Bienvenidos a un nuevo capítulo de La Luz Perdida de Su Mirada…

Notas al final :3


CAPÍTULO X: EL CARIÑO SINCERO.

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En algún momento sus piernas la empujaron a correr y mientras la lluvia comenzaba a caer su cabello se mojaba sin preocuparse demasiado por ello. No tenía un rumbo fijo, solo quería alejarse de ese lugar. Ni siquiera estaba segura de cuál era la razón por la que huía pero, realmente deseaba olvidar todo de una vez.

—Yo no quiero… alejarme de él… —susurró para sí misma en una de las calles ya vacías—. No quiero…

—¿Imouto-chan? —aquella voz y esa forma de llamarla, solo podía ser una persona.

Bajó la mirada y se dio vuelta, solo para salir corriendo hasta enterrarse en el pecho del esposo de su hermana.

—¿Estás bien?

No dijo nada, solo negó con su cabeza y el temblor en su cuerpo se convirtió en un amargo llanto que sonriendo el rubio se dispuso a apaciguar. Tal vez no era la persona que ella hubiese deseado que la encontrara en aquel momento pero, por alguna razón sentía que no había problema si era él quien la escuchaba llorar.

—¿Estás mejor ahora? —Preguntó tras un largo silencio de parte de ambos—. Ven, vayamos por algo de comer.

—No… disculpa. No quiero molestar.

—No lo haces. Además, yo invitaré, no quieres despreciar una invitación de tu Hokage-sama, ¿o sí?

Con la cabeza gacha le acompañó por las ya vacías calles de la aldea de Konoha. El viento soplaba con fuerza, revolviendo su largo cabello, erizándole la piel y haciendo que se encogiera sobre si misma al avanzar. El temblor que producía el frio en su cuerpo se detuvo cuando sintió algo cálido sobre sus hombros.

—llegamos, el viejo ichiraku sin duda nos dará unos platos de su mejor ramen.

—¡Naruto! —exclamó el viejo llenó de felicidad, sosteniendo en brazos a su pequeño nieto fuera de la tienda, ya dormido, parecía un angelito—. ¿Qué te trae por acá a estas horas?

—solo quiero comer un poco de ramen con mi imouto-chan.

—¡Hokage-sama, le he dicho mil veces que no venga a tan altas horas de la noche, justo cuando estamos prontos a cerrar!

—Sí, sí, lo siento… yo, solo pensé que era el mejor lugar para hablar…

—Ya, hija, no pasa nada, ve a casa a descansar y yo atiendo a los clientes.

—Pero papá…

—Estaré bien, no puedo negarle un poco de ramen a mi cliente favorito.

—Muchas gracias, abuelo.

—No hay de qué, Naruto. Ahora siéntense, en unos minutos estará listo lo mejor de la casa.

—Debimos irnos en cuanto dijeron que estaban cerrando… —bufó de mala manera sin mirarle a la cara—. Solamente estamos siendo una molestia para ellos.

—Claro que no —respondió el rubio sin rodeos y con una amplia sonrisa en su rostro—. Las personas como el viejo, que han dedicado toda su vida a atender a los comensales nunca pensaran en ellos como una molestia, tal vez cierto día un problema se presente y se enojen y hasta griten al cliente si las cosas se ponen feas, pero, seguirán viendo con amabilidad y aprecio a cada uno de sus comensales…

—Supongo, de ellos viven.

—No… más que eso… es que se forma una relación entre el vendedor y el cliente. Cada uno necesita del otro. Así como en las familias, las parejas, los amigos. No importa si se discute o hay un desacuerdo, siempre seguirán unidos por un lazo más fuerte que eso.

—Disfruten la cena, y no teman pedir más —interrumpió el viejo dejando dos tazones sobre la mesa.

—Muchas gracias —la castaña inclinó su cabeza en señal del respeto y el viejo le revolvió el cabello con una sonrisa.

—¡Muchas gracias abuelo, 'ttebayo!

—Estaré adentro por si quieren comer más.

—Es muy atento, ¿no lo crees? —preguntó el rubio levantando su plato, simulando un brindis—. Aunque llegamos tarde y le estamos causando molestias al hacerle trabajar más tiempo, nos trata con amabilidad.

—Sí…

—Sabes, Hanabi, cuando convives mucho tiempo con otra persona, o personas, siempre habrán momentos en que las discusiones surgirán. A veces, no sabrás que hacer para devolver todo a la normalidad y acabar con el conflicto, pero eso lo hace más interesante, puedes probar diferentes estrategias hasta que alguna de resultado. Incluso tu hermana, con su carácter tan pacifico se ha enojado en alguna ocasión conmigo. Pero como te digo, es normal… parte del querer a alguien creo que es reclamarle sus malas acciones y eso sin poderse evitar lleva a discusiones y a problemas que al final nos enrollan y no sabemos cómo desenvolvernos.

—Creo que tú eres el único enredado ahora…

—Sí, un poco debo confesar pero… creo que a final de cuenta entiendes el mensaje… En lugar de huir corriendo como una cobarde, ¿por qué no le dices de frente lo que está pasando?

—¿Tú lo sabes?

—Hinata me contó un poco…

—Debí suponerlo. Sin embargo, no es tan fácil, aunque hiciera las paces con él, hay algo que debo de solucionar por mi cuenta. Es un asunto que solo tiene que ver con mi familia y nada más, un pendiente que dejó mi abuelo hace años y como próximo líder me toca resolver a mí.

—Tal vez, si dejas que te ayuden sería más sencillo.

—No, no quiero que nadie se involucre, no quiero que nadie salga lastimado. Hikaru es mi problema y yo voy a resolverlo.

—Mmm. Sabes, si hablaras con tu hermana ella podría…

—No, Naruto, Hinata no tiene por qué entrometerse en esto, ella no debería de siquiera saber lo que está pasando.

—Hanabi.

—Es suficiente, ya no quiero seguir hablando de esto.

—Deberías dejar de subestimar a todas las personas a tu alrededor, siempre encuentras un motivo perfecto para ubicarlos en un nivel inferior al tuyo.

—No es mi culpa estar por encima de otras personas.

—Sabes, si estuviera en mis manos juzgarlo, diría que tu hermana es ahora mucho más fuerte que tú, solo que ella ha encontrado cosas más importantes en su vida y tú también podrías encontrarlas, si te dieras la oportunidad de encontrarlas, claro está.

—Tú no podrías entender jamás la diferencia entre Hinata y yo.

—Tal vez no pueda, pero sé que Hinata sufrió mucho cuando todos le dieron la espalda en tu familia, por ser según ellos débil la hicieron a un lado, pero creo que fue precisamente eso lo que la hizo más fuerte. Cuando alguien puede tocar con sus propias manos la soledad y hacerla suya, cuando logra dominar el miedo a estar solo y pasarle por encima es cuando alguien puede considerarse verdaderamente fuerte, pero, alguien que lo ha recibido todo sin esfuerzo alguno, ¿qué puede saber sobre la verdadera fortaleza de no ser consumido por la oscuridad?

—¿Qué puedes saber tú sobre mí?

—Lo suficiente en este momento —sus ojos brillaban con un tono naranja—. Hay ciertas cosas que puedo saber sin que me las digan. Por eso agradezco que tu hermana sea siempre tan sincera conmigo, o de lo contrario, en ocasiones sería decepcionante.

—Con todo respeto, —sus ojos le miraban con furia—, no vuelva a meterse en mi cabeza, o mis asuntos, Hokage-sama.

—Disculpa, pero fuiste tú quien vino a mí llorando.

—No lloraba, era la lluvia.

—Hanabi —la castaña detuvo sus piernas—. ¿Recuerdas lo que te comenté hace un rato, sobre el vendedor y su cliente? —ella asintió—. Deberías de ir y saldas las cuentas que tienes pendientes.

—¡Yo no…!

—¡Naruto-niichan! —Hanabi enmudeció al escuchar aquella voz tan cerca de ella—. Te he estado buscando desde temprano, necesito hablar contigo.

—¿Puede ser mañana? —preguntó sonriendo el rubio—. Por esta noche quiero ir a casa a ver a mi esposa y dormir.

—Pero… —Konohamaru suspiró al ver el dinero sobre la mesa y ni sombras de su mentor—. Ni modo, esperaré a mañana. —Levantó su mano, presionando el puente de su nariz con la otra—. Alto —la castaña detuvo sus pasos—. A ti también te estaba buscando.

—¿Qué quieres ahora?

—Ven conmigo —la tomó del brazo y comenzó a halarla por las ya vacías calles de la aldea. Lo único que pudo decir fue un gracias a la distancia para quien amablemente había preparado la cena.

—Detente —pidió por enésima vez intentando soltarse—. ¿A dónde diablos me llevas?

—Llegamos —dijo de pie frente al cementerio.

—Me voy.

—No, no irás a ninguna parte —le apretó con más fuerza, llevándola dentro, hasta estar de pie frente a un trio de lápidas—. ¡Quiero que dejes de tratarme como a un idiota de una vez por todas!

—¿De qué estás hablando?

—Fui a hablar con Hinata. Ya sé quién es ese tal Hikaru, ya sé todo y no pensé que fueras a actuar de una forma tan cobarde.

—No tengo idea de lo que estás hablando.

—¿No, no tienes idea de lo que te estoy diciendo?

—Mantente fuera de este asunto, por favor.

—¿Qué crees? No se me da la regalada gana de hacer lo que dices, Hanabi.

—¿Estás tomado? —Preguntó al sentir el olor a alcohol cuando se acercó a su rostro.

—¡No me interrumpas cuando hablo!

—Ay, por favor, esto era lo que te faltaba. Si quieres hablamos cuando estés más consciente. Yo me largo.

—¡Que te esperes te digo! —La tomó de la nuca, obligándola a mirarlo a la cara—. Cásate conmigo.

—¿Qué?

—Ya no soporto más esto, mañana mismo casémonos y ya se acabará todo este asunto.

—¿Sabes qué creo? —preguntó sonriendo.

—¿Qué crees?

—Que te pasaste de tragos —se soltó y le tomó la mano—. Es hora de que te vayas a dormir —comenzó a caminar, llevándolo consigo.

—Lo digo en serio, Hanabi.

—Yo también lo estoy diciendo en serio…

—Dime, ¿aún lo recuerdas? Lo que pasó hace casi 16 años…

—Por desgracia sí, y es por eso que te pido que te mantengas fuera de este asunto… no quiero que nadie más salga lastimado cerca de mí.

—¿Y crees que yo si quiero quedarme sentado a ver cómo te pierdo a ti también para siempre?

—Konohamaru…

—Por aquel entonces, realmente sentí que ya no tenía a nadie más, aun cuando estaban mis abuelos conmigo… la sensación de perder a los seres que más amas como lo son los padres para un niño… es algo terrible y no quiero volver a perder a una persona a la que ame, Hanabi.

—Por favor, detente…

—Hanabi, yo…

—No lo digas… por favor.

—Yo te a.

—¡No! —gritó empujándolo—. No quiero que lo digas, no puedo escucharte decir eso… si lo dices, si dices que me amas… yo… yo no sabré que hacer. No lo digas, no ahora, por favor.

—¿Y si no lo digo ahora, cuando?

—¡No lo sé, no lo digas y ya!

—¡No puedo callarme, no cuando sé que si te dejo ir ahora, tal vez hagas la cosa más estúpida de toda tu vida, que tal vez no pueda volver a verte nunca más, que de seguro no tendré otra oportunidad para decirte que te amo, Hyuuga Hanabi!

—¡Cállate! —lo empujó—. ¡No vuelvas a acercarte a mí nunca más!

—¡Me niego! —la haló de la cintura, acercándola de golpe a él, chocando el delgado cuerpo femenino contra el suyo, besándola con impotencia e ira, sintiendo como con sus pequeñas manos lo empujaba y lo golpeaba en el pecho.

—¡Idiota! —gritó pasándose el antebrazo por los labios cuando logró liberarse—. ¡Eres nada menos que un idiota! —comenzó a correr tan rápido como sus temblorosas rodillas se lo permitían—. Eres un idiota… —susurró a la nada arrinconada al fondo de uno de los callejones, limpiando con esmero sus labios con sus manos, sacudiendo su cabeza buscando de alguna manera secar las gruesas lágrimas que bajaban por sus mejillas.

—Maldita sea… —bufó Konohamaru sujetando su frente con ambas manos, aún en el cementerio—. No sé qué hacer… lo siento, al final no sé cómo detenerla…

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27 de Marzo. 16 años atras

04:25 p.m.

Aldea Oculta de la Residencia Hyuuga.

—Sé que Maru-chan siempre estará a mi lado cuando lo necesite, sin importar nada, él siempre estará conmigo cuando esté sola, por eso, si un día, cuando sea grande, tendré que casarme, prefiero que sea con él, ¿cierto, Maru-chan?

—Sí —bufó sin dejar de lado la comida—. Hanabi es bonita, está un poco loca y es agresiva pero es normal en ella.

—Ustedes dos, no tienen la menor idea de lo que están hablando —les reprendió el tercero, decidiendo entre reír o bufar por aquel disparate de esos dos niños.

—¡Si lo sé! —reviró la pequeña, levantándose de la mesa—. Las personas, cuando dos se aman mucho se casan, tienen una familia y pasan su vida juntos, en las buenas, las malas…

—Y discuten —secundó el castaño.

—¡Sí, eso! Discuten, pero siempre se siguen amando.

—También le juran a Dios y a todos que se amaran sin importar nada.

—Y se perdonan cuando se equivocan.

—De vez en cuando mienten…

—Pero si su amor es verdadero, nada podrá destruirlo.

—Sí, algo así era —Konohamaru bostezó y se levantó de la mesa—. Ustedes siempre discuten, pero siguen estando juntos —se encogió de hombros, señalando a sus padres.

—Y Sadako-baachan dice que a mamá la obligaron pero, yo sé que ella quiere a papá y papá a ella, porque solo ellos podrían soportarse mutuamente —los ojos de sus padres se ensancharon ante las palabras de su hija menor—. Tú eres un gruñón bipolar y tú estás un poco loca.

—Vamos, a esta hora comienzan a salir las luciérnagas —haló a Hanabi del pelo y esta se levantó furiosa persiguiéndolo.

—¡Idiota! —gruñó, atravesando la puerta detrás de él.

—¿Por qué…? —solo la voz de Hiashi en esa pregunta se escuchó.

—Permiso —dijo Hinata levantándose—. Me asegurare de que no se lastimen, ya ha comenzado a obscurecer.

—Entonces, ¿qué ellos decidan? —todas las miradas volvieron al tercero—. Al menos, si se arrepienten cuando crezcan… que tengan derecho a arrepentirse de la decisión que tomaron de niños.

—Me parece un buen trato —sentenció Hideki con una formidable sonrisa orgullosa en su rostro—. Pero, en caso de que no se arrepientan, se casaran al cumplir 18.

—¿Tan jóvenes? —preguntó Hanako.

—Tú tenías 16 cuando te casaste con mi hijo —ella bajó la mirada ante aquella respuesta.

—Yo creo que cuando la niña cumpla 21 estará bien —intervino Takeshi—. Así tendrán tiempo suficiente para aceptarlo o arrepentirse.

—Está decidido entonces.

Hinata había permanecido espiando tras la puerta y se retiró en carrera al escuchar los pasos de su abuelo ir en su dirección.

—Vuelvo en un instante —anunció y salió, topándose con uno de los guardias de la mansión en la entrada.

—¡Hideki-sama, por favor infórmele al Hokage-sama que se le busca con urgencia en la aldea, estamos bajo ataque!

—¿Bajo ataque? —todos los presentes en la sala se levantaron rápidamente.

—¡¿Qué ha pasado?! —preguntó el tercero con preocupación, saliendo guiado por el guardia.

—¡Un grupo de enemigos de la aldea de la roca han aparecido, tal parece que el Tsuchikage de nuevo está planeando dejar en claro su poder militar! —narraba este a los presentes ya en el jardín.

—¿Qué está pasando madre? —preguntó Hinata a su progenitora.

—Nada importante. Por favor quédate con tu hermana y cuida de ella, cariño.

—Sí… —respondió la mayor de las niñas, tomando la mano de su pequeña hermana y tras de ellas Kou se plantó con clara intenciones de mantenerlas fuera de cualquier riesgo.

—¡Iré contigo padre! —Anunció Takeshi avanzando tras Hiruzen.

—Yo también voy —Sadako tomó a Konohamaru en brazos y lo entregó al guardia de antes—. Por favor, llévalo con okasama —pidió besando la frente del pequeño—. Te veo luego, querido hijo —le dijo abrazándolo antes de correr tras su esposo.

—Hanako, toma a las niñas y ve a un lugar seguro —dijo el castaño Hyuga tomando de las manos a su mujer.

—No, ellas estarán bien con Kou. Tú prepara a los mejores guerreros del clan para defender la aldea —rosó sus labios en un beso fugaz y echó a correr tras los demás—. ¡Te espero en el campo de batalla, yo me adelantaré!

—¡Hanako!

—Déjala —intervino su padre tomándolo del hombro—. Cumple tu papel de liderar, ella es una de las mejores kunoichis de nuestro clan, estará bien.

—¡De prisa, es nuestro deber demostrar porque somos el clan más poderoso! —exclamó Hiashi mientras los combatientes de su familia se afirmaban frente a él.

El fuego típico de cualquier enfrentamiento azotaba casas, edificios y comercios. La fuerza del enemigo superaba sus expectativas y con el Hokage a la cabeza seguían luchando.

—Hanako, ¿qué vez? —Preguntó Takeshi oculto entre la maleza a las afueras de la aldea.

—Su líder está hasta el fondo, sobre una especie de topo gigante. Estoy segura de que acabar con él será la forma más rápida de acabar con esta embestida.

—Tienes razón. Sin un líder, los peones siempre se retiran —comentó Sadako manteniendo su posición.

—Bien, entonces yo haré de señuelo. Los distraeré para que ustedes puedan ir tras el líder —aseguró Takeshi haciendo aparecer en sus manos y brazos una serie de cuchillas de chacra que se expandieron hasta convertir su cuerpo entero en un alfiletero lleno de filosas cuchillas que salían por todas partes.

—En ese caso, te apoyaré. Mi técnica es más de ataque directo que distancia, podría serte de gran ayuda para entretener al enemigo, en cuanto tengan su atención en nosotros será el turno de Sadako.

—Lo entiendo —respondió la aludida sonriendo—. Es en estos momentos que agradezco esta extraña habilidad.

—No falles, Sadako.

—Ustedes tampoco —pidió sonriendo.

—¡Hanako! —exclamó Takeshi ya en el campo de batalla, con su compañera a sus espaldas—. ¡Cuento contigo, como en los viejos tiempos!

—¡Sí!

Su cuerpo estaba en posición de batalla y mientras los ninjas de la roca se acercaban a ellos, con facilidad los sacudía usando sus palmas. Mientras no desactivara su byakugan nada saldría de su alcance y las filosas cuchillas de Takeshi, creciendo y encogiéndose a voluntad le servían de arma y escudo.

Sadako esperaba en las sombras, lista para usar su habilidad especial, cuando fuera el momento, su puntería siempre tan certera, siendo su mayor habilidad le permitiría encajar la aguja que sostenía en sus manos justo en la yugular de su víctima. Así era como debía ocurrir.

—¡Sadako! —gritó con terror el castaño al ver el cuerpo muerto y semi-degollado de su esposa caer a sus pies. Sus ojos estaban aún abiertos, con grandes lágrimas corriéndose en sus mejillas y la sangre que salía de su cuello se esparcía por el suelo a gran velocidad. Las cuchillas en el cuerpo del Sarutobi desaparecieron para sujetar el ya sin vida cuerpo de su mujer—. ¡Malditos! —gritó lleno de ira.

—No puede ser… —susurró Hanako, borrando todo rastro de consciencia en su última víctima antes de correr hasta llegar a lado de sus compañeros—. Sadako-chan… —se mantuvo de pie frente a ellos, con la guardia en alto y afirmando sus manos al frente al ver a aquel hombre acercarse a ellos despacio.

—Valla, valla… ¿entonces pensaban tenderme una trampa? —la Hyuuga tragó saliva, ocultando los nervios que sentía en el fondo de su pecho—. Suerte que mis amigos me advirtieron… —aseguró sonriendo mientras una mosca se posaba en su dedo.

—Tú… maldito… —Takeshi se levantó del suelo tras cerrar los ojos de la mujer que amaba—. Voy a acabar con tu vida…miserable escoria…

—¿Tú, y cuantos más?

—Conmigo será suficiente… —anunció de pie junto a Hanako, quien se dedicaba a contar internamente la cantidad de enemigos que veía aparecer a unos pocos metros de distancia.

—Son demasiados… —se dijo a si misma manteniendo su postura—. Yo también estoy aquí —advirtió al hombre dando un paso al frente—. No dejaré que dañes a ninguna otra persona de esta aldea.

—Piérdete, zorra —mofó sacudiendo su mano hacía el frente, ella sintió un pequeño polvillo entrar a sus ojos pero lo ignoró—. Alguien tan débil como tú no es digna de siquiera hablarme.

—El único débil en este lugar eres tú —respondió avanzando hacia el frente—. ¡Ahora Takeshi! —exclamó tomándole ambas manos y girándolas para retenerlo frente a ella.

—Mujer estúpida —bufó el hombre, dejando salir de sus brazos un par de cuchillas afiladas de acero que atravesaron las manos de la mujer.

—Mierda… —se quejó por lo bajo sin soltarle, haciéndose a un lado únicamente al sentir a Takeshi sobre ella. Se giró a gran velocidad y cubriendo sus heridas con la tela de su yukata se giró sobre sí misma formando una gran esfera con la que dejó fuera de combate a los hombres que acababan de lanzarse contra ella.

—¡Hanako! —escuchó la voz de su esposo a lo lejos y se giró para golpear a uno de los hombres en el pecho, antes de correr en dirección a su amado.

Una sagaz ráfaga de luz cubrió sus ojos y la poca visión que aún conservaba gracias a su dojutsu desapareció. Se detuvo a la mitad de la nada cuando todo se tornó negro frente a ella.

Piérdete, zorra —mofó sacudiendo su mano hacía el frente, ella sintió un pequeño polvillo entrar a sus ojos pero lo ignoró—. Alguien tan débil como tú no es digna de siquiera hablarme.

Aquello llegó a su memoria como un flashback y su cuerpo por impulso se afirmó en guardia.

—¡Huye, ahora! —gritó con fuerza dando golpes pocos certeros en los que ahora le atacaban. Golpeando en diferentes direcciones sin ningún punto de orientación.

—¡Hanako! —gritó con desespero Hiashi alcanzándola solo para tomar su cuerpo inerte cayendo al suelo cuando una de las espadas le atravesó el pecho completamente.

Sus ojos blancos miraron frustrado como lentamente sus latidos se detuvieron tras un largo suspiro y con la misma espada que su esposa acaba de ser atravesada corrió en dirección al que lideraba aquella matanza, pasando por encima de cualquiera que se le atravesara, encontrándose con un furioso Takeshi enterrando una daga contra la garganta del asesino.

—Hiashi… ya está… —dijo sonriendo, tomando la espada, aún en manos de Hiashi, enterrándola en el pecho de aquel hombre—. Por favor… échale un ojo a mi hijo de vez en cuando… te lo pido como amigo… por favor… —su boca sangraba y entonces Hiashi notó la herida abierta en su abdomen—. Al menos pude… vengar su muerte…

—¡Oniisama! —Hiashi se retiró lentamente al ver a Asuma correr en dirección a ellos—. Oniisama abre los ojos, por favor.

—Hijo… —salió de los labios de Hiruzen al tomar entre sus brazos el cuerpo caído de su nuera, viendo a lo lejos el de su hijo tendido en el suelo.

—Hanako… —los ojos de Hiashi, siempre inexpresivos se turbaron mientras levantaba el cuerpo de la madre de sus hijas entre brazos. Frente a los miembros de su familia, caminó todo el camino de vuelta a la aldea, de vuelta a su hogar llevando el cuerpo consigo, siendo seguido de cerca por los que le habían acompañado en aquella batalla—. No debí dejarte ir primero…

Su rostro siempre firme e imperturbable dejó escapar un par de lágrimas que se ocultaban entre la lluvia que comenzaba a caer.

La peor parte, lo que más le preocupaba era como darle la noticia a sus hijas…

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25 de Enero.

5:35 a.m.

Aldea oculta de la hoja, mansión principal Clan Hyuuga.

No importa lo que pase… siempre estaré ahí para ti, cuando me necesites estaré a tu lado. No importa que tan lejos estés, yo te juro que llegaré —sus ojos castaños la miraban con tal calidez que ella sintió por primera vez sus rodillas temblar.

Konohamaru… —desvió la mirada, buscando ocultar su sonrojo—. Yo, solo quería felicitarte por tu graduación como Chunnin, no tienes por qué salir con este tipo de cosas en un momento así.

¿Por qué no? Mi prometida ha venido hasta la academia solo para felicitarme, después de casi 2 años sin hablar, realmente me alegra que vinieras. Estoy muy feliz.

Suficiente, no debí haber venido —bufó dándose la espalda, echando a andar por los pasillos de la academia—. Además, es estúpido que hicieran el acto memorial en la academia.

Es para que los jóvenes vean a donde son capaces de llegar con esfuerzo y trabajo duro.

Da igual —siguió andando y los brazos de Konohamaru rodeando su cuerpo la hicieron detener.

Gracias, de verdad, no tienes idea de lo que significa para mí que hallas venido.

Sus ojos se abrieron con fuerza y apretó las mantas entre sus dedos.

Ahí estaba de nuevo, esa punzada que azotaba su cabeza cuando dormía. Desde que había hablado con ese hombre en el hospital no dejaba de despertar con aquella incomoda sensación, además, los recuerdos pasados que tenía con Konohamaru seguían golpeando en su pecho con insistencia, colándose en sus sueños como hiedra a través del cemento. Era irritante y le frustraba no poder luchar contra aquella sensación.

Suspiró cansada, fijando sus ojos en el cielo aún oscuro. En unos minutos saldría el sol.

Y si dijera que no… ¿qué pasaría entonces?

Destruiré todo lo que te importa, no dejaré nada, comenzando por Sarutobi Konohamaru.

Yo…

Piénsalo —se acercó a ella y acarició su mejilla suavemente—. Tú siempre has sabido que debía de ser así.

Su piel se erizó al recordar aquellas palabras. Estaba nerviosa, tanto que sus piernas temblaban nuevamente. No quería que nadie más a su alrededor saliera lastimado. Respiró hondo y se levantó.

Llevaba 2 días ocultándose de aquel que lograba calar en sus huesos como nadie más lograba hacerlo. Ató su cabello en una cola alta y afirmó su bolsa a su cintura.

Le habían mandado a decir la noche anterior que se debía presentar al alba a la oficina del Hokage, había una misión que debía cumplir y mientras esperaba la llegada de Hikaru, aprovecharía cualquier oportunidad para investigar o entrenar.

Salió por la ventana, para hacer pasar inadvertida su salida. A medida que corría por las calles de la aldea los primeros rayos del sol se asomaron y con ellos la mañana se abrió paso, justo cuando el alba teñía de naranja el cielo entró a la oficina del que ahora era su oniisan.

—Buenos días, disculpe la tardanza —se disculpó, inclinándose ante el Hokage y su asesor.

—No te preocupes, la verdad, eres la única en llegar hasta ahora —dijo Naruto sonriendo. Recibiendo de las manos del líder Nara unos papeles.

—Ya veo… —la puerta se abrió tras de ella y tres personas la atravesaron.

—Buenos días, Naruto-niichan —dijeron las tres personas con sonrientes expresiones en sus rostros.

—Imposible… —susurró de forma inaudible.

—¿Para qué querías vernos? —preguntó Udon, evitando ser atrapado por la tensión que rodeaba a las tres personas a sus espaldas.

—Tengo una misión importante que encomendarles. Konohamaru, tú liderarás la misma, contarás con Hanabi, Moegi y Udon como tu equipo.

—Entendido, ¿de qué se trata?

—Sé que todos los presentes están al tanto de esto así que me atreveré a hablar con total claridad. Hemos encontrado información sobre miembros de un clan de criadores de insectos, procedentes de la aldea de la roca que se creía estaba extinto.

—Kamizuru… —susurraron a la vez los dos castaños, intercambiando una leve mirada.

—Como sabrán, Hyuuga Hanabi fue víctima del ataque de estos individuos hace poco tiempo, necesito dar con ellos y que sean enjuiciados antes de que más personas de esta o cualquier aldea sean lastimados por estas personas. No quiero errores, son peligrosos y cuento con ustedes para que entren a la aldea con vida.

—¡Sí! —respondió con firmeza el anunciado líder de la misión—. Haremos lo mejor que podamos, Naruto-niichan.

—Eso espero —respondió sonriendo antes de mover sus manos para que partieran.

—Konohamaru… —la castaña se acercó a él, tomando la manga de su sueter cuando se dirigían a la salida de la torre Hokage—. Yo…

—¡Konohamaru-kun! —Hanabi retrocedió al ver a Moegi colgarse del otro brazo del Sarutobi.

—¿Pasa algo, Hanabi-san? —preguntó sin mirarle a los ojos, con tono distante y frío.

—Nada… —respondió atrasándose un par de pasos.

—Bien, es hora de partir —dijo ya fuera del edificio—. Discutiremos la estrategia y los detalles en el camino, Naruto-niichan me ha entrado toda la información que necesitamos.

—Sí, será divertido salir juntos de misión después de tanto tiempo, Konohamaru-kun —inquirió besando su mejilla.

—Idiota… —susurró Hanabi, adelantándose a los demás de un salto.

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Continuara…


Bueno, un día después de lo prometido pero anoche no me quería salir el capítulo jaja y hoy me invadieron la pc unos amigos que venían a programar unas páginas para la uni. Se aprovecharon de mi pc como no tienen idea :'( eso le metieron y sacaron pendrives con una insistencia que la pobre quedó más agotada que Hinata después de un lemon(? Okei no xD

Como sea, nos leemos al siguiente…

Besos~~ FanFicMatica :*