DISCLAIMER: Los personajes pertenecen al grandioso Akira Toriyama.

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Tradición

Parte VIII

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26 años

—Llegas doce minutos tarde.

Vegeta observó impasible a su hija, que le reclamaba por su tardanza.

Hoy no era un día como cualquier otro en la vida del Príncipe Saiyajin.

Hoy se casaba su única hija.

A pesar de que tuvo casi ocho meses; y sumando todos los años anteriores de noviazgo; para hacerse la idea de que su princesa se casaría con nadie menos que el hijo de Kakaroto. No lograba aceptar internamente esa catastrófica realidad.

Vaya si la vida da vueltas, es lo que murmuraban toda la pandilla de amigos de su mujer. Él sabía que disfrutaban de su sufrimiento.

—Bueno, pero no importa más, ya estás aquí, que es lo importante ahora.

La voz de su hija lo sacó de sus pensamientos, y posó sus ojos negros en el hermoso rostro de Bra, tan parecido al de Bulma. Esa mujer loca y vulgar de la que se enamoró hace varias décadas, sin saber lo que eso significaba siquiera.

Gruñó por lo bajo, tendría que aguantar ver a la copia de su esposa con la copia barata de su rival besarse frente a un gentío. Porque claro, su mujer y la arpía de Kakoroto casi habían invitado a toda la ciudad, la segunda más por presumir que su vástago se unía a una de las mujeres más hermosa, millonaria y famosa del mundo, pero sobre todo inteligente. Su hija forjó su camino en la industria de la moda y de la cosmetología, revolucionando ese mundo con sus alocados, pero muy exitosos inventos.

Esa arpía chillona seguro no cabía de gozo al ver que sus dos hijos tenían como pareja a las mejores mujeres que alguien podría desear. Con todos los beneficios y privilegios que eso conlleva.

—Gracias por hacer esto por mí papi— Dijo la niña, ahora mujer, que hace veintiséis años lo cautivó con sus grandes y expresivos ojos azules.

Vegeta asintió con ese maldito nudo, ahora sintiendo como presionaba en su garganta. Tomó la mano de su hija y la llevó al balcón de siempre. Ese balcón, donde comenzaron todo hace tantos años.

Bra subió a la espalda de su padre, rodeando su cuello con sus brazos, una vez lista, Vegeta se elevó suavemente, como aquella vez cuando Bra apenas tenía días de nacida. Tuvo la misma sensación que esa vez. Un déjà vu diría Bulma.

Y es exactamente lo que sintió Bulma cuando estaba en el jardín, supervisando al personal contratado para la boda, cuando alzó la mirada al cielo y vio a Vegeta volando con su hija. Pero ésta vez ya no la cargaba en sus brazos envuelta en una suave manta rosa.

Esta vez volando con Vegeta, vestido con un traje negro hecho a medida y relucientes zapatos negros, estaba una bella mujer vestida preciosamente de blanco, llevando en sus manos un exótico ramo de flores, seguramente para cumplir la promesa que hizo cuando tenía 7 años.


Y creo que éste es el final de ésta mini colección...

Trataré de volver pronto...

Por cierto... Hoy es mi cumpleaños! :D

04/12/2018

Gracias.

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AYNATT