CAP FINAL!

Mia se acurrucó junto a ella y se apretó contra su hermana. A pesar de que estaba tapada por la colcha y de que se había metido en la cama con Letty en el dormitorio de invitados, seguía teniendo frío.

Su hermana le acarició el pelo, susurrando palabras de consuelo. Era como si fuesen niñas de nuevo y Letty le estuviese enseñando a Mia lo que era sentirse amada y a salvo. Algo que Mia sólo había sentido con ella.

Le dolía todo el cuerpo. Era un dolor profundo que le había succionado toda la fuerza. Su hijo había muerto. Su marido también. Y lo único que podía sentir Mia era que ella también estaba muerta. La sorprendía notar que el aire se deslizaba entre sus labios. Había creído que esos gestos propios de la vida ya estaban lejos de su alcance.

—Al final era Vince—susurró.

Su hermana se quedó en silencio.

—Cuando entró en mi dormitorio, era el hombre al que había llegado a odiar y temer. Tenía los ojos desorbitados y blandía una pistola. Sentí tal alivio al verlo... Pensé: «Por fin va a terminar mi dolor». Creí que se apiadaría de mí y me liberaría de todo esto.

Letty la estrechó entre sus brazos.

—No pienses más en ello.

Mia intentó tragar, pero tenía la boca seca.

—Le supliqué: «Mátame. Toma mi vida. El bebé ya no está... Por favor. Deja que me vaya». Y entonces se convirtió en el Vince de siempre. Pude verlo en sus ojos. Eran tan sombríos. Vio lo que había hecho cuando estaba fuera de sí.

—Mia. Chist... Necesitas des... descansar.

El tartamudeo de Letty resonó dentro de su hermana.

—Pero Vince no me liberó de mi agonía. Fue egoísta hasta el final y sólo pensó en sí mismo. Y, sin embargo, lo echo de menos. Echo de menos al hombre que era. El hombre con el que me casé. Te acuerdas de él, ¿no, Letty ? —Echó la cabeza hacia atrás y miró a su hermana—. ¿Te acuerdas de cómo era hace tanto tiempo?

Letty asintió, tenía los ojos y la nariz rojos de tanto llorar.

—¿Qué significa? —le preguntó Mia bajando de nuevo la barbilla—. ¿Que soy feliz porque se ha ido, pero que al mismo tiempo estoy triste?

Se produjo un largo silencio hasta que Letty volvió a hablar.

—Supongo. Quizá lo que echas de menos es la promesa de lo que podría haber sido y al mismo tiempo estás agradecida de que se haya acabado.

—Puede. —Mia se acercó un poco más a ella en busca del calor que desprendía su cuerpo—. ¿Y qué..., qué hago ahora? ¿Cómo sigo..., cómo sigo adelante?

—Un día detrás de otro. Te levantas por la mañana, comes, te bañas y mientras estés tan triste, hablas sólo con la gente que te apetezca. Con el paso del tiempo te dolerá menos. Y luego un poco menos. Y así irás avanzando. —Letty le pasó los dedos por el pelo—. Hasta que una mañana te despertarás y te darás cuenta de que el dolor es tan sólo un recuerdo. Siempre formará parte de ti, pero a la larga dejará de tener el poder de hacerte daño.

A Mia se le llenaron los ojos de lágrimas, que derramó encima del corpiño del vestido de Letty . Ésta se había metido en la cama vestida, ofreciéndole consuelo antes incluso de que Mia supiese que lo necesitaba.

—Supongo que tendría que alegrarme de no estar embarazada del hijo de mi marido muerto —susurró—, pero no puedo. Me duele demasiado.

Un sollozo resonó en el dormitorio, la expresión desgarradora de un dolor demasiado reciente como para hacerle frente. La agonía se abrió pasó por el entumecimiento de Mia y la desgarró por dentro.

—Quería a ese bebé, Letty. Quería a mi bebé...

Ella empezó a acunarla y a murmurar palabras de consuelo sin demasiado sentido, para intentar calmarla.

—Habrá otros. Algún día encontrarás la felicidad que te mereces. Algún día lo tendrás todo y entonces lo que hayas pasado para llegar hasta allí tendrá sentido.

—¡No digas eso! —Mia ni siquiera podía plantearse la posibilidad de volver a quedarse embarazada. Le parecía una traición demasiado grande para el bebé que había perdido. Como si los niños fuesen reemplazables. Intercambiables.

—Pase lo que pase, yo estaré a tu lado. —Letty le dio un beso en la frente—. Lo superaremos juntas. Te quiero.

Mia cerró los ojos, convencida de que su hermana era la única persona que podía decir eso. Porque incluso Dios la había abandonado.

Dom entró en su casa destrozado. El dolor de Letty lo sentía como propio y tenía el corazón apesadumbrado de la tristeza y el horror que ensombrecía la vida actual de ella.

Le entregó el sombrero y los guantes al mayordomo.

—Su excelencia lo está esperando en el despacho, milord —anunció Clemmons.

Dom miró el reloj de pared y vio que era muy tarde. Casi la una de la madrugada.

—¿Cuánto tiempo lleva esperando?

—Casi cuatro horas, milord.

Estaba claro que su madre no era portadora de buenas noticias. Preparándose para lo peor, Dom entró en su despacho y vio a la duquesa leyendo en un sofá. Tenía los pies debajo de ella y una manta delgada sobre las piernas. El fuego ardía en la chimenea, y un candelabro en la mesa que su madre tenía junto al hombro iluminaba las páginas del libro que estaba leyendo.

—Dom . —Levantó la vista al oírlo entrar.

—Madre. —Rodeó el escritorio y se quitó el abrigo—. ¿Pasa algo malo?

—Tal vez yo debería preguntarte lo mismo —dijo ella, después de mirarlo.

—He tenido un día larguísimo y una noche interminable. —Se sentó en su silla y suspiró agotado—. ¿Qué necesitas que haga?

—¿Tengo que necesitar que hagas algo?

Dom se quedó mirándola y vio que tenía arrugas alrededor de los ojos y de los labios, signos que, después de ver a Mia, empezaba a relacionar con tener un matrimonio difícil. Signos que jamás vería en la cara de Letty, porque él se moriría antes que causarle ninguna clase de dolor.

Al ver que Dom no le contestaba, Louisa apartó la manta y bajó los pies del asiento. Se tomó las manos encima del regazo y echó los hombros hacia atrás.

—Supongo que me merezco tu suspicacia y que desconfíes de mí. Estaba tan concentrada en lo que yo sentía que me temo que nunca presté demasiada atención a lo que sentías tú. Y lo lamento profundamente. Te he hecho daño durante muchos años.

A él se le aceleró el corazón y la confusión se mezcló con la incredulidad. De pequeño había querido oír esas palabras más que nada en el mundo.

—He venido a decirte —siguió su madre— que deseo que seas feliz. Le hace bien a mi corazón ver que esa mujer te ama y te admira tanto. Porque lo vi. Y también lo sentí. Venera el suelo que pisas.

—Yo siento lo mismo por ella. —Dom se pasó la mano por el lugar en el pecho que más echaba de menos a Letty —. Y ni su estima ni su amor disminuirán jamás. Letty sabe lo peor de mí y me ama a pesar de mis errores. No... Diría que quizá me ama gracias a mis errores; porque ellos son los que me han hecho como soy.

—El amor incondicional es un regalo maravilloso. Es culpa mía no haber sido capaz de dárselo a mi hijo. —Se puso en pie—. Quiero que sepas que apoyaré tu decisión hasta el final. Acogeré a tu esposa en mi corazón igual que has hecho tú.

Él pasó los dedos por la mesa lacada. Dios, estaba exhausto. Quería a Letty a su lado, cerca. Necesitaba abrazarla y encontrar su propia paz con ella.

—Significa mucho para mí que hayas venido, madre. Y que hayas esperado a que regresase. Y que me des tu bendición. Gracias.

Louisa asintió.

—Te quiero, Dom. Haré todo lo posible para demostrarte cuánto, y espero que algún día ni la desconfianza ni la suspicacia tengan cabida entre nosotros.

—Yo también lo espero.

Su madre rodeó el escritorio y se inclinó para darle un beso en la mejilla.

Dom le tomo la muñeca antes de que se apartase y la retuvo cerca de él para poder observar su reacción. ¿De verdad había ido a verlo porque se arrepentía de su comportamiento, sin ningún otro plan, sólo para demostrarle su afecto? ¿O ya se había enterado de lo que él todavía no le había contado y le daba su bendición porque creía que así era un riesgo controlado?

—Serás abuela —le dijo despacio.

Louisa se quedó petrificada, sin respirar y entonces sus ojos se llenaron de una alegría incontenible.

—Dom...

No, su madre no lo sabía. El alivio que sintió al saber que su afecto había sido sincero se extendió por sus venas.

-Pero yo pensé que Letty no podía concebir. – Sí también ella pensaba lo mismo, hasta esta tarde que el doctor tuvo que hacerle un chequeo y lo confirmo.

Una trémula sonrisa borró la melancolía de los ojos de Louisa, iguales a los de él.

Dom le devolvió la sonrisa.

Epílogo

—Tu hermana tiene buen aspecto —comentó su excelencia la duquesa de Masterson.

Letty miró a la madre de Dom por encima de la mesa de la terraza.

—Sí, tiene buena salud y ha recuperado las fuerzas. Y cada día que pasa se acuerda un poquito más de reír y de ser feliz.

Más allá de los balaustres de piedra que separaban el porche de los inmaculados jardines de la mansión Masterson, empezaban a llegar la docena de invitados que asistían a la fiesta que ofrecía Letty por el futuro Conde, el pequeño Dom. Incluso el duque estaba fuera, disfrutando del buen día, sujetando de las manos al pequeño Dom, que se balanceaba por el camino de grava.

—Lord Brian parece estar prendado de ella —señaló Louisa.

Letty desvió de nuevo la mirada hacia Mia y Brian y vio que seguían caminando juntos. Su hermana sujetaba una sombrilla y Brian tenía las manos entrelazadas a la espalda. Hacían muy buena pareja.

—Siempre ha sido muy buen amigo —dijo Letty—. Pero a lo largo de este último año ha demostrado que su presencia es inestimable, en más de un sentido. Él la hace sentirse a salvo y gracias a eso Mia ha empezado a recuperarse. Igual que su hijo hizo por mí.

—Lo que tú has hecho por él es igual de importante, si no más. —La duquesa levantó su taza de té y se la llevó a los labios. Protegía su delicada piel de porcelana con un sombrero de paja de ala ancha—. Por cierto, ¿dónde está mi hijo?

—Está resolviendo un problema de irrigación o algo por el estilo.

—Espero que sepa que Masterson está impresionado con él.

Dom no tenía modo de saber tal cosa, porque los dos hombres apenas hablaban, pero aquel desafortunado tema era mejor dejarlo para otro día.

—No hay nada que no haga bien. Es verdad, me parece increíble que a una alma tan romántica y creativa como la de Dom se le den tan bien los números, la ingeniería y un sinfín de temas analíticos.

Y también había que tener en cuenta sus aptitudes físicas, pero ésas sólo las sabía Letty y eran para su disfrute personal.

—Milady.

Una doncella se acercaba con una misiva en la mano. Letty le sonrió y tomo la carta, reconociendo de inmediato la letra de su esposo. Rompió el sello y sonrió.

Encuéntrame.

—Si me disculpa, excelencia —le dijo, apartándose de la mesa para ponerse en pie.

—¿Va todo bien?

—Sí. Como siempre.

Letty cruzó las puertas de la terraza y entró en la casa. El interior estaba tranquilo y en silencio. La finca, a pesar de su enorme extensión, conseguía mantener cierto aire hogareño y de intimidad. Dom y ella residían en una ala de la mansión durante los meses de verano, mientras que el duque y la duquesa estaban allí casi todo el año. Aquél era el segundo año que pasaban el verano con la familia de él y ahora también su hijo y, de momento, iba mejor que el primero.

Letty había aprovechado la excusa para pedirle a Mia que se uniese a ellos durante el verano y así animarla a que volviese a entrar en sociedad la próxima Temporada. El último año había sido muy duro, con el escándalo que rodeó la muerte de Vince y las especulaciones que surgieron a raíz de ello. El matrimonio de Letty con Dominic Toretto futuro duque, ayudó a desviar la atención, pero no había nada que pudiese acelerar el proceso de curación de su hermana.

Sin embargo, Mia seguía avanzando con paso firme y seguro, con Brian siempre a su lado por si lo necesitaba, un amigo discreto y de fiar. Quizá algún día él se convirtiera en algo más, cuando Mia estuviese preparada.

Dom estaba convencido de que su amigo esperaría pacientemente, tal como él había hecho por Letty.

Letty se dirigió primero al estudio de su marido, que estaba vacío. Entonces fue al vestíbulo y después a la sala de billar, pero no logró encontrarlo. Pero cuando empezó a subir la escalera adecuada, oyó un violín en la distancia. El corazón le dio un vuelco de alegría. Escuchar a Dom tocar el violín era una de sus aficiones preferidas. A veces, después de hacer el amor, él se levantaba de la cama y tomaba el instrumento. Ella se quedaba tumbada, escuchándolo, disfrutando de la emoción con que él interpretaba las notas y de lo que no sabía decir con palabras.

Era igual que con sus dibujos. El modo en que los lápices de Dom capturaban un instante sólo era posible si el artista amaba a la persona que dibujaba. Esos dibujos le contaban a Letty con elocuencia lo que significaba para él, lo a menudo que pensaba en ella y lo profundos que eran sus sentimientos.

Siguió las notas de la melodía hasta llegar a sus aposentos. Había dos doncellas en el pasillo tan atónitas como Letty, hasta que la vieron llegar y se fueron de allí corriendo. Ella abrió la puerta que conducía a su pequeño salón y la cerró tras de sí. La alegría la embargó a medida que la música iba subiendo de volumen. Encontró a su esposo en su dormitorio. Estaba de pie frente a una ventana abierta, sin más ropa que los pantalones color beige. Aqueronte estaba tumbado a sus pies, mirándolo absorto, igual que se quedaba todo el mundo al oírlo tocar.

Dom deslizó el arco sobre las cuerdas y los músculos de sus brazos se flexionaron y contrajeron con movimientos fluidos, creando una imagen de la que Letty no se cansaría nunca. Se sentó en el banco que tenían a los pies de la cama y se quedó mirándolo y escuchándolo y notó que empezaba a espesársele la sangre de deseo.

Era mediodía. Tenían un montón de invitados esperándolos esparcidos por toda la casa. Y, sin embargo, él la había atraído hasta su cama para seducirla con su talento y su virilidad. Había logrado despertar una necesidad en ella que Letty no sabía que tenía hasta que él se lo enseñó.

La música se fundió con la brisa del verano y ella aplaudió suavemente. Dom guardó el instrumento con cuidado en la funda.

—Me encanta oírte tocar —le dijo en voz baja.

—Lo sé.

Ella le sonrió.

—Y me encanta verte la espalda desnuda y tu provocativo trasero.

—Eso también lo sé.

Dom la miró y Letty se quedó sin aliento. Estaba parcialmente excitado y era tan hermoso...

Letty se lamió el labio inferior.

—Me parece que voy demasiado vestida.

—Así es. —Se le acercó con su gracia felina, y su abdomen musculoso y su paso firme avivaron los instintos femeninos de Letty.

—Hace más de un año que estamos casados y tenemos un hijo tan hermoso como tú y sin embargo todavía no he tenido el placer de llevarte de luna de miel. Y creo que es mi derecho como marido hacerlo.

Un escalofrío de placer le recorrió todo el cuerpo.

—¿Ah, sí? Pobrecito. ¿Te han negado algún otro derecho marital aun estando embarazada?

—Tú no te harías eso a ti misma.

Dom la tomo por los codos y la puso en pie. Había cierta urgencia y rudeza en sus caricias que estaba en contradicción con la melodía que la había dejado hipnotizada. Los pezones de Letty se excitaron como respuesta.

Y él lo sabía, por supuesto. Le tocó los pechos con las manos y se los apretó un poco más de lo necesario. Que Dom estuviese tan al límite excitaba a Letty . Ella adoraba todas las maneras que tenía él de hacerle el amor, pero las veces que la buscaba en mitad del día porque no podía seguir manteniendo el control eran especiales.

Ella ya no tenía que llevarlo al borde del precipicio, Dom se detenía en el acantilado y la esperaba, arrastrándola con él en esos momentos en que era capaz de ser tan vulnerable. Y entonces caían juntos, como lo hacían todo. Juntos.

Letty le colocó las manos en las caderas y se acercó a él.

—Soy demasiado egoísta en lo que a ti se refiere —reconoció.

—Pues sé egoísta conmigo y llévame de luna de miel —le dijo Dom , con la voz oscura como el pecado—. Semanas en el barco. Meses en República Dominicana. Tú y yo tenemos asuntos pendientes. Mia está lo bastante recuperada como para poder estar sin ti durante un tiempo y Brian cuidará de ella como si estuviese cuidando de su propio corazón.

—¿Y tú, puedes irte? ¿Puedes permitirte el lujo de estar un tiempo fuera?

—He hablado con Masterson. Ahora es el momento perfecto para irnos, mientras él todavía está fuerte y en plena posesión de sus facultades. —

-Y nuestro hijo? –

- Mia y mi Madre pueden cuidar de él, por un mes- Quizá regresemos con alguna sorpresa. Deslizó las manos hasta el rostro de Letty y le acarició las mejillas. Ladeó la cabeza y la besó suavemente—. Quiero nadar desnudo contigo. Quiero enseñarte los campos ardiendo. Quiero...

—Follar bajo la lluvia —susurró ella, sólo para notar su reacción—. No hace falta que me seduzcas para que te acompañe. Iría contigo a cualquier parte, por cualquier motivo.

—Pero así es mucho más divertido. —Flexionó las rodillas para que su erección quedase a la misma altura que la entrepierna de ella y volvió a mover las caderas—. Con las ventanas abiertas y nuestros invitados fuera, tendrás que estar callada.

—¿Y tú me harás cosas malas para hacerme gritar?

—Cosas buenas.

Letty esbozó una sonrisa pegada a los labios de él.

—Quizá serás tú quien gritará. Quizá sea yo la que te haga gemir y maldecir y suplicar.

—¿Me está retando, lady Toretto? —le preguntó con voz ronca—. Ya sabes que nunca he podido resistirme a un desafío.

Letty deslizó una mano detrás de él y le apretó sus deliciosas y duras nalgas.

—Lo sé. De hecho, cuento con ello.

Aqueronte, habituado como estaba a las costumbres de sus amos, se fue de allí y se tumbó en la manta que tenía junto a un sofá que había en el saloncito contiguo. Se acostó de lado y se rindió al estupor canino, oyendo de fondo los sonidos propios de la felicidad y del amor que escapaban del dormitorio que tenía a su espalda.

GRACIAS A TODAS LAS PERSONAS QUE ME ACOMPAÑARON EN ESTA AVENTURA (Léase adaptación) espero pronto volver con otra aventura y contar con ustedes ….. Mil gracias por leer!