¡Buenas! Os traigo algo diferente a lo que suelo habituar. Los que habéis leído mi momento de los 25 momentos el de pasado que mas concretamente es el capitulo numero 10, entenderéis del porqué de este fanfic. Natsumi Niikura, me animo a seguir con ese shot creándolo mas largo en plan historia y como es tan, buena convenciendo pues ha salido esto jeje. Contare la historia de cada uno primero y después unida. Por sorteo a salido Jeremie. Espero que lo disfrutéis y decidme a ver que tal, si no para solo dedicarme a lo ulumi ejje. Esta ambientada hacia los años 20.

Jeremie Belpois

Desde pequeño había algo que llegaba apasionarme de verdad. me sentía cómodo, delante de él, me impresionaba al principio. Tantas teclas, unas blancas y otras negras me dejaban atónito ante la complejidad de aquel instrumento de cola.

Mis padres eran músicos, no de esos músicos reconocidos o serios que la gente los aclama por su buena música. Eran de esos que siempre tenían problemas con el dinero, siempre se pasaban los meses de aquí para allá, de ciudad en ciudad buscando suerte. Por suerte, a mi no me llevaban de nómada como ellos, había alguien que se hacia cargo de mi, el que me enseñaba educación y el que me hizo ser como soy.

Recuerdo como aquel día, cuando todo aun marchaba bien mi abuelo, me contaba aquellas historias que solo sabía interpretarlas y describirlas él. Siempre que mis padres salían a buscar trabajo, me dejaban al cuidado de mi abuelo. Se sentaba en aquel asiento de aspecto antiguo pero con su pipa en boca le daba a mi abuelo un toque más interesante. Ese olor a tabaco y ese barba tan cuidada le definían a la perfección .

Me sentaba en la alfombra cerca de la chimenea a escuchar sus historias. Al principio de cada historia las contaba lentas y pausadas pero cada vez que se acercaba a esos finales tan palpitantes, se levantaba y se aproximaba a su amado piano. Tocando unas teclas en conjunto con la melodía, hacia que la historia cobrase vida. Movía sus manos como si acariciase el cabello mas suave y delicado que existiese. Conseguía que me quedase fascinado y mi imaginación era una mezcla de notas e imágenes unidas entre sí, realizando la danza mas bella jamás imaginada.

Esos instantes junto a la música olvidaba la realidad de Pasar días o incluso meses sin saber de mis padres, discernía que estaban buscando trabajo, pero no era algo que me hiciese feliz. Por suerte contaba con mi abuelo.

Hubo un día, el día que mas recuerdo, el que cambiaria mi vida por completo... Ese día mi abuelo llamo mi atención requiriéndome que me sentase junto a él y que mis dedos por primera vez experimentasen el tacto de aquel aparato tan atrayente. Me levante corriendo de la alfombra y me senté en un lado de la silla. Mi abuelo guiñándome un ojo agarro mis manos sutilmente. Me susurro bajito que cerrase los ojos y que me dejase llevar por contacto de los dedos en las teclas, tenia que sentir cada nota como si fuese única y hacer que fluyesen varias haciéndolas bailar al son. Deslice las manos por las teclas relajado e intentado captar cada paso. Mis manos no sabían moverse con soltura como las de mi abuelo, pero el me las sujeto, enseñándome como hacerlo.

- Jeremie, ¿Te gustaría aprender a tocar y convertirte en pianista?

- Me encantaría abuelo.

A partir de ese día, mis manos acariciaban el piano a diario. Con ayuda de mi abuelo al principio y memorizando con gusto la escala. Pero había días que me enseñaba a interpretar unas notas que por fin, las iba entendiendo. Poco a poco descifraba el conjunto que había que tocar. El piano llego a ser mi mayor afición, deseaba tocarlo a cada hora. Ensayaba y ensayaba. Cada vez ponía partituras mas complicadas y eso me hacia sentirme especial y buen músico. LA música lograba plasmar mis estados de animo y ser mi eterna ayudante en olvidar cada mal trago que tenia que interponía la vida.

A mis padres no les había ido tan mal la ultima vez que fueron en busca de un trabajo que nos pudiera mantener a los tres. Habían encontrado un trabajo en el circo montado cerca de la ciudad. Ambos estaban contentos y los veía casi a diario, pero eso no me negaba ir cada día a casa de mi abuelo.

Mi abuelo cada vez estaba más mayor y ahora tocaba yo el piano para él, decía que disfrutaba escuchándome. Una de esas tardes me dijo que me sentase en la alfombra como solía hacer cuando era mas pequeño. Hice caso, anhelaba esas situación que ahora solo se encontraban en mi memoria. Me empezó a contar una de esas historias, sin pipa en mano, con las que tanto disfrutaba pero tenía el presentimiento de que esta no me iba a gustar como las que me solía contar.

Había un pequeño niño curioso, con ganas de aprender, con afán musical al que le gustaba pasar tiempo con su abuelo escuchando cada historia que este le contaba. Siempre el abuelo se sentaba en su butaca mientras su nieto sin parpadear escuchaba atento y con entusiasmo lo que tenia su abuelo que contarle. En los finales de cada historia el abuelo se aproximaba al piano y tocaba una melodía, cosa que atraía aun mas la atención de su nieto, por ello el abuelo se dio cuenta que poco a poco el oído musical de su nieto se hacia mas fino. Así fue, que el abuelo vio el día en el que el chico estaba preparado para tocar aquel maravilloso instrumento. El chico acepto encantado. Pasaban tardes, semanas y años tocando juntos, hasta que un día su abuelo no tenia suficientes fuerzas para hacerlo y cedió orgullosísimo su sitio a su nieto con gusto.

- Ven Jeremie acércate por favor.

Aquel abuelo estaba mayor y en la ultima visita del medico le informo, que habían encontrado una enfermedad en él, que no podría hacerle frente durante mucho mas tiempo. Pero algo seguiría vivo en el nieto ya que seria el único que heredaría el piano y al tocar cada canción su abuelo estaría orgulloso y acompañando en cada nota que saliera de su piano.

- Abuelo, pero…

- Toquemos juntos nuestra canción.

Tocamos durante una hora esas canciones que nosotros las hacíamos solo nuestras. Pero era consciente de la noticia que me había dado y no podía reaccionar ante eso.

Cada vez que volvía de ver a mi abuelo, me metía en la cama con el miedo de volver y no ver a mi abuelo nunca mas. Sabia que tarde o temprano llegaría ese fatídico día, por ello cada rato que podía lo pasaba con el…

Pero eso no era suficiente ya aquel fatídico día llego por fin… lo que no sabia era que a partir de ahí mas problemas asomarían en mi.

Mi abuelo nunca quiso un funeral triste decía que había que estar alegre en cualquier circunstancia y ante cualquier adversidad. Quería rememorar su memoria y mientras la casa de mi difunto abuelo se llenaba de gente, toque la última canción aprendida en su memoria, para darle a si mi despedida personal.

Lleve el piano a casa, mis padres estaban tristes por mi abuelo, pero no era el único motivo por el que lo estaban. Sabían que en el circo ya no los necesitaban y que se quedarían sin un duro que llevarnos al bolsillo. Ya no eran un par de jóvenes a los que les llovía alguna que otra oportunidad, de trabajo. Pero Yo si lo era y opte en buscar. Durante semanas salía a buscar trabajo, pero sin mucho éxito. Acudí al circo en busca de ayuda, tal vez por mi edad, a mi podrían contratarme. Me acerque a la carpa mas pequeña donde estaba el jefe del circo. Oí como un chico rubio, bajito, salía gritando con unos malabares en las manos, lanzándolos a la carpa con furia y diciendo barbaridades por la boca… Vi como salia el jefe gritando en respuesta .

- Fuera de mi vista Odd o sacare a los leones, para que te devoren. No vuelvas no me haces falta. ¿Y tu que miras? – dijo amenazante.

- Vengo a buscar trabajo, soy pianista y creo que sería bueno para el circo.

- Vete por donde has venido no necesitamos mas niñatos.

Me fui sin decir nada, dejando aquel malabarista y al jefe gritándose. No quería meterme en problemas, pero el hambre se hacía notar y mis padres ya no podían hacer gran cosa. Estaban desesperados. Eran épocas malas pero no nos podían dejar en la calle así por así.

Llegue a casa con cara de fracaso, me deshice de mi ropa de abrigo y me descalce. Olía a comida, a buena comida, me acerque a la cocina extrañado y vi a mis padres sonreír.

- ¡Hola! ¿Hay buenas noticias?

- He preparado tu comida favorita.

- Y ¿El dinero?

- Bueno eso no…

- Lo que tu madre quiere decir es que no nos quedaba otra opción.

- ¿A que te refieres?

- El pia…

- ¡NO! – grite corriendo al salón

- ¿Cómo habéis podido? Es impensable.

- Teníamos que comer Jeremie, ¿Prefieres que estemos muertos?

- ¿A quien se lo has vendido? Dime a quien.

- Tranquilízate. Esta en buenas manos.

- Que me digas el nombre ¡YA!

- Es un nuevo bar que van a abrir, se llama lyoko. Esta en la calle del final de la ciudad junto al puente.

Sin decir una sola palabra más y con el estómago rugiendo, me dirigí a pie a ese bar. Quería recuperar el piano de mi abuelo y traerlo de nuevo a casa como fuera. Camine y camine buscando como loco aquel bar. Era tarde, pero logre encontrarlo. ¿Algo podía salir peor? Estaba cerrado. Me senté donde la puerta de entrada y me apoye en mis piernas, no pensaba moverme de ahí en toda la noche, no pensaba en el frio o en el hambre simplemente recuperar ese tesoro y me quedaría allí plantado hasta poder acceder a el.

- Oye ¿Qué haces aquí? Si no te importa me gustaría abrir la puerta. – dijo una voz masculina despertándome.

- ¿Eres el dueño del bar? – dije adormilado

- El mismo. ¿Qué quieres?

- Tienes algo que me pertenece y me gustaría recuperarlo.

- ¿Y que podría tener yo tuyo?

- El piano de cola que te vendieron por error.

- ¿Por error? No lo creo.

- Era de mi abuelo y forma parte de mi.

- Esta bie… devuélveme el dinero y dejare que te lo lleves.

- No… no tengo dinero.

- ¿Y entonces? ¿Cómo quieres recuperarlo?. Espera un momento. Entra dentro.

Entre dentro de aquel bar, era nuevo y había un pequeño escenario donde estaba mi piano. Me acerque a el para asegurarme de que estaba en perfecto estado y lo abrace.

- Bueno, ya que estas ahí ¿podrías tocarme algo?.

- Pero…

- Tócame algo.

Me senté en la silla y empecé a tocarle algo, no se con que propósito hizo que tocase, pero me volvía a sentir pleno por unos instantes. Al finalizar la canción me devolvió a la realidad, mientras unos aplausos resonaban mis oídos.

- ¡Valla! si que eres un buen pianista. Y justo estoy buscando a uno. ¿Te interesaría trabajar para mi? Así podrías saldar tu deuda y comprar el piano.

- ¿Enserio? No sabes lo que podre llegar a agradecértelo.

- Perfecto entonces, empezaras esta noche, la inauguración del bar no es hasta el sábado pero así ensayaras con la cantante.

- Gracias de verdad.

- Estate a las siete de la tarde y puntual.

- Claro.

Volví a casa de vuelta, estaba agotado pero feliz por el trabajo y por poder estar con el piano y poder recuperarlo.

Entré y vi que seguía la comida en la mesa, por lo menos mi plato estaba intacto, comí rápido y hambriento, me bañe en el aseo y me puse aceptable para poder ir a mi primer trabajo. Quería estar un poco antes de lo previsto. Mis padres no se encontraban en casa, así que sin hilar palabra me puse rumbo de nuevo.

Me asome por la puerta y ahí estaba el dueño del bar sentado hablando con una chica de pelo rosa. Jamás había visto a una chica con aquel color de pelo tan curioso.

- Pianista, llegas justo a tiempo. ¿Por cierto cual es tu nombre?

- Me llamo Jeremie Belpois.

- Yo soy Ulrich Stern y ella es Aelita Scheaffer . Que mas os vale llevaros bien por que es la cantante. – dijo bromeando

- Encantado – dije tímido

Aquella chica misteriosa se giro para mirarme. Vi como en su cara florecía una gran sonrisa. Tenia aspecto angelical y de dulce tez, era preciosa y misteriosa a la vez, algo que llamaba mi atención.

- Igualmente – dijo con aquella voz tan lirica.

- Bueno Jeremie, vete por esa puerta y pruébate la ropa, tocaras siempre con ella.- dijo señalando el almacén.

- Si, claro.- dije dirigiéndome

Me cambie rápido pero bien vestido y salí . Aquella chica ya estaba ocupando su sitio cerca del piano. Subí al escenario, estire las manos, moví los dedos y empecé a tocar alguna canción que creí que ella podría cantar.

- Vale, Jeremie pero necesitamos algo mas divertido, mas charlestón.

- Perfecto entonces.

Tantos años tocando con mi abuelo daban sus frutos. Tenia un alto repertorio variado de muchos ritmos y distintas melodías y por si eso no fuera suficiente, contaba con el factor sorpresa. La improvisación.

- Eso esta mejor. Ahora tu turno Aelita

Empezó a salir una voz preciosa de aquella pelirosa. Cantaba como los ángeles y su sonido era precioso y animado. Me encanta como se acompañaban las melodías de mis manos y de su voz haciéndose participes en armonía.

Era irónico, pero gracias al piano de mi abuelo y a él, por fin podría vivir tranquilo, junto al piano y ganándome la vida tal y como el me enseño y como siempre hubiese soñado.

FIN

Espero que os halla gustado y me contéis vuestra experiencia lectora. El siguiente cap será de Aelita o de Odd. A saber por cual me da.

Un saludo y besos.