A/N: Hola de nuevo! Aquí les traigo el segundo capítulo de este fic. ¡Me alegra mucho que les haya gustado! En fin, este es más largo, y ya cuenta con la presencia de nuestro adorado Levi. Jaja, debe haber sido dificil para Erenia tener semejante hombre en frente sin poder sabrosearselo a gusto... Pero qué va. Por favor dejen comentarios, entre mas dejen, mas pronto prometo actualizar (?) y menos tiene que esperar Erenia para sabrosearse a Levi a gusto. ¡No sean crueles! XD


capítulo 2.


El ejército de los titanes había crecido en los últimos años. Si bien quizá no superarían en número a los cuerpos militares dentro de las murallas, ahora eran probablemente el doble comparados con la primera guerra de hacía ya varias años.

Cabalgaban en un temible silencio con sus espadas y flechas. Reiner Braun, su líder, los guiaba con destino a la siguiente muralla cuando dos soldados cayeron heridos y la tropa se detuvo.

"¿Qué ocurre?" preguntó Reiner, desmontando y acercándose a los caídos, para percatarse que no eran de su ejército. Habían sido atacados por flechas, aunque sus heridas no eran mortales.

"Espías," informó Annie sosteniendo su arco. Ella era una de las más poderosas de los titanes. Ya que ellos no contaban con tanta gente en sus condiciones, no tenían la "oportunidad" para discriminar a alguien por algo tan estúpido como su género.

"Ya veo. Quítenles el equipo de maniobras, nos puede servir," ordenó. Annie asintió y comenzó a quitárselo a uno de ellos. El soldado trató de resistirse, pero Annie era más fuerte y le rompió unos cuantos huesos.

"Bertolt, ayúdame con el otro."

"No importa lo que hagan, los vamos a vencer, ¡monstruos!" dijo el otro entre quejidos y golpes, cuando ambos estuvieron desarmados. Reiner soltó una carcajada.

"¿A nosotros? Sí, claro. Ustedes son los que se han buscado la guerra, en primer lugar. Se han refugiado de los titanes como si fuéramos la plaga y nos han obligado a vivir afuera de sus ciudades por años. Incluso han diseñado estas cosas para tratar de vencernos. Pero esto se acabó. ¡Los únicos monstruos aquí son ustedes!"

"¡Así que vayan!" exclamó pasionalmente. "Annie, Bert, déjenlos ir. ¡Que vayan y le adviertan al Rey que envíe lo mejor que tenga!"

Annie y Bertolt hicieron como se les ordenó. De inmediato, los hombres salieron corriendo a pesar de sus heridas.

"Hmm… ¿Cuántos hombres se necesitan para enviar un mensaje?" inquirió Reiner sarcásticamente.

"Uno," respondió Annie mientras disparaba una flecha certera en su dirección.


"Bien... Ya estamos aquí, Jeanne. Dentro de la muralla Sina. Ahora sólo hay que ir al campamento militar, pero antes... Me gustaría practicar un poco lo que voy a decir, ¡¿cómo rayos se supone que tengo que actuar?!"

En el momento en que Erenia desmontó su caballo, un remolino de magia rodeó el cuerpo del equino y en un santiamén, se había transformado en una chica de la edad de Erenia. Era alta y esbelta, y su cabello largo de color rubio cenizo se oscurecía naturalmente a un tono castaño oscuro en el área de la nuca. Erenia pensaba que tenía cara de caballo incluso en su forma humana, pero la verdad es que Jeanne también era guapa aunque de una manera peculiar.

"Vaya, ya me había cansado de tener que cargarte todo este rato. ¿Acaso engordaste?"

"¡Cállate! ¡Eso no es cierto!" exclamó Erenia, enojada. "Mejor ayúdame a actuar como hombre, tú eres una experta en eso," contraatacó.

Jeanne hizo un sonido de indignación.

"¡Se acabó! Deshonor... Deshonor sobre toda tu familia, deshonor... ¡Deshonor a tu vaca!" amenazó Jeanne, colocando una mano sobre su pecho. Erenia enarcó una ceja.

"Jeanne, tú eres un caballo..."

"¿Ves a lo que me refiero? ¡Esta jodida maldición! ¡Tenía que ser un caballo! ¡Ni siquiera pudo ser una estúpida yegua!"

"Claaaaro, lo que tú digas..."

"¡Erenia!"

"¡¿Armin?! ¡¿Mikaso?!" vociferó la morena cuando sus amigos la alcanzaron. Sabía que tenía que encontrarse con ellos tarde o temprano, pero la habían tomado con la guardia baja. "¿Y quién es él?" preguntó, señalando a un chico que montaba con Armin. Todos bajaron de sus caballos.

"Oh, él es Sasho. El grillo de la suerte," presentó Armin oficialmente. "Sasho, Erenia, Jeanne."

"¡Hola! ¿Tienen comida?" preguntó Sasho. Era un joven moderadamente fornido, de cabellos castaño rojizo, ojos ámbar y cara redonda y alegre.

"Umm, no..." dijo Erenia.

"Erenia, tienes que regresar," intervino Mikaso. "Tarde o temprano te van a descubrir, y van a..." el joven pelinegro fue incapaz de terminar su frase. Una mirada de enojo cruzó el rostro de Erenia.

"¡¿Acaso no confías en mí, Mikaso?! ¡¿Acaso no crees que pueda con esto?!"

"Nunca dije eso..."

"No te metas con Mikaso, estúpida Erenia..."

"¡Tú cállate, maldito caballo!"

"¡Cállense todos!" irrumpió Armin violentamente. Sus compañeros, sorprendidos, obedecieron. "Erenia, por favor, aún tienes tiempo..." rogó.

"Armin," tragó Erenia con un nudo en la garganta. "Ustedes no entienden, tengo que ser capaz de hacerlo por mi padre... No regresaré, ¡no permitiré que me humillen! Yo puedo hacer esto ¡y matar a todos los titanes! ¡Lo haré!" terminó, sus manos convertidas en puños debido a su pasional discurso. Viendo la determinación de su amiga y sabiendo que no había fuerza humana capaz de convencerla de lo contrario cuando algo se le metía en la cabeza, Armin sonrió.

"Ya veo... Entonces no nos queda de otra más que apoyarte para que no te descubran. ¿Verdad, Mikaso?"

"Armin..." murmuró Mikaso, desarmado y preocupado. Bajó la mirada con algo de tristeza, pero jamás dejaría a Erenia sola.

"Está bien," accedió.

El rostro de Erenia se iluminó. "¡Gracias chicos! En verdad son los mejores..." dijo; y con eso, comenzó su camino hasta el campamento militar, dispuesta a dar lo mejor de sí. Mikaso y Armin fueron detrás de ella, tomando sus respectivos caballos. Jeanne y Sasho intercambiaron miradas y volvieron a transformarse a su alter ego animal, para después seguirlos.

Erenia observaba en silencio a los hombres del campamento. Algunos hacían bromas y comentarios poco decentes entre sí, a lo que la chica puso cara de disgusto.

"Son asquerosos," murmuró.

"Son hombres," respondió Armin con naturalidad. Mikaso tampoco parecía inmutarse. ¿Acaso sus amigos también se portarían así cuando ella no estaba alrededor?

Su mirada se detuvo en un grupo de chicos que discutían entre sí. Uno de ellos se había desabotonado su camisa, mostrando un tatuaje en su torso de las "Alas de la Libertad", el famoso emblema del ejército.

"Con este tatuaje, nadie podrá vencerme," dijo.

Otro muchacho, de cabello rubio oscuro y apariencia mayor que sus compañeros, se inclinó a escudriñar el tatuaje y de pronto, lanzó un puñetazo al chico, tirándolo al suelo. Uno de los jóvenes que acompañaba al rubio estalló a carcajadas. "¡Vaya, pues deberían devolverte tu dinero entonces!"

"¿Y tú qué me ves, niño bonito?" el rubio retó a Erenia, que se había detenido sin darse cuenta a presenciar la escena.

"¿Eh? ¿Yo?" volteó a ver a Mikaso y Armin, como preguntándoles con la mirada qué debería hacer. Mikaso no se veía nada feliz, frunciendo el ceño de manera amenazadora y con Armin rodeándolo para que no tratara de golpear al joven que se había metido con Erenia por algo tan simple. La muchacha volvió a voltearse para enfrentarse contra el chico, y sin pensarlo dos veces, le dio un golpe. No estaba segura de cómo interactuaban los hombres entre sí.

El joven que había reído antes soltó otra carcajada. Era castaño, delgado y portaba goggles. Había otro muchacho, más alto y fornido, de pelo color zanahoria y facciones amables.

"¡Mira, Auruo!" exclamó. "¡Hiciste un nuevo amigo!"

"¿Un nuevo amigo?" respondió el rubio, visiblemente ofendido. "¡Déjame demostrarle mi amistad entonces!"

"¡Auruo!"

"¡N-no! Lo siento, no era mi intenc...—"

"Hey, idiota. Te metes con él y te las verás conmigo también," amenazó Mikaso, arremangándose la camisa y mostrando sus fuertes brazos.

"¡Mikaso, tranquilo! Sólo ignorémoslo y vámonos, ¿de acuerdo?" rogó Armin, desesperado. Mikaso pareció controlarse con eso, a pesar de la expresión burlona del tal Auruo. Armin suspiró aliviado y los tres se dieron la vuelta para irse; mas Erenia no se percató de que Auruo le hizo zancadilla y cayó de bruces al suelo.

"¡Auch!"

"¡Auruo, eso no fue amable!"

"¡Eso es todo, te lo advertí!" exclamó Mikaso, furioso, lanzándose contra Auruo. Por si fuera poco y en lugar de tratar de separarlos, una vez que Erenia se puso de pie se unió a la pelea, enfadada. Mas ella aún era algo torpe para esas cosas y Auruo esquivó su puñetazo, que acabó dando en la cara del castaño de goggles.

"¡Ups, perdón!" se disculpó, pero el castaño le lanzó una patada. Mikaso ahora se fue contra el castaño y así, los cuatro terminaron enfrascados en una pelea.

Armin y el joven que había reprendido a Auruo intercambiaron miradas y ambos trataron de separar a sus respectivos amigos, pero se ganaron unos cuantos golpes en el camino, y así, terminaron involucrados también. Su infantil riña fue creciendo y tirando las cosas que se encontraban cerca de ellos, como la reserva de granos para la comida de ese día. Poco a poco fueron llamando la atención de más cadetes y más personas se fueron metiendo en lo que había comenzado como una pequeña pelea.


"Los titanes entraron por aquí, así que debemos atacarlos antes de que lleguen a la muralla Rose y acabar con ellos. Ésta será la ruta que seguiremos para no ser descubiertos y alcanzarlos a tiempo. Nos refugiaremos en el distrito Trost antes de abandonar la muralla Rose y atraparlos."

"Brillante, Comandante Smith," halagó el consejero Verman. Erwin ignoró el cumplido y sólo se fijó en la expresión de concentración que su subordinado, el Sargento Levi, ponía al ver el mapa que representaba su estrategia.

"¿Qué opinas, Levi?"

"Lo que tú ordenes, Erwin," respondió el soldado, encogiéndose de hombros. "Tus planes de mierda siempre funcionan."

"Hm. De acuerdo," sonrió el rubio. "Entonces, tú debes completar el entrenamiento de los cadetes y nos encontraremos en la muralla Rose, Capitán."

Levi levantó la mirada del mapa por un momento. Él y Verman preguntaron al mismo tiempo:

"¿Capitán?"

"Señor, ¿está seguro de lo que está haciendo?" inquirió Verman en tono despectivo.

"Levi no sólo es el soldado más fuerte de la humanidad, Kitts. También es el más leal que me he podido encontrar hasta ahora," aseguró Erwin. "Así que puedo confiar en él."

Levi únicamente asintió. "Si así lo crees, Erwin."

El rubio asintió de vuelta y tomó sus cosas para salir de la cabaña donde estaban. "Los veré en la muralla Rose."

Levi se disponía a salir después de Erwin cuando Kitts lo detuvo. "Escucha, soldadito," siseó; "no me importa si el Comandante es tu amigo o como los demás te hayan apodado. Estaré registrando absolutamente todo lo que vea, y si no estoy de acuerdo con la manera en la que entrenas a los cadetes, le diré a Erwin y al Rey mismo que te degraden de rango. ¿Entendido?" amenazó. Levi tan sólo frunció el ceño, internamente molesto pero dispuesto a no mostrar ninguna reacción ante aquel idiota.

"Entendido, señor. Aunque tal vez quisiera comenzar a lavarse la boca mejor. Su aliento apesta," contraatacó. El hombre lo miró iracundo, mas simplemente se dio la media vuelta y salió de la cabaña, indignado.

"Capitán Levi," murmuró el pelinegro para sí, ahora solo. Se encogió de hombros, satisfecho. "Suena bien."

Sin embargo, apenas salió de la cabaña su satisfacción quedó por los suelos, porque había un desastre en el campamento. Había granos por todo el pasto y al parecer todos los soldados estaban demasiado ocupados en una pelea como para percatarse de la presencia de sus superiores.

"¿Qué mierda?" maldijo en voz baja, molesto. A su lado, Erwin ya estaba en su caballo y listo para partir, observando su reacción con una sonrisa divertida.

"Buena suerte, Capitán Levi," y se retiró. Levi miró de reojo al consejero, quien sonrió burlonamente y aparentó escribir en su libreta.

"Día uno," dijo con sorna. Levi refunfuñó y dio unos pasos hacia los cadetes, que finalmente se percataron de la presencia del respetado soldado y se detuvieron de repente. Levi podría ser de baja estatura, pero sin duda su presencia imponía y sus ojos grises y reputación intimidaban.

Apenas el Capitán había echado un vistazo a los soldados y abierto la boca para hablar, cuando la mayoría exclamó con nerviosismo:

"¡Él empezó!"

Y por supuesto, señalaban a Erenia, moreteada y tosiendo algo de sangre un par de veces. Levi caminó hacia ella y una vez que estuvo en frente, carraspeó. La chica levantó la vista, asustada, para toparse con nada más ni nada menos que uno de sus ídolos, el Sargento Levi. El soldado más fuerte de toda la humanidad, decían.

"¡Sargento Levi!" exclamó en una mezcla de admiración, vergüenza y horror, incorporándose de pronto.

"Capitán," corrigió él, e inmediatamente, algunos a su alrededor comenzaron a murmurar. Levi no les prestó atención. Tomó a Erenia por su chaqueta y la jaló hacia abajo, poniéndola frente a él. Erenia ahogó un grito y tragó grueso mientras un leve rubor cubría sus mejillas. Nunca había estado tan cerca de un hombre que no fuera de su familia, y el Capitán era terriblemente atractivo. Sí, algo pequeño, pero fuerte y bien formado. Además, sus facciones finas, sus ojos grises y fieros, su cabello negro y brillante...

"No quiero este tipo de jodederas en mi ejército, ¿entendiste? Muéstrame tu aviso de reclutamiento," ordenó Levi, interrumpiendo los pensamientos de Erenia y dejándola ir.

"S-sí... ¡Sí, señor!" exclamó Erenia con el corazón aún agitado. Apenas la habían soltado, Mikaso y Armin ya estaban a su lado. Mikaso no se veía nada feliz, pero al menos se estaba controlando. Erenia lo ignoró y le entregó el pergamino a Levi.

"Ah, discúlpelo," dijo Armin. "Él es así. Pero no volverá a suceder."

Levi les echó un vistazo a los amigos de Erenia, mas no hizo ningún comentario. En lugar de ello, se puso a leer el dichoso aviso, y una expresión de sorpresa cruzó su rostro cuando leyó el apellido familiar.

"¿Jaeger? ¿Eres hijo del soldado Grisha Jaeger?"

"No sabía que Grisha Jaeger tenía un hijo..." dijo Verman sospechosamente.

"Ni yo," admitió Levi. "Aunque he oído mucho sobre su hija..." y con eso, escudriñó el rostro de Erenia un poco más, haciéndola sonrojar de nuevo. Su corazón comenzó a palpitar muy fuerte y sus manos a sudar, ¿acaso sería esto el final de todo? ¿Tan fácil la habían descubierto?

"¿...Cuál es tu nombre, soldado?" preguntó Levi, trayéndola de vuelta a la realidad con su sensual y varonil voz.

"¿Ah?" soltó Erenia, tomada por sorpresa. Verman se inclinó sobre ella y presionó:

"Tu oficial al mando te ha hecho una pregunta..."

Una oportunidad. Esta era una oportunidad más. No podía contestar con algo estúpido, tenía que hacerles creer que era hombre ¡de una vez por todas!

"Umm... Mi nombre... Mi nombre es..." diablos, la mirada del Capitán sobre ella no le ayudaba a aclarar su mente para nada. A sus costados, Mikaso y Armin se miraron de reojo, ¿qué había pasado con la chica gritona y rebelde que normalmente era Erenia?

"Auruo," susurró Armin como lo primero que se le ocurrió.

"Él se llama Auruo," contestó Erenia en voz baja, echando un vistazo en dirección al rubio que la había metido en todo ese lío.

"...Y a mí eso me vale un comino. Te pregunté por tu nombre," replicó Levi, comenzando a perder su paciencia. Al parecer había escuchado. Armin estornudó.

"Salud," dijo Erenia.

Levi enarcó una ceja. "No me jodas..."

"¡Armin!" se quejó la castaña por lo bajo.

"¿Armin?" inquirió Levi.

El rubio dio un respingo y vio a Erenia con reproche. "¡Hey, no es mi culpa! Quería estornudar..."

"...Eren. Su nombre es Eren," Mikaso intervino por fin.

"¡Eren! Sí, claro, Eren. Como mi hermana gemela, Erenia..." balbuceó nerviosamente la joven, mas Levi, a pesar de mirarla extrañado, pareció conforme con esa explicación.

"Ya entiendo. Con razón tu padre no habla mucho de ti, y con razón te ves tan malditamente afeminado..." meditó el Capitán. Erenia —o en su defecto, Mikaso— estaba a punto de replicar cuando añadió para todo el ejército: "Muy bien, bola de incompetentes, gracias a su amigo Eren pasarán todo el día de hoy limpiando este desastre, y mañana comenzará el verdadero infierno," hizo una pausa, y agregó con voz sombría; "Y créanme cuando digo que no me conformo con cualquier estándar de limpieza, o su sanción será mucho peor. Quedan advertidos," finalizó, y se retiró a su cabaña. Verman hizo lo mismo. Los soldados se pusieron en marcha, asustados, no sin antes dirigir miradas amenazadoras y resentidas en dirección a Erenia y sus amigos.

La castaña pasó saliva y se dispuso a hacer su trabajo. Esto no iba nada bien.


"Erenia..."

"Hmm, ¿qué pasa?" susurró la muchacha, medio dormida. Mikaso suspiró y se acercó a su cama para sacudir ligeramente a su amiga.

"Erenia, despierta. La tropa ya se fue."

"¡¿Cómo que la tropa ya se fue?!" Erenia se levantó de un salto, y Mikaso se salió para darle privacidad. "Jeanne, ¡quítate!"

"Ah, no jodas..." se quejó Jeanne, mas se movió. Dormir dos en una pequeña cama no era nada cómodo. Por suerte, al menos Sasho se había quedado con Armin. Y por suerte, a Erenia le había tocado compartir el cuarto con sus amigos, puesto que eran del mismo distrito. Además, eso les permitía que Jeanne y Sasho pudieran descansar de sus transformaciones libremente al menos durante la noche, aunque estuvieran algo amontonados.

Erenia se puso su uniforme de cadete lo más rápido que pudo y dejó a Jeanne. "Procura que nadie te vea, y si alguien viene, transfórmate," le dijo antes de salir.

Armin y Mikaso lo esperaban fielmente, a pesar de que se les hiciera tarde a ellos también. Erenia no pudo evitar sonreír por el detalle.

"¿Te quedaste dormido, afeminado?" retó Auruo cuando Erenia se integró al grupo. Por suerte, el Capitán todavía no estaba ahí. "Oh, y al parecer tu séquito también..."

La muchacha apretó los puños y se acercó a él y sus amigos. "Al menos yo no actúo como una copia barata del Capitán Levi..." le respondió. Auruo frunció el ceño, pero Erenia tenía razón. Se había peinado de la misma manera, e incluso portaba un pañuelo en el cuello como Levi. Además de que le había llamado exactamente igual que el Capitán el día anterior.

Auruo abrió la boca para responder, pero justo en ese momento Levi llegó al patio del campamento, donde entrenarían. Verman llegó después. De inmediato, los soldados adquirieron una formación lineal y ordenada.

"Debo decirles que su intento de limpieza de ayer dejó mucho que desear," dijo el Capitán, examinando a todos con una fría mirada. Sus ojos se posaron en Erenia por un poco más de lo necesario, haciéndola sonrojar. "Así que, debido a eso, me encargaré de que el entrenamiento sea más intenso. Pero antes..." y todos intercambiaban vistazos ansiosos de un lado a otro; "hoy comenzaremos con algo sencillo. Es una simple prueba de aptitud con el equipo de maniobras tridimensional. Si son capaces de pasarla, pueden considerarse parte del entrenamiento. Pero si no, pueden irse a casa y dejar de desperdiciar mi valioso tiempo. ¿Entendido?"

"¡Sí, señor!" exclamaron al unísono.

"Perfecto," respondió Levi. "Síganme."

Los llevó a otra parte del patio, donde tres fuertes postes se unían en su vértice superior. De ellos se sostenían dos cuerdas que en sus extremos debían conectarse con los cinturones de la cadera del uniforme de los cadetes. En uno de los postes había una palanca, que al girarla accionaba una polea para levantar las cuerdas. Levi les explicó que tenían que mantener el balance de todo su cuerpo cuando estuvieran en el aire, o de otra forma no servirían para usar el equipo. Después revisó su lista.

"Ackerman," llamó. Mikaso dio un paso al frente. Levi lo escudriñó con la mirada y asintió. Mikaso ató las cuerdas a sus cinturones y una vez listo lo levantaron. Mikaso se mantuvo perfectamente en el aire, y a juzgar por su expresión no estaba haciendo gran esfuerzo físico.

Armin fue el siguiente en pasar, e inclusive hasta él —que bien sabían que no era precisamente apto para los desafíos físicos— no tuvo gran problema para adaptarse y mantenerse derecho, lo cual le dio a Erenia más esperanzas de que ella también se convertiría en un buen soldado.

Más gente pasó; hasta que por fin, el apellido de Erenia fue pronunciado. Decidida, se colocó en su posición; mas apenas Levi la estaba levantando, se dio una voltereta y terminó de cabeza.

Erenia estaba impactada. ¡No se suponía que esto debía ser así!

Su mente registró varias expresiones, pero las que más le llamaron la atención fueron las de sus amigos, que la observaban con una mezcla de sorpresa y alivio, quizá porque significaba que su charada terminaba ahí. También pudo notar la expresión burlona de Auruo y sus amigos —Hans, el castaño de los goggles y Pedro, el pelirrojo fornido— a lo lejos. Y de pronto, cerca suyo estaba el Capitán, cuyo semblante siempre serio ahora parecía sorprendido.

"¿Qué pasa, Jaeger? ¡No me digas que eso es lo mejor que puedes hacer!" exclamó.

Erenia se sentía que quería morir de la vergüenza e impotencia, así que comenzó a moverse frenéticamente para tratar de enderezarse, pero simplemente no podía.

"¡Agh! ¡Maldita sea!" insultó desesperada, retorciéndose.

"Eren, cálmate," ordenó Levi. Se acercó para ayudarla a bajarse, pero la mirada cargada de sentimiento que la chica le dirigió le hizo sentir algo de compasión. Estaba totalmente desesperanzada, como si su corazón se hubiera roto por el simple hecho de no ser lo suficientemente apta para ser un soldado. No obstante, no había nada que Levi pudiera hacer al respecto. Si no podía pasar la prueba más sencilla, no había forma de que fuera parte del ejército.

Levi inclusive la bajó con delicadeza, pero su mirada seguía siendo igual de fría cuando Erenia tocó el suelo y él continuó con su lista.

"P-pero Capitán," suplicó ella. "Por favor, le ruego que me dé otra oportunidad..."

"Jaeger, mejor enfócate en recoger tus cosas. No eres apto para esta guerra," dijo Levi.

"¡N-no es cierto! ¡Claro que soy apto! Por favor, sólo fue un error, ¡por favor! ¡Le suplico que me deje intentarlo otra vez!" sollozó, sin pensar lo que hacía y tomando al Capitán por los brazos. Hubo exclamaciones de sorpresa en general por parte de todos los cadetes, que nunca se hubieran atrevido siquiera a acercarse en demasía a Levi.

Éste se enfureció, ofendido por el gesto, y le dio una buena bofetada a Erenia para sacársela de encima. Mikaso, por suerte, fue sostenido por Armin y otros que le rodeaban, evitando causar más jaleo.

"Mañana a primera hora, y si no lo logras en el primer intento, te largas de mi campamento. Y no vuelvas a hacer eso, muchacho insolente," recriminó Levi mientras Erenia se incorporaba con la mirada de un cachorrito herido, pero había obtenido una esperanza. Y, sin darse cuenta, también había obtenido algo más: hacer una pequeña grieta en el inflexible exterior del Capitán Levi. Porque, irrespetuosa o no, Levi nunca había visto esa resolución en los ojos de ningún soldado antes, y lo admiraba.

Mikaso y Armin estuvieron tratando de ayudar a Erenia esa tarde. Le dieron consejos e intentaron varias veces, pero siempre pasaba lo mismo. Así llegó la noche y Erenia aún no dominaba la técnica.

"Erenia," comenzó Mikaso tentativamente después de muchos intentos fallidos. "Y si... ¿Te retiras?"

"¡¿Qué?! ¡¿Estás loco?!" reprochó ella, tomándose un descanso. "¡No me voy a rendir hasta lograrlo, así me tome toda la noche!"

"Pero Erenia, hablo en serio. Hasta Armin pudo hacerlo al primer intento y tú no, eso debe significar algo. Sin ofender, Armin," le dijo al rubio.

"No hay cuidado," replicó éste.

"Erenia, ya cumpliste con tu deber. Si te vas ahora nadie te habrá descubierto y sólo serás calificado como no apto para la guerra. Tú y tu padre ya se habrán salvado..."

"¿Qué hay de mi dignidad, Mikaso? ¡¿Ahora tú también piensas que no soy capaz porque soy una mujer?!"

"¡Esto no se trata de tu jodido género, maldita sea!" Mikaso estalló por fin. "¡¿No lo entiendes, Erenia?! ¡Sólo quiero protegerte! ¡Eres mi familia! En una guerra normal tu uso del equipo daría igual, pero contra los titanes, ¡estás frita!"

"Mikaso..." murmuró Armin, pasmado. Era la primera vez que le gritaba a Erenia, y con tanta dureza.

"Pues entonces váyanse. Lo lograré yo sola," respondió Erenia, con el mismo fuego en la mirada. Mikaso apretó los puños y se dio la media vuelta, retirándose sin decir más. Erenia volteó a ver a Armin, quien temeroso, optó por seguir a Mikaso.

"Lo siento. Suerte," susurró al irse. No quería desalentar a su amiga, pero la verdad es que era una causa perdida. Erenia sintió lágrimas de furia acumularse en sus ojos y gritó:

"¡Está bien, malditos traidores! ¡No los necesito!"

Una vez que los miró de vista, Erenia miró al aparatejo. En realidad no podía hacerlo sola. Necesitaba a alguien que la ayudara a darle vueltas a la palanca para elevarse, por lo menos. Así que se cruzó de brazos y suspiró. No le quedaba de otra más que esperar porque al siguiente día le fuera bien con tantas horas de práctica.


"Muy bien, Eren. Dame una jodida razón por la que debas quedarte."

Erenia tragó saliva. Levi estaba serio, como siempre, y expectante por ver lo que podía hacer. Así que no lo hizo esperar. Amarró sus cinturones y ya en el aire tomó un gran respiro y trató de equilibrarse. Todos la estaban observando. Todos la estaban observando y... ¡Podía hacerlo! ¡Podía mantenerse derecha! Distinguió las caras de sorpresa de sus amigos entre la multitud por un momento, cuando de pronto perdió el control y quedó de cabeza de nuevo.

El silencio era espectral.

"¡No!" gimió ella. "¡Esto no debería ser así!"

Levi carraspeó. "Eren, abajo. Creo que ya he visto todo lo que tengo que ver."

"¡P-pero Capitán...!"

El cuerpo de Erenia pegó contra el suelo y lo primero que vio fue a Levi, imponente e impasible frente a ella, mirándola con frialdad...

Sintió un nudo en la garganta. Había fallado de nuevo. Había fallado de nuevo, y en su última oportunidad...

"E-esto significa... ¿q-que no soy apto para ser soldado?" dijo con la voz rota, humillada. Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

"Pedro, intercambia tu equipo con el de Eren," ordenó Levi. Los ojos de Erenia se abrieron como platos y se incorporó.

"¿Q-qué?"

El chico de cabellos zanahoria obedeció la orden y Erenia decidió evitar hacer más preguntas. La prueba se repitió una vez más y ahora, fue capaz de mantenerse en el aire y erguida sin dificultad alguna.

"¡Puedo hacerlo!" exclamó sorprendida mientras una sonrisa triunfante se extendía por todo su rostro y levantó los brazos en señal de victoria. "¡Puedo hacerlo!"

"Tu equipo estaba defectuoso," clarificó Levi. "Vas a tener que cambiarlo. Es demasiado viejo y está oxidado."

"Ese equipo era de mi padre... ¡Ahora entiendo!" razonó Erenia, más bien para sí. Levi asintió.

"Bien hecho, Jaeger. Pero que esto no se te suba a la cabeza. Lo más duro apenas está por comenzar."

La castaña escuchó sus palabras, mas estaba demasiado extasiada como para preocuparse por ellas.


Al siguiente día por la mañana, Erenia y sus dos amigos llegaron a tiempo.

"¡Eren! ¡Gran técnica ayer!" saludó Hans. Pedro le estaba sonriendo y Auruo dijo algo como que había sido suerte y a ver si realmente podía manejar el entrenamiento intenso. Erenia se enojó pero antes de poder responderle, llegó Levi y los cadetes se formaron en una fila recta.

"Soldados. A partir de ahora empieza la verdadera masacre, así que quien no se sienta listo o desobedezca mis reglas, puede empezar por irse ahora."

"No me asusta…" murmuró Auruo, desafiante.

"Auruo," dijo Levi, volteando hacia el cadete rubio. Todos menos él dieron un paso hacia atrás cuando el Capitán desenvainó sus espadas y parecía que lo iba a atacar, pero en lugar de eso, Levi disparó uno de los ganchos de su equipo hacia un enorme poste cercano a ellos y enterró una de las navajas de sus espadas en la punta. Entonces, en cuestión de segundos y con una velocidad impresionante que hacía inclusive difícil de verlo, aterrizó intacto enfrente de Auruo.

"Gracias por ser voluntario. Ve por la navaja."

Auruo frunció el ceño. "Iré por ella, y eso será muy fácil," siseó, poniéndose en posición para usar su equipo cuando Levi tocó su hombro para detenerlo.

"No tan rápido. Nada de equipo de maniobras tridimensionales."

Auruo gruñó. Su ceño se intensificó. "Está bien."

"Espera, aún te hace falta algo," indicó Levi. Verman se acercó a ellos entonces, cargando una caja que se veía pesada, a juzgar por su expresión. Levi la abrió y sacó dos pesadas medallas, cada una con un listón para atárselo a los brazos.

"Esto representa disciplina," levantó una de las medallas, sin esfuerzo, y la amarró en una de las muñecas del cadete. Entonces hizo lo mismo con la otra, en la otra muñeca; "y esto, representa fuerza. Ahora puedes ir por la navaja."

Auruo refunfuñó, y orgulloso, caminó hacia el poste y se dispuso a escalarlo. Mas no había subido ni dos metros, cuando el peso de las medallas le ganó y resbaló hasta el suelo. Al lado de Erenia, Hans y Pedro se desternillaban de la risa al ver el intento fallido de su amigo. Sin embargo, llegó su turno también, y ninguno de los dos pudo hacerlo. Levi fue llamando a cada uno de ellos, en desorden, pero todos eran demasiado débiles o poco pacientes como para lograrlo. El que más avanzó fue Mikaso, pero ni siquiera él pudo lograrlo.

Al final de la prueba, Levi suspiró exasperado. "Hay un largo camino por recorrer," advirtió.


Levi no estaba mintiendo cuando había dicho que lo más duro apenas estaba por venir. Después del incidente con la navaja, el entrenamiento había sido sumamente pesado. El dominio del equipo de maniobras normalmente tomaba unos tres años, pero ellos tenían que aprender en alrededor de un mes. Era una locura, además de que Levi era un experto y perfeccionista y no se conformaba hasta que las cosas estuvieran hechas justo como él quería. También tenían que aprender a luchar cuerpo a cuerpo, en caso de que las cosas se pusieran feas. Al tener que escoger un compañero, Erenia le había pedido su ayuda a Armin, pero él se había negado ya que aunque no fuera muy fuerte, no quería lastimarla. Mikaso se había ofrecido como su compañero después de haberse disculpado por no apoyarla con su primera prueba, mas Erenia la rechazó ya que sentía que sólo lo hacía por lástima y para evitar que alguien más la hiriera. Era incluso capaz de pelear mal con tal de protegerla aunque eso afectara su desempeño militar a largo plazo, cosa que Erenia no quería. Y debido a que ellos dos eran las únicas personas que no la odiaban ahí, Erenia terminó teniendo que hacer pareja con el Capitán Levi, quien por supuesto con tan sólo uno o dos movimientos le había puesto una paliza.

Otro día habían practicado con los cañones. Habían pocos, ya que era pesado cargar con ellos para la guerra, pero tenían que aprender a manejarlos de todas formas. No les había ido nada bien. Erenia, Hans y Pedro casi incendian varias de las cabañas y árboles alrededor. Por suerte, Levi y Mikaso habían controlado todo.

También habían practicado con las espadas. Armin casi termina sacándole un ojo a Auruo sin querer y Erenia estuvo a punto de cortarle la cabeza al Capitán accidentalmente, de no ser porque éste se había movido muy rápidamente —como siempre— y Erenia había acabado en el suelo, con la espada rozando su cuello y un pie de Levi sobre su pecho. La chica hizo bizco para enfocar la filosa navaja reposando sobre su piel y sintió la sangre huir de su rostro.

"Ten más cuidado y no seas idiota, Eren," fue lo único que Levi respondió antes de retirar la espada y Erenia sintió que podía respirar de nuevo.

También eran un asco en el trabajo en equipo. Se peleaban, chocaban entre sí al practicar con los equipos, caían frecuentemente. Casi siempre alguien más tenía que intervenir en las riñas que se creaban; y algunas veces eran castigados, lo que únicamente creaba más fricción entre ellos.

Una tarde, parte del entrenamiento para mejorar la condición de los cadetes consistía en correr kilómetros mientras cargaban pesadas mochilas. Mikaso iba al nivel del Capitán Levi y era el único que hasta ese momento había demostrado una destreza perfecta. Le seguían Auruo, Pedro y Hans, que a pesar de ser algo torpes también eran bastante buenos. Y detrás de ellos iban los demás soldados, que eran promedio. De pronto, el consejero Verman se acercó en su caballo hasta el Capitán y señaló hacia atrás: Armin y Erenia se habían quedado hasta el final, pero inclusive el chico rubio parecía tener más resistencia que la muchacha, porque aún seguía esforzándose a pesar de su cansancio; al contrario de Erenia, cuyo cuerpo no resistió más y se desplomó.

Levi se acercó hacia ella. Erenia abrió los ojos ligeramente, tan sólo para sentirse terrible cuando el Capitán la miró con desaprobación y tomó su mochila también, reanudando su marcha sin ninguna pesadez.


"Eren," llamó Levi a la muchacha antes de que se dirigiera a su cabaña para dormir.

"¿Sí, Capitán?" inquirió ella, aún avergonzada por lo de esa tarde.

"Recoge tus cosas y vuelve a tu casa. Este no es un lugar para ti."

Erenia se sintió desfallecer. "¡...Pero—!"

"Te he dado una orden, y espero que la obedezcas," dijo Levi con aspereza. "No llevaré a incompetentes a morir en vano en mi ejército. No quiero verte en la mañana. ¿Entiendes?"

"...Sí, señor," se resignó Erenia. Levi ya le había dado su oportunidad, pero parecía que, a final de cuentas no importaba su esfuerzo, nobleza o terquedad, jamás podría ser tan ágil y fuerte como un hombre.

Erenia estaba por retirarse para recoger sus cosas, cuando el destello de la luna sobre la navaja enterrada en el poste llamó su atención. Frunció el ceño y se acercó. Se amarró las pesadas medallas en sus muñecas y comenzó a escalar el poste.

Quizá tendría que irse, pero nadie pisotearía su dignidad.


Erenia estaba tan concentrada que la noche pasó sin que lo notara. Sus brazos y piernas se sentían adoloridos del esfuerzo físico y un desagradable sudor cubría su cuerpo, pero no le prestó atención. Ya estaba cerca de su objetivo.

El sol comenzó a salir y los soldados a despertar y abandonar la cabaña, para encontrarse con la imagen de Erenia a punto de alcanzar la navaja del poste. A pesar de los roces que la mayoría habían tenido con ella, no pudieron evitar impresionarse e incluso apoyarla para que llegara hasta arriba. Erenia seguía escalando, apenas a unos centímetros de su meta.

Levi dejó su cabaña minutos después y apenas salió al patio, la navaja se enterró en el pasto justo enfrente de él, a lo que sorprendido levantó la vista y se encontró con el cadete castaño, sentado en el poste y sonriendo triunfante mientras sus compañeros lo vitoreaban desde abajo.

Está bien, tal vez había cometido un error al dudar de Jaeger... Por segunda vez.

A diferencia de la primera ocasión, el desempeño de Erenia no decayó después de aquella gran prueba. Había aprendido buenas técnicas de pelea y se movía casi tan rápida y certera como el Capitán, al grado de que sus peleas ahora se extendían por mucho tiempo ya que estaban muy reñidas. Su fuerza y resistencia física habían incrementado y ahora era capaz de correr al nivel de Mikaso y Levi con la pesada carga. Armin también había mejorado.

Ahora todos se entendían mejor en equipo y estaban mucho más coordinados. Incluso a veces parecía que se entendían sólo con la mirada. Las riñas y los desacuerdos habían disminuido increíblemente y todos habían pulido sus habilidades y minimizado sus defectos, aunque algunos en mayor medida que otros. De igual forma, el entrenamiento había llegado a su fin y ahora Levi podía estar seguro de que contaba con un grupo competente de soldados para ganar la guerra. Pronto sería tiempo de poner en práctica la estrategia de Erwin.


"¿Qué ves aquí, Ymir?" preguntó Reiner a uno de los miembros de su ejército, lanzándole una muñeca que había encontrado. La mujer la atrapó entre sus manos y la observó atentamente.

"Parece artesanal. Puede ser de Trost o algún pueblo cercano," respondió ella.

Bertolt se acercó a la muñeca. "Es extraño. Huele a… pólvora. De los cañones."

Reiner sonrió, encantado. "Así es. Iremos a Trost entonces."

"Pero pensé que lo más rápido sería pasar directamente las murallas, sin detenernos en ningún pueblo. Especialmente los que están en las brechas, seríamos descubiertos y alertarían al Rey," razonó Annie.

"Qué va, Annie. ¿Acaso no tienes espíritu aventurero? Podemos encargarnos de los soldados en Trost fácilmente, y sería un movimiento inesperado. Además… Hay que devolverle a la niña su muñeca," añadió Reiner en tono siniestro, mientras la sonrisa se ensanchaba en su rostro.