N/A: Ningún personaje "conocido" me pertenece, a excepción de los que yo inventé. Todos ellos pertenecen a Masashi Kishimoto.

Hola chicos y chicas detrás de sus pantallas! He venido con un nuevo proyecto... solo espero que sea de su agrado. Realmente no sé a dónde nos llevará ésta historia, pero les recomiendo que se pongan sus cinturones y tomen el volante en sus manos. Más vale prevenir, jajaja.

Ésta idea nació a partir de un fic de zombies que leí, y el cual aun no esta terminado, pero cabe decir que está es otra historia absolutamente diferente.

Espero que les guste!

Despertar

Esa mañana se escucharon unos golpes en la entrada, más al ser tan temprano Hiashi Hyuga no abrió la puerta.

El hombre estaba boca abajo, en su cama, profundamente dormido, y no era para menos, la noche anterior se había desvelado para ir a recoger a su hijo mayor, Neji, de una fiesta que terminó a las 3 de la mañana. Estaba, definitivamente, agotado.

Los golpes desesperados volvieron a sonar, pero ninguno de los Hyuga, ni los padres, ni los hijos se levantaron.

¡Dios, eran las 6 de la mañana! ¿Quién en su sano juicio estaría tocando la puerta a esas horas? ¡El sol aun no salía!

Los golpes sonaron tan fuertes que parecía que en vez de tocar estaban golpeando a alguien del otro lado de la puerta.

Una muchacha, de cabellera hasta la cintura de un color azul eléctrico poco común, de piel blanca como la porcelana, y de facciones bastante delicadas, abrió los ojos ante semejante escándalo. En esa casa era ella la que tenía el sueño más "liviano". Estiró el brazo para tomar su reloj de la mesita de noche junto a su cama: 6:07 am. Suspiró mientras se volvía a esconder debajo de sus fieles cobijas. Era muy temprano para despertar, especialmente en domingo, y ella quería dormir.

Y estuvo a punto de hacerlo, cuando escuchó un murmullo detrás suyo.

— ¿Estas despierta, Nee san?

La nombrada se giró para encontrarse con su pequeña hermanita, Hanabi, de 12 años. Extrañada, preguntó:

— ¿Qué haces aquí, Hanabi? –su hermanita solo iba a dormir con ella únicamente cuando tenía mucho miedo, desde niñas.

— ¿No escuchas los golpes? –volvió a susurrar la menor, acurrucándose en el pecho de la otra.

La mayor se quedó en silencio, y volvió a escuchar el ruido aquel que la había despertado.

—Es cierto, sea quien sea quién debe ser muy desconsiderado; ¡tocar a éstas horas, es de locos! pero ¿qué se le va a hacer? –Suspiró- Voy a ir a abrir. –se sentó en la cama, y justo cuando iba a levantarse, Hanabi le tomo de la muñeca.

—No vayas. –dijo asustada. La mayor sonrió con ternura.

—No pasará nada, Hanabi. Tan solo abriré para ver quién es.

Pero Hanabi se paró, obstruyéndole el paso hacia la puerta.

—Yo ya fui hace rato… Y no es nada bonito, Hinata. No abras la puerta.

La muchacha mayor, Hinata Hyuga, alzó una ceja, esperando más explicaciones, a lo que la menor continuó.

—Lo que a mí me despertó fue un grito… y después, los golpes se escucharon; bajé y… por la ventana, vi a un hombre comiéndose a otro… fuera de nuestra puerta… -la niña comenzó a llorar- y eso no es normal ¡no lo es!

—Hanabi, cálmate. –le dijo Hinata a la vez que se acercaba a su hermanita y la abrazaba, haciendo que la cara de la niña quedará a la altura del hombro de Hinata. – Debiste haberlo imaginado.

— ¡No lo imaginé!

Los golpes se dejaron de escuchar.

Hinata besó la cabeza de su hermanita, la tomó de la mano y comenzó a jalarla hacia la puerta de su cuarto, para después abrirla y caminar por el pasillo que las conducía hacia las escaleras del piso inferior.

—Ven, ya verás que seguramente estabas dormida cuando viste eso.

Hanabi tan solo asintió, intentando convencerse a sí misma.

Pero al estar a 3 escalones de llegar a su destino, Hinata se detuvo en su andar. Miró con el ceño fruncido el líquido oscuro que entraba por la rendija debajo de la puerta de entrada, manchando el tapete. Se acercó, sigilosamente, sin soltar en ningún momento la mano de su hermanita, y cuando por fin llegó cerca del líquido aquél, se agachó y estiró la mano libre para tocar el líquido con uno de sus dedos, dándose cuenta al instante de que aun estaba tibio.

— ¿Pero qué diablos…? –preguntó asustada.

Hanabi la jaló hacia la ventana que estaba pegada a la puerta, sin tocar el líquido oscuro. Amabas se agacharon con el único objetivo de que solo se les viera de los ojos para arriba, y al alzar un poco la cortina, la niña se mordió el labio a la vez que tapaba la boca de su hermana mayor para evitar que su grito se oyera.

— ¿Ahora me crees? –susurró la niña, pero Hinata no podía quitar la vista de lo que veía.

Afuera de su puerta había un hombre con uniforme de cartero, quien presentaba mordeduras en el cuello y en la mejilla, pero eso no era lo peor de todo… lo peor de todo era ver que su estomago estaba abierto de par en par, dejando ver sus intestinos al aire…. Y aun peor que eso, era ver a otro hombre de edad mediana estar devorando lo que parecía un riñón.

Lo que entraba debajo de la puerta era sangre.

—Hace 10 minutos, cuando bajé, el hombre que está en el piso estaba luchando, -susurró Hanabi- y yo iba a abrir la puerta para ayudarlo, cuando vi que el otro hombre lo mordió en el brazo, y ahí fue cuando me di cuenta de que también estaba mordido de la mejilla. Tuve mucho miedo cuando comencé a escuchar que el hombre sano estampaba en la puerta al hombre mordido… y me subí… dime que esto no es real, Nee san. Dime que aun sigo dormida y que he visto demasiadas películas de zombies asesinos… dímelo… -y sin más, comenzó a sollozar la niña.

Hinata despertó de la imagen impactante que tenia afuera para enfocarse en su hermanita. Sin levantarse, la abrazó fuertemente, tapando la boca de la menor en el acto para evitar que ésta lanzara sollozos demasiado ruidosos. Le acarició el cabello para tranquilizarla, pero la verdad era que ni ella misma estaba tranquila.

Lo que estaba afuera era… era… ¡una atrocidad!

—Subamos. –ordenó Hinata, levantándose sin dejar de abrazar a su hermana en ningún momento.

Pero antes de que diera un paso, se escuchó un ruido extraño en la parte de afuera, como si comenzaran a caminar.

Hinata le dijo a Hanabi que no se asomara, sin embargo, la mayor estando en cuclillas, volvió a retirar la cortina lentamente. Si estaban tratando con un asesino en serie no quería que las viera. Pero en vez de ver a un caníbal asesino, vio que el hombre que se suponía estaba muerto se levantó como si nada, mientras comenzaba a caminar tambaleándose de manera chistosa junto al otro. Fue entonces cuando Hinata se fijó que el "caníbal" estaba cojeando. También estaba mordido.

Eso… eso era imposible. Los muertos no se levantan. Las personas no sobreviven estando casi desangradas. Las personas no se comen a otras personas.

¡¿Qué estaba pasando?!

—Nee san, vamos. No quiero ver eso –señaló la sangre- por más tiempo.

Pero Hinata estaba en shock.

¿Tal vez algún loco maniático estaba grabando una película de terror a esas horas?

Otro grito se escuchó a lo lejos.

Hanabi se tapó los oídos, pero Hinata siguió observando por la ventana, viendo con horror que sus vecinos de enfrente, más específicamente el señor Collins, abría la puerta y de inmediato los dos hombres que antes estaban afuera de la puerta de los Hyuga, semi corrieron hacia el señor Collins, el cual estaba desconcertado viendo a los hombres sangrando: gran error. Los hombres muertos se le lanzaron encima y lo comenzaron a morder.

¡Se lo estaban comiendo!

No, corrección:

¡SE LO ESTABAN DEVORANDO!

Hinata abrió aun más los ojos, llena de miedo.

Cerró la cortina, y quién sabe de dónde sacó fuerzas para cargar a su hermana entre brazos y llevársela escaleras arriba lo más rápido que sus piernas se lo permitían.

Por su cabeza pasaba que tenía que avisarles a sus padres. Tenía que despertar a su hermano mayor Neji. Tenía que hacer llamadas desde su cuarto para avisarles a sus abuelos, primos, tíos, y amigos. Tenía que empacar cosas necesarias para largarse de ahí. Tenía que darle sus pastillas para los nervios a Hanabi y, de pasada, ella tomarse también unas.

Tenía que tranquilizarse.

Tenía que mantener la cabeza fría.

Tenía que ser fuerte.

Tenía que acordarse qué demonios era lo que hacían los personajes de las series que veían Hanabi y Neji sobre zombies.

¡Tenían que irse de ahí, maldita sea!

Y en eso, a pesar de estar sumida en sus pensamientos, escuchó otro grito atroz a lo lejos… seguramente los dos muertos ya habían entrado a las recamaras de los hijos del señor Collins.

N/A: ¿y qué tal les pareció? ¿merece continuación?