lo preguntas?

― ¿Me seguiste?

Lo intenté.

―Pareces un poco nerviosa, Nora. ¿Qué te ocurre? ―le pregunté, fingiendo estar preocupado, pero conteniendo con todas mis fuerzas las ganas de reírme.

― ¿Me estás siguiendo? ―insistió.

Chica lista pensé.

― ¿Por qué iba a seguirte?

―Dímelo tú.

El entrenador llamó su atención y Nora volvió a concentrarse en el examen. Lo cual era estupendo, porque no tenía intenciones de responder a sus preguntas.

Finalmente, el adulado profesor complació a Vee en cuanto a su clase sobre el sexo, lo cual me pareció altamente aburrido.

Y finalmente, cuando estaba dispuesto a marcharme, Nora me detuvo.

En contra de mi voluntad, mi corazón se agitó.

― ¿Podemos hablar? ―preguntó.

Me senté en el borde del escritorio.

― ¿Qué pasa?

―Sé que no quieres sentarte a mi lado más de lo que yo quiero sentarme a tu lado. Creo que el entrenador consideraría cambiarnos de sitio si tú se lo pides. Si le explicas la situación…

― ¿La situación? ―la interrumpí.

―Que no somos… compatibles.

― ¿No lo somos?

―No es una novedad.

Vaya, para mí sí lo era. ¿Qué no se enteraba de nada?

―Cuando el entrenador me solicitó mi lista de atributos deseados en un compañero, yo hablé de ti.

―Pues retíralo.

Ni en broma.

―Dije: inteligente, atractiva, vulnerable. ¿No estás de acuerdo?

Esperé que protestara por lo de "Vulnerable" pero no lo hizo. Lástima.

― ¿Le dirás al entrenador que nos cambie de sitio o no?

―Paso. Empiezas a gustarme.

Y maldije para mis adentros, porque era cierto.

Nora me estaba empezando a… en realidad era algo más que gustar, y no encontraba forma de evitarlo.

―Creo que estarías mejor con otro compañero, y tú lo sabes―dijo, sonriendo algo tensa.

―Me temo que podría acabar sentado al lado de Vee. No voy a tentar a mi suerte.

Y como un demonio invocado, Vee apareció.

― ¿Interrumpo algo? ―preguntó.

Nora negó. Luego de un par de cometarios entre ellas que me hicieron reír, pregunté:

― ¿Alguna otra cosa, Nora?

―No. Nos vemos mañana―dijo.

―Lo esperaré con ansias―dije, y le hice un guiño.

Con el pulso repentinamente nervioso, me alejé en dirección al estacionamiento.